30 oct. 2010

San Juan y Boedo: los que son, los que fueron

(De Isidoro Blaisten)

Yo no sé qué incierto azar, qué trabajado destino –“el azar o el destino (ambos términos son sinónimos)”, escribió Borges–  quiso que yo permaneciese durante siete años en una galería perdida, en esa esquina de Boedo y San Juan.
En esa esquina tuve una librería y pasé siete años de mi vida esperando resolver mis urgencias económicas. Mis urgencias económicas continúan pero hoy, de San Juan y Boedo, del barrio de Boedo, recuerdo una etapa feliz, desenfadada y terminada. De San Juan y Boedo recuerdo lo que he escrito.
Recordaré, seguiré recordando, al que nunca compraba, a la novia de América, al juguetero que murió la víspera de Navidad, y a todos aquellos que ya no están y que hace siete años estuvieron. Estuvieron y me visitaron y se sentaron a la mesita de esperar, y me acompañaron en innumerables tardes, en innombrables crepúsculos, en desoladas mañanas. Ellos son, fueron: Aída Carballo, Ulyses Petit de Murat, Juan José Ceselli, Ángel Reta.
Quizás el único homenaje personal e intransferible que yo les haya dejado es lo que he escrito. No sé si el tiempo permitirá su permanencia, pero sé que en esa esquina, en esa librería que se llamo “San Juan y Boedo” escribí tres libros. Sobre esa mesita de esperar escribí Cerrado por melancolía, escribí Anticonferencias, escribí Carroza y reina. Por esas páginas pasaron seres que existieron (el tiempo dirá si existirán), pasaron Gonzalito, Bassi grande, Bassi chico, el doctor Bosco, todos los mozos, todos los dueños de “Avignon”, todos los mozos, todos los dueños del “Canadian”. Una topografía real, una mitología escondida están en esas páginas. Quizás muy pocos se hayan dado cuenta, quizás no se pueda ver lo que está tan cerca, quizás la cercanía no sea más que una de las formas de la exasperación, quizás el recuerdo sea posible porque existe el distanciamiento. Nadie notó que esos personajes eran reales, que existen; ni los mismos personajes lo notaron. Los personajes no leen, son leídos. Quizás cierto uso presuponga que todo personaje es literario, toda moda es cierta, toda referencia es antigua. Sin embargo, están; está, por ejemplo, el doctor Benjamín Boscoboinik, a quien llamábamos el doctor Bosco, que tiene consultorio en Carlos Calvo 3754, y que ayudó a nacer durante treinta años a todos los que hoy viven en San Juan y Boedo. Está don Omar Bassi que, como Celedonio Flores, como Homero Expósito, como Homero Manzi, es uno de los grandes señores de Boedo. Y está su hijo, Bassi chico, el doctor Bassi, criador de caballos de carrera, todos con nombre de tango. Y está Pascual Migale de Nicótera, en cuya casa, en la casa de la vecchiarella, gracias a la caridad cristiana, fui a comer tantas veces.
Está también Alfredo Moffat, que me explicaba en el “Canadian” la psicoterapia del oprimido y las estrategias para sobrevivir en Buenos Aires. Y están Claudio Bologna, Lucía Perrini y Juan Montero Lacasa, y está Juan Migliavacca, que me prestaba los libros de su librería para que yo los pudiera vender. Y está González, a quien yo llamé Gonzalito, que quiso hacer de Boedo un lugar ideal, limpio, eterno.
De cualquier forma, todo esto ha sido escrito y hoy quiero recordar a todos aquellos que han pasado por esa mítica librería, que me hicieron compañía, que esperaron conmigo al eterno comprador que nunca llegaba. Quiero recordar a Abelardo Castillo, Juan José Jusid, Mona Moncalvillo, Angélica Gorodischer, Rubén Massera, Atilio Jorge Castelpoggi, Raúl Zoppi, Silvia Plager, Ricardo Zelarrayán, Ignacio Xurxo, Manuela Fingueret, Liliana Heker, Orlando Barone, Paula y Fernanda Gómez, Ana Tarsia, Josefina Delgado, Jorgito Agman, Alberto Perrone, Guillermo Boido, Elena Zambonini, Rubén Derlis, Santiago Kovadloff, Hebe Cardoso, Tito Agosti, Juan Carlos Vitale, Tito Feierstein, Silvia Iparraguirre, el turco Asís, Bernardo Jobson, Hebe Uhart, Susana Silvestre, Pedro Gaeta, Gloria Gitaroff, Luis de Paola, Néstor Taboada Terán, Luis Gregorich, Juan Carlos Cosín, Hugo Ditaranto, Rubén Cáccamo, Nira Etchenique, Carlos Garramuño, Rodolfo Carcavallo, Antonio Requeni, Lucila Castro, Alicia Digón, Pascual Menutti, Alfredo Veiravé, Juan José Manauta, Tomás Moro Simpson, Alicia Dujovne Ortiz, Raúl Vera Campo, Oscar Travaglino.
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Imagen: Isidoro Blaisten (1982). (Foto: Rubderoliv).
Texto tomado de Pasión de Boedo Aires, (poemas y prosas), Bs. As., 2000.