20 jun. 2013

La Fuente de los catalanes


(De Miguel Ruffo)

Roma, la artísticamente bella, es la ciudad de las fuentes, basta recordar la Fontana di Trevi. El arte fontanero en Buenos Aires está muy lejos de emular al de la ciudad eterna. No obstante tiene sus representantes. Entre ellos se encuentra La Fuente de los Catalanes, obra del escultor catalán Joseph Llimona i Bruguera, que fue inaugurada en 1931 y se encuentra en el Parque Rivadavia. La obra es un regalo de la comunidad catalana a la Ciudad de Buenos Aires. Luis Macaya, al referirse a la instalación de esta obra de arte, escribía: “Se alza ya, majestuosa y grácil, en uno de los parques más discretos de la ciudad, casta en su desnudez, sencilla y bíblica en su actitud, la mujer catalana sublimada por el gran Llimona, en testimonio de agradecimiento de los catalanes en la Argentina. Parece que la fuente constituye una retribución por los monumentos que Buenos Aires erigió en homenaje a Matheu y Larrea…”(Recordemos que ambos fueron catalanes que lucharon junto a los patriotas contra el yugo español por la independencia argentina y formaron parte del primer gobierno patrio)” (1). Pero la fuente no permaneció siempre en el Parque Rivadavia. En 1969 fue retirada de su sitio originario porque “ofendía” la moral católica. “Al respecto cabe informar a esta Dirección (Secretaría de la Municipalidad de Buenos Aires) que con fecha 5 de noviembre de 1969, la Junta Coordinadora de la Parroquia Santa María, Liga de Padres de Familia y la Comisión Pro Monumento a la Virgen de Luján en el Parque Rivadavia, se dirigen al Sr. Intendente (…) solicitando el retiro de la citada obra…”. Al tomar intervención la Dirección de Paseos y la Comisión creada por la Ordenanza15.778 se expidió: “se aconseja el retiro” (2). La obra recaló en depósitos municipales, luego se la instaló en la Plaza San Martín y sufrió numerosos deterioros; mientras miembros de la colectividad catalana y vecinos del barrio de Caballito iniciaban una larga lucha por la restitución de la fuente en el Parque Rivadavia. Finalmente, en febrero de 2010, fue reinstalada en ese espacio verde, pero no en el lugar original, frente a la avenida Rivadavia, sino junto a la calle Rosario. Los avatares de esta fuente que denominamos de los catalanes, porque su autor no le puso nombre alguno, nos lleva a preguntarnos por la relación entre el cristianismo y la sexualidad, entre el cristianismo y el arte y por la moralina del catolicismo ultramontano del onganiato y de dictaduras posteriores. Es casi un tópico de la conciencia social afirmar que el pecado original consistió en algo relacionado con el sexo. Sin embargo, y tal como lo señala acertadamente Javier S. Maskin, tal relación sólo existe en una institución eclesiástica que le ha dado la espalda a la tradición originaria. En efecto, si leemos atentamente el Génesis, en su segundo relato de la creación, veremos que antes de que Adán y Eva comieran del árbol del conocimiento del bien y del mal, “Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban el uno del otro” (3). La sexualidad era vivida naturalmente, es después de comer del árbol prohibido, que tienen vergüenza de su desnudez, porque al comer del árbol de la contradicción, ya no pueden reconocerse a imagen y semejanza de Dios: “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó” (4). El pecado original no tiene que ver ni con la sexualidad ni con la moral, es una transgresión que no le permite al hombre (varón y mujer) reconocer que son a imagen y semejanza de Dios. Nos alejaría del tema de este artículo señalar cómo y porqué se produjo esta asociación, sólo nos interesa señalar que cuando el cristianismo se transformó en factor de poder y en religión oficial del Imperio Romano, como tal, tuvo cada vez un mayor interés por controlar la sexualidad porque tratándose de un instinto vital, una sociedad basada en la explotación y la opresión necesita de la represión sexual (Freud, Reich, etc.). Pobre favor le hacen al cristianismo en su versión católica, esos sacerdotes y padres de familia que contraponiendo a la Virgen de Luján con la ninfa desnuda de la Fuente de los Catalanes, exigieron su retiro del Parque Rivadavia. La moralina católica reaccionaria del régimen de Onganía y sus sucesores operó como “fundamento” para retirar la fuente.
En cuanto al desnudo femenino en el arte de occidente (se sobreentiende que hacemos referencia al arte de los tiempos históricos) data fundamentalmente de la época helenística. Cuando el cristianismo se expandió por el Imperio Romano, el arte greco-romano fue tachado de pagano y pecaminoso, entre ellos las obras de desnudos femeninos. Otro tema cuyo desentrañamiento nos llevaría mucho tiempo, pero al que no podemos dejar de señalar, es que la renuncia a la sexualidad en algunas comunidades cristianas estaba vinculada al fin de los tiempos y al Apocalipsis; alejados en este sentido de ese bebedor y comilón que era Jesús y de sus relaciones con María Magdalena.
Y para terminar citamos a Ramón Canals “Tus nudos, Llimona, subliman nuestra raza,… son mujeres… nuestras mujeres, y semejan ninfas, semejan diosas” (5).
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Notas:
(1)Lorenzo, Blanca; “La fuente de los catalanes”, pág. 13
(2)Lorenzo, Blanca; Ob. Cit., pág. 37
(3)Gén, 2,25
(4)Gén, 1, 27
(5)Lorenzo, Blanca; Ob. Cit., p 15

Imagen: La llamada Fuente de los catalanes, del escultor catalán Joseph Llimona i Bruguera.

Nota e ilustración tomadas del periódico “Desde Boedo”.