21 mar. 2011

¡Maldita yuta!


(De Germán Cáceres)  

La historieta policial argentina se desarrolla en el país (sobre todo en Buenos Aires) y también en el exterior (preferentemente en Nueva York).
Según Trillo y Saccomanno, el primer detective porteño que apareció en historieta fue Carlos Norton (1932), con guión de Jacinto Amenábar y dibujos de Roberto Bernabó. Provenía de un folletín radial y se ubicaba en la pauta deductiva del género.
 Lo siguió Vito Nervio (1945) -del cual ya se escribió en este blog-, de Emilio Cortinas (dibujo) y Mirco Repetto (guión). Luego lo continuaron Alberto Breccia y Leonardo Wadel. Constituyó en su momento un acontecimiento el que un detective argentino viviera exóticas y bien tramadas aventuras en el extranjero, sobre todo en Francia.
La original Sherlock Time (1958) representó otra estupenda contribución de Alberto Breccia, cuyo dibujo cargado de sombras se amalgamaba con el guión de Héctor Germán Oesterheld, curiosa especie de policial de ciencia ficción que ubicaba la acción en San Isidro y en Buenos Aires.
Pero Richard Long (1963) es el gran logro de la dupla. Esta historieta unitaria de sólo dieciocho cuadros expone en un prodigio de síntesis narrativa una amarga historia de amor y crimen, en la cual todo se arregla con dinero, el supremo valor de la existencia. Un relato durísimo de Oesterheld que no hubiesen dudado firmar Richard Stark o David Goodis. El grafismo de Breccia se torna aquí vanguardista y renovador, con técnicas de collage y gran preocupación por la textura. Esta propuesta de Breccia se acentúa en Un tal Daneri (1974), con textos de Carlos Trillo, donde Buenos Aires adquiere un alucinante clima de pesadilla. Míseras historias de fracasos e incomprensiones, con finales crudos y desesperados, se encargan de señalar el destino trágico de los seres humanos.
El guionista Ray Collins representa una de las mayores aportaciones al género. Se pueden nombrar valiosas historietas suyas como Chinatown, A quemarropa y Sharks y Vargas, con dibujos de Enio, Jesús Balbi y Clemente Rezzónico, respectivamente; pero su punto más alto fue Precinto 56 (1963), que se desarrolla en Nueva York y consta de tres versiones en cuanto al dibujo: José Muñoz, Ángel Fernández y Gustavo Trigo.
Este último historietista exhibió un dibujo de calidad y rebosante de alegría en ¡Marc! (1971), con textos de Osvaldo Lamborghini. El protagonista parisino combate a bandas internacionales en ambientes extravagantes dentro de una veta que debe mucho al James Bond de Ian Fleming.
Otra excelente inventiva gráfica desarrolló Gustavo Trigo en Serie Negra (1976), que al principio dibujó Horacio Altuna. El texto correspondió a otro importantísimo baluarte de la historieta policial: Guillermo Saccomanno. Este guionista menciona constantemente sus fuentes culturales a través de citas.
Alack Sinner (1974) está ambientada en Nueva York y sus autores son dos argentinos (Carlos Sampayo -guión- y José Muñoz -arte-) que la realizaron en Italia para la revista Alterlinus. Tomó como modelo el hard-boiled norteamericano, en sus vertientes literarias y fílmicas, pero fue mucho más allá porque el elemento sociológico se convirtió en el centro de interés.
Savarese (1978), de Robin Wood (texto) y Domingo Roberto Mandrafina (arte), narra las aventuras de un inmigrante siciliano que llega a ser agente del F.B.I. El protagonista lucha contra la mafia y los episodios suelen finalizar con violentos tiroteos.
Pero la historieta que pinta la cruda verdad del trabajo de la policía es Evaristo (1984), guionada por Carlos Sampayo y con dibujos de Francisco Solano López. Localizada en Buenos Aires, otorga convicción a la pintura de ambientes y personajes. Ello deviene de los comentarios sobre la realidad nacional que Evaristo formula a través de titulares de diarios. Pero lo que se impone es la verosimilitud de los procedimientos policiales: nada de mágicas hazañas, de deslumbrantes deducciones; sólo seguimientos, delaciones, testimonios, la ayuda de soplones, confesiones. No debe dejarse de lado que el protagonista está inspirado en el célebre comisario Evaristo Meneses. Se ha criticado su machismo y una prepotencia -limpia su pistola mientras interroga- que lo emparienta con actitudes fascistas, características personales que Sampayo respetó en su afán verista. Las historias son ágiles, modernas, con escaso texto y abundantes elipsis, que privilegian lo visual. El guión recurre a raccontos, numerosos cuadros mudos y a un montaje cinematográfico que el estilo potente y rústico de Solano López recoge robusteciendo la acción.
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Ilustración: Cuadro de la historieta Evaristo. Dibujo de Francisco Solano López.