21 nov. 2013

"Leoplán", la publicación argentina que marcó una época


(De Martín Visuara)

"Leoplán” fue una de las revistas argentinas pioneras a la hora de compaginar ficción con notas de actualidad. A fines del año 1934, Ramón Sopena fundó un espacio que habría de existir hasta 1965. Primero apareció con frecuencia quincenal y después de los años 50 y hasta su cierre la revista fue mensual. Fue una de las revistas de mayor influencia sobre varias generaciones, se definió desde la tapa como un “Magazine Popular Argentino” como una verdadera declaración de principios. Así acercó autores clásicos rusos, franceses y norteamericanos al gran público al mismo tiempo que incluía material periodístico de algunos de los mejores escritores argentinos de los años veinte en adelante. “Leoplán” además solía publicar novelas completas e ilustradas. Desde “Los tres mosqueteros” de Dumas, pasando por “Anna Karenina” de Tolstoi o la hoy inocente y olvidada “La cabaña del Tío Tom” de Harriet Stowe.
La revista, dedicada a la incipiente clase media de mediados de los años ’30, abarcó tres décadas de entregas, llegando a publicar 700 ediciones. Los relatos estaban ilustrados con dibujos o fotogramas de películas en donde las estrellas del cine representaban a los personajes de las historias. Un verdadero semillero de periodistas como lo fueron en su momento Enrique González Tuñón, Ignacio Covarrubias, Carlos Duelo Cavero y Adolfo R. Avilés entre otros alternaron su trabajo con los nuevos que dieron sus primeros pasos en el mundo de las publicaciones como Horacio de Dios, Miguel Bonasso y Sergio Rubén Calé. Miguel Brascó, por su parte, tenía a su cargo la dirección del suplemento de humor que se editaba con la revista. También la revista contó con colaboradores extranjeros como el escritor Erskine Johnnson, quien hacía sus crónicas desde Hollywood. Mientras que desde París hacía lo mismo el crítico André B. Lartigau entre otros.
La revista “Leoplán” marcó una época en la cercanía con el lector. Ramón Sopena creó, diagramó y le prestó especial atención a las cartas que los lectores remitían a la revista. De ellas surgieron muchas de las secciones que le dieron un estilo definido a la publicación. Las consultas y preguntas que hacían los lectores como ¿Qué diferencias hay entre trajes oscuros y claros? ¿Cómo combinar calcetines con corbatas? ¿Cómo utilizar el sombrero? fueron el origen de novedosas secciones como el “Consultorio del hombre elegante” o “Si tiene un tiempito…bástese a sí mismo” dirigida a las reparaciones que podían surgir en el hogar. Trabajos a realizar y consejos útiles a la hora de enfrentar estos problemas por los hombres y mujeres de la primera mitad del siglo pasado.
También, y entre los inventos de Ramón Sopena para su revista, estaban las muy recordadas secciones “Arquitectura racional” y “Vida rural”. La primera daba una singular visión casi anticipatoria en donde se abogaba por la cordura a la hora de las nuevas viviendas, los espacios verdes en la época pre-ecológica, con indicaciones sobre la conservación de los espacios históricos y de la concepción modernista del barrio. “Vida rural” estaba casi dedicada a aquellos lectores de “Leoplán” que vivían en las lejanías de los suburbios y en donde podían muy bien convivir pequeñas huertas con vida más sana. Secciones que le dieron un perfil y que marcaron un sello de identidad de la revista. Secciones que en definitiva relatan  un tiempo hoy lejano pero que le hablaba a ese nuevo ciudadano de los años treinta y cuarenta que comenzaba a surgir en la gran ciudad que quería  ser Buenos Aires. “Leoplán” también cobijó a un escritor proveniente de la editorial Hachette: Rodolfo Walsh, amante del ajedrez y de la novela policial, publicó sus primeros cuentos como “Los nutrieros”; “La sombra de un pájaro” y “Tres portugueses bajo un paraguas”  en la revista “Leoplán”. Diez años más tarde, la tira Mafalda de Quino, dibujo creado para una campaña publicitaria de lavarropas, tuvo su bautismo ante el gran público en las páginas de “Leoplán” iniciando una carrera que aún hoy resuena en todo el mundo. Una revista cultural, con tapas a color y con 170 páginas en riguroso sepia al comienzo, para pasar luego al blanco y negro, bastaron para que al poco de andar se transformara en una revista esencial de información general y que con sus grandes aportes literarios marcó, durante una larga época, el panorama editorial de la Argentina. “Leoplán” ocupó durante muchas décadas la referencia de este tipo de publicaciones en toda América Latina.
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Foto: Uno de los números de la revista “Leoplán”. (tomado de www.todohistorietas.com.ar)
La nota fue tomada de la página  Magazine D-Revistas.