12 mar. 2011

Asombro, historias y carnavales


 (De Gabriela Sharpe)

Permitan los vecinos de Boedo que una oriunda de San Telmo eche una  mirada al barrio. Nada nuevo esta cronista va a decir para ustedes, sabedores de historias y quimeras.
La idea empezó al escuchar FM Boedo, de la que vaya a saber por qué avatares de la vida soy fanática, y los conductores del programa “En ayunas”, mañaneros de Boedo, enfurecidos, ese es el término apropiado, al leer el cable de la agencia Telam, en el cual daba a entender que el corso de Boedo tuvo mucha asistencia de gente porque tocaban los Auténticos Decadentes. “¡No, no y no!”, fue la respuesta contundente de los periodistas, quienes enfatizaron en que el corso de ese barrio concentraba gente por sí solo, que era una tradición, que era parte del barrio, y más.
Con la curiosidad de saber si esto era así realmente, la  cronista se propuso hacer la nota del cierre del carnaval, se tomó el subte y se bajó en la estación Boedo de la Línea E.
Con todos los sentidos alertas y la paciencia suficiente para soportar lo inevitable: la espuma, por dar un solo ejemplo, emprendió viaje.  De la boca del subte salió a la esquina de Álvaro Yunque y Homero Manzi, más conocida como San Juan y Boedo.  Y estas dos placas ya la dejaron perpleja.
El que viene de otro barrio, en este caso de San Telmo, donde tuvo lugar la fundación de la ciudad, donde está emplazado el casco histórico,  se asombró al ser recibida por dos placas, que hicieron las veces de presentación.  Acá está, este es Boedo.
Para que uno crezca con identidad, es esencial inculcar desde chico lo más básico, la historia del lugar donde vive: lo barrial; con los años llegará la otra historia.  Pero esa, la primera, marca. Lo hace a uno querer algo, en este caso, ni tan poco ni tan mucho, como el barrio.
Esa sensación de falta me dio al llegar a Boedo y ser recibida con parte de su cultura.  Y en ese momento a esta cronista le cayó la ficha,  que en San Telmo, las placas brillan por su ausencia.
El corso, los aerosoles con espuma, las murgas, “el carnaval que perdió 35 años de silencio”, la alegría, la gente, quedaron en un segundo plano.
Y lápiz en mano, espuma en los ojos, mojado el papel, no podía parar de escribir lo que decían las placas, de las que sólo pudo ver algunas; la alegría del corso impidió ver el resto. Por ejemplo, no sin asombro, anoté: “Aquí estuvo el Circo Politeama Anselmi, que se destacó a principios del siglo XX y a partir de 1926, Cine Los Andes, en el que actuó Gardel”, hoy funciona Coto; la placa donde estuvo la Editorial Claridad, en Boedo 837; el “Trianón”, desde 1940, los creadores del auténtico sándwich de pavita.
Pero lo que más me llamó la atención fue la placa colocada en el frente del café “Margot” en la que se lee “Placa a Orlando Lacava creador de la carroza ganadora de la fiesta de la primavera, 1980”, o esta que dice: “Héctor A. González, hombre de Boedo y custodio de su identidad.  Creador del Espacio de Teatro Boedo XXI”.  Disculpen la ignorancia de la que esto escribe, no conozco a estos personajes, pero obviamente Boedo sí y los reconoce de esta manera.
No perder la historia es de una dignidad sublime. Felicito al barrio por cuidar tan bien a sus habitantes.
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Imagen: Chapa que recuerda a la Editorial Claridad en Boedo 837 (Foto rubderoliv).