13 oct. 2010

Tome soda "Belgrano", la mejor del mundo


(De Ángel O. Prignano)

El origen de la legendaria soda "Belgrano", bebida gaseosa sin alcohol que La Argentina Sociedad Anónima elaboraba en su planta de San Juan 2844, está ligada a las fábricas de refrescos y licores que se desarrollaron en Buenos Aires a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Una de esas empresas, la de Pedro Inchauspe, comenzó a elaborarla y distribuirla en todo el país en los primeros años de la centuria siguiente.
En 1847, Desiderio Charabel fundó una fábrica de soda en un modesto local de la calle Potosí (hoy Adolfo Alsina). Comprada por Juan Inchauspe en 1862, la casa tomó el nombre de su nuevo dueño que se aprestó a continuar la actividad. Nacido en los bajos Pirineos, Inchauspe conservaba el carácter inquebrantable de su origen vasco y comenzó la elaboración de sus productos con dedicación y la firme convicción de vencer los escollos propios de todo inicio.
Paralelamente, frente al viejo Hotel del Globo de la calle 25 de Mayo entre Piedad y Cangallo (hoy Bartolomé Mitre y Tte. Gral. Juan Domingo Perón) venía funcionando la fábrica de licores y soda de Emilio Billiart, fundada años antes por Domingo Marticorena. Andrés y Pedro Inchauspe, hermanos de Juan, la adquirieron el 1° de marzo de 1866 y, desde entonces, dos de las más importantes fábricas del ramo licorero y de bebidas gaseosas de aquellos tiempos giraban con el mismo apellido.
Mientras tanto, Juan Inchauspe incrementaba su producción y mudaba su establecimiento a Moreno y Defensa. Allí fue donde, en 1868, los tres hermanos decidieron fusionar sus fábricas  y unir sus esfuerzos para formar una sola empresa que enseguida comenzó a ganar prestigio. No fue raro, entonces, que se plantearan la necesidad de contar con una nueva planta y adquirieran al año siguiente un terreno en Venezuela entre Balcarce y Defensa para construirla. Después de tantas mudanzas, sus impulsos parecieron aquietarse y permanecieron en ese lugar por casi dos décadas.
A mediados de los ochenta, Juan y Andrés decidieron su salida de la sociedad y Pedro quedó como único dueño. Un nuevo traslado obligado por la expansión del negocio se operó en 1886, cuando la planta elaboradora se instaló en un amplio predio propio de Independencia 456-72.
El desarrollo creciente de sus actividades y el de otras fábricas que prosperaban en el país determinó que sus secciones de soda y aguas gaseosas se fusionaran en un solo local. El sistema de elaboración de estas bebidas difería de la destilación de licores y resultaba más operativo separar ambos procesos.
Así llegamos a 1904 en que Pedro Inchauspe inauguró un gran establecimiento sobre un terreno de 11.000 varas cuadradas con frente a San Juan 2844. La empresa llevó como nombre “La Argentina” y posteriormente se constituyó en una sociedad anónima. Desde el inicio de su producción, la planta fue considerada una de las más importantes de América del Sur, no sólo por su tamaño sino por la calidad de las bebidas que salían de ella. Allí comenzó, precisamente, la producción de la soda Belgrano.
La sección licores, entre tanto, también necesitaba ampliarse y modernizarse, por lo que se levantó un nuevo edificio en Paseo Colón 1170 (más adelante 1150), inaugurado en 1905. La agrupación emprendida con las secciones de aguas gaseosas había sido todo un éxito y se resolvió hacer lo mismo con las de licores. Ello dio origen a una nueva razón social. De este modo, en los años veinte giraban dos establecimientos con el mismo nombre: “La Argentina” Sociedad Anónima para el rubro aguas gaseosas y Destilería “La Argentina” de Inchauspe y Cía. para los licores.
Los refrescos y bebidas alcohólicas de sus respectivas marcas fueron adquiriendo gradualmente el favor de los consumidores. Así, el excelente vermouth Glauda compitió en pie de igualdad con los que venían del viejo mundo cargados de fama internacional. También elaboró el fernet Visconti, el reconfortante licor Capuchinos, el licor de sobremesa El Cazador, el vodka Inchauspe y el vino quinado Chinato Garda, entre otros productos. Para promocionar el último de los citados se ideó el eslogan “Convide a su mejor amigo con un Chinato Garda”.
En el rubro gaseosas, La Argentina había obtenido patente sobre la soda Neuss, que en nuestro país se comercializó con el nombre Belgrano. Otras de sus marcas registradas era El Gnomo. Todos estos datos constaban en la etiqueta de la soda Belgrano impresa en colores azul y rojo sobre papel blanco. Se envasaba en botellas de vidrio regordetas de 220 y 390 cm3 con tapa de cerámica sujetadas con un “resorte” de alambre. Las había de vidrio incoloro y de color levemente verdoso. Las tapas de cerámica llevaban impresa una especie de estrella rodeada con el nombre de la fábrica en color verde oscuro y se completaba con un sello o arandela de goma rosada que aseguraba su cierre hermético. En el cuello de la botella se podía leer el número 22 del registro de fábrica –a veces dentro de un círculo, otras de un rectángulo– y en el borde inferior el nombre y la dirección. En la base de apoyo se exhibía un sol de cara rechoncha, ojos, cejas, nariz y labios bien definidos, y múltiples rayos en su derredor. Todas estas últimas inscripciones y dibujos venían en relieve, es decir que estaban en el molde con que se soplaban las botellas.
 Durante los años treinta y cuarenta circulaban en todos los boliches y almacenes de Buenos Aires. Contenían una bebida pura y burbujeante que se tomaba en las cuatro estaciones del año. Para promocionarla se imprimieron unas chapas metálicas de 24 por 13 centímetros con la imagen de la botella y la frase que inspiró el título de este artículo: “Aquí hay soda Belgrano, la mejor del mundo”. Cientos de ellas se “clavaron” en bares, fondas y restaurantes de todo el país. En los clubes de barrio y lugares donde se bailaba tango y fox-trot se consumían grandes cantidades, muchas veces para “rebajar” el modesto whisky nacional, tal vez un Canadian Club o un Emperor. “Mozo, un Canadian con soda... pero soda Belgrano”, pedían los muchachos.
Estas simpáticas botellitas quedaron superadas con la aparición de la tapa corona, mucho más práctica e higiénica. Hacia fines de la década del cuarenta ya no se las veía. Fueron sustituidas por la botella verde con letras blancas pintadas, de 250 cm3 de capacidad y con el nuevo sistema de cierre: la popular chapita. A partir de entonces aparecieron los característicos dos patitos blancos reemplazando el 22, tanto en la etiqueta como en la tapita. La jerga quinielera había hecho su aporte.
Luego se conocieron nuevos productos: Indian Tonic Cunnington, Ginger Ale Cunnington, 2L lima-limón, naranja Neuss y pomelo Neuss. Así comenzó la etapa de Cunnington Sociedad Anónima a cargo de la planta envasadora de la avenida San Juan. Pero esto es historia reciente.
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Imagen: Foto de uno de los envases de soda "Belgrano".