19 nov. 2012

La primera "vecina" de Buenos Aires



(De Felipe Pigna)

Suele llamar la atención que entre los primeros “vecinos” de la Buenos Aires fundada por Garay en 1580 aparezca una mujer, Ana Díaz.
Es importante aclarar que el término “vecino” de una ciudad en las normas vigentes durante la colonia correspondía a una persona mayor de edad, “blanca”, propietaria de solar en la jurisdicción de la ciudad (luego, como alternativa, se agregó que, en caso de no ser dueño de un inmueble, ejerciera una profesión “decente” por su cuenta, y no en calidad de dependiente –comerciante, abogado, médico–). Sólo los vecinos varones tenían derecho a participar en los cabildos.
Lo poco que se sabe de Ana Díaz es que se trataba de una viuda de Asunción, posiblemente nacida en el Paraguay, y llegada a Buenos Aires con la expedición fundadora. Su nombre está incluido entre los 232 beneficiarios del reparto de solares realizado por Garay. Su lote era el número 87 y ocupaba lo que hoy corresponde a la para nada despreciable esquina sudoeste de Florida y Corrientes. Pero en aquellos días era tierra marginal, ubicada en los límites de la traza urbana. Doña Ana habría venido para acompañar a una hija, y en la recién fundada aldea porteña se casó con un mestizo, uno de los tantos “mancebos de la tierra” que llegaron desde Asunción, llamado Juan Martín. Se la puede ver en el inmenso cuadro sobre la fundación de Buenos Aires por Juan de Garay pintado por José Moreno Carbonero que adorna el salón blanco de la Jefatura de Gobierno de la ciudad capital. Allí está entre el estandarte y el rollo fundacional. Ana no estaba en condiciones de imaginar que donde ella instaló una pulpería habría cuatrocientos treinta y un años después un “Burger King”.
Que fuese la única propietaria original de Buenos Aires da una pauta de un hecho que, en la España del siglo XVI, venía generalizándose. Las mujeres eran, a los efectos legales, consideradas “incapaces relativas”. Sus bienes eran administrados, cuando eran solteras, por sus padres y, cuando se casaban, por sus maridos. Solo al enviudar –como era el caso de Ana Díaz– adquirían la posibilidad de decidir por sí mismas.
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Imagen: Segunda fundación de Buenos Aires por José Moreno Carbonero.
Texto tomado del libro de Felipe.Piña: Mujeres tenían que ser.