4 nov. 2010

De “La Ranchería” al “Vauxhall”


(De Edmundo Guibourg)

El primer teatro de Buenos Aires se levantó, como nadie ignora, en el sitio llamado de La Ranchería, que viene a ser la esquina de Alsina y Perú. Los vecinos de la gran aldea que se dignaban incomodarse para ir a ver pésimos comicastros españoles y pringarse los vestidos de fiesta con el sebo que chorreaba de las velas dispuestas en herraje que ornaban los postes y pendían del techo de paja, habían de recorrer calles pantanosas, precedidos por el negrito esclavo que llevaba una linterna expuesta a todos los vientos. Los frailes de la iglesia de San Juan quemaron el teatrucho, arrojando un cohete sobre el techo fácilmente combustible, y así Buenos Aires quedó exento por un tiempo del pecado de poseer una “casa de comedias”.
Tingladillos coloniales hubo cerca de la Plaza Mayor, el Corral Porteño, en la calle de Santa Lucía, que hoy es Sarmiento, y allá por el Barrio Recio el Teatro del Sol, en un baldío donde se cruzan Lavalle y Reconquista.
Eran los últimos años del virreinato cuando se empezó a construir el Gran Coliseo, en el Hueco de las Ánimas (Reconquista y Rivadavia), que jamás fue terminado. Entre tanto se abrió el Coliseo Provincial de Comedias en Reconquista y Cangallo, local provisional que fue con el tiempo varias veces reformado y duró cerca de ochenta años. Un pasaje que se construyó en el sitio donde aquél fue demolido, lo recordaba llamándose Pasaje del Teatro Argentino. El tiempo dio también razón  del pasaje.
Sobre las ruinas del edificio inconcluso, que nunca pudo llegar a ser el proyectado Gran Coliseo, levantose un día el primer teatro Colón, en cuyo escenario se consolidó el imperio de la ópera italiana entre nosotros, imperio que perdura por prejuicio tradicional en el actual teatro de la comuna, aunque el género no haga más que sobrevivirse. El primer Colón fue inaugurado en 1857 y todavía estaban muy distantes los tiempos en que la calle Corrientes tendría un sentido teatral.
Habíase creado el teatro De la Victoria (Victoria entre Tacuarí y Buen Orden), famoso por las compañías de ópera que rivalizaban con las del veterano Coliseo Provincial, el cual también se llamó en un periodo Proscenio, y fue más conocido por Argentino. Había existido el Vauxhall, fundado con dinero de la colectividad inglesa, un gran parque de diversiones provisto de un tinglado en el que se ofrecían espectáculos frívolos traídos de Francia. Para llegar al Vauxhall, desde el centro de la ciudad era menester cruzar calles de fango y atravesar el arroyo Matorras, hondonada sobre las que se tendieron célebres puentes, tal el de Los Suspiros de la esquina de las calles Del Temple y Suipacha. El Vauxhall hallábase en donde fuera la quinta de Zamudio, en la manzana Uruguay, Córdoba, Paraná y Viamonte.
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Imagen: Página ológrafa de Edmundo Guibourg.
Tomado de Calle Corrientes, Ediciones Plus Ultra, Bs. As., 1978.