24 nov 2011

El canillita


 (De Néstor Pinsón)

Hubo que esperar hasta 1904 para que el vendedor de diarios callejero tuviera el nombre de "canillita".
El 11 de enero de 1868 el Dr. Manuel Bilbao produjo un hecho que bien puede considerarse revolucionario para el periodismo. Hasta esa fecha los diarios llegaban a sus destinatarios por suscripción, a través del correo o bien se los compraba en la misma imprenta. Pero a partir de entonces, cuando aparece el diario La República, fundado por el propio Bilbao, junto a Alejandro Bernheim, se sorprende el ciudadano al escuchar por primera vez en las calles céntricas las voces de algunos muchachos pregonando: ¡La República, a un peso! Y no sólo aparece el vendedor ambulante de diarios, sino también el impacto de una importante rebaja. El éxito fue notable y rápidamente imitado por los colegas. La innovación trascendió las fronteras, llegando incluso a Francia.
Lentamente se fueron instalando puestos callejeros fijos y rápidamente creció el número de muchachos ágiles y resistentes para correr las calles ganándole al tiempo, para dar cuanto antes el impacto de las noticias, muchas veces exageradas o a medias inventadas. Los muchachos vieron copada su actuación con la abundante presencia de niños; época de miseria, de falta alarmante de puestos de trabajo y los pequeños daban la posibilidad a tantas familias de tener unos centavos más de ingresos. Además eran requeridos porque eran más rápidos y arriesgados que los de mayor edad.
Subir y bajar velozmente de los tranvías –su vehículo por excelencia–, dejar uno para abordar de inmediato otro, sin importar el rumbo que llevaban y valiéndose exclusivamente de su olfato para la venta.
Un nuevo personaje se había incorporado al paisaje de la ciudad de Buenos Aires, que rápidamente se extendió a las ciudades del interior del país. Pero el vendedor de diarios callejero no tenía aún un nombre que lo distinguiera de manera especial. Para ello hubo que esperar hasta el año 1904.
La palabra "canilla" deriva de la palabra latina "canella", que es el diminutivo de "canna", caña, en español. El diccionario define el término: "canilla es el hueso largo de la pierna e incluso de los brazos".
El 17 de enero de 1875 nace en Montevideo Florencio Sánchez.
Desde los 16 años se dedica al periodismo en distintos medios uruguayos y siendo aún muy joven decide que su futuro está en el teatro, sueña con ser autor.
Llega por primera vez a Buenos Aires en el año 1892, trabaja en La Plata como escribiente, en esta ciudad hace sus primeras obras. En 1902 viaja a Rosario, para asumir como redactor en el diario La República, fundado por Lisandro de la Torre.
El ambiente periodístico lo inspira y escribe una pieza teatral, una pequeña obra de un acto con tres cuadros. El personaje principal es un niño vendedor de diarios. Le faltaba el título, pero lo conmueve uno de los vendedores rosarinos de piernitas muy delgadas. Espontáneamente, le surge la palabra "canillita" y así denomina su obra.
Una compañía española dedicada a las zarzuelas, la de Enrique Lloret, accede a ponerla en escena. Se estrena el 1º de octubre de 1902. El rol principal lo desempeña la "tiple" del conjunto una tal señora Iñiguez, conforme surge del elenco publicado en el programa. "Tiple" se denomina a las más agudas voces humanas, propia de las mujeres y los niños.
La obra tiene buena acogida, tanto que se representa doce noches seguidas. En aquella época, Florencio padecía urgencias de dinero, vivía casi en la miseria, además aspiraba a casarse con su novia de siempre, a quien finalmente hizo su esposa.
En 1903 conoce al actor y empresario Jerónimo Podestá, quien le estrena su título M'hijo el Dotor, que tuvo un gran éxito. A raíz de este suceso se anima a proponerle a la compañía presentar en Buenos Aires su pieza de un solo acto Canillita. En aquel entonces no existían niños actores, pero sí mujeres jóvenes con las condiciones para interpretar a un niño. La elegida fue la luego famosa actriz Blanca Podestá.
La repercusión de Canillita supera lo esperado. Las críticas son altamente elogiosas. Los "diarieros" se identifican totalmente con el nombre. Entonces, de común acuerdo con los artistas, se propone una función gratuita para todos los vendedores de periódicos. El acontecimiento sucede en el Teatro Comedia, aquel de la calle Carlos Pellegrini, entre Cangallo y Cuyo (en la actualidad Tte. Gral. Perón y Sarmiento). La cita es un domingo a las dos y media de la tarde. La concurrencia excede la capacidad de la sala y festeja ruidosamente los versos sencillos de las partes cantadas e intenta intervenir cuando la policía se lleva preso al "canillita". Aún no distinguen entre ficción y realidad, como en tiempos pasados ocurriera con las representaciones de Juan Moreira.
Florencio está enfermo de tuberculosis, tiene un dinero ahorrado y viaja a Europa. Pero, igual que en el tango, su cuerpo enfermo no resiste más. Fallece el 7 de noviembre de 1910. Años más tarde ese día es consagrado "El Día del Canillita", en homenaje al querido Florencio Sánchez.
Hay otros datos que intentaron explicar el significado de la palabra, alguno de ellos provenientes de la imaginería popular, según los casos. Se dijo que el apodo había nacido cuando alguien observó en invierno a los pibes con las narices chorreando como una canilla.
En el año 1957, en una carta de lectores publicada en el diario La Nación, un señor uruguayo, antiguo distribuidor de diarios, se consideraba el creador del término. Recordaba en la misiva que a fines del siglo XIX tenía un chico vendedor, hijo de una tal María Canilla. En ocasión de tener que llamarlo desde cierta distancia y no conociendo su nombre, gritó "Canillita", luego se corrió la voz para todos los muchachos diarieros.
Un par de notas periodísticas publicadas años atrás historian la vida de María E. de Ísola, conocida en su época como la "China María", quien falleció en 1934 a los 82 años de edad. Fue considerada la primera mujer vendedora de diarios, siempre establecida o rondando la esquina de Rivadavia y 25 de Mayo.
Florencio Sánchez en su obra Canillita, con sencillez poética, traza las características del personaje cuando en el primer cuadro hace su aparición en escena y se pone a decir:

Soy canillita
gran personaje
con poca guita
y muy mal traje.

Algo travieso
desfachatado
chusco y travieso
gran descarado.

Soy embustero
soy vivaracho
y aunque cuentero
no mal muchacho.

Muy mal considerado
por mucha gente,
soy bueno,
soy honrado.

No soy pillete
y para un diario
soy un elemento
muy necesario.

El segundo cuadro comienza con un "pasacalle". Así se denomina en el género chico español, cuando delante de un telón corto o secundario, se desarrolla una escena musical mientras se da tiempo para el cambio de vestuario y escenografía. Son cinco cuartetas entonadas por varios chicos, las interesantes son las primeras tres:

Vendemos los diarios
en esta ciudad
por calles y plazas
boliches y bares...

La Nación, La Prensa,
Patria y Standard
se venden lo mismo
que si fueran pan.

Llevamos nosotros
la curiosidad
por diez centavos
que el público da.

El cine no estuvo ajeno al tema. El 26 de junio de 1936 se estrenó el film Canillita, con los actores Gregorio Cicarelli, Benita Puértolas (madre del recordado conductor de televisión Héctor Coire), Lopecito y las cantantes Amanda Ledesma y el Príncipe Azul. La orquesta de Pedro Maffia interpreta el tango homónimo compuesto por Julio César Sanders y Daniel López Barreto, con letra de César Vedani.
El día 8 de junio de 1938 se produce el estreno del film El canillita y la dama con Luis Sandrini y Rosita Moreno, dirigida por Luis Amadori.
El tango, como era de esperar, generó muchas obras sobre el tema y con el mismo título.
Aparte del nombrado, existen otros tangos Canillita: uno compuesto por Carlos Pibernat, grabado por Julio de Caro; otro de Francisco Canaro, quien primero lo grabó con su orquesta el 31 de marzo de 1936 y luego con su quinteto Pirincho, el 19 de diciembre de 1956. También lo registró en 1978 el Cuarteto Centenario.
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Imagen: "Canillitas" en Buenos Aires circa década del 30 del siglo pasado.
Nota tomado de la página Buenos Aires Sos,  abril de 2007.

22 nov 2011

Jorge Larroca


(De Otilia Da Veiga)

Jorge Larroca había nacido en Buenos Aires el 31 de agosto de 1930. Alrededor del año 1963 se afincó junto a su mujer Alicia Baudrix, en el departamento del 4to piso del edificio sito en la calle Constitución al 1800, casi esquina Combate de los Pozos y, de inmediato, se interesó por la rica historia del barrio de San Cristóbal.
Atraído por las manifestaciones populares  de la vida porteña, pronto comenzó el estudio minucioso y sistemático del pasado cristobaleño, que culmina con la edición del primer libro: “San Cristóbal el barrio olvidado”, hoy inhallable en las librerías de Buenos Aires.
Ideológicamente comprometido con el peronismo, fue hombre de gran entereza espiritual, lo cual le permitió superar momentos aciagos de su vida, mereciendo por ello el aprecio de sus colegas y de quienes tuvieron la oportunidad de tratarlo.
La Junta de Estudios Históricos de San Cristóbal, creada después de su muerte a instancias de su viuda y de sus amigos, lo hizo su Patrono.
Fue historiador, conferencista, periodista, autor de varios libros, recordamos “Entre cortes y apiladas” un ensayo sobre los tangos de prosapia burrera, “Rieles de lucha” en colaboración con Armando Vidal entre otros títulos de ensayos y artículos periodísticos, pero por sobre todas las cosas fue una personalidad sensible y un hombre de bien.
Amante de la música, solía distenderse ejecutando tangos en el piano y hasta compuso la letra de una milonga dedicada a San Cristóbal, musicalizada por Sebastián Piana que lleva el sello de la editorial musical Korn y que transcribo:

Parroquia de San Cristóbal
lejano arrabal del sur
La estampa del Padre Arenas
se ve en la calle Jujuy
Allá por Garay galopa
su drama don Juan Manuel
la mano herida en Caseros
la Patria herida con él.

Veredas que traen memorias
prendidas de algún ayer,
la luna en Pichincha asoma
recuerdos que hacen doler.
Romance de amor perdido
silencio de algún balcón
dolor que lloró el olvido
de aquello que se alejó.

Cortada cordial de Oruro
por donde pasaba el tren
Compinche de aquella esquina
ladina, del almacén.
Frontón de paleta vasca
lugar donde Leandro Alem
alzó con su barba blanca
la insignia del tiempo aquel.

Romance de San Cristóbal
con versos de corralón
de Greco, los “Ojos negros”
embrujo del milongón...
Misterio del barrio antiguo,
paisajes que ya no son.
Nostalgias que nos envuelven
con penas el corazón.

Adiós que lloró el mentido
“te quiero” que fue traición.
  
Falleció en el año 2000 a la edad de 70 años en el mismo barrio que eligió para vivir.
Y como de los hombres lo único que perdura es su obra, es por la suya que estará presente en nosotros por mucho tiempo.
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Imagen: Jorge Larroca (Fotografía tomada de su libro: San Cristóbal el barrio olvidado).

21 nov 2011

Un episodio del 90


(De Ricardo M. Llanes)

En la Segunda Invasión Inglesa (28 de junio de 1807), en que las fuerzas invasoras desembarcan en la ensenada de Barragán, las columnas del ala izquierda, al mando del general Samuel Auchmuty, ya en horas de la mañana del 5 de julio salen desde los Corrales de Miserere (actual plaza de este nombre) y avanzan por las calles Paraguay, Charcas y Juncal, no así por la entonces llamada “calle Estrecha” (Santa Fe), hasta copar la plaza del Retiro, donde se levantaba el ruedo taurino, y en ella se libra el más heroico y sangriento de los combates, cayendo entre muchos otros el teniente de navío Cándido Lasala, sobre el mismo terreno que hoy configura, sobre la plaza, el camino delineado de la avenida Santa Fe. Ochenta y tres años más tarde (26 de julio de 1890), al estallar la revolución cívico-militar contra el gobierno que presidía el doctor Miguel Juárez Celman, la calle Santa Fe ofreció para la acción de un acto tan rápido como sorpresivo, el escenario primero de la sangre y el horror.
El doctor Juan Palestra –que es quien con claro conocimiento de los sucesos los ha relatado en su libro El Noventa, pues, él lo expresa, “vi los hechos de cerca y hasta podría decir que de ellos pars parva fui”, relata lo siguiente: “Poco después llegaba a Santa Fe y Cerrito la columna de Levalle (1). Allí tuvo que hacer alto para dar paso al 11º de Caballería, que, con el coronel Suspisiche, el coronel Leyría y el comandante Morosini al frente –tres centauros–, venía galopando impetuosamente por Santa Fe y dobló al norte por Cerrito, rumbo al Retiro. En el camino lo alcanzó un ayudante, indicándole esperar órdenes en Santa Fe y Callao. Al regresar el 11º por la calle Santa Fe, varios cantones y las baterías que acababa de ubicar Day (2) a lo largo de la calle Talcahuano, rompieron el fuego. La bocacalle quedó cubierta por un montón de 30 o 40 hombres, muertos y heridos, y más de 50 caballos destrozados. Leyría, con sus oficiales y tropa, no parecieron reparar en el estrago, y alzando en ancas a los desmontados y heridos que pudieron subir, siguieron a galope tendido hasta Callao y Santa Fe, donde echaron pie a tierra, inflamados y rugientes”.
Y una noche del año 1968, en el Café (ya desaparecido) de la esquina sudeste de Santa Fe y Talcahuano, en tanto yo le recordaba este episodio a mi inolvidable amigo el señor Roberto F. Grillo, entonces con residencia en el número 1291 de la ya llamada “Gran Vía del Norte”, se me ocurrió decirle esta cuarteta, en el instante improvisada, y que recité en homenaje de la calle Santa Fe y del episodio que dejamos relatado: “Lo mismo se muere aquí/ que en el campo de batalla:/ pues la bala cuando estalla,/ hiere y mata como allí.”
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(1) El general Nicolás Levalle era entonces ministro de Guerra y Marina.
(2) El artillero mayor Ricardo A. Day, era el jefe del Regimiento 1º de Artillería, cuyo mando se le había confiado.

Imagen: Revolucionarios de la Unión Cívica durante la Revolución del Parque o del 90.
Tomado del libro de R. M. Ll. Biografía de la avenida Santa Fe.

20 nov 2011

Calle Florida, caótica y eterna


 (De Verónica Camaño)

Hace doscientos años Florida era la primera y única calle empedrada de Buenos Aires.  No había casi nada alrededor.  Salvo su propósito: lo más importante era que su recorrido culminara en la plaza de los toros de la ciudad donde hoy está el Monumento al General San Martín y a los Ejércitos de la Independencia.  El tiempo convirtió a ese sendero en una calle comercial que supo reinventarse a lo largo de los años.
Pasó del esplendor y el glamour de la primera mitad del siglo XX a la peatonal caótica que es hoy, sin dejar de ser una gran usina de dinero.  Según un informe de la consultora Colliers Internacional, sigue siendo la zona comercial más cotizada de Buenos Aires y es la segunda más cara de Latinoamérica detrás de la calle Oscar Freire, en San Pablo (Brasil).
A la mañana es invadida por los primeros oficinistas que ya caminan a paso ligero, hábiles frente a cualquier obstáculo.  El olor a garrapiñada empieza a surgir en las esquinas y las burbujas de detergente explotan en las narices de algunos mientras que los "manteros" comienzan a acomodar su mercadería, desde pantuflas gigantes a juguetes viejos, artesanías del norte y cuadros hechos en cinco minutos con aerosol.  Están, además, los lustrabotas, los artistas callejeros, algunos vendedores de shows de tango y muchos brasileños.  850 mil personas caminan sus veredas diariamente y conviven con el resto de la fauna de la calle Florida las 24 horas del día.  Pero la convivencia funciona cada día peor.
"En el 1900 la calle Florida empezó a recibir a grandes comercios como la instalación de las Galerías Bon Marché, Harrods y la tienda Gath & Chavez.  Esto fue convirtiendo a Florida en la gran arteria comercial de la ciudad y se fue consolidando hasta que se convirtió en la primera peatonal en 1971", cuenta el historiador Eduardo Lazzari, que relaciona a esta calle porteña con la alta burguesía terrateniente local.
Cuarenta años después de esa época de esplendor, Walter, uno de los dueños de Moyano Propiedades, una inmobiliaria ubicada en las galerías Vía Florencia, sostiene que el precio de las propiedades sigue siendo muy alto y que a medida  que la numeración se acerca a la Plaza San Martín, el metro cuadrado de las propiedades aumenta desde los mil hasta los 3 mil dólares.  "A muchas marcas nacionales e internacionales que quieren mantener el estatus les resulta más barato alquilar un local que tenga el cartel de su marca a la calle que pagar una publicidad", asegura el inmobiliario quien ve que, si bien es la peatonal más importante del país, sigue siendo barata comparada con otras en el mundo.

TODOS CONTRA TODOS
Un día de sol al mediodía puede ser interesante caminarla.  Inagotables estímulos visuales, vidrieras al por mayor, música y arquitectura urbana que deleita a los amantes de las ciudades de todo el mundo.  Pero detrás de los atractivos de Florida, se encuentra el agobio de quienes tienen que pasar todos los días por ahí.  En mayor y en menor medida, las quejas hablan de inseguridad, que nadie hace nada para evitarlo y de abandono.  Dicen que perdió la elegancia y la formalidad.  Los manteros son más criticados que los ladrones.  Y están presentes pese a la disconformidad de los comerciantes que atribuyen a su existencia la pérdida de hasta un 40% de sus ganancias por la venta ilegal y la competencia desleal.  "Tenemos ordenanzas y leyes que nos amparan, pretendemos la no ocupación del espacio público mediante la acción organizada.  Esto tiene que tener un orden y eso no debe confundirse con represión de los manteros", explica Héctor López Moreno, presidente de la Asociación Amigos de la calle Florida.  Él entiende que los problemas y la caída del esplendor de la peatonal son la consecuencia directa del ocupamiento de la calle. "Se genera una logística de inseguridad porque no hay presencia policial y aunque pusimos cámaras de seguridad en las 10 cuadras de extensión de la peatonal, cuando se produce un robo afuera o adentro de un local no tenemos a quién recurrir.  También hicimos denuncias por ruidos molestos: hay una cantidad de decibeles máxima en la calzada, pero no la respeta ninguno", argumenta.
Lo que puede significar ruido para las oficinas ubicadas cerca de las Galerías Pacífico, es arte para otros.  Todos los días, decenas de artistas musicales deciden exponerse en la vidriera al aire libre para mostrar lo que saben hacer.  A veces a la mañana, otras a la tarde, la banda instrumental de funk "Domingo Petrona", enchufa los parlantes para dar un show y vender discos.  A quince cada uno, venden veinte por día y eso los hace cada día un poco más conocidos.  "Para los artistas no hay nada negativo en esta calle y lo que nosotros hacemos está contemplado en la Constitución", así se defiende el bajista de la banda, consciente de que ha recibido denuncias por ruidos molestos por parte de las oficinas.  Es decir, por parte de los empleados que reciben un combo sonoro que contiene, a ventana abierta, bocinazos de Corrientes, ofertas de los "arbolitos" y guitarras eléctricas.

DESAZÓN
"¿Qué es lo que más disfruta de su trabajo?", fue la pregunta al quiosquero Rafael. "Nada", responde, "la inseguridad es mucha más de la que te podés imaginar y mucha más de la que vez en la televisión", amplía.
Jimena, estudiante y vendedora ambulante de shows de tango, es un poco más optimista respecto de su actividad.  "Me gusta laburar con gente, escuchar a los turistas y aprender otros idiomas", explica.  En cuanto a la inseguridad, afirma que es más probable ser robado siendo un extraño que formando parte de la peatonal: "los que estamos trabajando aca sabemos que nos conocemos y todos somos trabajadores por eso no sufrimos tantos robos.  Vemos que hay gente que está robando, pero la policía no hace nada, así que nos cuidamos entre nosotros", cuenta.
Matías tiene 25 años y trabaja ofreciendo bolsos estampados con símbolos del rock nacional que él  mismo pinta al lado de otro que vende pantuflas fluorescentes y un pintor chileno que se confiesa demasiado tímido para hablar frente a un  grabador, pero no para exhibir su obra a miles de personas por día.  Dice que no le gusta su lugar de trabajo porque allí se junta lo peor de Buenos Aires: "están los puteríos, los chorros, los bancos...la cabeza más grande del monstruo está acá, pero es donde más se vende", reconoce.  Lo mismo piensa el encargado de un local de informática de la Galería Jardín "La galería sigue siendo el mejor lugar para tener este tipo de negocios".
Pasadas las 4 de la tarde, ya no hay choques de cuerpos famélicos en busca de comida.  Las hordas de oficinistas que apuran el paso para disfrutar a pleno su hora de almuerzo ya no están tan visibles, pero la calma es aún lejana.
"Hola qué tal, yo soy Corbata, el que hace de todo menos plata", exclama un actor callejero cuyo trabajo es recibir a la gente e invitarlos a la Galería Jardín.  "Inventé mi trabajo, me sirve para pagar el alquiler y mantener a mi familia", dice orgulloso sin un rastro de amargura en sus facciones.  Su trabajo ha terminado, así como el de miles de transeúntes de saco y corbata que huyen hacía las bocas de subte para volver al hogar.  Pero Florida nunca duerme y en pocas horas, el vértigo se reanudará.
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Imagen: “Manteros” en la calle Florida.
Tomado de la página Buenos Aires Sos.

19 nov 2011

Transformación de un barrio legendario



(De Martina Telo Lococo)

Durante los últimos diez años el barrio de Belgrano comenzó un proceso de cambio. Edificaciones de gran envergadura reemplazaron a las pequeñas  viviendas y comercios. Lo que antiguamente era una zona residencial hoy está tornándose en una comercial. ¿Quiénes ganan? ¿Quiénes pierden? ¿Qué pretenden las grandes empresas?
La transformación es cada vez más grande. Los nuevos edificios y las construcciones abarcan toda la zona, es casi imposible no ver una torre de oficinas en cada cuadra. Las viviendas bajas con menos de 15 pisos hoy parecen quedar atrás.
La Avenida de Libertador obtuvo un papel protagónico en este cambio: algunos legendarios comercios del barrio desaparecieron y hoy son locales de muebles de diseñador, concesionarias de autos, vinotecas y textiles de alta gama.
Los impactos ambientales, visuales y sociales repercuten a gran escala, y los principales damnificados son los vecinos. La inseguridad se incrementó bruscamente, el aumento del tránsito vehicular hizo que los estacionamientos y las calles colapsen y el sistema de agua potable y de las cloacas empezó a ser ineficaz, entre otras cuestiones.
“Aunque embellezcan estéticamente, las nuevas torres obstruyen la luz del sol y arruinan la naturaleza. A los que pasamos nuestra vida en el barrio eso nos molesta”, explicó Juan Manuel Monsalve, estudiante y vecino. Esta manifestación se repite en la mayoría de los vecinos, quienes aseguran que la seguridad y la tranquilidad de la zona se ha perdido. “Dado que la mayoría de los nuevos edificios serán oficinas, imagino un barrio que, gradualmente, va a ir perdiendo la tranquilidad que siempre lo caracterizó. Mucha más gente, más autos y mucho más ruido”, señaló Francisco Muschietti, vecino.
El tema de la inseguridad está cada día más presente entre la sociedad que reside en Belgrano. El pasado 24 de octubre se realizó una reunión con los comerciantes y vecinos de la zona junto con la Directora del Plan Nacional de Participación Comunitaria en Seguridad del Ministerio de Seguridad de la Nación, Martha Arriola, para combinar un plan de seguridad policial apropiado para el sector. “Esto es una zona liberada, cuando empieza a ponerse oscuro hay robos. Eso antes no pasaba y hay que buscarle una solución porque nos sentimos desprotegidos”, afirmó Aldo, dueño del Pool de Libertador desde 1989. Su bar debió mudarse a dos cuadras ya que su antigua construcción fue demolida para dar creación a un nuevo edificio.
Otro de los problemas por las construcciones de las torres es la falta de espacios para el estacionamiento. Refiriéndose a esto, Facundo Gasparelli, empleado de SB Negocios Inmobiliarios, destacó que los nuevos edificios tienen más departamentos que cocheras. Eso perjudica el acceso y la movilidad de la zona.
A nivel social, estas construcciones también pueden resultar negativas. “La mayoría de las obras son o serán oficinas. Eso debilita a la sociedad ya que el barrio va a vivir durante los horarios de trabajo y los sábados y domingos estará inhóspito. No es lo mismo tener un edificio lleno de familias viviendo que uno que esté habitado hasta las seis de la tarde”, aseguró María Teresa Mazzei, arquitecta y vecina desde hace 30 años, quien agregó que el beneficio principal es para los comercios gastronómicos que podrán alimentar a todos los empleados de las oficinas.
Pero, ¿cuál fue el motivo de esta transformación? “Si bien hay un aumento demográfico en el país y también un crecimiento en inversiones inmobiliarias, no creo que sean las razones del cambio en el barrio. Considero que se debe a los intereses del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”, expuso Nicolás Boronat, residente de Belgrano. “El mercado inmobiliario ha crecido mucho y eso ayuda a que las construcciones de edificios sean rentables. También influye que es una zona de fácil acceso, posee tres avenidas: Libertador, Cabildo y Figueroa Alcorta las cuales llegan a General Paz y al centro rápidamente. Por lo cual entrar y salir del barrio resulta cómodo tanto para la gente que viene a trabajar como para la que vive”, agregó Juan Manuel Monsalve.
La demanda de nuevos edificios sigue en aumento en la ciudad. La compra de inmuebles aumentó y eso generó que algunos sectores, antes no explotados, deban ser modificados para la expansión.
A pesar del embellecimiento y la prosperidad económica que puedan brindar estas construcciones es importante conservar la esencia de un barrio legendario como Belgrano. Las caballerizas ya no están, las pequeñas casas o edificios tradicionales estilo francés o inglés dieron lugar a imponentes edificios modernos, la antigua clase media trabajadora característica de la zona se vio influenciada por una clase alta propietaria. Sea cual sea el futuro lo importante es no perder lo propio del barrio, la solidaridad entre los vecinos y el afecto hacia el lugar donde crecimos.
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Imagen: Edificios en el barrio de Belgrano.
Nota tomada del periódico Mi Belgrano, noviembre de 2011.

Y barren el azul con sopladoras


(De Ramón Paz)

y barren el azul con sopladoras
dos tipos con turbinas a la espalda
van soplando el azul como una falda
volátil en el viento y en dos horas
van rodeando la plaza y acorralan
el cielo que se había derramado
por todas las veredas entregado
al peso de la tierra y lo señalan
lo expulsan en tormenta borrascosa
de lilas y el deber municipal
se cumple con rigor impersonal
y embolsan a noviembre y a otra cosa
qué celeste la lástima que da
que lo borren así al jacarandá
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Imagen: “Jacarandáes en flor” (Foto de Leandro Caffarena).

17 nov 2011

Plaza Luis F. Leloir o placita de la Ciencia


(De Hilda Guerra)  

Algunas placitas cerradas y  también los espacios verdes, poseen el encanto para la pausa; las licencias poéticas. Necesitamos muchas veces alejarnos de los  locos bajitos. Ellos están en esos sitios -por suerte- sólo de paso, lo que permite, en medio de tanta confusión, recuperar parte de nuestro interior esquivo. Ese eslabón perdido de a ratos.
Hacer un alto en la investigación, salir de la Biblioteca Nacional por Agüero, cruzar en mitad de cuadra y subir los escalones, es volver a la adolescencia. Sacar de la mochila la latita de cola y las galletitas, es olvidar la lectura ilustrada y zambullirse en el recreo. El picnic tiene como telón de fondo un árbol y se llama espacio verde Leloir.
Sentada en un banco pensé en los jardines con laberintos aromáticos; transcurridos unos minutos, una pareja de chicos se acomodó a mi lado. Aspiré profundamente. Un intercambio de palabras entre mis circunstanciales compañeros me hizo volver a la realidad. La chica le ofreció un sándwich y él protestó: “No me gusta la mayonesa, ¿te cuesta tanto ponerle salsa golf?”. ¡Salsa golf!, ¿acaso la parejita sabía?
Luis Federico Leloir, nuestro Premio Nóbel de química, fue el creador de la exquisita salsa. Frecuentaba el Club de Golf de Mar del Plata y un mediodía de los años 20, pidió mariscos con mayonesa y otras salsas; mezcló mayonesa con ketchup y ya está.
Cuando volví de la evocación los chicos se habían ido.
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Imagen: Plaza Luis F. Leloir.

16 nov 2011

El piso también es patrimonio barrial


(De Juan Manuel Sandoval)

Aunque para algunos es tan insignificante como un “bloque de piedra”, lo que se conoce como Adoquín unió y sigue uniendo a los vecinos, causando fascinación en turistas de todas partes del globo y encerrando dos siglos de historia.
Podría comenzar escribiendo esta nota, hablando de qué es el adoquín. Buscar en un diccionario, o en “Wikipedia”, su definición técnica y copiarla tal cual. Pero no nos explicaría qué es…o mejor dicho, qué significa el adoquín, tanto para los vecinos del barrio o los visitantes que ven el “cobblestone”, “ciottolo” o la traducción que le corresponda según la parte del mundo. Es increíble el fanatismo que despierta algo que pisamos para cruzar la calle, o del que nos quejamos cuando tropezamos, en otras culturas, pero aparece como tema de charla en foros de viajeros y aventureros, decoración en blogs de fotógrafos que inmortalizan su viaje por San Telmo con la típica foto en blanco y negro de las calles adoquinadas cubiertas por una fina cortina de lluvia o con una pareja bailando tango.…
Los vecinos porteños, amparados en la ley 65 de “pavimentos originales” (la cual protege y prohíbe que se cambie el empedrado o adoquinado con otros materiales), mediante ONG como “Basta de Demoler”, “San Telmo Preserva” o hasta en “grupos de “Facebook” como “No a la quita de adoquines en San Telmo”(que cuenta con casi 500 miembros) se unieron varias veces para detener su “extracción”, como por ejemplo, la propuesta del “Proyecto Prioridad Peatón” en el 2008, en la cual se quería reemplazar a los adoquines por baldosones grises.
No sólo se opusieron por su contenido histórico, sino como un símbolo para lo que nos representa como barrio. Extraerlo sería quitarle parte de su identidad al barrio. Además de que es parte del patrimonio del Casco Histórico porteño (junto a los edificios antiguos por ejemplo), que convierten a San Telmo en uno de los barrios “abuelos”, por así decirlo, en Capital Federal.
No todos saben de la historia que encierran: empezando en 1769, el Cabildo dispuso traer piedras de la isla Martín García para las calzadas, y piedras laja de Montevideo para las aceras, terminando de concretarse el proyecto en 1868. Desde hechos históricos hasta diferentes medios de transporte que pasaron sobre el adoquín, en estos 200 años, también hay unas cuantas personalidades que lo “pisaron”, entre ellos seguramente: Esteban Echeverría (introductor del romanticismo en la Argentina), el pintor, escultor y profeta Benjamín Solari Parravicini (nombrado el “Nostradamus Argentino”), el ex – líder de la banda de rock Sumo Luca Prodan, hasta “Quino” y una interminable lista pasada, presente –¿y porque no?– futura.
“No me imagino las calles del barrio sin los adoquines” comenta María Teresa Quintela (80), que vive en el barrio desde hace más de 30 años. Y es que “adoquín” parece la palabra del millón junto a “San Telmo”. Ya sea nombrado brevemente o como parte de algún titular, siempre se encuentra presente en toda charla sobre el barrio, como por ejemplo: “Relato de viaje a Buenos Aires – Los adoquines de San Telmo” (en una página que junta historias de aventureros por el mundo) o “San Telmo, tango entre adoquines y reliquias” (en una pagina dedicada al turismo). Hasta en la obra “San Telmo” del compositor Gerardo Matos Rodríguez, se lo nombra: “Calles de San Telmo! Adoquines viejos! Piedras que he pisado”. Solo esperemos que nuestros hijos y nietos puedan seguir pisándolos.
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Ilustración: "Adoquines y rieles de la calle Humberto I", fotografía de Alicia Segal.
La nota y la fotografía fueron tomadas del periódico El sol de San Telmo.

Acerca de puente Alsina


(De Luis Alposta)

Lo que comenzó siendo un vado terminó siendo un puente. Y un puente con historia. Se sabe que en la segunda invasión inglesa las tropas enemigas cruzaron el Riachuelo por el paso de Burgos. Y con respecto al origen de este nombre existen tres versiones: una es la que dice que a comienzos del siglo XVII el escribano español Francisco López de Burgos era el propietario de las tierras linderas al mencionado paso; otra, cuenta que a mediados del siglo XVIII, el propietario de las mismas era el alférez Bartolomé Burgos; y, finalmente, una tercera, refiere que dicho nombre proviene de un humilde botero llamado Burgos, quien se encargaba de trasladar pasajeros de una orilla a otra.
En 1855, y aquí es donde comienza esta historia, el señor Enrique Ochoa, inmigrante español, dueño de un saladero, se presentó ante las autoridades provinciales solicitando autorización para construir un puente. Se le otorgó; lo construyó por su cuenta y riesgo y al poco tiempo se lo llevó el agua. Insistió, y al año siguiente construyó un segundo puente, que terminó corriendo igual suerte. Finalmente, en 1859 inauguró el tercero y a la hora del brindis Ochoa les propuso a los presentes bautizarlo con el nombre de su amigo, el ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Valentín Alsina. Este puente recién fue reemplazado por otro de hierro en 1910, el que a su vez sirvió de base para el que, con reminiscencias de muralla china, se reinauguró en 1938 y pasó a llamarse puente Uriburu.
Ahora, puente Alsina volvió a ser puente Alsina (julio de 2002), el mismo al que, en 1926, con versos de Benjamín Tagle Lara, le cantó Rosita Quiroga.
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Imagen: El puente Alsina, en el barrio de Nueva Pompeya.

15 nov 2011

El eterno retorno a la soledad


(De Haydée Breslav)

El 31 de octubre se cumplió el centenario del nacimiento de José María Contursi. Hijo de Pascual Contursi, creador del tango canción, siguió los pasos de su padre aunque con estética y temática diferentes.
Dicen sus biógrafos que nació en Lanús, único hijo de Pascual Contursi y de Hilda Briamo, y precisan que a los veintidós años escribió su primera letra, Tu nombre, un vals con música de Raúl Portolés Peralta que grabó Andrés Falgás.
A partir de entonces desarrolló una producción vastísima y notable, aunque no siempre pareja, que se encuentra entre las más representativas de la renovación poética de nuestro tango, que eclosionó en la célebre década del 40.
Apartado de la estética naturalista de su padre, se enroló en el neorromanticismo que constituyó una de las dos principales tendencias poéticas de la década (la otra fue la vanguardia, que se inició con el invencionismo y culminó en el surrealismo). En la poesía denominada culta, el neorromanticismo tuvo entre sus principales exponentes a Vicente Barbieri, Alfredo Martínez Howard, Ana María Chouhy Aguirre, Miguel Etchebarne, y Miguel Ángel Gómez, por no citar más que algunos.
En el tango, José María Contursi está entre los que encabezan esa corriente; como pocos, su obra ostenta “una invariable y sostenido tono melancólico y una predisposición perenne a lo elegíaco” que según David Martínez están entre las peculiaridades del grupo neorromántico.
“Buscamos lo esencial del verbo, más en el acontecer interior que en el deslumbrante artificio de la metáfora”, escribió sobre la generación poética del 40 León Benarós, que perteneció a ella. Tampoco Contursi persiguió ese deslumbramiento; y si a veces incurre en excesos melodramáticos (“Quisiera abrir lentamente mis venas / mi sangre entera verterla a tus pies”, Sombras nada más, con música de Francisco Lomuto; Roberto Selles nos apunta que este tango se cantó también en ritmo de bolero y de ranchera mexicana) también supo expresar con sencillez sentimientos delicados (“Cada vez que me recuerdes / tu pensamiento me besará”, Cada vez que me recuerdes, con música de Mariano Mores) y espiritualizar el sentimiento amoroso llevándolo a lo trascendental (“Más allá de la muerte y de Dios / óyeme, más allá / puede ser que me aleje de ti / la inmensidad”, Más allá, con música de Joaquín Mora).
Y tuvo la inteligencia y el buen gusto de escribir con los mejores músicos de la época: Aníbal Troilo, Pedro Láurenz, Joaquín Mora, Osvaldo Fresedo, Carlos Di Sarli, Osmar Maderna, Armando Pontier, Enrique Mario Francini y Héctor Stamponi.

LA TEMÁTICA
Algunos aseguran que todos los tangos de este autor son variaciones sobre el tema de los amores contrariados; otros, que toda su obra le fue inspirada por la misma mujer. Sin embargo, hay en esa obra varias piezas evocativas, como A mí no me hablen de tango, la excelente Milonga de mis amores, Mis amigos de ayer y Las cosas que me han quedado, que llevan música, respectivamente, de Juan José Paz, Pedro Láurenz, Francisco Lomuto y Armando Portier.
En cuanto a los tangos de asunto amoroso, es cierto que son muchos, y que las historias que cuenta son desdichadas; en el caso de Como aquella princesa (con música de Mora) los amores son felices, y el desafortunado es el resultado. En cambio en Tú son felices la historia, su realización y la deliciosa música de José Dames.
En varios de los tangos que dedicó al tema de los amores infortunados, Contursi nos sorprende aplicando una especie de vuelta de tuerca al desencuentro de los amantes, algo así como un eterno retorno a la soledad. Así, en Tango triste, con música de Troilo, relata la recaída en la desolación después de una reconciliación largamente anhelada (“Me torturé sin ti / y entonces te busqué / por los caminos del recuerdo / y en el recodo más lejano / te agitabas por volver / […] Y fuiste tú / la que alegró mi soledad / […] / y nadie existe más que tú / en mi destino. / Y hoy / te has hecho a un lado en mi camino / […] / y me sumiste en el pasado / que luchaba por querer volver”).
En Lluvia sobre el mar, que tiene música de Pontier, así describe el regreso al infortunio: “Me faltó valor / para arrastrarme buscando tu perdón / aun sabiendo que / te horrorizaba la idea de volver / a vivir tu trágico pasado / del que yo, desesperado, te arrebaté”.
La separación, ya definitiva, puede incluso seguir a un perdón que se suponía superador de una etapa difícil (“La perdoné cuando volvió / […] / y al arrojarse sollozando entre mis brazos / se cayeron a pedazos / los fantasmas de mi desesperación. / […] / Le dije ‘amor, no llores más’ / y se vistió mi soledad / con el azul de aquellos ojos adorados / […] / Después, no sé si me dejó / si estuvo aquí, si me olvidó / tan sólo sé que nuevamente el alma mía / se revuelca en agonía / porque sabe que ya nunca volverá”, Es mejor perdonar¸ música de Láurenz).
Es como si algo, por motivos y en tiempos desconocidos, determinara que la felicidad de la pareja fuera imposible (“No sé por qué te perdí / tampoco sé cuándo fue”, Toda mi vida, música de Troilo; “Y no puedo recordar / por qué te fuiste”, Quiero verte una vez más, música de Mario Canaro).
Al igual que Discépolo, Contursi no tuvo reparo en invocar el suicidio, pero lo hizo con frecuencia y en contextos tales que llevan a pensar más en expansiones románticas que en la desnuda desesperación del autor de Tres esperanzas.

EL MOTIVO
No nos referimos al título de un tango de Contursi padre, sino al tema que a nuestro juicio mejor desarrolló su hijo. No sabemos si éste leyó la Filosofía de la composición, donde Edgar Poe afirma: “La muerte de una hermosa mujer es incuestionablemente el tema más poético del mundo; e igualmente está fuera de toda duda que los labios más adecuados para expresar ese tema son los del amante que ha perdido a su amada”.
Tampoco sabemos si fue en conocimiento de esta hipótesis más que discutible, por influjo de la tradición necrofílica de nuestra sociedad, o debido a ambas, pero lo cierto es que el tema, asumido acríticamente, fue explotado con mejor o peor suerte en la poesía y en la canción. En el tango, dio lugar a piezas como La que murió en París, de Blomberg y Maciel; La novia ausente, de Cadícamo y Barbieri; Después, de Manzi y Gutiérrez; Tu pálido final, de Roldán y Demarco, y sobre todo Sus ojos se cerraron.
José María Contursi consagró al tema dos de sus mejores tangos y un tercero que conlleva una crítica a la moral dominante en la época. Los dos primeros son Verdemar y Claveles blancos y llevan música de Carlos Di Sarli y Armando Pontier.
Verdemar es de 1943. Comienza con una sinestesia extraña en este autor: “Se llenaron de silencio tus pupilas”. Precisamente el silencio, el frío y la falta de luz y de color son circunstancias de las que se vale después para nombrar a la muerte. En la segunda parte expresa, con poética síntesis, la sensación de desorientación que sigue a una gran pérdida: “Y ahora ¿qué rumbo tomaré? / Caminos sin aurora / me pierden otra vez”.
En cuanto a Claveles blancos, que es de 1949, elige el contraste entre la blancura de la amada (“jazmín y piel”, “dedos de marfil”) y de los jazmines que pone sobre su cuerpo, con las sombras que le deja su ausencia. Pero lo más notable está en los cuatro versos finales, tanto de la primera (que se repiten, con una ligera variante, en la primera bis) como de la segunda.
Habíamos dicho que no nos era posible saber si Contursi había leído la Filosofía de la composición, donde Poe explica cómo escribió “El cuervo”. Recordemos que decide rematar cada estrofa con un estribillo breve y “sonoro y posible de énfasis” y por eso elige la palabra inglesa nevermore, con la variante nothing more.
Veamos ahora los finales de Claveles blancos: “Nunca más / su voz me llamará / ya nunca, nunca más / su boca besaré” (primera parte); “Un telón de sombras, nada más / tu ausencia me dejó / nada más, nada más” (segunda); el final de la primera bis repite el de la primera, cambiando “su” por “tu”.
Claro que otros tangos incluyeron el ritornelo (inclusive uno, de Francisco y Oscar Lomuto, lleva ese título) pero nada tienen que ver con el tema que nos ocupa.
Muchos años y muchas cosas pasaron desde entonces. Con el Informe de la Conadep y el memorable alegato del fiscal Strassera en el juicio a las Juntas impulsado por el presidente Alfonsín (en momentos, recuérdese, en que estaba vigente el servicio militar obligatorio y los jefes tenían mando de tropas) esas dos palabras dejaron de ser lamento para convertirse en reclamo, sentencia y desafío.

UN ALMA BUENA
Para comprender mejor el mensaje de este tango, es preciso acomodar un poco las coordenadas. En la década del 40 y buena parte de la del 50, de indudable bienestar económico, las costumbres estaban sometidas a convencionalismos alineados con los preceptos de la Iglesia Católica, a la sazón muy poderosa; tanto, que había logrado imponer la enseñanza de esa religión en todos los colegios y escuelas del país; y el divorcio no estaba legalizado (recién lo estuvo en 1987).
Algunos de los conflictos provocados por la obligada indisolubilidad del matrimonio quedaron reflejados en el tango, que siempre ha sido testimonial. De ahí el gran éxito que alcanzaron entonces páginas como Bailemos, de Yiso y Mamone y Prohibido, de Sucher y Bahr; en la misma línea se ubican Dame mi libertad, de estos últimos autores, y Amor en remolino, de Cátulo Castillo y Héctor Stampone.
Cuando José María Contursi asume el tema vuelve a sorprendernos, pues lo enlaza con el que Poe consideraba el más poético. Se ha dicho que Un alma buena –que tiene música de Aquiles Aguilar– está inspirado en un hecho real, pero no nos consta; lo cierto es que la historia ilustra un pensamiento de Víctor Hugo, quien escribió que las apariencias de austeridad obligan a “exhibir continuamente lo falso, a no ser jamás uno mismo”.
Contursi elude en general los golpes de efecto que ofrece esa historia, la que tampoco está demasiado perfilada; al igual que la crítica, se desprende del lamento del protagonista, quien aun frente a la muerte de la mujer amada debe ocultar sus sentimientos; al dolor por la pérdida se suma la sordidez de la simulación. (“Vine y no debí venir / enloquecido de pena. / Nadie me conoce aquí / dirán: ¡Es un alma buena! / ¿Quién de los que gimen a tu lado, / quién de los que imploran y te rezan / y te lloran y te besan / te adoró desesperado? / Nadie más que yo”. Y concluye volviendo contra sí el clamor que debe ahogar: “Es el grito de un puñal / clavándose en la piel / la impotencia de querer / besarte y no poder”.
José María Contursi es autor además de los tangos Como dos extraños, Cosas olvidadas, En esta tarde gris, Garras, Gricel, Junto a tu corazón, La noche que te fuiste, Sin lágrimas, Tabaco, Tu piel de jazmín y Vieja amiga y de los valses Bajo un cielo de estrellas y Valsecito amigo, entre muchas otras piezas.
Murió en Córdoba, donde se había establecido, el 11 de mayo de 1972.
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Imagen: José María Contursi
Material tomado del periódico “Trascartón”, 2011.

14 nov 2011

Primavera en la Boca


(De Martina Iñiguez)

Hasta mi barrio pobre de casuchas de lata
llegó la primavera verdeando el adoquín,
los grises del invierno de a poco desbarata
colgando en los balcones delirios de jardín.

En las acanaladas paredes desempata
el violeta la puja entre verde y carmín,
el sol siembra amarillos y el cielo haciendo pata
pinta de azul el río de Quinquela Martín.

Llegó la primavera y al tiempo que arrebata
un perfume de rosas tiznado con hollín,
respira flor de tango, ávidamente cata

el aroma a mariscos que viene de un fondín
y siente que entre barcos y reflejos de plata
también en el Riachuelo hay olor a jazmín.

II

Rebrota los domingos la runfla bullanguera,
un sueño azul y oro germina bajo el sol
y tiembla resonando feliz la Bombonera
cuando florece el aire con un vibrante: ¡gol!

Acecha, atardeciendo, la luna en la ribera,
el empedrado gasta destellos de charol,
la noche se perfuma y el río, que la espera,
le va floreando guiños debajo de un farol.

Bordeando Caminito llegó la primavera,
el trino amanecido y el campanear; burlón
se ríe de la mufa, que estrila en la palmera,

y endulza la ternura ritual del cimarrón...
Palpita hasta en el yuyo que crece en la vereda
porque la Boca tiene florido el corazón.
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Imagen: Los dos puentes de la Boca: el Nicolás Avellaneda, al fondo, y el viejo transbordador, fuera de uso.