8 mar. 2013

Muerte de un símbolo



(De Diego Arandojo)

Desde hace más de 60 años, la emblemática “Galería Beiró” (avenida Francisco Beiró 5340) dotó al barrio de Villa Real de la magia de un pequeño centro comercial.
Por su pasillo han desfilado generaciones de jóvenes y adultos en busca de toda una variada cantidad de productos: desde anteojos hasta vestimenta a la moda y también videojuegos.
Pero este sitio se convirtió en algo más que un simple paseo de compras. Se convirtió en un lugar de encuentro de amigos, de vecinos que intercambiaban vivencias; un puente entre seres humanos. A excepción de las bicicletas. Siempre prohibidas.
Hacia el fondo de la “Galería Beiró” se encuentra la Calesita, en la cual tanto yo como cientos de miles de niños hemos pasado intensos momentos de la infancia, entre risas y también llantos (al tener que bajarnos y retirarnos del lugar, culpa de los padres).
Puede que suene un poco categórico, pero no puede existir Villa Real sin la “Galería Beiró”; dejó de ser patrimonio privado para ser patrimonio colectivo de los vecinos del área. No es una edificación más. Es cultura hecha cemento.
Sobre la fachada de la galería existía un cartel maravilloso, en estilo caligráfico de los años ’50, una preciosidad que rezaba “Galería Beiró”. Era el elemento que proveía de señalización a la galería. La Gárgola que protegía a todos los que visitaban este lugar.
El 1 de abril de 2011, la ordenanza que prohíbe los carteles publicitarios y las marquesinas devoró al mítico cartel de “Galería Beiró”. Las letras fueron arrancadas. Y les costó bastante trabajo a los operarios. Esa señal estaba allí desde el año 1950. Y jamás dañó o amenazó a nadie. El cartel soportó lluvias. Granizos. Días húmedos. Secos. Nevada. Ventisca.
Esta depredación visual (supuestamente apoyada en la meta de erradicar la publicidad, purgarla de cierta “toxicidad” que atenta contra los peatones) es una bestia desencadenada. No sólo le ha costado la vida a aquel bello cartel de la galería. Ha vejado a cientos de comercios del área, desnudando los frentes de los negocios, dejando en vilo a los comerciantes, quienes ahora deben desembolsar una suma de dinero para financiar este ultraje.
¿Merecía la “Galería Beiró” perder su icono, que era nuestro, el de todos los vecinos de Villa Real? ¿Era necesario destruirlo? ¿Eran cada una de sus letras una amenaza para la vida del peatón?
Quizás, a modo de opinión personal, se busca erradicar el pasado. Destruir la arquitectura pretérita, la de los nuestros abuelos, borrar el rastro anterior. Y debe ser por miedo. O por ignorancia.
Cada vez que veía el cartel de “Galería Beiró” me sentía conectado a Villa Real, al barrio que me vio crecer. Era una conexión con el pasado de uno y el de los demás.
Y ahora, sólo queda el vacío. Una noche de lluvia. Un llanto desde el cielo.
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Imagen: Carteles de la "Galería Beiró"
Texto y foto tomados de la página Barriada.