6 nov. 2010

Los presidentes presos


(De Mario Tesler)

Solamente tres ciudadanos fueron prendidos en ejercicio del cargo de presidente de la Nación Argentina, dos confinados de inmediato y el tercero a los pocos días, pero todos por buen tiempo.
Mencionando como primer antecedente de presidente preso, lo ocurrido con Hipólito Yrigoyen presenta algunos ribetes que en apariencia se contraponen  con los hechos protagonizados, muchos años después, por los otros dos. Hasta se podría interpretar como un caso no del todo inscripto en la condición de presidente preso.
Un clima de movilización política contra el gobierno nacional había ganado la calle en 1930. Acosado por la exigencia de los sucesos, las presiones de algunos protagonistas secundarios y su precario estado de salud, el presidente Hipólito Yrigoyen delega el mando en la tarde del 5 de septiembre en el vicepresidente Enrique Martínez.
Durante la mañana del 6 de septiembre se suceden cabildeos y reuniones en la Casa de Gobierno. Son horas decisivas y quien está desempeñando la función presidencial es cuestionado por los fieles de Yrigoyen, so pretexto de no estar a la altura de las circunstancias.
En ese mismo día, entre las 11 y las 12, Osvaldo Meabe, médico y amigo personal del presidente, llega a la Casa Rosada con la orden verbal de resistir, defender y ocupar la calle. Aunado el carácter verbal de la misma a la condición de simple ciudadano del portador, parece haber sido interpretada insuficiente como una revocación de Irigoyen de su anterior delegación formulada por escrito y, como consecuencia de ello, no tuvo la fuerza de una reasunción del mando.
Al rato los adictos al golpe cívico militar comenzaron a llegar a la plaza de Mayo. En un salón pequeño de la Casa de Gobierno, tras cambiar un saludo formal, el jefe militar insurrecto, José F. Uriburu, le exige a Enrique Martínez su renuncia. Ante un grupo de 28 personas, Martínez se niega, pero es convencido por Agustín P. Justo y Marcelo Sánchez Sorondo. Dirigida al Congreso de la Nación y no a quienes lo intiman, la renuncia de Martínez es al cargo de vicepresidente en ejercicio de la función de presidente. Restaba, entonces, la del titular del cargo de presidente y éste aún estaba en manos de Yrigoyen.
En la tarde del 6 de septiembre el presidente constitucional intenta resistir, lo que por sí implicó la reasunción de sus funciones. Enfermo, se dirige a La Plata, a la Casa de Gobierno provincial. Llega después de las 19.30. Recibido por el gobernador, Nereo Crovetto, de inmediato Yrigoyen imparte órdenes. No importa el resultado obtenido con ellas, sino la actitud. Así, el titular por derecho del cargo de Presidente de la Nación, que con su delegación del mando había producido vacancia transitoria, reasumió de hecho en plenitud sus funciones.
Entre otras razones, los peligros de esta reasunción determinaron que desde Buenos Aires se instruyera al titular de 7ª Infantería, con asiento en La Plata, para que detenga y exija la renuncia a Hipólito Yrigoyen. La misión se lleva a cabo sin dificultades, y a las pocas horas se informa que quedaba en libertad y podía retirarse cuando quisiera. Días después es puesto bajo arresto en un buque y se lo conserva como rehén. Por último, fue confinado en la isla Martín García.
En marzo de 1962 otro presidente corrió igual suerte: Arturo Frondizi fue el segundo ciudadano que en ejercicio de tal función fue detenido. Poco después de las 16 del día 26, el presidente constitucional recibió un pedido de renuncia por parte de los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas. Con tal misión, a esa hora lo entrevistaron el general Agustín Penas y el brigadier Cayo Alsina.
Al finalizar la breve entrevista, ambas partes informaron de lo ocurrido a la opinión pública, entonces el presidente Frondizi reiteró su decisión de no declinar su investidura.
 El día anterior, Frondizi había dirigido una extensa carta a Alfredo García, titular del comité nacional de la Unión Cívica Radical Intransigente, para que sirviera de veraz testimonio de las razones de su decisión, de su estado de ánimo y del programa de acción que proponía a sus compatriotas, en el supuesto de ser eliminado físicamente o hecho prisionero. En este documento, del cual envió copias autenticadas a un grupo de amigos comunes, dedicó un párrafo en prosa austera en el que asegura comprender cabalmente, con honda emoción republicana, el drama  de ese gran argentino que fue Hipólito Yrigoyen, cuando solo, enfermo y abandonado, fue derrocado por las fuerzas anticonstitucionales.
A las 4.30 de la mañana del 29 de marzo el jefe del Ejército dirigió a los comandos, organismos y unidades un radiograma, para expresar que el presidente fue depuesto por las Fuerzas Armadas. De inmediato cursa otro radiograma la Junta de Comandantes, ratificando la decisión.
Desde la residencia presidencial, Arturo Frondizi fue conducido al sector militar del Aeroparque y embarcado en  un avión de la Fuerza Aérea rumbo a las isla Martín García.
El tercer presidente preso fue la primera mujer que llegó a ocupar el cargo, en virtud de lo dispuesto por la ley de acefalía. Con María Estela Martínez de Perón se reitera el apresamiento de un presidente en ejercicio. Esto ocurrió en la madrugada del 24 de marzo de 1976.
Hacía tiempo que el golpe militar era inminente. En la calle se lo anunciaba minuto a minuto. Pasadas las 23 del 23 de marzo, al finalizar una reunión de gremialistas y dirigentes políticos justicialistas con la presidente, los asistentes -sonrientes- aseguran al periodismo que la situación institucional sería mantenida, que no hay golpe militar, e informan que al día siguiente continuarán las negociaciones con las mandos militares.
Al rato, desde la azotea de la Casa de Gobierno, siendo la 0.45 del día 24, despegó un helicóptero con María Estela Martínez de Perón, el secretario Técnico de Presidencia, el jefe de la custodia, más algunos oficiales. Al ascender recibe trato protocolar, de acuerdo con su investidura. En vuelo, el piloto avisa a la presidente sobre supuestas razones técnicas por las cuales, en vez de dirigirse a la residencia presidencial, lo haría hacia el aeroparque. Cuando aterrizan, por un oficial, María Estela Martínez de Perón se entera de que había sido depuesta,  que estaba detenida y  que sería trasladada en tal condición a la residencia neuquina El Messidor.
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Imagen: La Casa Rosada ( Casa de Gobierno de la Nación).