23 nov. 2014

Parque de los Patricios: dos calles en su historia


(De Ricardo M. Llanes)

Primero fue un florecimiento de potreros y después un muestrario de quintones que tardaron años en desaparecer al ser fraccionados, para que las arterias ya cuadriculadas en viejos proyectos alcanzaran separación y formaron cauces. Por éstos entraron las caballadas revoleando polvo, y los perros seguidores bebieron en los charcos aproximados junto a la línea de las futuras veredas enladrilladas. Y a todo eso con manchones barrosos y de color verde, lo festoneaban la perfecta disposición del trébol y la margarita con su botón de oro.
Como el de Villa Crespo, el de Parque de los Patricios es un barrio cuyo espacio se encuentra circunvalado por avenidas: al nortre, Juan de Garay; al sur, Amancio Alcorta; al oeste, Almafuerte-Loria (1); y al este, Entre Ríos-Vélez Sársfield. Dentro de ese radio, sus dos vías principales fueron (y continúan manteniendo primacía) la de Caseros y la de Rioja (2); dos caminos de comunicación hacia los puntos de la ciudad con estaciones ferroviarias y lugares de abastecimiento.
La historia de Parque de los Patricios tuvo su centro matriz, así como la irradiación de sus primeros hechos y novedades, en el cruce de Rioja y Caseros. De allí comenzaron a salir las carretas cargadas de medias reses, cuando el barrizal no permitía el paso del carro de dos ruedas, encargado de llevar aquéllas a los mercados Lorea, Modelo, Libertad y otros, como el llamado Florida (Florida y Paraguay a Córdoba) y el del Centro, o Mercado Viejo, de Alsina, y Perú. De allí también salió el primer tranvía rumbo al Puente Alsina y pueblo de ese nombre, y arrancaron los trotones del otro "tramway" de La Gran Nacional, en su viaje directo a la Plaza 11 de Septiembre.
El comercio minorista de telas y comestibles, el café y la botica, abrieron sus puertas de postigos con chavetas en esas primeras cuadras de Rioja, como siempre se la nombró indebidamente, pues es La Rioja; y en la de Caseros ofrecía su entrada la muy famosa fonda y posada de Santiago Cartasso, frente a los Corrales, donde el beberaje de corraleros y matarifes, abastecedores y jinetes rumbeadores, se componía de diversas cañas: de durazno, de quinoto, de uva, de ruda, paraguaya y guindado uruguayo, agregándose a las primeras unas gotas de bítter.Y claro está qye faltaría el agua, pero nunca el vino carlón, y mucho menos el ajenjo, de mucho expendio y de muchos estragos entre los que lo bebían sin control.
Fueron estas dos calles las primeras que se alumbraron con querosene y se pavimentaron en algunas de sus cuadras con piedra bola y cintones de trotadoras. Y cuando se las pavimentó en un alarde de adoquines desparejos, le extendieron las vías por las que iba y regresaba el mismo "tramway" tirado por un caballo, y cuyo conductor oficiaba a la vez de cobrador. Por la de Caseros se iba a la casa del marino Tomás Espora, aún existente y convertida en Museo de Marina; se iba a la quinta de Escalada, donde murió, vencida por su cruel enfermedad, María de los Remedios, la esposa del general San Martín. Por ella, asimismo, se llegaba a los Mataderos del Sur, o de la Convalecencia; a los potreros de Langdon, donde en el sitio de 1853 la bala buscó la frente del entonces coronel Bartolomé Mitre, como una señal de surco a la insinuación del laurel. Y por la de Caseros, igualmente, se llegaba a la quinta de Conde, que tomaba desde la de Perú a la de Montes de Oca, en cuyo escenario la noche del 21 de noviembre de 1814 se batieron a pistola el coronel chileno Luis Carrera y el general Juan Mackenna, irlandés, que resultó fatal para este último; y años más tarde podíase entrar a un terreno vecino al cementerio, donde el 20 de diciembre  de 1870 se enfrentaron en duelo singular el comandante Gimeno y el coronel Mariano Espina, cuya pistola cargada (pues la de Gimeno no lo estaba) trabó el gatillo, por segunda vez, salvándose por ello su adversario de una muerte segura.
Por la de Rioja, camino que recorrió Liniers para -en la noche del 2 de julio de 1807- atrincherarse en los corrales de Miserere en espera del ataque de la columna inglesa al mando del general Levison Gower, que lo derrotó; décadas más tarde se salía al encuentro de dos mujeres de altos dones y virtudes en sus diferentes proscenios: la famosísima Sarah Bernhardt, que era aplaudida por el pueblo en su visitas al Hospital Francés, y María Salomé Loredo y Otaola de Subiza, popularmente conocida por la Madre María, con su casa en Rioja casi esquina Independencia, que curaba a sus fieles con la generosa palabra de su persuasión y su mano abierta como una palma sobre la cabeza del paciente, la que significaba la fortaleza de su fe, animadora del alma de los desventurados.
También por la de Rioja se iba a las anchas puertas de la Plaza Eúskara, que ocupaba, con sus nueve pequeñas canchas y el gran frontón, la manzana Independencia, Estados Unidos, Rioja y Caridad (hoy General Urquiza). Allí el juego de pelota, en el que intervenían los grandes pelotaris vascongados, llevaba a toda la gente del barrio de los Corrales a jugarse, al saque del Chiquito de Eibar o al resto de Paysandú, más patacones de los que se tenía.(3)
Calles, estas dos, que forman el centro cruceño en la antigua resonancia del barrio de los Corrales, y que continúan constituyendo el punto de cita y encuentro de las actividades y negocios del Parque de los Patricios. Y digamos, en obsequio de los no enterados, que el nombre de Caseros tiene su origen en el que fuera propietario de las tierras del actual pueblo El Palomar (Provincia de Buenos Aires), don Diego Cassero, en cuyo campo se libró el 3 de febrero de 1852 la batalla conocida por ese nombre, dado a esta calle para memoria de aquélla.
De sur a norte, sin duda que era la calle más antigua y solicitada del barrio. Las otras paralelas se cortaban aquí y allá por la existencia de las quintas y grandes baldíos; la de Rioja no, pues desde muy antiguo se conocía la directa comunicación entre los Mataderos del Sur y los que fueran Corrales de Miserere. Así, Rioja se constituyó en sus primeras cuadras en "la calle" de Parque de los Patricios, la de mayor movimiento y actividad comercial y fabril. Por nuestros recuerdos pasan las imágenes del almacén "La Estrella", de Rioja y Brasil; el recurrido Café de Benigno, cercano a la de Caseros; el cine-teatro "Podestá" de Rioja 2153, y casi a su frente "El Triunfo", un muy solicitado negocio de pizzería. En Rioja, entre las de Inclán y Salcedo, estaba una fábrica de bolsas que ocupaba a centenares de obreros y operarias.Cuando cerró sus puertas, el local pasó a ser habitado por el Banco Municipal de Préstamos, que allí instaló su depósito de muebles. Y en Rioja y Chiclana se encontraba la fábrica de jabón, velas y grasas, de Alcántara. Otras fábricas y almacenes eran estos: el llamado "Florencio Sánchez", de Chiclana y Deán Funes, donde se reunían los entendidos y preparadores de cuadreras y riñas de gallos; la carnicería de Luis Paladino, de Jujuy y Progreso (hoy Pedro Echagüe). En esta esquina existían dos almacenes más: el de Barlaro y el de Ramón Cangoity; en el otro ángulo se alzaba el portón de la estación de tranvías La Gran Nacional. De los viejos almacenes, el que aún se mantiene con su edificio algo reformado, es el de Luna y Caseros (esquina sudoeste) (4) . En cambio, ha desaparecido el de Pipotto, de Rioja y Chiclana, que fue punto invariable de los cuarteadores que allí se reunían en espera de los carros cargados de reses, a los que prestaban ayuda (la cuarta) al subir la barranca de la calle Rioja, que se pronunciaba, como actualmente, hasta la avenida San Juan. 
El café "Manzanares", de los hermanos Díaz, se encontraba sobre la avenida Caseros, frente al restaurante "Sandrín" y a la zapatería de Murias. Otra fábrica de jabón y velas era la de la firma Seeber, de Monteagudo y Famatina; y la curtiduría "La Argentina" se encontraba en Monteagudo 345, allá por el 1907. Y como estamos en la calle Monteagudo, digamos de paso que el Mercado Municipal llamado "Coronel Pringles", de Caseros y Monteagudo, quedó inaugurado el 22 de marzo de 1909. Años más tarde accionarían los telares de la gran tejeduría de Patagones y Antofagasta (hoy llamada Juan Carlos Gómez).
En 1870, el Juzgado de Paz de la Parroquia de San Cristóbal abarcaba igualmente la zona del barrio de los Corrales; y en ese año, la casa de la seccional de Policía estaba en Rioja y Garay, así como la garita de los Bomberos, con sus herramientas, surtidora de agua, estaba en Rioja y Caseros. Dividida la ciudad por zonas con motivo de su ordenamiento en casos de incendio, la Segunda Zona Cuartel Corrales tuvo su asiento en Caseros 2845/47, atendiendo un radio extenso cuyos límites figuran en la obra Las Milicias del Fuego, del historiador Francisco L. Romay.
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Notas:
(1) Actual Sánchez de Loria.
(2) Actual La Rioja.
(3) Para ser exactos, hay que decir que el autor está hablando, ya desde el párrafo anterior, de la calle Rioja pero con pertenencia al barrio de San Cristóbal. (N. de la Redac.).
(4) Esto seguramente hasta la publicación de este libro (1974); no sabemos si existe en la actualidad (N. de la Redac.).

Imagen: Caseros y Rioja a fines de la década del 40 (Foto AGN).
Material tomado del libro El barrio de Parque de los Patricios de R. M. Ll., Cuadernos de Buenos Aires, 1ª Edic. Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, 1974.