19 jul. 2011

Quinta de Crisol en el barrio de Balvanera


(De Carlos A. Rezzónico)

Su perímetro estaría hoy señalado por las calles Belgrano, La Rioja, Moreno y Catamarca, ocupando esas dos manzanas  del actual barrio de Balvanera.
El 2 de noviembre de 1805 (1) don Manuel Prado vendió a Miguel Wassermayer, en tres mil pesos fuertes, un terreno compuesto de una cuadra de frente por dos cuadras de fondo, situado en el ejido de la ciudad, ese ancho marco verde del cuadro urbano compuesto de quintas y chacras, cercadas de pitas y tunas, como acertadamente describiera Groussac.
En 1809 (2), Agustín Olavarrieta, director general de Rentas de Chile, próximo a seguir viaje con ese destino y por poder de su hermano político Miguel Wassermayer, vendió la quinta con su edificio y los árboles frutales que en ella había, a Bernardo Carballo.
Muchos años estuvo la quinta en poder de este último, pues recién la enajenó a fines de 1826 (3). Su comprador fue un brasileño llamado Juan Bautista Romero, quien también la conservó por un largo período, vendiéndola en 1851 a Juan Crisol (4). En la escritura se comete el error de ubicar a la quinta “en la dirección de la calle Santa Clara, antes Potosí” por cuanto éstas fueron denominaciones que tuvo la actual calle Alsina y el inmueble estaba sobre la calle que hoy recuerda al prócer Mariano Moreno. Era la resultante de la confusa idea que, sobre estos arrabales, tenía la mayor parte de la gente de aquel entonces.
Juan Crisol había nacido en Mallorca, “Reyno de España”, y era hijo de José Crisol y Margarita March. Estuvo casado en primeras nupcias con Felisa Gándara de quien tuvo siete hijos: Juan, Felisa, Inés, Rosa, Margarita, Miguel y Benito. Al quedar viudo, contrajo matrimonio con Petrona Giadas, naciendo de esta unión una sola hija a quien se le impuso el nombre de su madre. El primero de los hijos nombrados se radicaría en Córdoba y sería el autor de un proyecto de ampliación de esta ciudad cuya ejecución se vio entorpecida por la crisis de 1890 (5).
Acaudalado comerciante y hacendado, Crisol tuvo negocios en común con Alejo Arocena y, sobre todo, con Ambrosio Plácido Lezica, de quien  era socio. Su relación con este último se extendió más allá de lo puramente económico, pues en su testamento no sólo lo designa albacea, sino que le encomienda la tutoría de los hijos del primer matrimonio (6). La sociedad existente entre ambos giraba con un capital que rondaba los cuatro millones y medio de pesos. Crisol explotaba, además, dos estancias en Arrecifes y otra en Bragado y había tenido un saladero en la Recoleta y una chacra en Punta Chica, Partido de San Isidro.
Al morir don Juan en 1851, se adjudicó la mitad de la quinta a su viuda, Petrona Giadas, y la otra mitad a la hija de ambos, Petrona Crisol (7).
En el predio había una casa grande compuesta de zaguán, unas ocho habitaciones en planta baja y otra en piso alto, cocina, “lugar común” (8) y patio con piletas para plantas y un aljibe con su correspondiente brocal. Por su frente corría una vereda de ladrillo de veinte metros de largo por un metro y medio de ancho. En una de las esquinas del terreno se levantaba un local –que presumimos destinado a pulpería– y una casa antigua. En otra parte del mismo había una casita compuesta de dos piezas y una cocina, para vivienda de los quinteros.
Al quedar viuda, Petrona Giadas contrajo nuevo matrimonio con Germán March y de esa unión nacieron tres hijos: Ignacio, Germán y Juan. Por este último, el de menor edad, la madre profesaba un especial afecto, y fue por eso que, al otorgar su testamento (9), lo mejoró con un tercio de sus bienes. Para esa fecha –abril de 1860– doña Petrona estaba ya gravemente enferma y sus fuerzas flaqueaban hasta el punto de no poder firmar. Cuando finalmente murió, se les adjudicó a los dos hijos mayores la parte del inmueble que a la progenitora le había correspondido por herencia de su primer esposo.
En un viaje que el viudo emprendió a Europa llevando a sus vástagos, murió el pequeño Germán, heredándolo su padre, quien en 1872 y a su pedido, fue autorizado judicialmente para proceder a la venta de los lotes en que se había vendido la quinta, incluyendo la parte de Petrona Crisol.
Poco tiempo después de su organización definitiva, la Sociedad Española de Beneficencia adquirió un terreno en la esquina de Belgrano y Rioja. En ese lote, ampliado por otras donaciones, se colocó el 30 de junio de 1872, la piedra fundamental del Hospital Español.
Dice Meyer Arana (10), que “el día de la Purísima Concepción del año 1877, siendo presidente de la Nación el doctor Nicolás Avellaneda y gobernador de la provincia don Carlos Casares, el canónigo José Sevilla Vázquez, vicario general castrense y Capellán del Excmo. Gobierno de la Nación, bendijo la capilla y el hospital en representación del obispo doctor Aneiros, siendo padrinos don Martín Berraondo y doña Josefa V. de Udaeta, y bajo la advocación de la Virgen María y de San Juan de Dios”. La colectividad española acudió en masa para presenciar un acto tan trascendental como ansiosamente esperado”(11).
Al filo del siglo XX se llevó a cabo su reedificación y posterior ampliación. En el piso alto que daba sobre Belgrano, dejó su impronta el arquitecto Julián García, uno de los más destacados cultores del modernismo catalán (12), cuya obra desgraciadamente sólo puede apreciarse en un sector de la esquina de la calle Deán Funes, debido a que nuevas modificaciones la destruyeron.
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Notas:
(1) AGN. Escritura pasada ante el escribano José Echevarría en el Registro Nº 2.
(2) AGN. Escritura de fecha 21 de febrero de 1809, pasada ante el escribano Juan Cortés en el Registro Nº 7.
(3) AGN. Escritura de fecha 14 de noviembre de 1826, pasada ante el escribano José María Jardón en el Registro Nº 5.
(4) AGN.  Escritura de fecha 27 de mayo de 1851, pasada ante el escribano Adolfo Conde en el Registro Nº 5.
(5) Nuevo diccionario biográfico argentino de Vicente Osvaldo Cutolo. Edic. Elche, Bs. As., 1969.
(6) AGN. Escritura de fecha 29 de noviembre de 1851, pasada ante el escribano Manuel José de Zeballos en el Registro Nº 6.
(7) AGN. Sucesión de Juan Crisol (Legajo 4881).
(8) Nombre que se daba a las letrinas.
(9) AGN. Escritura de fecha 10 de abril de 1860, pasada ante el escribano José Victoriano Cabral en el Registro Nº 1.
(10) La caridad en Buenos Aires de Alberto Meyer Arana, Bs. As., 1911 Tomo I, pág. 280.
(11) Suplemento del diario La Nación del año 1916, pág. 276.
(12) “La Buenos Aires modernista catalana” de Horacio Spinetto en Todo es historia, Nº 325, pág. 16.

Foto: El Hospital Español de Buenos Aires a comienzo del siglo XX (Archivo General de la Nación).
Nota tomada del libro del autor: Antiguas quintas porteñas, Bs. As., 1996.