8 nov. 2010

Sonatina


(De Celedonio Esteban  Flores)

La bacana está triste, ¿qué tendrá la bacana?
ha perdido la risas su carita de rana
y en sus ojos se nota yo no sé qué penar;
la bacana está sola en su silla sentada,
el fonógrafo calla y la viola colgada
aburrida parece de no verse llorar.

Puebla el patio el berrido de un pebete que llora,
tiran bronca dos viejas y chamuya una lora
mientras canta I Pagliacci un vecino manghin;
la bacana no atiende, pobrecita, no siente,
la bacana parece que estuviera inconsciente
con el mate ocupado por algún berretín.

¿Piensa acaso en el coso que la espera en la esquina?
¿En aquel que le dijo que era muy bailarina
con tapín de mafioso, compadrito y ranún?
¿En aquel que una noche le propuso el espiante?
¿En aquel cajetilla, entallao de elegante?
¿O en aquel caferata que es un gran pelandrún?

¡Ah! La pobre percanta de la bata rosa
quiere tener menega, quiere ser poderosa,
tener  apartament con mishé y gigoló,
muchas joyas debute, un peleche a la moda.
Porque en esta gran vida el que no se acomoda
y la vive de grupo, al final se embromó.

Ya no quiere la mugre de la pieza amueblada,
el bacán que la shaca ya la tiene cansada,
se aburrió de esa vida de continuo ragú;
quiere un pibe a la gurda que en el baile con corte
les de contramoquillo a los reos del Norte,
los fifí del Oeste, los cafishios del Sú.

–Vamos, vamos, pelandra –dice el coso que llega–,
esa cara de otaria que tenés no te pega,
levantate ligero y unos mangos pasá.
(Está el patio en silencio, un rayito de luna
se ha colado en la pieza) mientras la pelandruna
saca el vento de un mueble y de dice:  –¡Tomá!
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Fotografía de  Celedonio Esteban Flores.