26 feb. 2012

Del Montjuic al Obelisco


(De Carlos R. Martínez)

Desenfado andaluz, cordura vizcaína, he ahí el doble sello, la impronta que según el ya citado Enrique Larreta le dejaron a Buenos Aires sus dos fundaciones, la primera de ellas a cargo de Pedro de Mendoza en 1536 –empresa que sucumbió en medio de circunstancias dramáticas, actos de canibalismo incluidos–, y la segunda y definitiva a cargo de Juan de Garay. Eso en lo que hace a la Historia, porque en lo que se refiere a la historieta el que se lleva los laureles si no como fundador al menos sí como “descubridor” de Buenos Aires fue un catalán: Carlos Freixas.
Nacido en 1923 Freixas llegó a la Argentina en 1947 y en menos de una década de permanencia en el país desarrolló una nutrida labor profesional que abarcó ilustraciones para revistas de diversas temáticas y libros de cuentos infantiles, actividades docentes y realización de historietas entre las que destacan títulos como Drake el aventurero, Tucho, de canillita a campeón y El Indio Suárez. Pero la obra por la cual le asignamos a Freixas un lugar de preferencia entre los precursores en incorporar a Buenos Aires en la historieta se llamó Darío Malbrán, psicoanalista y fue publicada hacia 1949 en “Aventuras”, revista en la cual Freixas venía colaborando casi desde su arribo al país.
Presentada como “La primera historieta semidocumental de América”, Darío Malbrán, psicoanalista tiene la particularidad de darle a Buenos Aires un protagonismo que no había alcanzado anteriormente. En el transcurso de las historias de tinte policial que predominaban en la serie, podía verse al protagonista y sus ocasionales acompañantes en sitios tales como la avenida 9 de Julio, el Obelisco, el teatro Opera (sobre la avenida Corrientes) o el barrio de la Boca, a orillas del Riachuelo, uno de los lugares a los cuales Freixas concurría a tomar apuntes para su archivo tal como consta en una foto publicada en la revista “Dibujantes” en 1954.
Esa predilección de Freixas por captar los paisajes más característicos de Buenos Aires abona la suposición de que tal vez pudo ser el mismo artista quien sugirió una historia que le permitiera volcar en ella esos escenarios urbanos. Fuera iniciativa suya o de los editores lo cierto es que Freixas contó con la ventaja de un guión bastante sobrio en cuanto a diálogos y textos aclaratorios –mérito del argumentista, Julián Maldonado– lo que le permitía disponer en cada cuadro del espacio necesario para desplegar su excelente dibujo. Al margen de lo señalado Darío Malbrán sumaba otros méritos. Erigir a un psicólogo como protagonista de una historieta fue de por sí novedoso, pero también resultó premonitorio: desde mediados de los años 60 Buenos Aires adquiriría fama de ser una de las ciudades del mundo con mayor número de psicoanalistas en relación a la cantidad de habitantes, a tal punto que un sector del exclusivo Barrio Norte pasó a ser conocido como “Villa Freud” por el alto número de dichos profesionales allí afincados.
______
Imagen: Una página de la historieta Darío Malbrán, psicoanalista.
El texto y la ilustración fueron tomados de Buenos Aires en la historieta argentina, en “Tebeosfera” 2da. época 1.

25 feb. 2012

Café de barrio


(De Marcelo Ohienart)

Recorrer los barrios de Buenos Aires nos depara la grata sorpresa de encontrar algunos cafés que todavía guardan la misma arquitectura de hace más de cuarenta años. En muchos de ellos, aún se exhibe en sus paredes la foto del Zorzal con Irineo Leguisamo, junto a Lunático el que ganaba “por varios”.

LA REPÚBLICA DE LA BOCA
Enrique Cadícamo en su poema a las calles Suárez y Necochea describe como nadie esa mítica esquina boquense y sus alrededores, por eso, más que oportuno resulta transcribir esos versos antes de adentrarnos al registro pormenorizado de los cafetines del barrio:

Nombre de dos soldados de nuestra Independencia
Suárez y Necochea, lleva esta esquina brava 
que hace setenta años fue oscura residencia
de tangos, cafetines, malevos y garabas. 

Bulliciosos, alegres cafés de camareras 
animaban las noches del reducto boquense; 
marineros, borrachos, matones y taqueras, 
lámina colorida de un faubourg montmartrense. 

Nombremos dos o tres, bien vale la reseña:
El Royal, La Marina o aquel otro famoso:
el café de Mecha la Popular ... Su dueña 
era una bella joven de senos impetuosos. 

En el Royal, Canaro había formado un trío 
con Loduca y Castriota, y en el café de enfrente 
los dos hermanos Greco en franco desafío 
con el torneo de tangos caldeaban el ambiente. 

A la vuelta, por Suárez, el café  La Marina 
tenía a Roberto Firpo, y volcando hacia el muelle 
por la de Necochea: dos bares en la esquina 
con el Tano Genaro y el alemán del fueye. 

Puede decirse entonces que el imperio del tango
fue la Boca, en las calles Suárez y Necochea, 
ochava de arrabal de indiscutible rango,
nacida bajo el signo de la semicorchea. 

Llegaban de otros barrios visitas importunas: 
de Villa Crespo El Títere, guapo de corralones; 
del Mercado de Abasto, Cielito, El Noy, Osuna, 
y desde La Ensenada caía El Tano Barone.

Aquella Réverie de taitas y pesados 
también tenía turistas de fama indiscutida, 
malevos temerarios que habían bautizado 
Tierra del Fuego al barrio de Charcas y Laprida. 

Venían atraídos por el tango y las locas 
de los peringundines y a provocar, de paso, 
pero estaba de guardia Cafieri el de la Boca, 
que los desparramaba con un par de planazos.

Pero dejemos esto y volvamos, 
que espera en el café del Griego Canaro con su trío; 
ahí fue donde compuso su página primera: 
La barra fuerte, un tango retozón y bravío. 

Rebotaban las notas de El choclo y La metralla 
en la atmósfera del café de camareras, 
El Compinche y La Chola se pasaban de raya 
y El Llorón lucía su estampa arrabalera. 

Y cómo se agrandaba el trío cuando hacía 
el tango El fogonazo con todo su canyengue, 
La cara de la luna o La morocha, hervía 
aquella concurrencia de Maxera y de lengue. 

A ese ruidoso palco subió una noche Arolas 
para hacerle escuchar a Canaro, su amigo, 
su tango primigenio y tomando el bandola 
de Loduca tocó y ellos fueron testigos. 

Lo ejecutó impecable, con gracia y de memoria, 
a pesar de orejero tenía buen manejo; 
era una melodía inédita, sin gloria, 
que el tiempo se encargó de proyectarla lejos. 

Se llamaba Una noche de garufa y Canaro, 
según supo contarnos, se la escribió al boleo; 
muchos años después, aunque parezca raro 
Arolas comenzó a estudiar el solfeo. 

Para todos los tríos lejanos del pasado, 
testimonio de ayer, este poema sea 
una placa de bronce con sus nombres grabados 
colocada en tu esquina: Suárez y Necochea. 

El barrio de La Boca, debe haber sido el que contó con más cafés que el resto de los barrios de la Capital Federal. Quinquela Martín, esa paleta que, a pesar de los exquisitos, dibujó a la Boca para la eternidad y, que en ese período conoció a Juan de Dios Filiberto, su gran amigo, hizo de ese barrio el eje de su obra, solía frecuentar el Café “La Perla”, de Pedro de Mendoza y Del Valle Iberlucea.
A Quinquela lo acompañaban otros tantos bohemios que hallaban en los conventillos de la Boca su musa inspiradora, aunque no eran los únicos que le daban impronta al barrio: los hombres de mar y el malevaje también lo caracterizaron.
Los trabajadores del frigorífico El Anglo junto a los marineros, procedentes de distintos lugares del mundo, frecuentaban “El Dante” de Almirante Brown entre Suárez y Olavarría.
Según cuentan, “El Dante” podría ser considerado el precursor de las famosas cantinas de la Boca, ya que en él, por las noches se reunían payadores y músicos ambulantes. Allí solían organizar sus fugaces actos de vodevil. A esto José Marrone lo bautizó para la posteridad “la rascada”. (Solían vivir de exiguos cachets recolectados con la gorra).
Otro muy particular fue el Café Bar “La Popular” de Suárez y Necochea, esa que fuera inmortalizada en el tango Tres Amigos y que estupendamente interpretó Alberto Marino, seudónimo de Vicente Marinaro, aquel que debutó en 1939 en la orquesta de Emilio Balcarce y que luego integró la formación de Aníbal Troilo, desde el ‘43 hasta 1947. También participó en las formaciones de Miguel Caló y Armando Pontier. “La Popular” solía ser frecuentado por marineros y prostitutas. Hay una leyenda que involucra a la propietaria con Eduardo Arolas, el que habría arrebatado el corazón de la muchacha con la magia de su bandoneón.
La esquina de Suárez y Brandsen era la elegida por los “hombres de color”, como se decía en aquellos años, de ahí que al café se lo denominara “De Los Negros”.
Y hablando de color, algunas notas mencionan en la calle Pedro de Mendoza, al Bar de la Negra Carolina, una morocha nacida en Nueva Orleans. Según Bossio en Los cafés de Buenos Aires, (editorial Plus Ultra), una noche la negra Carolina atendió a un ‘gringo’, que mataba el tiempo acodado en una mesa; El rubio era Jack London, el autor de Colmillo blanco.
Eduardo Moreno, poeta, cuenta en entrevista que le hiciera Néstor Pinzón, que la Negra Carolina era una antillana gorda, medio deforme, muy sabia y con mucho mundo recorrido que siempre hablaba de los bares que tuvo en diferentes ciudades. Dice Moreno que murió en el año 27, en el Hospital Argerich, sola, y que su nombre real era Carolina Maud.
El tango El morocho y el oriental, que popularizaran Ángel D’Agostino y Ángel Vargas, menciona “viejo café cincuentón / que por la Boca existía / allá por Olavarría / esquina Almirante Brown / Se estremeció de emoción / tu despacho de bebida / con las milongas sentidas / de Gabino y de Cazón / En tus mesas se escucharon / los reseros de Tablada / provocativas payadas / que en cien duelos terminaron / histórico bodegón / del priorato y del Trinchieri.”
Don Ángel D’Agostino formó en 1934 su primera orquesta de tango con Jorge Argentino Fernández y Aníbal Troilo, en bandoneones; Hugo Baralis, en violín, y el cantor Alberto Echagüe. Más tarde se incorporó a su orquesta como vocalista Ángel Vargas, con quien realizó sus dos primeras grabaciones: No aflojes y Muchacho.
Para los nostálgicos, aún perduran algunos cafés típicos en la Boca que se pueden visitar: el “Augusto” de Almirante Brown 861, el “Roma”  de Brown y Olavarría, “La Buena Medida” de Caboto y Suárez, el “Café de la Ribera” en Pedro de Mendoza 1879 y por supuesto, el eterno “La Perla” en la misma cuadra que el anterior.
 Por último, el Café “Royal” en un de los vértices de Suárez y Necochea, era el lugar preferido de los hermanos Newbery, que a pesar de su aristocracia, frecuentaban lo “orillero”. Fue en una de sus mesas donde Francisco Canaro firmó su primer contrato.
______
Imagen: Suárez y Necochea, obra pictórica de Pedro Ricci.
El texto y la ilustración fueron tomados del blog http://cafebuenosaires.blogspot.com

24 feb. 2012

Esquina "de los novios"


(De Ricardo Llanes)

De muy antiguo se la conocía por la esquina “de la Piedad” debido a la iglesia erigida en parroquia el 4 de diciembre de 1769; pero ya en la última década del siglo XIX adoptaría la denominación que le pondría la propaganda en el reclamo de lo popular  y fue la esquina “de los novios”. El nombre respondía a La Casa Ideal de los Novios, establecida en 1881 sobre la ochava nordeste de Paraná y Bartolomé Mitre, entonces llamada calle Piedad. Esta casa, desaparecida después de 75 años de ventas al detalle, pues cerró sus puertas en 1956, le trajo a la esquina el color de una característica singular por el movimiento de las operaciones y la concurrencia de sus compradores que se renovaban durante las horas del día, sin perjuicio sin que muchas de ellas dieran trabajo a la vara de medir aún más allá de la hora de la cena. Y en realidad de verdad, fue esta tienda del 1900 que más tuvo que ver con las novias y muchachas casaderas de todos los barrios suburbanos, quienes al ir de compras solían decir: “vamos a los novios” o a la esquina “de los novios”, recurriendo a la referencia entonces de uso común. Así se la mencionaba en el comentario del doloroso suceso del 10 de febrero de 1906, en que próxima a esta esquina perdería la vida la señora Teófila Luna de Mohr atopellada por un automóvil de la Empresa Nacional. Esta señora, que era esposa del escritor don Luis A. Mohr, resultó la primera mujer víctima del automóvil en Buenos Aires. (1)
Cuando a La Casa Ideal de los Novios se la dejó inaugurada, por supuesto que aún no contaba con la vecindad del conjunto de viviendas que conforman el pasaje llamado De la Piedad, cuya construcción dispusiera en 1888 doña Adela Saraza de Atucha, después señora de Favier; tampoco en el teatro “La Zarzuela” (actual “Argentino"), mandado a edificar por don Francisco Pastor, que habría de estrenarlo el 25 de mayo de 1892 con la representación de La Favorita a cargo del famoso tenor Oxilia y de la Nunzio, muy celebrada soprano. En cambio tenía a su frente, sobre el ángulo sudeste, a La Central, una empresa de servicios fúnebres que ocupaba un edificio del tiempo de
la colonia, con techumbre de tejas y galpón a dos aguas. Y ello dice que esta esquina, por los días de 1900, no obstante el paso de sus tranvías de a caballo no era de muy acentuada animación. El movimiento posterior y la no ya escasa actividad de su tránsito se lo debió a esta tienda, que si bien no tenía el lujo y las vidrieras de las de la calle Florida, ofrecía en cambio, a precios sin competencia, el tarlatán y los percales, las telas de tisú y tafetán, los tripes y los brabantes. Famosa por su venta de ropa blanca, y en especial por sus ajuares, promovió en esta esquina el encuentro de negociantes minoristas con locales en la provincia de Buenos Aires, como así el de algunos empresarios teatrales, como don Jerónimo Podestá en sus días del teatro “Rivadavia” (hoy “Liceo”), que acudían en procura de distintos géneros necesarios para el montaje de los cuadros escénicos como para buena parte del vestuario, que por aquellos días las mismas actrices, aguja y dedal y manos hábiles, entre las pausas de los ensayos sabían preparar en sus camarines. Pero en lo tocante a gente de la farándula, la esquina “de los novios” fue el punto de cita de las huestes de Parravicini; y estuvo a punto de convertirse en pedana con motivo del duelo a cuchillo, en serio, que con la dirección del popular Florencio hubieron de sostener los actores Eliseo Gutiérrez y Enrique Muiño, según este último lo manifestara al periodista Horacio Estol. Pero ya, veinte años antes de la esgrima criolla que frustara la inteligente reacción de Muiño, madrugarían los feligreses para reunirse en ella a escuchar los primeros tañidos de las dos campanas del templo, cuya fundición se efectuara en el taller del señor Guglielmi, de calle Cangallo 1071, terreno que hoy corresponde al paso de la avenida 9 de Julio. Por lo demás, y conforme con una versión tradicional, la esquina “de los novios” figuraba relacionada a la revolución de 1890 por el solo hecho de haberse llevado de esa tienda algunas frazadas para los tres cantones de Talcahuano y Piedad, como así las hilas y tiras con que se vendaron las heridas del oficial José Siches, uno de los defensores drel cantón general Campos atrincherado sobre la esquina noroeste de Rivadavia y Rodríguez Peña, en cuya planta baja se encontraba la entonces llamada Antigua Confitería Del Molino.

_______
(1) Cabe aclarar que en realidad la primera víctima fue el niño Manuel Fuentes, de 6 años de edad, arrollado y muerto por un automóvil el 10 de abril de 1903, en la esquina de Florida y Paraguay. Pero aquí hablamos de la primera mujer.

Imagen: Propaganda de la tienda La Casa Ideal de los Novios (Año 1915).
Texto tomado del libro Recuerdos de la ciudad porteña de R. Ll. (Ediciones Corregidor, Bs. As. 2000).

23 feb. 2012

La escultura de la Madre Teresa de Calcuta


(De Miguel Ruffo)

En más de una oportunidad nos hemos referido al Parque Lezama y afirmamos que puede ser pensado como el “parque fundacional” de la Ciudad de Buenos Aires, si tenemos en cuenta el simbolismo que se desprende de sus monumentos y esculturas. Volvemos una vez más a este sitio, pero en esta oportunidad para formular una crítica. En 2003 se emplazó en el parque la escultura a la Madre Teresa de Calcuta. Fue esta notable religiosa una activa misionera en la India. Pero su actividad no se relaciona con la fundación de Buenos Aires ni con las ciudades que desde la antigüedad “preanunciaban” sus fastos.
Consideramos que con esta escultura se quiebra el sistema de signos que caracterizan al Parque Lezama. Es cierto que podría decirse que la conquista y colonización española tuvieron una dimensión misional (por lo menos en la perspectiva de la historiografía revisionista) pero consideramos que establecer una relación orgánica entre ambos fenómenos sería muy sutil por no decir rebuscado.
Sin embargo no todos piensan así: “El caminante cruza el Parque Lezama, de inspiración, pongamos italiana. Tanto, que allí estaban Rómulo, Remo y la Loba. Como los niños han sido robados, queda la loba con un cable enredado bajo las ubres a reventar. Es una escultura, al menos desconcertante, la loba es en realidad una hiena con las orejas recortadas a la moda pitbull, muy bajo el cuarto trasero, un animal horrendo. Algo más allá, diez metros hacia una zona del parque que balconea sobre juegos de madera para niños, lindos, una estatua de Teresa de Calcuta, de bravo realismo, la propone en tamaño natural y color yeso viejo. La monja diminuta parece buscar a los desgraciados de la Tierra para seleccionarlos como a frutos moribundos y llevarlos a un refugio final. No están allí, sin embargo. Aunque se empecine, la ciudad todavía no los ofrece: quedan los restos del naufragio.” (1)
Entiéndase bien: no estamos cuestionando que en la ciudad exista una escultura a la Madre Teresa, sino el lugar de su emplazamiento. Buenos Aires tiene monumentos dedicados a personalidades extranjeras y no vemos el motivo por el cual no pueda tener el que nos ocupa. Por otro lado la Madre Teresa tiene muy bien ganados lauros para tener una escultura pública (independientemente de sus valores plásticos). “La gente de la Madre Teresa son los pobres de entre los pobres, ya estén en la India, donde comenzó su obra, o en los países ricos del mundo en los que dicha obra se ha difundido. 
Su obra, en la que trabaja un número cada vez mayor de Misioneros de la Caridad, consiste en prestar ayuda y amor donde hay necesidad de ello. Los hermanos y hermanas de la Orden trabajan actualmente en los ghettos de Nueva York, en los barrios bajos de Londres, en Australia, en Latinoamérica y a la sombra del Vaticano, por personal petición del Papa (Juan Pablo II). La Madre Teresa sostiene que el sufrimiento de los pobres en los países ricos tiene un carácter más punzante de soledad y de rechazo. En la India, los fuertes lazos de la familia, la religión y la tradición contribuyen a aminorar los rigores de la pobreza, aunque esta sigue siendo un producto de la historia, la geografía y la explosión demográfica. […] Sin la Madre Teresa no habría habido Misioneros de la Caridad, del mismo modo que sin Calcuta no habría habido Madre Teresa. […] Calcuta, en otro tiempo conocida como Ciudad de los Palacios, a causa de sus pretenciosos edificios públicos y sus lujosas residencias privadas enclavadas en el medio de hermosos jardines, ha sido siempre una ciudad problemática. […]
Los antiguos relatos de viajes, aunque elogian el espíritu y la belleza de Calcuta, raramente dejan de mencionar la sucia y miserable ciudad de casuchas y chabolas que crecieron como hongos en torno a la Ciudad de los Palacios.” (2)
La Madre Teresa hizo de la caridad, como virtud cristiana, el eje de su trabajo entre los más pobres de los pobres: leprosos, moribundos, desahuciados, desocupados. Pero así como en Calcuta estaban los palacios y las chabolas (las casuchas miserables); Buenos Aires tiene una larga tradición de contrastes entre las viviendas de la oligarquía y las de las clases trabajadoras. En la época de la economía agroexportadora, cuando la burguesía terrateniente construía sus mansiones y palacetes en la avenida Alvear y en sus estancias, muchos inmigrantes proletarizados se hacinaban en conventillos (muchos de ellos antiguas casonas de la elite). Con la crisis del 30 surgió en Buenos Aires la primera “villa miseria” y con el transcurso de las décadas y merced a las políticas neoliberales, se afianzó la miseria de vastas clases trabajadoras y por consiguiente las villas miserias crecieron y los barrios marginales. Con otra perspectiva ideológica y para otros tiempos, Federico Engels señalaba: “Toda gran ciudad tiene uno o más 'barrios feos' en los cuales se amontona la clase trabajadora. A menudo, a decir verdad, la miseria habita en callejuelas escondidas, junto a los palacios de los ricos; pero, en general, tiene su barrio aparte, donde desterrada de los ojos de la gente feliz, tiene que arreglárselas como pueda”.(3)
Marx, Engels y Lenin, cifraban sus esperanzas en una revolución proletaria para poner fin a la miseria. La Madre Teresa centró su atención en la caridad. Y es éste el principio que nos recuerda su escultura.
______
Notas:
(1) “Paisajes Mentales: El Toque Mactas” en http://weblogs. www.clarín.com 5/1/2012.
(2) DOIG, Desmond; Madre Teresa de Calcuta. Su gente y su obra, Sal Térrae, Santander, 1976, pp. 11-27.
(3) ENGELS, Federico; La situación de la clase obrera en Inglaterra, Ediciones Diáspora, Bs. As., 1974, pp. 46-47.

Imagen: La Madre Teresa, escultura erigidas en el Parque Lezama.
La imagen y el texto fueron tomados del periódico Desde Boedo (Febrero 2012).

22 feb. 2012

EL Parque Retiro o nuevo Parque Japonés



(De Otto Carlos Miller)
 
En 1961 se inicia la demolición del Parque Retiro, que tuvo la doble denominación de Parque Japonés y posteriormente Parque Retiro. El cambio de nombre, en 1945, dio motivo a un sinnúmero de equivocaciones, citas erróneas, referencias que no lo eran y hasta testimonios que no correspondían. Aquí trataremos de historiar y aclarar las diferencias entre dos parques de diversiones que nada tuvieron que ver, salvo en el nombre.

HISTORIA DEL PARQUE RETIRO
Existió un primer y auténtico Parque Japonés (1) del que hoy pueden brindarse escasísimos testimonios de quienes lo hayan conocido.
Este Parque Japonés dejó de existir en 1930, de modo que solamente podrían dar testimonios personas mayores de ochenta años que lo hayan visitado y recuerden bien.
El Parque Japonés fue la obra del arquitecto suizo Alfredo Zücker (1852-1913) quien, mientras residió en Estados Unidos de América dejó importantes obras, entre ellas la catedral de San Patricio, el Guilliard Building, el Majestic Hotel, el Harlem Casino y el Opera House de Meridian.
Alfredo Zücker arriba a Buenos Aires en 1904, y entre los múltiples proyectos, mencionaremos el que realizó para la empresa Villalonga situado en la esquina de Balcarce y Moreno, en 1910 el primer rascacielos de la ciudad, el Plaza Hotel de 60 metros de altura, el Avenida Palace Hotel (demolido), el Gran Hotel Casino en Vértiz y Pampa, la Casa Galmarini en Alsina 1867 y el Parque Japonés en cuestión, que terminó su historia en 1930, luego de un incendio.
Resumiendo, el Parque Japonés ambientado al estilo oriental y considerado una obra excepcional a nivel mundial, nació el 3 de febrero de 1911 y cerró el 26 de diciembre de 1930. Estaba situado a la altura de Paseo de Julio (hoy avenida Del Libertador-Leandro Alem-Paseo Colón) y Callao. Ocupando parte de ese predio, en 1960, se instaló el “Ital Park” que nada tiene que ver con el Parque Japonés (1911-1930), ni con el “otro” Parque Japonés luego llamado Parque Retiro (1939-1961), demolido definitivamente en 1962, y ubicado a unas diez cuadras del anterior Parque Japonés.

NACE EL NUEVO PARQUE JAPONÉS
Pasan nueve años sin que el centro de la ciudad tenga un lugar con juegos típicos de un parque de diversiones como el Japonés.
Dos empresarios vinculados a este tipo de negocios y con el antecedente de haber promovido el “Parque Shangai” en Brasil se interesan por la creación de un parque de diversiones en Buenos Aires. Se trata de Gustavo Meyers y Gaspar Zaragueta quienes gestionan traslados de maquinarias desde Nueva York y San Francisco.
En el área  comprendida entre las calles San Martín, Marcelo T. de Alvear  y Eduardo Madero, espacio que hoy ocupa el Sheraton Hotel y el complejo Catalinas Norte, en el año 1939 se inaugura el Parque Japonés, año donde el mundo se convulsiona nuevamente y la irracionalidad brotada del mezquino poder económico se convoca para el horror. Europa arrastra al mundo hacia una auténtica guerra mundial. La Primera Guerra Mundial (1914-1918) fue un conflicto económico entre Estados europeos. La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) involucró a los cinco continentes. Gobernaba nuestro país Roberto M. Ortiz y en la Ciudad de Buenos Aires era intendente Goyeneche.
Cuando todavía quedaba el impacto de los suicidios de  Horacio Quiroga (1937), Leopoldo Lugones y Alfonsina Storni, (1938), en ese 1939 se suicida Lisandro de la Torre.
Florencio Escardó publica sus primeros ensayos acerca del porteño: “El porteño es un ser tan preocupado por buscar la alegría , que ha hecho de esa búsqueda un problema que lo pone triste. Por esta razón, en los sitios de diversión el porteño tiene un aire científico y preocupado. Esa esperanza, a la vez aguda e indefinida, de la diversión, es lo que hace de todo porteño un jugador potencial. Es decir un profesor de esperanza y de inconsciencia”, y finaliza: “De ahí que Buenos Aires sea la ciudad del mundo donde hay más rifas, casamientos y audiencias presidenciales”.
Algunos de estos rasgos del porteño ya los había anticipado Raúl Scalabrini Ortiz, en 1928,
y luego finamente delineados en su obra “El hombre que está solo y espera” publicada en 1931. Quizá por esa extraña búsqueda señalada por Florencio Escardó y luego retratada por Raúl Scalabrini Ortiz en la obra citada, la diversión se hace presente  en un nuevo parque de diversiones en ese terrible 1939.
Europa ya estaba encendida por la irracionalidad. Alemania invade Polonia. Muy pronto hace lo mismo con la Unión Soviética de Stalin. Muere el Papa Pío XI y es sucedido por el cardenal Pacelli con el nombre de Pío XII.
En ese entorno histórico de 1939 y hasta 1961 nació, vivió y murió el Parque Japonés-Retiro –algo más de dos decadas–, que nada tenía de japonés, pero que poseía una magia exclusiva.
Retiro era una zona muy oscura desde todo punto de vista, por su paisaje tanto natural como humano. Las noches en esa zona silenciosa tenían cierto misterio. La Torre de los Ingleses, con su imponente presencia oficiaba de auténtico centinela victoriano. Siempre iluminado, dictaba fatalmente la hora.
Muy cerca se encuentra el Kavanagh, inaugurado en 1936, y  que fue en su momento el edificio más alto de la ciudad, superando al Barolo de noventa metros.
La oscura y melancólica imagen del puerto, las estaciones de los ferrocarriles Mitre, Belgrano y San Martín, la plaza San Martín y la Torre de los Ingleses y el Kavanagh, enmarcaban el predio donde se levantaba el nuevo Parque Japonés que tenía  en un letrero haciendo un semicírculo superior, la leyenda  “Parque Japonés”, que seis años después de su nacimiento será  rebautizado como Parque Retiro, cuando en 1944 la Argentina rompe relaciones con el Eje y un año después le declara la guerra a Japón.
Una mirada al Parque, abierto a primera hora de la tarde, impactaba por las dimensiones exageradas en todo, tanto visuales como auditivas. Penetrar en él era ingresar a un recinto, cubierto a modo de hangar, con un ruido clásico e inconfundible: el rodar de máquinas, el chasquido metálico de los tiros de rifle de aire comprimido, sirenas, los impactos de los autos chocadores, el anuncio verbal y repetido  de “Ya comienza el espectáculo...” 
Era difícil decidir por dónde comenzar porque de todas partes llegaban estímulos simultáneos.
“El Infierno del Dante”, “El Palacio de la Risa”, los “Autos chocadores”, “Lanchas con trole”, puestos para ejercitar puntería con rifles de aire comprimido, en pocos minutos ser capaz tapar manualmente un círculo fijo con varios discos manuales, pescar pelotitas de ping pong con una red de mango largo donde un participante siempre ganaba.
Todo era alegría y promesa. Luego se salía a la intemperie.
La majestuosa “Montaña Rusa”, “La Mina Encantada”, “El Tren Fantasma”,
“El Canal Misterioso”, “La Vuelta al Mundo”, “El Látigo”, “El Gusano”, “El Martillo” donde subían los más audaces y que al quedar cabeza abajo, de sus bolsillos caían las monedas que disimuladamente escondía el operario.
Uno de los que quizá tenía más magia era “La Mina Encantada” que consistía en el recorrido por el interior de una excavación subterránea similar a una mina. Se partía desde una entrada subiendo a una zorrilla montada en un riel para caer, casi verticalmente, hacia una zona totalmente oscura. El interior cavernoso estaba perfectamente ambientado. Luego comenzaba un ascenso hasta llegar al nivel de la partida,  siempre en estado de penumbra, a veces de oscuridad total, se seguía subiendo hasta alcanzar un nivel alto, de varios metros.
En un tramo del recorrido, la caverna tenía un corte tipo ventana con vista hacia afuera. Desde allí se podía ver varios metros abajo a la avenida Leandro Alem. Inversamente, los transeúntes de Leandro Alem podía ver el fugaz paso de un vagón en la altura. Finalmente se comenzaba el descenso en forma violenta llegando al punto de partida inicial.
Continuando el paseo exterior del parque, a modo de isletas, había numerosos puestos, tipo kiosco, donde primitivas máquinas, monedas mediante, entregaban respuestas impresas acerca del tema elegido y, según la fecha de nacimiento, variaban las alternativas del dinero o el amor. También los visores donde aparecían fotografías “audaces” de mujeres en malla.
Sin cargo estaba el salón de los espejos deformantes y pagando entrada podía verse al ayunador fakir con agujas clavadas en todo el cuerpo.
Otra gran atracción, que sin duda implicaba grandes riesgos para los protagonistas, era
“El Globo de la Muerte”. Se trataba de una esfera de varios metros de diámetro, hecha con tiras de acero y tramada como rígida red para dejar perfectamente visible lo que acontecía en su interior. Por una puerta curvada como el globo, penetraba primeramente un ciclista. Con denodado esfuerzo hacía unas vueltas circulares y como un insecto, quedaba cabeza abajo  sin caer verticalmente impelido por la inercia y la fuerza centrífuga. Luego del ciclista venía un motociclista, quizá con menos esfuerzo físico y más riesgo mecánico, daba unas ruidosas vueltas que el abundante humo magnificaba. Lo más espectacular llegaba con la presencia de una segunda motocicleta, también dentro del globo. Mediante silbatos, de los mismos motociclistas, se coordinaba el cruce para evitar un choque fatal. Esta era una exhibición de auténtico coraje y elevados riesgos.
Siempre dentro del predio descubierto eran muchas otras las ofertas de juegos de emociones o para poner a prueba la fuerza o destreza, como el golpe de puño para lograr el sonar de una campana o el empuje de un pequeño vagón sobre un riel en elevación, para medir la potencia muscular.
También estaban los escenarios que oficiaban de estudio fotográfico donde podía tomarse una fotografía pilotando un avión, luchando contra un tigre o boxeando.
Así  transcurría una tarde semanal, con público multiplicado varias veces los sábados, domingos y feriados. Sí,  una tarde... No la noche...
Si la metáfora del hombre y la bestia o el santo y el demonio sirven para mostrar los extremos y la dualidad latente que encierra un  ser humano, el Parque Retiro tomado como el  cuerpo de un hombre y siendo el alma el movimiento que le confieren sus habitantes fijos y  transeúntes, podemos asegurar que estábamos frente a “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de. Stevenson.
Sobre las dos de la tarde de cualquier sábado, domingo o feriado, las caras de ingenuidad y asombro de los niños, acompañados por mayores, entraban al Parque Retiro para vivir emociones tan inocentes como profundas. Gritos de alegría, ilusión, y a veces de auténtico temor daban vida fresca al Parque Retiro.
Caía el sol y como pájaros que vuelven a sus nidos, niños y adultos acompañantes emprendían el regreso. Las luces multicolores del exterior despertaban al “otro” Parque Retiro.
Del mismo modo que al dar vuelta una floja y húmeda baldoso se pone a la vista una heterogénea y variada fauna hasta ese momento invisible,  así aparecían junto a las primeras luces artificiales los ejemplares más heterogéneos de la ciudad pero con el común denominador de la marginalidad.  Desocupados, provincianos desorientados que solían ser víctimas de crueles bromas y a veces de “cuentos del tío”, marineros argentinos o de cualquier país del mundo, contrabandistas de cigarrillos y bebidas, soldados conscriptos en busca de emociones, estafadores que ofrecían anillos de “oro” a cualquier precio porque “tenían que viajar de apuro al interior porque su madre estaba enferma”,  y solitarios de todo tipo. 
Un nuevo espíritu oscuro y amorfo reemplazaba al hasta entonces arcádico paisaje. En los alrededores del Parque Retiro y en su gigantesco predio al descubierto, la débil humareda se elevaba dejando un suave tufo a chorizo cocinado al aire libre junto a los vahos alcohólicos de los puestos de vino ubicados en los alrededores. Otras caras. Otros códigos.
Otro espíritu ya había concretado la transformación. Abrían los salones  de baile y teatro de revistas.
En la entrada misma del Parque, un diariero voceaba la “Crítica sexta, fóbal y carreras” y abriendo disimuladamente su campera, mostraba, ante la cercanía de algún joven o soldado, una borrosa foto pornográfica en blanco y negro de seguramente una alta cotización.
Ahora en el interior el ruido aumentaba, y los puestos, además de ofrecer probar la destreza que podía llegar a premiarse con un objeto de menor valor que el pago por la  participación, en esos mismos puestos, robustas y sofisticadas mujeres exhibían sus abundantes senos y bocas exageradamente pintadas.
Desde la barra de un cercano bar un hombre de zapatos blancos, fino y recortado bigote, anillos llamativos y boquilla que bien  podría ser de oro, vigilaba atentamente a las señoritas cuarentonas o cincuentonas que atendían los puestos desde donde podían negociar un encuentro a la salida o en un breve intervalo.
Una tarima exhibía, en una torpe posición de Buda, a un  el fakir que hacía videncias mirando a la persona o analizando su firma, o un hombre con micrófono en mano invitaba a un salón a ver el maravilloso espectáculo.Para atraer al público masculino solía estar acompañado de una provinciana  joven que  no podía disimular la expresión triste y de un largo cansancio. Vaya uno a saber con que falsas promesas –quizá ser actriz o modelo– habría sido traída desde el interior. Vestida con ropas mínimas era objeto de agresivas bromas eróticas.
Otras veces un ventrílocuo con su muñeco sentado hacía decir palabras zafadas tales como culo o teta que arrancaba sonoras carcajadas a los hipnotizados espectadores.
Una de las variantes del espectáculo consistía en que el ventrílocuo interrogaba al muñeco acerca de su viaje a Francia. Se establecía un diálogo entre ambos: Ventrílocuo: Decime, ¿como se dice mesa en francés? Muñeco: Meseté.Ventrílocuo: ¿Y silla? Muñeco: Silleté.
Ventrílocuo: ¿Y ojo? Muñeco: Ojeté.Y la carcajada estallaba entre el público ante la “audacia” de la palabra.
Robustos jóvenes conscriptos con la inscripción P.M. (Policía Militar) en su  ropa de soldado, con casco blanco y amenazadores bastones, recorrían el Parque Retiro para
intervenir en caso de disturbio o ebriedad de algún soldado.
Espectáculos de torpe crueldad, en vivo, con parejas de enanos vestidos con ropa gauchesca. Imitadores de cantores de tango haciendo fonomímica actuaban de atractivo para hacer ingresar a la sala donde siempre estaba por comenzar el espectáculo.
Más de un cantor de tangos, posteriormente afamado hizo su debut en el Parque Retiro.
Fuera del Parque, pero dentro del mismo predio estaban los salones de espectáculos picarescos y  baile: “Babilonia” y  el “Salón Chamamé” y el cine supuestamente pornográfico.
En el cine se exhibían películas rigurosamente prohibidas para menores: “Como venimos al mundo”, “Como se nace y como se muere”. Se trataba de películas ingenuamente educativas donde se explicaba narrativamente  la naturaleza del amor y la familia.
Comenzaba con el inicio del vínculo de una pareja adulta, dándose la mano al presentarse. Posteriormente se los veía paseando por una ciudad hasta que –siempre de acuerdo con la explicación del narrador – decidían “comprometerse”. Entonces el hombre obsequiaba a la mujer, colocándole un anillo, mientras él repetía la operación en su dedo. A los pocos minutos la pareja de comprometidos salía  de un Registro Civil e inmediatamente de una Iglesia. A esta altura, el film llevaba unos quince minutos y la impaciencia del público se manifestaba en comentarios y bostezos. Pero la expectativa lograba una pausa ante la promesa del film. Apenas salían de la Iglesia se dirigían a un hotel. Entraban con cara de felices mientras el relator seguía: “y ahora ya están casados y podrán disfrutar del placer que da el amor…”La pareja entraba a un cuarto y de inmediato se enfocaba la puerta que mostraba un cartel con la inscripción: “No molestar, recién casados”. Algunas personas del público, por supuesto únicamente masculino, comenzaba a proferir exclamaciones ansiosas de erotismo desenfrenado. De golpe la puerta de la habitación se abría apareciendo la misma mujer, recién casada pero sonriente y exhibiendo un avanzado embarazo de varios meses, del  brazo de su marido irradiante de felicidad. Segundos después, la mujer embarazada aparecía alternativamente fregando un piso o levantando un bulto pesado.
La misma voz en off que relataba la película desde su comienzo, con un vals oficiante de música de fondo, hablaba  a la mujer embarazada con autoritario reproche advirtiendo sobre el peligro que implica hacer tareas pesadas. La embarazada dejaba las tareas y mirando a cámara escuchaba la voz: “cuando esté por ser madre no lave pisos ni haga tareas pesadas...” Luego repetía  los mismos consejos pero respecto de las comidas. La imagen mostraba  unos grotescos platos con lechón condimentado a la vista de la embarazada.
“No coma comidas pesadas...la futura madre debe comer bien y siempre comidas sanas...”
Minutos después llegaba la escena más audaz, que consistía en unos confusos planos visuales de una mujer gimiendo de dolor al parir y la clásica imagen de un recién nacido llorando sostenido por las manos de una partera. Y allí terminaba la película “pornográfica”. Hay quienes aseguran que ciertos días, previa circulación del rumor entre los iniciados del Parque Retiro, se exhibían “cortos” con desnudos femeninos totales y hasta una escena erótica en pareja de pocos minutos de duración.
El Parque Retiro cerraba alrededor de las cuatro de la mañana del sábado y del domingo.
La salida del último público coincidía con la de quienes trabajaban en el mismo lugar.
Se producía una confluencia mágica, con seres más cerca de lo mitológico que de lo real.
Enanos, gigantes, forzudos, magos, adivinos, prostitutas, cafishios, borrachos monologando y punguistas salían por la gran puerta vigilada por la rígida Torre de los Ingleses siempre intemporal pero acusando el paso inexorable del tiempo.
También, el tropel incluía desahuciados que habían ido en busca de alguna mujer u hombre con finalidades sexuales. Estaban los eternos y falsos conscriptos que lo único que tenían de soldado era la ropa ya gastada por el permanente uso, y cuyo origen podría haber sido el robo o bien tratarse de un antiguo desertor.  Ese uniforme oficiaba de pasaporte hacia la piedad del desprevenido a quien a modo de fórmula se mangueaba “para el sánguche”.
Amanecía y se esfumaba la magia de lo nocturno, lo subterráneo y lo prohibido.
Algunos hombres y mujeres partían hacia el sueño físico porque el otro ya había finalizado. Quizá  ese nuevo  estado aplazaría su soledad por otras horas, hasta llegar la noche y salir a vivir la muerte lenta de los marginales. La noche quedaba atrás y se producía el relevo humano, como respondiendo a un finalismo ecológico, existencial o hasta quizá metafísico.
Aparecía la otra cara de la vida en el Retiro diurno.
_______
Notas:
(1) Sobre el Parque Japonés puede leerse la nota “El Parque Japonés, Historia y Literatura” en el número 22 de la revista “Historias de la Ciudad. Una revista de Buenos Aires”, correspondiente al mes de agosto de 2003.
Bibliografía:
-Horacio J. Spinetto. “Retiro, testimonio de la diversidad”. Cuaderno Nº3 del Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires.
-Historia Viva. La Razón. 1966.
-Diario “La Nación”. Años 1911 y 1930
-Diario “La Prensa”.
-Diario “Crítica”.
-Fernández Moreno, Poesía y Prosa. Centro Editor de América Latina. 1968.
-Consultado en las Hemerotecas de la Biblioteca del Congreso,  de la Biblioteca Nacional y del Instituto de Estudios Históricos de  la Ciudad de Buenos Aires.

Imagen: El Parque Japonés -luego Parque Retiro- frente a la ex plaza Britania, ahora plaza Fuerza Aérea Argentina.

21 feb. 2012

El boliche de Don Antonio


(De Mario Jorge de Lellis)

(Sadi Carnot y Cangallo)

Se me perdió tu huella Don Antonio,
tu fábrica de amigos, tu pabellón de sueños.

Yo me acuerdo de aquellos tres toneles,
de aquellas cuatro lámparas, de aquellos diez inviernos.

Me acuerdo de las voces que amuramos
los tangos de Discépolo,

y de cómo rompimos tu rutina
con obcecados versos.

Aquel aparador era un cábala
para espantar espectros.

O ocaso alguna vez, vos te mirabas
en su vencido espejo.

Y las mesas de truco y los juegos de murra
y tubo en vino a préstamo.

Era un lugar zafado de la vida
sin curdas sabadeños.

Un sitio que ha pasado a ser 
historia del barrio sensiblero.

No sólo fue tu huella Don Antonio,
tu babel de borrachos y de obreros.

Se fue desmoronando lentamente,
pañuelo tras pañuelo.

Tuñín se toma su buen vino
en la copa del viento,

Don Eduardo está invitando
con de la Costa al cielo,

y el Bumba va de nube en nube,
con su farol de ébano.

Esto es todo, boliche que te has ido,
sin una huella, sin un zapato viejo.
______
(1) Actualmente Mario Bravo y Tte. Gral. Juan D. Perón (Fotografía de Ricardo Horacio de Lellis).
Imagen: El boliche de don Antonio, hoy desaparecido.

19 feb. 2012

Mercado de las tristes alegrías


(De Haydée Breslav)

El 13 de septiembre de 2009 se cumplieron diez años de la inauguración del hipermercado Carrefour de la avenida Warnes, en el barrio de La Paternal. Lo que sigue es una crónica de hechos que precedieron, acompañaron y siguieron el desembarco de la empresa, y que de un modo u otro incidieron en la fisonomía y en las actividades de la zona.
El 24 de agosto de 2011, en el Palacio de Hacienda, el entonces  ministro de Economía de la Nación, Amado Boudou, anunció el lanzamiento, por parte de la cadena empresaria Carrefour, de un “menú de alimentos para abastecer las necesidades básicas de una familia tipo” a un costo de 5,50 pesos por día y por persona. Según se encargaron de aclarar distintos medios, el precio de este “menú económico y nutritivo” es un 27% más caro que el de la canasta básica de alimentos que tiene el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC)  para relevar el índice de indigencia. El anuncio se hizo veinte días antes de cumplirse el décimo aniversario de la inauguración del hipermercado Carrefour de la avenida Warnes, en La Paternal, que estuvo precedida y seguida por diversos intentos de intervención en el predio, concretados unos y fallidos otros, de alto impacto todos.

¿DÓNDE LA GUARIDA,  REFUGIO DE AYER?
El 16 de marzo de 1991, el dedito de un niño oprimió el botón del detonador que borró literalmente del mapa al denominado Albergue Warnes. Se trataba del hijo del actual secretario de Transporte de la Nación, Juan Pablo Schiavi, quien a la sazón era secretario en el Gabinete del intendente Carlos Grosso, y como tal responsable de la implosión.
De este modo terminaba bajo el menemato una historia que había empezado durante el primer peronismo, cuando a mediados de la década del 50 el gobierno nacional expropió a la familia Etchevarne las 19 hectáreas delimitadas por las avenidas Warnes, Chorroarín y De los  Constituyentes, y las vías del ferrocarril ex Urquiza, para construir en ellas lo que sería “el más grande complejo hospitalario-pediátrico de Sudamérica”.
Aun antes del derrocamiento de Perón, el ambicioso proyecto se había revelado inviable: su ejecución había insumido varias veces el presupuesto asignado, la obra estaba lejos de terminarse y ya no se disponía de fondos para ello; incluso se mencionaron episodios de corrupción. Se intentó recurrir a un crédito internacional, pero los hechos de 1955 truncaron esas gestiones.
Cuenta Francisco Juárez que el esqueleto del edificio empezó a usarse como vivienda a partir de 1961, con el traslado al lugar de unas dos mil personas de una villa de emergencia. Lo cierto es que a lo largo de treinta años la gigantesca estructura, que carecía tanto de puertas y ventanas como de agua e instalaciones sanitarias, funcionó como “albergue” de familias carecientes, cuyos miembros en no pocas ocasiones eran calificados por algunos vecinos en parecidos términos a los empleados recientemente por un candidato a concejal en Gálvez, provincia de Santa Fe. Se ha dicho también que durante la última dictadura militar el Albergue fue escenario de fusilamientos.
A fines de 1990 sus habitantes fueron trasladados al barrio Ramón Carrillo, creado al efecto.

¡ARACA PARÍS!
El terreno no tardó en convertirse en un matorral donde, según se decía, se reunían oficiantes de cultos extraños; estas versiones no han podido ser comprobadas, pero hemos visto animales muertos en el lugar.
El 20 de noviembre de 1997 el Concejo Deliberante, mediante la Ordenanza Nº 52.297, declaró de interés urbano al predio delimitado por las avenidas De los Constituyentes, Warnes y Chorroarín, y dispuso la zonificación del lugar, que quedó dividido en cuatro zonas: Urbanización Parque, Área Residencial –destinada a viviendas colectivas de alta densidad–, Área Comercial –para grandes locales– y  Equipamiento Educativo.
De este modo, el grupo empresario Carrefour podía llevar a cabo su proyecto de instalar en el lugar un hipermercado, un centro comercial, un gran estacionamiento y un complejo habitacional con once torres. Como contrapartida a la sanción de la Ordenanza, en el mes de junio la empresa había firmado un convenio con el Gobierno de la Ciudad, en virtud del cual se comprometía a construir una escuela con una superficie cubierta de 2.200 metros cuadrados y con una inversión mínima de un millón de pesos, así como un paso bajo nivel en la avenida Chorroarín y vías del ferrocarril ex Urquiza; también debía ceder siete hectáreas del predio para un parque de uso público.
Así, el año siguiente Carrefour Argentina compró a la familia Etchevarne los terrenos restituidos en 1975, como consecuencia de un fallo de la Suprema Corte.
Como se ha dicho, la inauguración del hipermercado tuvo lugar el 13 de septiembre de 1999; la del paso bajo nivel, el 26 de enero de 2000, y la del hipermercado de materiales Easy (antes Depot) al año siguiente.
Por otra parte, en 2002 se sancionó la Ley Nº 970, cuyo único artículo establece que se denomine “La Isla de La Paternal” al “espacio verde de Avda De los Constituyentes y Avda. Chorroarín, ubicado en la Circunscripción 15, Sección 61, Manzana 13 E”. En este predio están incluidos el parque de uso público, la escuela y las once torres, con un total de 62 mil metros cuadrados, mientras que en la Circunscripción 15, Sección 61, Manzana 13 D, de una superficie de 95 mil metros cuadrados, están Easy y Carrefour.

BAJO EL ÁRBOL DESHOJADO
A pesar de su alto impacto, esas construcciones, por lo general, no fueron recibidas por los vecinos con las manifestaciones de rechazo que sí cosecharon las edificaciones de mucha menor envergadura, de carácter sanitario y educativo, y destinadas al uso público, emprendidas por la Facultad de Ciencias Veterinarias.
Uno de los que expresó su disconformidad fue el vecino y ambientalista Luis Buchhalter, quien en un artículo publicado en el número de septiembre de 1999 de Tras Cartón, denunció “el grave ataque al medio ambiente que, en aras de la construcción del túnel de Chorroarín y De los Constituyentes, representó la tala indiscriminada de árboles”. Señaló asimismo que “en la reunión informativa sobre la obra (…)  se omitió explicar que llevarla a cabo implicaría un grave deterioro en el medio” y que “nada de lo que se dijo allí fue muy claro”. Y observó: “Se juega con la necesidad de los vecinos, que confían en que el proyecto ‘modernizará’ el área y repercutirá favorablemente en su calidad de vida”.
El editorial del siguiente número de ese medio estuvo consagrado a la inauguración del hipermercado y, entre otras cosas, expresaba: “Adonde ahora hay 102.000 m2 para proyectar un formidable negocio inmobiliario, antes hubo un sitio en que un conglomerado humano de muy escasos recursos sobrevivía como podía –algunos incurriendo en el delito, la mayoría honradamente– hasta que fueron expulsados sin que a casi nadie le haya importado un corno su destino”.

HINCARME A REZAR
El mismo día en que se inauguró el paso bajo nivel, el diario La Nación anunció que hacia fines de ese año (2000) comenzaría en el predio “la construcción de un centro comercial y de un complejo habitacional con 11 torres”.
Pero fue otra la iniciativa que logró encrespar los ánimos locales: el 4 de diciembre de 2000, el diputado por la UCR y vicepresidente de la Legislatura, Jorge Enríquez, presentó ante ese cuerpo un proyecto de ley por el cual se propiciaba la instalación del santuario de la Virgen Desatanudos en el predio del Hospital de Emergencias Psiquiátricas Torcuato de Alvear, ubicado en la avenida Warnes, frente a Carrefour.
En parecido sentido, el entonces jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, suscribió otro proyecto  que proponía la instalación en terrenos del hospital no sólo del santuario, sino también de la escuela cuya construcción Carrefour aún no había iniciado.
Las abiertas manifestaciones de rechazo por parte de distintos y numerosos sectores, así como la firme oposición de la comunidad hospitalaria, lograron frenar la iniciativa; es necesario recordar al respecto la destacada participación de Julio Leibowicz, histórico referente del Partido Comunista de La Paternal, ya fallecido.
Resultó decisiva la reunión convocada por el Consejo Consultivo del CGP N° 11, que se realizó en el Hogar San Martín, oportunidad en que la gran mayoría de los asistentes expresó su opinión contraria al proyecto, fundamentada en diversas razones; así, Sara Mariño, directora de Cáritas de la parroquia de Santa Inés, opinó: “Me parece que es un lindo negocio para Carrefour el que esté la gente enfrente, que va a comprar y a hacer un montón de cosas”.
Once días antes del estallido de diciembre de 2001, se presentó en el mismo lugar un “Proyecto de Parque Temático para el predio del ex Albergue Warnes”, elaborado por la Secretaría de Planeamiento Urbano de la Ciudad. En la ocasión quien entonces era su titular, Enrique García Espil, contestando una pregunta de esta cronista, dijo: “Estamos hablando de una obra de cuatro millones y medio de pesos”; todavía regía el uno a uno.
Y el 18 de diciembre de 2001 Susana Bosco, a la sazón directora del CGP Nº 11, presentó ante la Legislatura y ante el jefe y la vicejefa de Gobierno, un expediente destinado a obtener un  préstamo de 200.000 dólares para iniciar las obras.

AUNQUE NO TUVE COLEGIO…
En cuanto a la escuela, la elaboración del proyecto correspondiente por parte de la Secretaría de Educación no hizo mayores progresos durante los gobiernos de Fernando de la Rúa y de Enrique Olivera; la crisis desencadenada a fines de 2001 justificó la renegociación del acuerdo.
Fue así como el 26 de noviembre de 2003 Carrefour celebró con el Gobierno de la Ciudad un nuevo acuerdo, que fue aprobado por la Legislatura ocho días después, a través de la Ley 1228. La nota de remisión expresa: “Teniendo en cuenta que dicho establecimiento educativo, por diversos factores, aún no se ha construido, por el acuerdo que se somete a la consideración de ese cuerpo se determinan nuevas condiciones para su construcción, en cuanto a plazos, aprobación de planos, montos comprometidos y forma de ejecución de la obra, ajustándose a las condiciones económicas actuales”.
En virtud de ese acuerdo, la construcción de la escuela implicaría “una erogación total de $1.799.000 (…) aceptando Carrefour incrementar su obligación original de invertir $1.000.000, a la suma máxima de $1.400.000, así como asumir la obligación de financiar a la inversión restante para completar el presupuesto oficial $399.000, que efectuará el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (…)”.
Finalmente, la Escuela de Educación Media “Federico García Lorca” se inauguró el 26 de octubre de 2005; fue éste uno de los últimos actos de gobierno de Aníbal Ibarra, quien al mes siguiente fue suspendido en su cargo.
En el número de diciembre de 2003 de El Barrio Villa Pueyrredón su director, Ignacio Di Toma Mues, comentaba: “Es bueno hacer hincapié en que el atraso en la elaboración del proyecto por parte de la Secretaría de Educación en tiempos de don Fernando de la Rúa y de Olivera, a la Ciudad de Buenos Aires le ha costado 400.000 pesos; y aunque un poco tarde, quizás es hora de preguntarnos cuánto daño al comercio pequeño y tradicional de la zona ha causado la instalación del Carrefour y del hipermercado Easy (artículos para la construcción, sanitarios, etc.) en el predio del ex albergue Warnes. ¿Habrá valido la pena?”. Y proseguía: “Se podrá decir que el Gobierno de la Ciudad ha transferido el costo de urbanización e integración de la zona al sector privado beneficiado con la zonificación (construcción del túnel, de los espacios verdes, de la escuela) y resuelto un conflicto judicial complejo. Pero sabemos, como ya ocurrió en Villa Pueyrredón con Wall Mart, el costo que están pagando las zonas comerciales aledañas, de Paternal y gronomía, y más allá de estos barrios también”.

TAN ALTA LA CIUDAD, QUE NOS DEJÓ SIN SOL
A principios de 2007, en medio del boom inmobiliario que entonces se observaba en la ciudad, la empresa constructora Sadia instaló en el predio carteles con su logotipo. De acuerdo con distintos medios, era inminente el comienzo de la construcción de las once torres. “El desarrollo del proyecto pertenece al Grupo Lubrano, que agrupa a la desarrolladora Promenade y a la constructora Sadia, y se contrató a tres importantes estudios de arquitectura: Mario Roberto Álvarez y Asociados, Horacio Torcello y Asociados, y Lopatin  Arquitectos”, informó La Nación.
En consonancia con el fuerte movimiento de la población contra la construcción indiscriminada, vecinos de la “Isla de La Paternal” y de zonas aledañas organizaron distintas actividades para manifestar su oposición, como asambleas y cacerolazos, y con el patrocinio de los abogados de Red Verde Ciudadana presentaron un recurso de amparo.
Asimismo, emitieron una declaración que, entre otros conceptos, expresaba: “Cuando se instala una torre de quince o más pisos en un barrio, todo lo demás queda pequeño. Nada se salva, los servicios colapsan, los espacios públicos se pierden, el tráfico nos enloquece, el sol desaparece. Mientras que 1.200.000 personas necesitan todavía garantizar el derecho a la vivienda, el 50% de todo lo que se construye en Buenos Aires es vivienda suntuosa“. Y finalizaba con las siguientes consignas: “¡Queremos seguir siendo un barrio! ¡Que el barrio siga siendo verde y no gris! ¡No queremos que   colapsen los servicios! ¡Queremos preservar nuestra calidad de vida! Por el urgente tratamiento del Plan Urbano Ambiental para la Ciudad, participativo y consensuado”.

HASTA EL ÚLTIMO TREN
El 21 de mayo de 2008, varios de esos vecinos concurrieron a la escuela “Federico García Lorca” para presenciar la audiencia pública correspondiente a la realización del paso bajo nivel en la avenida Punta Arenas y vías del ferrocarril ex Urquiza. Finalizado el acto, dialogaron con el ministro de Desarrollo Urbano de la Ciudad,  Daniel Chain.
Entre las inquietudes expuestas, se destacó la planteada por Valentina Bari, quien manifestó su preocupación frente a la posibilidad de que hubiera “motivos escondidos detrás de la ejecución del túnel, relacionados con el desarrollo urbano de la zona y la especulación inmobiliaria”.
El funcionario negó categóricamente esa suposición, explicó que el proyecto “está basado en el transporte público“ y aclaró: “Sin duda alguna, la conectividad también genera desarrollo urbano: el tema es si el desarrollo urbano es bueno o es malo. Personalmente, creo que es asunto del Gobierno, que tiene por obligación regularlo y no dejarlo en manos de la especulación inmobiliaria”.        
Finalmente, el 21 de abril último se inauguró el viaducto Punta Arenas; según informó el Gobierno de la Ciudad, “la obra consiste en la construcción de un viaducto de aproximadamente 238 metros de longitud, con un puente ferroviario de 12,5 metros y accesos viales a ambos lados”.
En la oportunidad, el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, manifestó que “los problemas de tránsito son graves y complejos y necesitan de inversiones enormes para avanzar en la mejora del transporte público y en la creación de vías rápidas alternativas“.
Por su parte, Daniel Chain destacó que se trata de “una obra de muy favorable impacto ambiental que renueva el espacio público y mejora las condiciones de seguridad, con más iluminación y una notoria remodelación del entorno urbano”.
______
Imagen: Demolición por implosión del Albergue Warnes. (Fotografía de buenosaires.gov.ar )