16 nov. 2010

Secretos del gasómetro


(De Adrián Alauzis)

Desde hace más de medio siglo, el monumental gasómetro de las avenidas Gral. Paz y Constituyentes representa un misterio para los habitantes del barrio. Se encuentra en el interior del Centro Operativo San Martín, hoy perteneciente a la empresa Gas Natural BAN. Con sus ochenta y cinco metros de altura y cincuenta de diámetro, era parte de una fábrica de gas de carbón y coque que proveía combustible para, principalmente, iluminar las casas y las calles por medio de los antiguos faroles.

No hay construcción de la zona tan grande y llena de misterios como el gasómetro ubicado en la intersección de las avenidas De los Constituyentes y general Paz. Tampoco quien lo haya visto sin que en su mente surja una idea terrible: ¿podría llegar a explotar? Además, ¿quién no se preguntó qué hay adentro? El mayor problema para despejar esas incógnitas residía en que casi no existen referencias históricas: no las hay en la empresa que lo administra en la actualidad, ni en la biblioteca del Ente Nacional Regulador del Gas (ENARGAS), ni en el Archivo General de la Nación (lo cual ya es mucho decir). Esa carencia de información nos impulsó a develar esos misterios y decidimos hacer un viaje al interior del tanque... y un poco más. Nos contactamos con Gas Natural BAN (Buenos Aires Norte), a cuya Gerencia Técnica pertenece el Centro Operativo San Martín donde se encuentra el gasómetro. La cita incluía una charla con dos empleados de la empresa, con treinta años de trayectoria (más de veinte en Gas del Estado), y una visita a la inmensa estructura de acero. Toda una aventura.

EL TANQUE VISTO POR DENTRO
El primer deseo fue conocer las entrañas del gasómetro. No es como uno lo imagina: un gran disco metálico de color amarillo hace las veces de techo a pocos metros de altura y no permite observar hacia arriba. Una desilusión. Sin embargo, por un pequeño recorte cuadrado se alcanza a ver, en forma parcial y velada, el interior del cilindro: una extraña y oscura visión de la carcaza hueca de 85 metros de altura. El tanque se mantiene en pie porque resultaría más costoso desguazarlo que conservarlo; incluso pintar su exterior de más de 13.000 metros cuadrados exigiría una gran inversión. Hoy sólo se aprovecha la parte baja como estacionamiento. Cuando funcionaba no estaba vacío, sino que incluía dentro un segundo tanque; lo que vemos desde afuera es apenas una cubierta. En la base había una gran pileta con agua, donde descansaba el segundo tanque como un gran vaso invertido sobre un plato sopero con agua. Ese vaso recibía el gas y su presión elevaba el tanque interior. Ese movimiento de ascenso y descenso era posible gracias a unos rodillos guía apoyados sobre las paredes interiores del gasómetro. Esa era su principal función; además de servir de protección, mantenía estable el tanque interior.

EN LA CUMBRE
Satisfechas nuestras primeras inquietudes, era hora de conocerlo desde arriba. El ascenso fue por medio de un antiguo pero operativo ascensor. Lento y muy oscuro. Desde la base hasta el techo no hay una sola abertura en las paredes de hormigón que constituyen el foso. Era mejor no pensar que sucedería si se detenía en el camino, ya que no había por donde salir excepto por la ventana del techo de la cabina, que nos mostraba una tenue luz en las alturas. Esa luz venía de la puerta de salida, en la azotea del gasómetro. Afuera hacía mucho frío. A la izquierda del ascensor había un tosco y antiguo teléfono a manivela. Oxidado y construido sin mezquinar metal, servía para conectarse al menos con la base. Salimos de esa sala intermedia al techo mismo del tanque. Al caminar por las chapas de acero, éstas se doblaban un poco produciendo un fuerte sonido, hueco y grave. No resultaba demasiado tranquilizador desplazarse en esas condiciones, al menos hasta acostumbrarse.
La superficie de la terraza es de aproximadamente 2.000 metros cuadrados, ya que el diámetro del cilindro es de 50 metros. La monumental construcción, de chapas de acero remachadas, se puede ver desde más de un kilómetro a la redonda. Y no es menos lo que se aprecia desde allá arriba. La avenida Crisólogo Larralde se pierde hasta convertirse en un pequeño hilo que conduce hasta el anaranjado Río de la Plata. Dicen que en días despejados se alcanza a divisar las costas uruguayas, pero la tarde era gris y las nubes se confundían con el río. Girando hacia la derecha aparece, bien visible, la torre del Parque de la Ciudad. El edificio de Phillips, la Clínica Saint Emilien y el Parque Sarmiento son también parte del paisaje que se ve rodeando la intimidante barandilla de la periferia. A esa hora el sol salpicaba la ciudad y por momentos pintaba un resplandor dorado en el río. Nuestros guías fueron Jorge Oviedo y Saturnino Laspiur, integrantes de la Gerencia de Compras de Gas Natural BAN. Ellos nos acompañaron en el paseo y nos contaron algunas de las pocas cosas que se saben del gasómetro. Estuvieron con nosotros incluso allá arriba.

UNA FÁBRICA DE GAS
En 1888 Buenos Aires tenía 8.239 faroles, de los cuales 5.079 funcionaban con gas. La producción de gas en ese entonces superaba los quince millones de metros cúbicos. En Argentina la revolución del gas comienza en Buenos Aires cuando, en 1851, la empresa Federico Jaunet y Hermano instala un pequeño gasómetro junto a la catedral y tiende cañerías hasta la vecina Plaza de la Victoria, para iluminar la Pirámide, el 25 de mayo de 1852. El gas que suministraban los hermanos Jaunet era de carbón de piedra y su economía fue un factor clave para su desarrollo. Treinta y seis metros cúbicos de gas equiparaban la iluminación de treinta y cinco kilogramos de aceite. Pero esa cantidad de aceite costaba entonces 136 pesos, mientras que el gas sólo 10. Podemos recordar que la gran araña central del Teatro Colón estaba compuesta por cuatrocientas cincuenta luminarias de gas y que encenderlas requería hasta media hora.
Según pudimos reconstruir, el gasómetro fue instalado a mediados de la década del 40 y no era un simple almacén de gas: era una fábrica. Al costado del tanque están, aún hoy, las instalaciones que hace más de medio siglo permitían generar este preciado combustible. Se usaban como materia prima el carbón y el coque. La presión de almacenaje era apenas un poco mayor a la presión atmosférica; por ejemplo, si a la presión atmosférica le asignamos un valor de uno, el gas estaba a una presión de 1,02. Como se ve, el gasómetro no resultaba algo tan amenazante como uno se imagina por su tamaño. El gas producido se usaba principalmente para la iluminación de faroles.

DESCENSO A PIE
Luego de visitar la campana central de la azotea, donde se emplaza la elevada torre de comunicación (y revolotean las palomas), decidimos bajar. Dejamos atrás las luces rojas que regularmente se encienden y apagan advirtiendo a los aeronavegantes del obstáculo que tienen delante. Bajamos por la escalera caracol que está a un lado del cilindro: una vieja estructura de metal oxidado y de chapas con perforaciones circulares que permiten ver el abismo bajo nuestros pies. Rodeando el tanque hay cuatro pasarelas de metal cada aproximadamente veinte metros. Ya en tierra, la estructura no resulta menos imponente con su volumen de casi 167 mil metros cúbicos. Baste decir que si se llenara ese tanque con agua necesitaríamos ciento sesenta y siete millones de litros, cantidad suficiente para llenar una pileta cuadrada de cuatro manzanas de lado y un metro de profundidad. A uno de los lados del tanque aún existe una vieja escala métrica: los números van del uno al quince, pero no hay inscripciones que indiquen qué unidades medían.
Así es el gasómetro: lleno de misterios, con escasas referencias históricas. Para 1910 ya había en Buenos Aires doce gasómetros y en 1912 se puso en funcionamiento el de Malabia al 1800, el más grande de la época. Referencias genéricas a esta clase de construcciones hay muchas, pero a este gasómetro en particular muy pocas. Está vacío y no parecen existir intenciones de desarmarlo, así que podemos seguir disfrutando de esta especie de monumento histórico que recuerda otras épocas y otras tecnologías.
Como registró un periódico de fines del siglo pasado: “El gasómetro, como popularmente fue designada la fábrica de gas (de Retiro), fue un jubileo de visitantes desde el día en que comenzó a prestar servicios... Mucha gente del pueblo no comprendía cómo dándose vuelta a una llavecita del tubo o pico y encendiéndose un fósforo de palo podía obtenerse una luz clara como el día”.

UN ESTRATEGICO ESPACIO DE PUBLICIDAD
Gas Natural BAN S.A. distribuye gas natural en 30 partidos del norte y oeste de la provincia de Buenos Aires linderos a la Capital Federal. Más de 1.100.000 hogares, 1070 industrias y 150 estaciones de Gas Natural Comprimido (GNC) reciben el servicio de la compañía en una zona de 15.000 kilómetros cuadrados. Recientemente la empresa ha decidido comercializar como espacios de publicidad distintas superficies e instalaciones ubicadas en edificios e infraestructuras de su propiedad, entre ellos el gasómetro de avenida General Paz y avenida De los Constituyentes. Este inmenso tanque de acero, que constituye el principal punto de referencia de la zona, fue construido hace más de medio siglo para el almacenamiento de gas. Gracias a sus 85 metros de altura y 50 metros de diámetro, es visible desde más de 1.000 metros a la redonda. Gas Natural BAN ofrece su estructura externa a fin de que agencias de publicidad y empresas puedan exhibir sus marcas o productos.
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Imagen: El Gasómetro de avenida General Paz y avenida De los Constituyentes.
Trabajo tomado del periódico El barrio, agosto de 1999.