3 mar. 2011

El desconocido subsuelo de Buenos Aires


 (De Eduardo Criscuolo)

Las manzanas de nuestra ciudad resguardan aún miles de restos prehistóricos. Algunas de estas criaturas extinguidas han salido a la luz en Villa Ortúzar, durante las obras de extensión de la Línea B de subtes. Se trata de dos ejemplares de gliptodonte, pariente lejano de la mulita, y uno de ellos resultó ser el más grande hallado en nuestro país.

Buenos Aires se halla ubicada sobre una especie de bañadera geológica con gran cantidad de sedimentos que fueron traídos por el desborde del mar al cambiar su nivel y los vientos, durante el ascenso de la Cordillera de Los Andes en un proceso que duró millones de años. En el Cuaternario, aproximadamente hace 1.800.000 años, se depositaron los sedimentos post-pampeanos, constituidos principalmente por restos sueltos, libres, flojos, mayormente limosos con variables proporciones de arena y/o arcilla. Los que se encuentran en las Barrancas de Belgrano son de  la edad pleistocena y fueron intensamente utilizados por los franciscanos en el siglo XVIII. El investigador del Conicet Fernando Novas relata en su libro Buenos Aires, un millón de años atrás que cada una de las manzanas de nuestra ciudad resguarda aún miles de tesoros prehistóricos sepultados en tierra rojiza. Muchas de estas criaturas extinguidas han salido a la luz en lugares donde hoy se asientan reconocidos edificios: el Mesotherium en el Banco de Boston, el Slerocalyptus en el Banco Italiano y el Kavanagh, el Scelidotherium en el edificio de Shell y el caballo prehistórico Hippidion en el Abasto.
Durante la Era Glacial el frío dominaba el planeta. La pampa húmeda era un enorme desierto helado. Nuestras costas atlánticas habían retrocedido 300 kilómetros hacia el este. Un ejemplo lo da el doctor Novas: “Una persona que en ese entonces se paraba en la puerta del Casino de Mar del Plata debía recorrer 300 kilómetros en dirección a África para llegar a encontrar el mar. En ese momento no existía ni la selva amazónica, apenas eran pastizales aislados”. Dice el citado profesional que en los últimos dos millones de años se produjeron diversos vaivenes climáticos, de frío extremo a calor intenso. En esos ambientes prosperaron distintos mamíferos, algunos de ellos de gran tamaño, tales son los casos del megaterio, el gliptodonte, el tigre dientes de sable y el mastodonte. Digamos que el megaterio es el antecedente zoológico de los actuales osos hormigueros y que el gliptodonte el antepasado de las mulitas.
A esos animales prehistóricos les gustaba merodear lo que hoy es el Microcentro porteño, de esto hace más o menos un millón de años. En diferentes excavaciones, una de ellas en Florida y Santa Fe, se hallaron restos fósiles de Scelidotherium leptoceophalum de tres metros de largo, hocico largo y angosto y poderosas garras en pies y manos. Otras partes, pero de un animal más joven, se encontraron en las calles Esmeralda y Tte. Gral Perón, en el edificio de la empresa Shell. Durante la construcción del Ministerios de Industria y Comercio se halló un esqueleto completo de este animal. Sólo le faltaba el cráneo. Es necesario resaltar que los primeros descubrimientos de fósiles en nuestra ciudad transcurrieron en el siglo XIX, ya que era frecuente descubrir restos de antiguos animales cuando se construían  cisternas y aljibes, así como también en los fosos que se hacían para conseguir la arcilla con la que se fabricaban tejas y ladrillos. El lugar predilecto de los naturalistas del siglo XIX era la costa porteña, hoy Puerto Madero.

MASTODONTES Y GLIPTODONTES
Como dato interesante, el doctor Novas manifiesta en su exhaustivo trabajo la curiosidad de que el edificio Kavanagh, erigido entre 1933 y 1935, como el Comega y el Safico, asentaron sus cimientos en tierras donde se habían hallado, en el siglo pasado, fósiles de más de setecientos mil años de antigüedad. Diríamos que tiene sus propias historias antediluvianas. El diario La Nación, en su edición del 9 de julio de 1980, publica una noticia relacionada con el encuentro de fósiles en el barrio de Belgrano. Eran colmillos de una especie de mastodonte que habitó la zona alrededor de 200.000 años atrás. El Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” informó que uno de los colmillos procede de las proximidades de la avenida Cabildo e Iberá, mientras que el otro se encontró en Zavalía y Juramento. Junto con los colmillos se hallaron algunos huesos del esqueleto.
En 2000, en oportunidad de la excavación del túnel para la prolongación de la Línea B del subte, en la avenida Elcano y Triunvirato se encontraron restos fósiles de mamíferos  desdentados  –se pudo constatar luego que eran gliptodontes, uno de ellos considerado el más grande hallado en el país– pertenecientes a la era Cuaternaria. Según manifestaciones del en ese entonces presidente de la Junta de Estudios Históricos de Villa Ortúzar, Jorge Alfonsín, esos fósiles serían exhibidos en la futura estación Tronador. En junio de 2001, mientras los operarios trabajaban en la apertura del túnel de la extensión de la Línea B del subte en el cruce de las calles Tronador y avenida Triunvirato, hallaron otro ejemplar de giptodonte que anduvo por las cercanías del barrio, más o menos un millón de años atrás.
El doctor José Luis Prado, paleontólogo de la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires, que encabezaba las investigaciones en Buenos Aires, manifestó que “el hallazgo es muy valioso, ya que nos permite obtener detalles de qué había en esa zona de la ciudad hace un millón de años. Nos viene muy bien porque hay pocos datos paleontológicos de Buenos Aires”. Pero hay que destacar que las capas del subsuelo porteño no sólo son yacimientos de fósiles de animales prehistóricos. Bajo la superficie se han encontrado innumerables objetos relacionados con la vida de la sociedad colonial y la autoridad en esta materia es Daniel Schavelzon, autor de numerosos trabajos relacionados con el pasado arqueológico de la ciudad. Recomendamos uno de sus prestigiosos libros: Arqueología histórica de Buenos Aires. La cultura material porteña de los siglos XVIII y XIX, de editorial Corregidor.

PRIMITIVA COGHLAN
Resulta subyugante y a veces misterioso indagar la gran cantidad de artículos y elementos domésticos que se fueron depositando a través del tiempo bajo las construcciones, calles y plazas y que nos dan una imagen bastante cercana de lo que fue la vida de los habitantes de Buenos Aires desde su primera fundación en 1536. Nos referiremos ahora al caso de la estación Coghlan. Recordemos que las estaciones de ferrocarril instaladas desde finales del siglo XIX fueron las promotoras del desarrollo de muchos barrios de la ciudad. Apenas construida, la estación Coghlan presentaba una serie de playas de maniobras, talleres e instalaciones que, con el correr del tiempo, fueron desapareciendo por diversas causas. Los espacios vacíos se pueden observar hoy a ambos lados de la estación. En 2001 se llevaron a cabo algunas excavaciones arqueológicas que permitieron comprobar que aún se conserva buena parte de las primitivas vías y durmientes, así como también muestras de la vida cotidiana: vidrios, porcelanas y lozas.
Buenos Aires creció muy rápidamente y eso provocó una inexorable destrucción de materiales del pasado, testimonio irrefutable de la memoria urbana.
Nos permitimos consignar en estas páginas algunas de las más importantes recomendaciones que estableció la Dirección General de Patrimonio, dependiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, para que los vecinos colaboren en la preservación de ese pasado histórico que en todos los casos resulta de suma importancia:
La arqueología urbana es un trabajo de especialistas, pero en forma habitual se producen hallazgos casuales mientras se hacen obras de demolición, se pasan caños por la vereda o la calzada o se repara un piso o una pared. En esos casos se recomienda: 1) Si usted está en el momento del hallazgo póngase en contacto inmediatamente con la Dirección General de Patrimonio (tel. 4323-9400 int. 2806); 2) Si la excavación se está haciendo o se ha acabado, trate de rescatar lo siguiente: Información. Qué se encontró, quién lo hizo, tome los datos de las cuadrillas en la vereda, la dirección donde sucedió y todo lo que usted considere importante. Fotografías. Si usted puede hacerlo tome fotografías, aunque no sean de calidad, o pídale a un vecino que lo haga. Dibujos o Planos. Si está en la posibilidad de hacerlos o sabe quién puede hacerlo en la zona, haga un croquis, un dibujo o un plano lo más ajustado que pueda y anote en él todo lo que haya visto o lo que dijeron haber visto.
Como vemos, Buenos Aires aún sigue guardando muchos misterios que nosotros, sus habitantes, debemos colaborar para ir descubriendo y así llegar, en algún momento, a conocer el rico historial de su pasado.
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Imagen: Museo de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" de Buenos Aires (Foto:buenosaires.travel) 
Tomado del periódico El Barrio, diciembre 2006.