23 nov. 2014

El edificio "Monte Cúdine"



(De Miguel Eugenio Germino)

“Monte Cúdine” fue una bebida amarga, “Amaro”, de origen italiano, que se popularizó en Buenos Aires a principios del siglo XX.
El barrio de Balvanera fue el lugar donde se radicó Giosué Bonomi, hombre emprendedor nacido en un pueblito cercano a Milán y al Monte Cúdine. Había recalado en las costas uruguayas en el año 1836. Con unos pocos ahorros y un pequeño crédito compró una nave que había encallado en la costa debido a un fuerte temporal, con el fin de desguazarla y vender la madera y otros aparejos navíos.
A este primer barco siguió un segundo que había corrido igual suerte. El buen resultado de estas operaciones hizo que Giosué se planteara que si existía un mercado para la madera usada, también podía existir uno para la madera nueva, con lo que dio inicio a la importación de tablas. El negocio fue un éxito, y le siguieron otros. Así fue como abrió una barraca a la que llamaría "La Barraca del Pontón".
Con esta actividad logró cierta posición económica. Ingresó a nuestras tierras, coincidentemente con las grandes inmigraciones europeas. Entonces adquirió un edificio en la calle Belgrano 2280, cuya construcción data del año 1870; lo acondicionó e instaló allí su empresa hacia el año 1871.
Posteriormente constituyó una sociedad con Juan Lamaison, para explotar una ferretería y un almacén naval. Finalmente en 1876 comenzó con la importación y envasado de su “Amaro”, que distribuyó en las pulperías de la ciudad y las poblaciones del interior.
El negocio resultó fructífero, y logró imponer la bebida en el gusto de los argentinos de la época; con el tiempo incorporó otros productos, como nuevos licores, vinos y el azafrán.
Vale hacer un poco de memoria sobre cómo era el país en aquella época: la población total llegaba a 3.250.000 habitantes; la Ciudad de Buenos Aires contaba con 430 mil almas, en una alta proporción inmigrantes.
El ejido urbano llegaba hasta la Calle de las Tunas (hoy Entre Ríos-Callao), llamada así por los cercos de las casas y quintas que delimitaban entonces las propiedades. Hacia el oeste se abrían en abanico numerosas quintas, algunas para los fines de semana de la incipiente burguesía local y otras, pequeñas unidades de producción de frutales y verduras, salpicadas entre pantanos y terrenos yermos.
Los caminos eran casi inexistentes a excepción del Camino Real, la actual Rivadavia. El primer ferrocarril, el Camino de Hierro al Oeste nacía por el año 1857, y las líneas de tranvías a caballo hacia 1868, entre ellas la de los hermanos Lacroze, que recorría desde Plaza de Mayo a Once. Estos primitivos tranvías iban por la calle Cangallo (hoy Perón) y regresaban por Piedad (hoy Bartolomé Mitre), que por cierto marcaron un antes y un después en el transporte y en los caminos.
Sobre el citado Camino Real se levantaba el teatro “Doria”, un amplio galpón con techo a dos aguas, predecesor del “Marconi”, también desaparecido (era considerado como de “óperas baratas”). Por entonces se abría el Colegio San José de los padres Bayoneses, en Cangallo y Azcuénaga, y el Gran Mercado Spinetto –mayorista-minorista– que aglutinaba a amplios sectores de la colectividad italiana.
En aquel ámbito nació “Monte Cúdine”, en los suburbios de una ciudad que avanzaba lentamente hacia el oeste, en las inmediaciones de los barrios negros, los Barrios del Tambor, como lo era una amplia franja del sur de Balvanera donde proliferaba la raza negra, con admiradores y protegidos de Rosas. Recién se revertirá esta mayoría y casi desaparecerán los negros, con la cruenta e injusta Guerra de la Triple “Infamia” contra el Paraguay, donde éstos fueron utilizados como carne de cañón.
Después vinieron las grandes inmigraciones de italianos y españoles que motivaron al gobierno de Roca a promulgar en 1884 la Ley 1.420 de Educación Laica, y en 1888 la Ley 2.393 de Matrimonio Civil. Hasta entonces tanto la educación, como los matrimonios y defunciones eran manejados por la Iglesia.
Con este escenario volvemos a “Monte Cúdine”, un amargo que caló fuerte en la población de entonces. Era importado, de origen italiano, desembarcado por Bonomi en las orillas bonaerenses y transportado en carretas hasta el gran caserón de Belgrano al 2200, donde era embotellado y distribuido.
En sus comienzos el establecimiento tenía piso de tierra. Más tarde adoquinaron una calle interior que llegaba hasta más allá de la mitad de la manzana. Allí se almacenaba el producto en grandes sótanos, algunos de los cuales aún hoy subsisten como depósitos del actual Pasaje del Mueble. En los fondos, y por la calle Venezuela, se hallaban las caballerizas.
Hacia el centro de la manzana, la familia Bonomi había construido su residencia de tres pisos, con ascensor, uno de los primeros de Buenos Aires; toda una novedad en las afueras de la ciudad de entonces.
Sobre Venezuela funcionaba también un cine, según recuerdan vecinos memoriosos, del que no contamos con precisiones; sí las hay del cine “Guaraní” que estaba en Belgrano y Pasco.
Todavía en las primeras décadas del siglo XX subsistían sobre la avenida Belgrano algunos de los amplios caserones que supieron albergar instituciones barriales, como el Registro Civil hacia la calle Pichincha, vereda impar, y una escuela primaria hacia Matheu, vereda par. En la esquina NE se levantaba una sucursal del bazar “Dos Mundos”, otro de los grandes emporios desaparecidos de la ciudad, y la tradicional zapatería “El Cañón”, por Pichincha a pocos metros de Belgrano. En esa esquina, en su pronunciada curva, resonaba diariamente el chirrido de las ruedas del tranvía, junto al chispazo del trole al rozar el electrificado conducto aéreo.
Con el correr del tiempo varios fabricantes independientes de bebidas se agruparon y crearon Licorerías Unidas, S.A. (LUSA). Uno de sus fundadores fue precisamente Luis G. Bonomi, quien aportó su negocio de Amaro. Finalmente esta sociedad fue adquirida por Martini & Rossi, y la familia Bonomi se concentró en el negocio de las especias y los condimentos.
Con el tiempo los gustos de Buenos Aires fueron variando, y el famoso Amargo “Monte Cúdine” desapareció como tantas otras bebidas tradicionales: “Pineral”, “Amargo Obrero”,” Hesperidina”, “Hierro Quina Bisleri”, hoy guardadas en el cofre de los recuerdos. Siempre existe algún coleccionista que pone en venta por Mercado Libre aquellas botellas a valores considerables, pero atractivos para el antiguo bebedor porteño.
Finalmente la cuarta generación de la familia de Giosué Bonomi emigró hacia Uruguay, donde continuó explotando la marca, claro está que con otros productos, especialmente sabores y condimentos, pero el tema es motivo de otra historia.
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Fuentes:
http://www.montecudine.com/compania_historia.php
http://listado.mercadolibre.com.ar/antigua-botella-amargo-monte-cudine
http://detallesdebuenosaires.blogspot.com.ar/2011/08/edificio-en-av-belgrano-2280-galeria.html
http://www.yelp.com.ar/biz/galer%C3%ADa-monte-cudine-buenos-aires

Fotografía: El viejo edificio, en avenida Belgrano 2280, hoy remozado como Paseo del Mueble.
Texto e imagen tomados del periódico barrial Primera Página.