24 oct. 2010

El motín de las trenzas


(De Ricardo de Lafuente Machain)
Se  llamó así el que tuvo lugar en los primeros días de diciembre de 1811 en el cuerpo de Patricios, el predilecto del pueblo porteño.
Después de la victoria, y más aún, del pronunciamiento del 25 de mayo de 1810, ese cuerpo pasó a ser definitivo, pero conservando ciertas franquicias debidas a su origen popular. Una de ellas era el uso de la trenza, a la antigua moda que el espíritu moderno tendía a abolir y ya no se usaba en otros cuerpos.
Al asumir el mando de los Patricios el coronel Manuel Belgrano, impartió la orden de cortarse dicha trenza, fijando un término que vencía el 8 de diciembre. Se dice que esa resolución provocó gran descontento en las filas, pero Belgrano la mantuvo e hizo saber que exigiría su cumplimiento sin admitir ningún pretexto en contra.
Es posible que el asunto de las trenzas no haya sido sino el pretexto para exteriorizar el descontento producido por otros motivos, pues no parece suficiente, cuando se ajustaba a la nueva moda que debía parecer bien a un cuerpo formado por  voluntarios ajenos a tradiciones militares. El hecho es que en la noche del 6 de diciembre se amotinaron clases y soldados y, después de expulsar a los oficiales, prepararon la resistencia armada e insistieron en las peticiones presentadas al Gobierno. Éste no quiso pactar, pero ofreció olvidar el asunto si deponían su actitud. Los ayudantes Norberto Manterola y Mariano Benito Rolón, emisarios de la Junta, fueron rechazados. Tampoco tuvieron mejor acogida los Obispos de  Buenos Aires y Córdoba, superiores de órdenes religiosas y hasta el presidente Saavedra, primer jefe de Patricios, quien se presentó en el cuartel sin atender a que podía ser sorprendido, complicando la situación.
El 7, los revoltosos se fortificaron en el cuartel y montaron convenientemente sus seis cañones. La tropa estaba dividida. Parte del Regimiento N° 1 abandonó el cuartel, pero otra rompió el fuego contra los que lo sitiaban. A eso de las 10.30 de la mañana tuvieron que rendirse, habiendo tenido muertos y heridos. El tribunal militar anduvo rápido y, como no podía ser menos, la pena impuesta a los cabecillas debió se grave. El 12 de diciembre fue ejecutada la sentencia, que los condenaba a ser degradados en presencia de las tropas, pasados por las armas y puestos sus cadáveres a la expectación pública, en horcas que se colocarían en la Plaza Mayor. A las 8 de ese día los reos salieron del Fuerte, donde estaban presos y en capilla desde las 10 de la noche anterior. Eran cuatro sargentos: Juan Ángel Colares, Domingo Acosta, Manuel Alfonso y José Enrique; dos cabos, Manuel Pintos y Agustín Quiñones; y cuatro soldados, Agustín Castillo, Juan Herrera, Mariano Carmen y Ricardo Nonfres. Todos fueron ejecutados como lo establecía la sentencia. Además, hubo otros condenados a penas menores, de acuerdo con su culpabilidad.
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Imagen: Sello postal conmemorativo del Regimiento de Patricios.
Texto tomado de: La Plaza trágica; Cuaderno de Buenos Aires, Bs. As., 1973.