8 feb. 2014

El terremoto de San Juan



(De Mario Bellocchio)
  
A las 9 menos diez de la tarde-noche del 15 de enero de 1944 se producía la mayor catástrofe de origen natural de que se tenga registro en nuestro país en cuanto a la destrucción y el número de víctimas fatales consecuentes. Un terremoto de 7.4 grados en la escala de Richter derruía completamente casi la totalidad de las viviendas de la ciudad de San Juan. El fenómeno duró apenas 90 segundos pero su intensidad y la precariedad de las construcciones, muchas de ellas de adobe,  fueron letales. Cuentan las crónicas de la época que “En pocos segundos se derrumbaron más del 90 % de las edificaciones. Apenas entre 30 y 40 casas permanecieron intactas. De inmediato se interrumpieron los servicios públicos y sobrevino el caos. Al día siguiente, aproximadamente cuatro mil cadáveres fueron apilados y por recomendación de las autoridades sanitarias se los quemó para evitar epidemias. El 10 % de la población fue arrasado, murieron 10 mil personas y otras 12 mil resultaron heridas. Más de mil niños quedaron huérfanos y otros cientos separados de sus padres que aún vivían”.
 Recuerda el “Diario de Cuyo” que: “Desde la mañana los animales se habían comportado de manera extraña: los gallos no cantaron al amanecer sino al atardecer, los caballos relincharon inquietos y los perros, gimiendo, quizá de miedo, buscaron sin cesar algún lugar oscuro donde refugiarse. Pero nadie se apercibió de lo que anunciaban y cuando las grietas se abrieron, ya era demasiado tarde: en minutos todo se vino abajo, la Catedral incluida.
Y hasta los que habían logrado escapar hacia la calle, fueron aplastados por la mampostería de los viejos edificios que se bambolearon y finalmente cayeron, incapaces de resistir, porque inexplicablemente –desde 1900 se sabía que San Juan estaba situada en zona altamente sísmica– no habían sido hechos para eso”.
[…] “como era usual los sábados, a la hora en que se produjo el terremoto se celebraban casamientos en las principales iglesias, cuatro de las cuales –Concepción, Catedral, Trinidad y La Merced– se derrumbaron sobre los contrayentes, los sacerdotes y centenares de invitados”.
“El Regimiento 22 de Infantería de Montaña organizó en la madrugada del 16 de enero los primeros socorros a la población y dos trenes, uno mendocino y otro cordobés, llegaron de inmediato con personal médico para asistir a los heridos. Inclusive los 500 presos de la cárcel de Marquesado fueron liberados para que auxiliaran a sus familiares”.
“Miles de heridos de gravedad comenzaron a ser llevados al día siguiente en tren o en autos de familiares a hospitales de provincias vecinas, ya que los de San Juan habían resultado dañados y se carecía de luz eléctrica”.
“Ese 16 al mediodía, el coronel Juan Domingo Perón habló por la Red Argentina de Radiodifusión: ‘Se hace necesario ahora la colaboración del pueblo argentino que reclamo en estos momentos y que, descuento, se concretará en los cuatro puntos cardinales...’, dijo”.
“El terremoto cambió totalmente la fisonomía de San Juan, que de ciudad colonial pasó a ser moderna y antisísmica, pero la reconstrucción no fue una tarea fácil: duró hasta 1960 y demandó la ayuda suplementaria de la Nación”.
 “Tras el acto de beneficencia en el Luna Park, donde Perón conoció a Evita, también los porteños se movilizaron para ayudar: en los días subsiguientes comenzaron a salir desde Buenos Aires trenes cargados con alimentos y ropa para los damnificados”.
 “Cuando Eva Duarte se encontró por primera vez con Juan Domingo Perón en el Luna Park, la noche del 22 de enero de 1944, en que se daba una función artística de beneficencia de los damnificados por el terremoto de San Juan, ella le dijo: ‘Gracias por existir’. O no se lo dijo nunca, para los términos de la historia mezquina que resiente de imaginaciones, porque la frase la inventó Tomás Eloy Martínez […] en su novela Santa Evita” (1)
 La intervención del Estado nacional junto al provincial fue inmediata. El ejército se encargó de la seguridad, removió escombros, retiró víctimas, limpió rutas y organizó el auxilio. Simultáneamente, se puso en marcha el mayor operativo sanitario de ayuda que registra la historia argentina en el que, incluso, se estableció un puente aéreo con Santiago de Chile.
Al otro día, en representación del presidente Ramírez, Juan Domingo Perón, como flamante secretario de trabajo, habló al país por la cadena radial informando sobre la situación y anunció la realización de una única colecta oficial de ayuda a las víctimas convocando a toda la ciudadanía a reunirse el lunes 18 en el actual Palacio Legislativo porteño, por entonces sede de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Ese mismo lunes, día de duelo nacional, el gobierno, temiendo disturbios y enfermedades, dispuso la evacuación de la capital sanjuanina. En cinco días fueron trasladadas más de 21 mil personas, decenas de miles por ferrocarril en trenes especiales, cientos en camiones. Tan solo Mendoza recibió 18 mil refugiados.
 Donaciones, colectas, festivales y, en general, una movilización popular nunca vista otorgaron el debido marco solidario a la catástrofe.
“Estamos en el cuarto día de actividad. Se han reunido ya por contribución popular ocho millones de pesos en efectivo. Se han recibido importantes donaciones en mercaderías cuyo valor alcanza también a 17 millones de pesos. Hemos enviado para atender las necesidades de San Juan, veinte trenes con una carga total de 600.000 kilogramos integrada por víveres, ropas, medicamentos, instrumental quirúrgico, camas, colchones y otros enseres reclamados con urgencia. Utilizando aviones del ejército, la armada y empresas particulares, se ha remitido gran cantidad de elementos sanitarios, así como personal técnico. Mucho nos queda aún por hacer”, dijo al país por radio el Secretario de Trabajo y Previsión la noche del miércoles.
La obra de la Secretaría fue enorme. Diariamente proveyó alimentos a 45.000 sobrevivientes y 18.000 refugiados. A Retiro arribó el primer tren con evacuados y Perón les dio la bienvenida. La mayoría era gente humilde que había perdido todas sus pertenencias.
El 4 de abril de 1944, en un acto efectuado en la Casa de Gobierno, Perón puso en manos de su amigo Edelmiro Farrell, ya presidente –con quien había compartido el ringside del Luna Park la noche del fatídico sábado 15 de enero–, la recaudación de la “Colecta Pro Víctimas del Sismo de San Juan”, algo más de 33 millones de pesos de aquella época. Ya vendría la laboriosa y prolongada reconstrucción, pero ese acto tenía un simbolismo solidario muy especial: instituciones y pueblo habían asumido, con su denodada tarea, el compromiso de ponerse a la altura de las aciagas circunstancias.
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(1) Sergio Ramírez para “La Nación”. Barranquilla, Colombia.

Fotografía: Tapa del diario "Crítica" en su quinta edición.
Nota e imagen tomadas del periódico "Desde Boedo".