15 oct. 2010

Dulces años


(De Leonardo Busquet)

ORÍGENES DE KRAFT FOOD, EL PULPO ALIMENTARIO QUE TIENE MÁS PODER QUE UN ESTADO SOBERANO

AÑORANZAS DE TIEMPOS MEJORES
Mi guardapolvo de la primaria estaba estratégicamente aprovisionado. Sus generosos bolsillos albergaban cada mañana un largo paquete de caramelos Mu Mú y un puñado diverso de galletitas dulces. Rhodesia, Tita, Manón, eran de la partida, en fin.
En el recreo largo, el de las diez y cuarto, el carrito con la leche de la escuela pública, daba cuenta del resto.
“Muchos de nuestros productos son parte de la historia de los hogares de todo el mundo desde hace más de un siglo” se jacta el slogan publicitario de Kraft Foods, una de las principales multinacionales de alimentos de origen estadounidense que al igual que la poderosa Nabisco y la francesa Danone, dominaron el negocio alimenticio en nuestro país con la profunda trasnacionalización operada durante el menemato. Kraft nace de la mano del negocio artesanal de venta de queso al por mayor, creado por James L. Kraft en Chicago en 1903. Sin embargo, las marcas que ahora forman parte de la compañía están presentes en el mercado desde hace más de 230 años, cuando nació la compañía que dio origen a los caramelos de naranja ingleses Terry's. Otras marcas como Suchard, Maxwell House y Milka también son anteriores a la propia Kraft. La actual Kraft Foods es fruto de la fusión de las compañías alimentarias Kraft y General Foods en 1989. Un año después, en 1990, Kraft adquirió Jacobs Suchard (fabricante de los productos Milka, Suchard y Toblerone) y se convirtió en líder europeo en las categorías de café y chocolate. La siguiente gran adquisición de Kraft se produjo en 2000, con Nabisco y su negocio en todo el mundo excepto en Europa. En 2001, Kraft Foods empezó a cotizar en la Bolsa de Nueva York. Hoy, la compañía multinacional de origen estadounidense cuenta con unos 90.000 empleados y es una de las mayores compañías de alimentación y bebidas del mundo con ingresos anuales de más de 34.000 millones de dólares y una amplia cartera de marcas célebres que comercializa en 155 países. En septiembre de 2006, Kraft Foods adquirió los negocios europeos de United Biscuits y de los derechos sobre las marcas clave de Nabisco en Europa, Oriente Medio y Africa, incluyendo Oreo y Ritz and Chips. Kraft se convirtió en un conglomerado industrial totalmente independiente el 30 de marzo de 2007, y está incluida en los índices Standard & Poor's 100 y 500, una calificación de primer nivel.

POR ESTOS PAGOS
Kraft Foods Argentina se especializa en la elaboración de bebidas en polvo, galletitas, chocolates, premezclas, pastas y quesos. Estas seis categorías de productos conforman el negocio vertebral de la empresa multinacional. La compañía cuenta con más de 3.500 empleados y con tres plantas industriales, dos de ellas en la provincia de Buenos Aires, en Pacheco y en Tres Arroyos, y la tercera en Villa Mercedes, provincia de San Luis. En 1994, en pleno jolgorio menemista de entrega, Terrabusi es comprada por Nabisco que también adquiere Vizzolini Hnos. En esa época de pizza y champaña, también se trasnacionalizan, además de Terrabusi, Bagley y Canale. En 2001, en medio de la explosión del modelo neoliberal, aparece en la escena argentina Kraft.
Actualmente participa en el mercado local con cerca de 400 productos distribuidos entre las diferentes categorías tipificadas como de alto consumo: Chocolates y alfajores: Milka, Terrabusi, Rhodesia, Tita, Shot, Toblerone; galletitas: Express, Cerealitas, Oreo, Pepitos, Club Social, Mayco; jugos: Tang, Clight, Verao; fideos: Don Felipe, Canale, Terrabusi y Vizzolini; gelatinas, flanes, postres y bizcochuelos Royal, entre muchos otros productos que dominan las góndolas de los grandes supermercados, los pequeños almacenes que resisten y los mercaditos de los chinos que gritan vaya uno a saber cuántas guarangadas. La empresa estadounidense, en su estilo de conducción recurre siempre a un manejo autoritario. Se arroga el derecho de desconocer las leyes laborales de nuestro país y al propio Ministerio de Trabajo que dictó una conciliación obligatoria en el conflicto que generaron con 160 telegramas de despido y a la que Kraft-Foods respondió militarizando la planta con Gendarmería y Policía bonaerense y recurriendo a la represión para eliminar de cuajo el conflicto. De paso, sus dirigentes, dejan trascender que los delegados de base son de “izquierda”. Un macartismo que nos recuerda aquel pasado no tan lejano de directivos señalando “zurdos” para alimentar la máquina infernal del terrorismo de Estado.
Kraft tuvo, en su historia, una cuota de suerte y oportunismo que supo utilizar a su favor: se convirtió en una de las empresas más grandes de su rubro cuando, en la Primera Guerra Mundial, le vendió alimentos al ejército norteamericano. La relación con la casa Blanca está intacta. Actualmente Mary Schapiro, directiva de Kraft-Foods, fue nombrada directora de la Comisión de Valores de la gestión Obama.
Algo más de 1500 millones de dólares es lo que la misma empresa informa haber ganado en la primera mitad del año en Argentina. Tantas ganancias que la presidenta de la empresa, el año pasado, cobró un salario anual de casi 20 millones de dólares. Lo que las obreras y obreros de Kraft llegan a cobrar, con suerte, después de trabajar 3 mil años. La maniobra que encubre el despido de 160 trabajadores parece quedar a la vista: liquidar el Cuerpo de Delegados elegido democráticamente en la fábrica, el sindicato y todo resto de ese “activismo” que expresa la bronca de cientos de mujeres y jóvenes trabajadores de la planta, hartos de la superexplotación y del pisoteo, los que estallaron cuando la gripe A amenazaba su salud y la de sus familias y reclamaron medidas de higiene y prevención que la patronal se negó a conceder en medio de la epidemia. A esto se agrega el silencio cómplice original del gremio de la alimentación que conduce el ex líder de la CGT, Rodolfo Daer, un burócrata sindical ligado al poder de Hugo Moyano y su tardía, aunque lavada, intervención en el conflicto. En Honduras, la multinacional Kraft integra la Cámara de Comercio Hondureño-Americana que respaldó el golpe de Micheletti. En Argentina, integra la COPAL -Coordinadora de Industrias de Productos Alimenticios-, vieja entidad de cuño golpista donde Kraft ocupa la vicepresidencia, conviviendo con el presidente Jorge Zorreguieta, poderoso empresario azucarero y ex secretario de Agricultura y Ganadería de la última dictadura militar. Es el papá de Máxima, la princesa holandesa. La COPAL fue una de las entidades patronales que promovió el lock out empresarial junto a la agropecuaria CARBAP, un mes antes del golpe de 1976. Zorreguieta fue el que exigió al gobierno bonaerense terminar el actual conflicto en la planta de Pacheco con represión.

ALGO DE NOSTALGIA
En los años 90 Gilberto Montagna Terrabusi vendió las acciones de una de las empresas nacionales más características del consumo popular. Hoy se dedica a la cría de caballos y a la producción de soja. De esa forma quebrantó una historia familiar surgida al amparo del proceso inmigratorio de finales del S. XIX y principios del XX. Los hermanos Ambrosio, Felipe y Julio Terrabusi llegaron a la Argentina desde Italia y en 1911 fundaron el pequeño emprendimiento Terrabusi Hnos. Con 25 operarios llegaron a fabricar 5 toneladas mensuales de bizcochos y galletas en un pequeño establecimiento de la calle Mario Bravo. En 1919 levantaron la imponente planta de San José 1060 en el barrio de Constitución. En 1963 fundan la planta modelo de General Pacheco. En 1875, José Canale comenzó a fabricar productos panificados y pasteles. En 1910 levantó la planta de Barracas frente al Parque Lezama y en los años 40 y 50 se expande con fideos, galletitas, harinas, mermeladas y verduras envasadas. El tano Luigi Vizzolini remozó en 1906 una vieja fábrica de hielo en Tres Arroyos y comenzó a elaborar pastas al estilo italiano. Cada uno de estos empresarios, y muchos otros, confiaron en nuestro país, invirtieron en nuestro país y contrataron y formaron mano de obra argentina. El consumo de las clases populares los respaldó, confió y creyó en una burguesía empresarial asumida como nacional que jamás puso los pies fuera del plato. Con algunos altibajos, ese empresariado se consolidó en los años 40, 50 y 60. Los descendientes de aquella oleada inmigratoria pensaron de otro modo. El primer tiro de gracia lo disparó Martínez de Hoz que, con su política de achicamiento y exclusión social, cambió -brutalmente a partir de 1976- el paradigma de país productor por el de país especulador, abroquelado en el negocio fácil y rápido de las finanzas.
Aquellas son tres historias de una argentina próspera, soñadora y de pie, que hoy, en medio de un grave conflicto sindical, ha quedado atrapada en el recuerdo. Los abultados bolsillos de mi guardapolvo escolar solo atinan a dejar correr un pequeño lagrimón.
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Imagen: Antigua lata de galletitas. (Foto tomada del blog: aqueltiempodemiinfancia.blogspot.com)