13 oct. 2010

Un barrio originado por la revolución industrial



(De Jorge Luchetti)

La necesidad de conquistar las pampa hizo que finalmente  la revolución industrial llegara a nuestro país, a fines del sigo XIX, y que el imperio británico fuera uno de los primeros interesados en obtener réditos de este emprendimiento. La importancia de un sistema agro-exportador eficiente llevó a la construcción de otro industria del cual el país carecía, y que comenzaría con la creación y ampliación de puertos, la construcción de barracas y silos, más la extensión en casi todo el país de la red ferroviaria, que contaba con una infraestructura de estaciones cabeceras e intermedias, señalizaciones, plataformas, depósitos de agua y hasta viviendas para el personal del ferrocarril. Un excelente ejemplo de esto último es el barrio ferroviario “Colonia Sola”, en Barracas, que había sido construido en 1889 para los ferroviarios británicos.
La estación de Coghlan fue un fiel reflejo de lo que dejó  la revolución industrial, la que llegó a tener una infraestructura de gran magnitud en todo el país que puede resumirse en un edificio paradigmático: el Mercado Central de Frutos de Avellaneda, que hasta 1967 se encontraba en pie y que por muchos años fue la estructura cubierta más grande del mundo, dotado de una gran funcionalidad y espacialidad.

COMO UN ROMPECABEZAS
En un principio la urgencia de transportar la materia prima a los puertos hizo que se construyeran estaciones provisorias, las cuales viajaban desarmadas en los vagones, que, a su vez, servían de obrador durante la construcción. Tal era la necesidad de infraestructura que muchas de las estaciones eran traídas en barco desde Inglaterra como modelo para armar. Una muestra de esto fue la Estación Central, inaugurada en 1872, ubicada en Leandro N. Alem y Rivadavia, que también sirve de ejemplo de lo que fue la globalización como producto de la revolución industrial. Este edificio había sido diseñado para la ciudad de Madrás, en la India, pero los avatares políticos y financieros cambiarían su destino finalmente por el de Buenos Aires.
Desgraciadamente, pocos años después un incendio redujo la cenizas y dio paso a la construcción de la Estación Retiro, cuya arquitectura utilitaria también fue importada desde el Reino Unido. Con el tiempo la arquitectura industrializada fue perfeccionada y se definió como prototipo ferroviario, en donde las estaciones cabeceras poseían una fachada con una arquitectura determinada, con un estilo tal o cual, y ubicándose por detrás en forma casi oculta –por su supuesta fealdad–  aparecía esta denominada arquitectura utilitaria, cuya función era cubrir el sector de plataformas de arribo. Para clarificar lo antedicho basta dar una mirada a la ya mencionada Estación Retiro, que muestra un frente de arquitectura académica que sirve de máscara para ocultar la gran estructura de hierro y vidrio, donde se ubican los andenes.

DE LA ESTACIÓN AL BARRIO
Coghlan nació como parte del proceso de extensión del primer tramo del ramal ferroviario Retiro-Tigre, que también fue conocido como ramal de arriba. El barrio fue creciendo sobre la base de la estación, que dio origen al lugar e impregnó sus alrededores de aquella arquitectura inglesa con carácter pintoresco. Fundada el 1º de febrero de 1891, la estación –que fue considerada Vip– cuenta con un edificio de gran valor patrimonial, no sólo por su estado de conservación sino por ser de los pocos ejemplos que aún conservan esta arquitectura. La sencillez compositiva de la fachada, con muros revocados, cubiertas de tejas y desagües pluviales a la vista son característicos de esta arquitectura ferroviaria.
Otras cualidades que la distinguen son los remates a modo de frontón con ápice agudo, las claraboyas laterales y los ventanales de arco ojival, que asemejan el estilo de la obra dentro del gótico victoriano. Su centenario puente peatonal y demás piezas estructurales metálicas venían generalmente desarmadas desde Inglaterra para ser montadas en diferentes lugares, lo que demuestra las características e importancia de la arquitectura utilitaria que había sido pensada para un bajo costo y mantenimiento. Con respecto al barrio, podemos aseverar que es un sector urbano “con leyenda propia”, delimitado casi en forma caprichosa, con calles arboladas, pasajes, cortadas, casas bajas y techos rojizos que, desde las alturas, contrastan con los verdes jardines.
No hay duda que es un barrio para aquellos que buscan sosiego entre tanto cemento y ruido. Hoy en día es una de las virtudes más importantes que se puedan encontrar en nuestra ciudad y que no debemos descuidar. Pensando en el valor patrimonial, vale recordar aquel pensamiento de Jorge Enrique Hardoy: Sólo se valora lo que se conoce, sólo se cuida lo que se valora. Hoy más que nunca debemos empezar a valorar lo que aún poseemos.
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Imagen: Puente entre andenes de la estación Coghlan. (Foto rubderoliv).
Tomado del periódico: “El barrio”. (Febrero de 2003)