16 jul. 2011

Acerca de Borges y Villa Urquiza


(De Luis Alposta)

En 1922, y en años posteriores, Jorge Luis Borges, que vivía entonces en Palermo, en la calle Bulnes, tomaba periódicamente el tranvía 7 y se bajaba en Triunvirato y Pampa. Desde allí se dirigía a la casa de su prima Nora Lange, que estaba ubicada en Villa Mazzini, en la calle Tronador 1746.
Recordemos ahora cómo vio a Villa Urquiza desde la parada del tranvía: “Yo no he sentido el liviano tiempo en Granada, a la sombra de torres cientos de veces más antiguas que las higueras, y sí en Pampa y Triunvirato: insípido lugar de tejas anglizantes ahora, de hornos humosos de ladrillos hace tres años, de potreros caóticos hace cinco.” (De Evaristo Carriego, 1930).
Hace un par de años me visitaron unos alumnos que estaban estudiando literatura argentina, para pedirme que les consiguiese una entrevista con Borges.
Lo hice. La encargada de la gestión fue Marcela Ciruzzi, y la tan ansiada entrevista no se hizo esperar. Borges los recibió en su casa poco después. Fue el 28 de junio de 1979.
Aquella mañana les habló de Carriego, de Echeverría, de Macedonio Fernández, del lunfardo, de Buenos Aires de principios de siglo. (En este punto, entre otras cosas, dijo que la nuestra era una ciudad que tenía tan sólo tres puntos cardinales. Y es cierto. Cuando los porteños hablamos de Buenos Aires, casi nunca nos referimos al Este).
Y también se habló de Villa Urquiza. Dijo que éste era un barrio que él conocía muy poco, y pasó inmediatamente a recordar sus visitas a la casa de su prima.
Después se acordó de La Siberia como de un barrio bravo, para terminar preguntando si en Villa Urquiza todavía existían quintas. Atendido de amor y rica esperanza,/ ¡cuántas veces he visto morir sus calles agrestes/ en el Juicio Final de cada tarde!/ La frecuente asistencia de un encanto/ acuña en mi recuerdo con predilecta eficacia/ ese arrabal cansado, / y es habitual evocación de mis horas/ la vista de sus calles;/ el horizonte que se acurruca a lo lejos;/ las quintas que interrumpen el cielo baldío;/ la calle Pampa, larga como un beso;/ las alambradas que son afrentas del campo,/ y la dichosa resignación de unos sauces./ Paraje que arraigó una tradición de amor/ en el alma,/ no ha menester vanaglorioso renombre;/ ayer fue campo, hoy es incertidumbre/ de la ciudad que del despoblado se adueña:/ bástale, para conseguir las laudes del verso, / ser el sitio implorado de una pena.(“Villa Urquiza”, de la primera edición de su libro Fervor de Buenos Aires, publicado en 1923, poema no recogido en las sucesivas ediciones ni en las obras completas). 
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Fotografía: Jorge Luis Borges en su juventud.