(De Mariana Kruk)
esta debe ser, sin
dudas, una de las primeras alarmas del verano:
que sean las 7 de la
mañana y que el sol ya empiece a picar.
ahí está la autopista
ardiendo, ella no distingue esto,
ella sí que nunca
duerme, es la verdadera insomne.
una pareja se abraza
contra un caño,
él le toca el culo,
marca su cuello para que todos
sepan,
ella se resiste de mentira,
porque en algunos barrios,
aunque cueste creerlo,
todavía existen esas estrategias
femeninas.
latas vacías en los rincones
indican
que la fiesta terminó,
uno quedó desplomado en el piso
y duerme como un ángel caído,
otros duermen ahí porque no les
queda otra,
porque La Plaza es su única casa,
el piso de un solo ambiente con
un techo corredizo
que quedó trabado un día
y no se volvió a cerrar nunca
más.
el café con leche de ese termo,
ya viene azucarado y le pasa el
trapo a cualquier otro
de esos que venden las cadenas
multinacionales
para extranjeros y oficinistas,
siempre le digo lo mismo al
señor que me lo sirve,
no me lo llene tanto, que soy
torpe.
se ríe. me sirve. le pago. lo
agarro,
y en todos los tiros se me cae
un poco.
están también los otros
vendedores,
los de pilas, lentes de sol y
lentes de ver
con un aumento estándar que nos
iguala
en chicatez, en miopía,
están los que tienen en un mismo
puesto
collares luminosos,
despertadores,
promociones de alfajores
y gomitas embolsadas,
las de colores y las verdes,
compro las segundas
y me indigno porque no saben a
menta.
están las personas que van a
trabajar,
los resignados, con la cabeza
gacha,
esos que ya no se preguntan si
algún
día podrán ir a la cancha o
almorzar en familia,
y están los otros, los que mejor
me caen,
los que miran con rencor al
menos,
a mí y a todos los que estamos
yendo
a acostarnos un domingo de
mañana.
está, claro, mi paso obligado,
la punta del ovillo de este
poema,
la parada del “trucho”.
y al lado, por suerte,
el señor de los panchos,
siempre, sea la hora que sea,
el día que sea, el tipo está
ahí,
con el puesto abierto, sudado,
laburante,
es mi guardaespaldas,
es el hombre que me hace
sentir segura en cada una de mis
esperas,
un día le voy a contar
el alivio que siento al verlo
cada vez,
un día le voy a preguntar cómo
se llama,
un día le voy a decir gracias.
está también, existe, sobrevuela,
un algo nos unifica a todos,
que nos mete en la misma bolsa,
que nos convierte en pares.
en Constitución a las 7 de la
mañana
todos, por el motivo que fuera,
estamos desahuciados,
estamos rotos.
me miro y me reconozco,
soy parte de ese apocalipsis diario,
con la remera manchada de café
con leche,
encendiendo otro cigarrillo,
pensando en que quiero llegar ya
a casa
para ver si me respondiste
el mail que te mandé.
______
Foto: Hall central de la estación Constitución