7 oct. 2010

El “Royal Keller”


(De Jorge A. Bossio)

Pasa el único tranvía rumbo al único destino humano certero; la Chacarita es su meta; en su vientre, la muchacha que recién ha dejado la pasarela se inclina sobre el ventanuco pensando un sueño que más parece una tortura. Esmeralda y Corrientes han quedado atrás y el “Royal Keller” aparece silencioso.
“Después del auge de los teatros –sostiene Leopoldo Marechal (1) –sucedía, lógicamente, el de los cafés, hoteles y restaurantes…” Así era, después de las sesiones de teatro, los cafés para las peñas, y los restaurantes elegantes para los bacanes o las familias de éstos. El Keller era el lugar elegante de algunas familias distinguidas.
Alguna vez también sirvió para las reuniones literarias, a las que concurrían, generalmente, la gente de teatro. Otras veces se constituyó en pequeño estadio donde se hicieron las primeras exhibiciones de boxeo, aumentando con esa actividad la multiplicidad de su salón. Mas no sólo serán éstas las reuniones que se realizan en su local. Hacia el año 30, solían reunirse los nacionalistas de derecha que buscaban afanosamente el derrocamiento del viejo Yrigoyen, entre los que se contaron Juan E. Carullas, Rodolfo Irazusta, Augusto Gozalbo y Ernesto Padilla, que intentaban hacer una cena en apoyo del general Uriburu, después jefe del golpe triunfante el 6 de septiembre(2).
Florencio Sánchez, que alguna vez conoció la riqueza del “Royal Keller”, y que debe haberse sentido embargado ante la constante pobreza de sus bolsillos, incluyó en su obra Los muertos una escena que recuerda el sótano del restaurante tradicional de Corrientes casi Esmeralda. Los decorados fueron pintados y realizados por la Sociedad Escenográfica (3).
Asío vivió el Keller, entre las grandilocuencias de los bacanes, la charla amena de los literatos y la proliferación de los ideologismos políticos que sembraban el disconformismo de la elite en las lujosas mesas del sótano.
No podemos alejarnos del “Royar Keller”, sin citar el paso por sus salones de la Revista Oral, aquella expresión literaria que Alberto Hidalgo presentaba todos los sábados en el sótano y con clamoroso éxito público. Así creaban un clima de interés por el arte, en un local subterráneo, que acaso sólo sintiera en otros momentos banales conversaciones; ésa es precisamente una de las revoluciones que realizó la gente de Florida en los años 20. La revolución de las formas en el arte y cambio de la esencia en las cosas.
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(1) Leopoldo Marechal: La historia de la calle Corrientes, pág. 86; Edit. Paidós, Bs. As., 1967.
(2) Juan E. Carullas: Al filo de medio siglo, pág. 182; Edit. Llanura, Bs. As., 1951.
(3) Julio Imbert: Florencio Sánchez, vida y creación, pág. 125; Edit. Schapire, Bs. As., 1954.
Imagen: Salón del "Royal Keller". (Foto tomada del sitio: todo tango).