8 ene. 2011

El “Petit Café” y los petiteros


(De Ernesto Goldar)

El “Petit Café” era una confitería tradicional del Barrio Norte. Estaba situada en Santa Fe pasando Callao, más precisamente en Santa Fe 1820, en “la gran vía del norte”, según era costumbre decir. Se había inaugurado a fines del siglo XIX y perdurará hasta la década del setenta.
La confitería era de estilo art-déco; disponía de dos salones amplios con grandes espejos, columnas de mármol, aplicaciones de hierro forjado, bronces y tulipas. Las mesas eran de mármol veteado, sobre las que se apoyaban grandes ceniceros de quebracho, y las sillas de cuero, comodísimas. Al fondo estaba la peluquería para caballeros. En un tiempo se consumieron “chatos” de cerveza, los proverbiales sándwiches triples, los canapés, y en los cuarenta y cincuenta está de moda beber Cuba-libre, o claritos cuando toca ostentar ante el mozo de la “Meca” de Santa Fe y Callao.

UNA HISTORIA SIGNIFICANTE
A grandes trazos, en su larga historia, la confitería fue una parte significativa de la vida de la ciudad. En un primer sentido, en la existencia circular del barrio, privilegiado y elegante. Aún lo es, aunque para muchos no es ni la sombra de lo que fue. Se dice que el barrio está en decadencia. En segundo lugar, el “Petit Café” emblematizó la opinión de los argentinos. Ha sido un símbolo, y por dicho carácter debió pagar las consecuencias. En los años cuarenta y cincuenta, cuando el país estaba duramente dividido entre peronistas y antiperonistas adquiere resonancia nacional. La opinión pública, el gobierno de Perón y Evita, la oposición, etcétera, lo visualizan como uno de los baluartes del antiperonismo. Allí, se comentaba, se reunían los opositores, los contras; allí concurrían los jóvenes antiperonistas, los oligarcas y los pitucos del Barrio Norte a hablar mal del Gobierno, y para complotar. Tal es así, que en la noche del 15 de abril de 1953 el “Petit Café” fue incendiado intencionalmente y saqueado; los bomberos aparecieron varias horas más tarde. Ese 15 de abril fue un día salvaje, que debe llenar de vergüenza a los unos y los otros. Se pusieron bombas en un acto peronista en la Plaza de Mayo, se incendiaron locales de partidos políticos, la Casa del Pueblo entre ellos, y el Jockey Club de la calle Florida.

PERSONAJES Y CULTURA
Al “Petit Café” van los petiteros, así se les denomina, y la moda se extiende a los barrios. Al petitero lo condiciona la vestimenta, y en los barrios es una imitación  –por lo tanto exagerada y falsa– de la cultura vestimentaria masculina de la clase media alta. El petitero advenedizo de los barrios de clase media o de las zonas populares, remeda a los “niños bien” del Barrio Norte. Veamos la vestimenta: el saco debe ser con dos tajitos y tres botones (“dos tajitos/ tres botones/ petiteros maricones”). Es decir, justo, derecho, corto, apretado, comprimido. El pantalón, de acuerdo con el saquito, también será estrecho, a veces sin botamanga. En el calzado se imponen los mocasines, la corbata de lana de un solo color o de tipo escocés, el nudo tradicional, y el cuello de la camisa, de ser posible redondo, se le encaja la “trabita”, brete que obliga al que la usa a una incómoda posición de “firme”. El uniforme del petitero es el blazer azul y el pantalón gris, símil del atuendo de los colegios privados del Barrio Norte, Belgrano, Devoto, San Isidro. En invierno usa sweter celeste o amarillo.
La cultura petitera es una parodia de aquello que se considera “bien” o bian, según se hable. Es de rigor que el petitero sea antiperonista, jamás hincha de Boca, afecto al rugby (aunque más nos sea sentimentalmente) y a todo lo que sea “americano”. Debe bailar exclusivamente jazz y algún bolero, muy apretado, con las chicas de la barra. El petitero es cursi, haciendo grave el tono de la voz (habla con la papa en la boca), adoptando un andar de brazos caídos a lo largo del cuerpo, levemente inclinado hacia delante, sin arrastrar los pies. Aspira al tipo de semiintelectual, pues para el petitero un libro bajo el brazo también viste. Parlotea inglés e “idiomas”, es candidato a estudiar abogacía y se peina con fijador, bien estirado, exhibiendo un semblante sin barba y sin bigotes. Además es misero: proviene de colegios religiosos o anda cerca de las parroquias.

LOS QUE LO FUERON ANTES
Aunque el “Petit Café” de Santa Fe y Callao ha desaparecido, aún quedan petiteros, mejor dicho, ex petiteros en el Barrio Norte. Redondean los setenta años. Claro, no se visten de la manera distintiva  de entonces ni caminan de ese modo amanerado, pero no se olvidaron los pequeños detalles de los tiempos idos, sea en el blazer azul, los mocasines, los peinados. Y, para asombro de la metamorfosis, algunos, en su momento, se hicieron menemistas.
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Imagen: Antigua máquina expréss.