1 nov. 2010

El mausoleo de Manuel Belgrano


(De Miguel Ruffo)

Los mausoleos son monumentos funerarios. Uno de los mausoleos de Buenos Aires es el de Manuel Belgrano, que se encuentra en el atrio del templo de Santo Domingo (Belgrano y Defensa). El creador de la bandera nacional murió el 20 de junio de 1820 en plena crisis político-militar, en la pobreza y el olvido de sus contemporáneos. Fue amortajado con el hábito albo de la orden dominicana y enterrado en el atrio de la iglesia y convento de Santo Domingo. Una sencilla losa con la leyenda “Aquí yace el general Belgrano” cubría su sepultura. Muchas décadas después, el 20 de junio de 1903 se terminó por levantar en su honor un majestuoso monumento funerario en su memoria. El mausoleo, desde el suelo hasta la parte superior del sarcófago, mide casi nueve metros. El basamento es de mármol de Carrara. Las estatuas laterales, que simbolizan “El Pensamiento” y “La Acción”, al igual que los bajorrelieves, son de bronce. Las cuatro estatuas de los ángeles están vaciadas en aluminio y la reja que rodea al mausoleo es de hierro. En la reja, también de hierro, que circunda el atrio se encuentra la llama votiva. El sarcófago está coronado por un yelmo que tiene un águila que simboliza la potencia más elevada, el genio y el heroísmo. Atendiendo al carácter polivalente del símbolo podemos decir que el águila alude a las alturas, al espíritu identificado con el sol y al principio espiritual. Tiene el ritmo de la nobleza heroica y de la actividad guerrera. Es el principio celestial en lucha con lo telúrico o ctónico. El águila conduce a las almas a la inmortalidad. En el cristianismo representa al mensajero celestial y según Dante es el pájaro de Dios. El simbolismo de “El Pensamiento” alude al hombre comprometido con la producción intelectual, con la meditación y con el esfuerzo racional. Belgrano fue de profesión abogado, por vocación economista, siendo pionero en el desarrollo de la ciencia económica en el Río de la Plata. Ocupó el cargo de secretario del Consulado, institución económica de la que se valió para promover reformas que favoreciesen el desarrollo de la agricultura, las artesanías y el comercio. Se opuso al monopolio y reivindicó el libre comercio. Pero el imperio de las circunstancias hicieron de Belgrano un militar. “La Acción” alude a sus campañas militares. Los dos bajorrelieves evocan la creación de la bandera nacional y sus triunfos en las batallas de Tucumán (1812) y Salta (1813). Estos triunfos belgranianos permitieron a la revolución recuperar por segunda vez el Alto Perú (Bolivia) y proyectarse hacia la unidad americana. Una cinta en el mausoleo dice “Studis Provehendis” (Proveedor de Estudios) con lo cual se alude al destino que Belgrano les dio a los 40.000 pesos con los cuales el gobierno le recompensó por sus victorias: Belgrano quiso que este dinero fuese destinado a la construcción de cuatro escuelas públicas en el interior del país. “El Pensamiento” y “La Acción” nos muestran la dimensión de un hombre que conjugaba los libros con la espada para liberar la América del Sur. Porque para ser libres no basta con la independencia por medio de las armas, sino que esta se afianza y consolida con la educación y la cultura de las nuevas generaciones. En la parte inferior de la escalinata del mausoleo se colocaron, en el transcurso de los años, diversas placas conmemorativas con que las distintas instituciones lo homenajean. Entre el mausoleo y la entrada principal de la basílica se encuentra un mástil para el pabellón nacional. El Mausoleo de Manuel Belgrano fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1946. El mausoleo es una alegoría al noble guerrero y a su lucha abnegada por la libertad y la independencia.
Debemos concluir esta nota, lamentablemente, con una noticia para el disgusto. Pocos días antes del Bicentenario la empresa distribuidora del fluido de gas retiró el medidor que alimentaba la llama votiva. Esta llama permanentemente encendida simboliza el permanente honor y recuerdo que los argentinos debemos a uno de los padres fundadores de la nación. Pero parece ser que en la Argentina del Bicentenario valen más los intereses mercantiles de las empresas privatizadas que el permanente recuerdo que los argentinos debemos a quienes con su vida contribuyeron a forjar la nación. Sepámoslo para que las ganancias no valgan más que la memoria y el recuerdo.
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Imagen: Mausoleo de Belgrano en la Iglesia de Santo Domingo.
Texto tomado del periódico Desde Boedo, Nº 100, sept. 2010.