28 abr. 2013

Bleque y Ruberol



(De José Muchnik)
  
Engañaron a Santa María, nacimos de una gran confusión, en realidad los porteños no sufrimos de engreimiento, sufrimos de credulidad aguda, siempre fuimos muy crédulos, y cuando se descascaran las creencias acudimos a vanidades para disimular fachadas, en el fondo somos muy frágiles, plantados en el limo del Plata, tronco a la merced de sudestadas, raíces ensortijadas en corrientes migratorias, la dificultad es llegar al fondo entre tanta fragilidad y confusiones. El Buen Ayre fue un espejismo colonial, el aire nunca fue bueno en estas latitudes, tormentas, inundaciones, barro en aluviones, changadores cargando gente de alcurnia para atravesar calles coloniales, veranos que se pegan a la piel, inviernos incrustados en los huesos ¡Santa María del Buen Ayre! ¿Chiste de gallegos? ¿Ironía de andaluces? Y aquí estamos, como el clima, impredecibles, almas nubladas, despejadas, mejorando luego, Pompeya y más allá... Bautizados “Santa Bárbara de las Buenas Tormentas” (1) hubiéramos nacido más cerca de la realidad, ahora ya es tarde, la realidad se nos despegó al nacer como ombligo maduro y seguimos soñando nuestra ciudad como si fuera cierta, de eso podemos estar orgullosos, Buenos Aires cuna de soñadores, poetas boedónicos lo atestiguan: “Están los que comprenden la realidad: anteojos, noticias, bananas, candados para guardar la sopa. Y los que escuchan árboles predicando el mensaje a pesar de las baldosas [...] Hay que vivir en la realidad. Pues los que ven en la ventana del papel moneda una vida exprimida. Los que escuchan sillas conversando para compartir sus desgracias. Los que saben que relojes son paraguas para protegernos de otras intemperies... [...] Pueden ser severamente condenados a perder el equilibrio para siempre... y despertarse en un sueño diferente.”
¡Josecito! ¡Josecito! ...¡dejá de soñar! ¿de qué querés hablar?, no podés jugar así con los lectores, bleque y ruberol ni siquiera existen en el diccionario ¿qué tiene que ver Santa Bárbara en esta historia?... Hola, hola, ¡ah, sí! ¡Sí! ...gracias:  a fuerza de hacer memoria se me enredan los recuerdos, tal vez me equivoqué, pero aún me parece escucharlo, pibe dos latas de bleque y un rollo de ruberol. El bleque era una especie de alquitrán que venía en latas cuadradas de cinco o veinte litros, el Ruberol un cartón negro impermeabilizado en rollos de un metro y medio de ancho; cuando llegaba tormenta se vendían como pan dulce en Navidad. Corrían los años cincuenta. Pensándolo a distancia Ruberol debe ser una naturalización criolla del inglés rubber all, como tiner, fulbo (2) o el mismísimo chimichurri. No se ofenda paisano, nos guste o no fueron los ingleses que inventaron nuestro deporte nacional, y el sabroso condimento que acompaña nuestros asados toma sus fuentes en “give me curry” (3). Palabras como hombres, viajan, se mezclan fertilizando lenguas y tierras, todos hijos de un gran mestizaje, ¿razas? sólo sangres que circulan cubriéndose con túnicas diferentes. Pucho, quechua, capo, italiano, kilombo, africano, nuestra inconfundible che (4) y tantas otras fueron moldeando el castellano hablado en estas costas.¿Bleque?, vaya a saber los orígenes, que lo aclare algún lector amable.
Los clientes comenzaban a llegar antes de que parara de llover, mis diez años tenían la agradable sensación de servir para algo, de ser alguien; como la gente y sus casas yo también pertenecía a la tormenta, venían desesperados: no se imagina lo que es Don, le decían a mi viejo, se volaron dos chapas, se cayó medio cielorraso, no alcanzan palanganas para juntar el agua... Me gustaba medir el Ruberol, una patadita y el rollo negro se desplegaba sobre el piso de la ferretería, no hacía falta metro, medían las baldosas, sólo una tiza para ir marcando, enrollar a medida que medía, un golpe de tijera, piolín para atar el rollo, tenga jefe, cliente sonriente, satisfecho, valió la pena mojarse un poco, llegar antes de que parara de llover.
Con los que llegaban tarde la historia era otra, el sentimiento era de culpa, no sabía qué cara poner para pronunciar las cuatro sílabas, noquedamás, las decía así juntitas para vadear rápido ese momento, saltarlo como obstáculo en carrera olímpica, de todos modos la réplica llegaba contundente ¡¿Cómo no queda más?! , se terminó, ¡¿Cómo se terminó?! desde mi edad madura, desde este PH en la calle Garay donde escribo esta viñeta mientras repiquetea la lluvia, contestaría, así es amigo todo se termina algún día en la vida, salvo el amor si se sabe cuidarlo, pero desde mis diez años tiraba con inocencia la pelota afuera, no sé jefe pregúntele a mi viejo. Para suavizar la culpa o para vender algo, solía agregar según la reacción del cliente, clavos para techo quedan (5) a ver si va a otro lado y justo no tienen. En la mayoría de los casos funcionaba, tenés razón pibe, dame dos docenas, aunque en ese clima eléctrico no faltaban respuestas borrascosas, andá a cagar pendejo metete los clavos para techo en el...
Desde la Colonia hasta la de abril del 2013 las inundaciones de Buenos Aires no esperaron el cambio climático. Ulrico Schmidl, uno de los primeros cronistas europeos en estos lares ya hace referencia a las mismas (6).  Tres siglos después llegó el progreso, el hormigón y el corsé para los arroyos que surcaban libremente la ciudad; cuenta la leyenda familiar que en Villa Crespo, a la vera del Maldonado mi padre enamoró a mi madre, hacia fines de los años veinte. Pensar que desde la Plaza Constitución bajaba un arroyo hacia el Río de la Plata, el Tercero del Sur, fue el primero que sometieron en 1865. Y así fueron entubando, especulando, inundando (7). Si hubieran pensado que la naturaleza es difícil entubarla, tal vez tendríamos hoy vaporettos (8) surcando la Juan B. Justo hasta Pacífico, o bajando por Brasil hacia el parque Lezama.
Tal vez no sea tan tarde, que Santa Bárbara nos proteja.
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(1) Santa Bárbara: virgen y mártir, fue condenada a muerte por su devoción al cristianismo. Su propio padre llevó a cabo la sentencia. Fue castigado el padre del mártir al volver a su casa; le cayó un rayo y le incendió su cuerpo. Como resultado se acude a Santa Bárbara como protectora cuando caen rayos durante temporales y por consecuencia ella es patrona de artilleros y mineros. David C. Knowlton, Santa Bárbara y El Rayo en Copacabana,http://www.academia.edu/2001594/Santa_Barbara_y_El_Rayo_en_Copacabana
(2)  Ruberol, engomarlo todo, del inglés rubber (goma) y all (todo). Tiner, adelgazador, solvente utilizado para diluir pinturas, del inglés thin (delgado). Fulbo o fútbol, del inglés foot (pie) y ball (pelota).
(3). “Give me curry”: en inglés “dame el condimento”, “curry” proviene a su vez de “kari”, “salsa” en  idioma tamil, lengua hablada en el sur de la India y en Sri Lanka, antiguamente Ceylan, ex colonias inglesas.
(4) Pucho: del quechua puchu, sobra; resto; residuo; Capo: del italiano jefe, proveniente a su vez del latín “caput” cabeza; Kilombo: palabra que llega a la Argentina a través de Brasil, donde designaba a las poblaciones de esclavos insurrectos (ver historia del Kilombo dos Palmares), a su vez proveniente del kimbundu, lengua bantú en la que significa población / poblado; Che: existen dos versiones sobre el origen de esta palabra, del guaraní en el que se usa como “yo” o “mi” o del mapuche “gente”.
(5) Los clavos para techo eran y son clavos de tres o cuatro pulgadas de largo con cabeza de plomo que, trataban de impedir que las chapas de zinc volvieran a jugar con el viento clavándolas a las vigas del techo.
(6) Ulrico Schmidl: "La Admirable navegación realizada por el Nuevo Mundo entre Brasil y el Río de la Plata entre los años 1534 al 1554" (editada en lengua alemana). Participó en 1534 en la expedición de Pedro de Mendoza.
(7) “El entubamiento del arroyo Maldonado (hoy avenida Juan B. Justo) fue el mejor negocio para los especuladores y los vendedores de obras y el peor para los vecinos. […] Al esconder el arroyo negaron su existencia y pudieron hacer enormes negocios inmobiliarios. Por el contrario, un arroyo cualquiera se comporta en una crecida mucho peor si está entubado que si corre a cielo abierto”. Antonio Elio Brailovsk: “Buenos Aires, ciudad inundable", coedición Kaicrón-Le Monde Diplomatique. www.arquimaster.com.ar
(8). Vaporetto: pequeñas embarcaciones utilizadas para el transporte de pasajeros en los canales de Venezia.

Imagen: La inundación de abril de 2013 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires resultó ser una de las más severa, si no la peor de las acaecidas hasta la fecha (Foto del diario "La Nación")
Tomado del periódico “Desde Boedo”, abril 2013.