14 jun. 2014

El monumento a Domingo Faustino Sarmiento



(De Miguel Ruffo)

Domingo Faustino Sarmiento tal vez fue el intelectual más polémico de la Argentina del siglo XIX. Polémico por su confrontación con Juan Manuel de Rosas (pero esto sólo lo podemos decir, en cierta medida desde el hoy, ya que parte de este aspecto de su personalidad se debe a la reivindicación de Rosas por el revisionismo histórico); polémico por ciertas apreciaciones del gaucho en la dicotomía de civilización y barbarie y sobre todo por su “guerra de policía” contra Ángel Vicente Peñaloza, “El Chacho”; polémico por su enfrentamiento con la burguesía terrateniente pampeana cuando les dijo que eran una “aristocracia con olor a bosta”. Polémico Sarmiento, polémica la obra de arte que lo recuerda. “El monumento generó descontento popular debido a la falta de parecido del rostro de Sarmiento. El día de la inauguración estaba organizado como un verdadero festejo, incluyó la iluminación de la parte céntrica de la ciudad y de la Casa de Gobierno. Todas las celebraciones se vieron empañadas por el comentario generalizado de los asistentes al acto, cuando el monumento fue descubierto, la exclamación fue generalizada: ‘¡Ese no es Sarmiento’” (1). Las críticas florecían, desde la de Augusto Belín Sarmiento que veía en la representación fisonómica de su abuelo a un orangután, hasta la de Leopoldo Lugones que proponía cambiar la cabeza de la escultura. El autor del monumento a Domingo Faustino Sarmiento es Augusto Rodin, quién revolucionó el arte escultórico a fines del siglo XIX. Rodin expresaba: “para mí la escultura moderna no debe ser una imitación de la fotografía. El artista no solamente tiene que trabajar con su mano, sino, sobre todo, con su inteligencia” (2). Es que en la polémica suscitada resonaban antiguas concepciones estéticas desde las que se piensa al arte como mímesis o imitación de la realidad. Y esto estaba muy acentuado en el campo artístico de Buenos Aires desde los orígenes del arte argentino. Así, a nuestros primeros retratistas, no se les exigía vuelo estético en la composición del retrato, sino parecido físico entre el representado y su representación. Lo dicho para la pintura, vale también para la escultura. Podemos decir que la obra de Augusto Rodin irrumpió con el modernismo, en un medio escultórico local, donde lo dominante era el arte clásico o neoclásico. “Eduardo Schiaffino fue el defensor de Rodin y de su monumento […] trató de explicar la obra del escultor al público y al gobierno nacional, la justificaba porque era la expresión de un arte nuevo, reflejo de la modernidad.” (3). El monumento a Domingo Faustino Sarmiento fue inaugurado el 25 de mayo de 1900 y se lo emplazó en el Parque 3 de Febrero (Palermo). Es una figura de bronce, en la que el personaje está envuelto en una capa, en actitud de avanzar. Se apoya en un basamento en cuyo frente vemos un relieve de Apolo y una serpiente; mientras en la parte posterior se encuentra el escudo nacional. ¿Cuál es el simbolismo que se desprende de estas figuras y cómo se relacionan con Sarmiento? Apolo es una de las divinidades olímpicas, parte del ciclo o la era de Zeus, y representa la luz. Esta a su vez simboliza el pensamiento; recordemos al respecto que el siglo XVIII es denominado El Siglo de las Luces y su filosofía dominante, el iluminismo o la Ilustración, se encuentra en la génesis de la Revolución Francesa de 1789 y en la prolongación de la época burguesa al Río de la Plata con la Revolución de Mayo. La luz, el pensamiento, la razón; en oposición a la religión y el clericalismo. ¿Y a la serpiente, qué? Pensamos que esta serpiente no tiene el valor que le asigna el cristianismo como responsable del pecado y del mal; sino que simboliza la sabiduría, ya que la serpiente es por excelencia el símbolo del saber. Seguramente se trata de Pitón, la serpiente que mató Apolo, asumiendo a través de la pitonisa sus funciones oraculares o sapienciales.  Por consiguiente, tanto Apolo como la serpiente nos remiten al conocimiento, al pensar, a la razón. Y Sarmiento fue un pensador, un intelectual, al decir de Milcíades Peña. Sarmiento junto a Juan Bautista Alberdi fue uno de los dos intelectuales más relevantes del liberalismo en el siglo XIX.
Si polémico es Sarmiento como intelectual, si polémico es su monumento, no menos polémico es el lugar donde se lo emplazó: en las que fueron las mismísimas puertas de la Casa de Juan Manuel de Rosas en Palermo. Sarmiento fue uno de los más acérrimos rivales de Rosas cuando éste se desempeñó como gobernador de la Provincia de Buenos Aires; una de las obras de Sarmiento es “Facundo. Civilización y Barbarie” donde la figura de Facundo se convierte en el pretexto para atacar al gobierno de Juan Manuel de Rosas. Lo que en Facundo era instintivo y emocional, en Rosas se convertía en un frío cálculo racional. Pues bien, los hombres de la Organización Nacional, asentaron a ésta en la derrota de Juan Manuel de Rosas en la batalla de Caseros en 1852 y como queriendo borrar el recuerdo de este gobernador, Palermo se convirtió en el Parque 3 de Febrero (día de la batalla de Caseros); posteriormente la Casa de Rosas fue dinamitada y desapareció del paisaje urbano. Y poco después como reforzando estas operaciones simbólicas se implanta el monumento de Domingo Faustino Sarmiento allí donde se levantaba la célebre casa del Restaurador de las Leyes. Finalmente digamos –que con el paso de décadas de historia, con sus luchas y avatares–, hoy en diagonal a la obra de Rodin, está emplazado el monumento a Juan Manuel de Rosas, como una ironía de la historia, para quien fuera su más enconado rival.
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Fuentes:
1.Magaz, María del Carmen; “Escultura y poder en el espacio público”, Acervo Editora Argentina, Bs. As., 2007, pág. 60
2.Rodin, Augusto citado por MAGAZ, María del Carmen; Ob. Cit., pág. 60
3. Magaz, María del Carmen; Ob. Cit., pág. 61.

Foto: El monumento a Sarmiento –obra de Augusto Rodin-  en el Parque 3 de Febrero de Buenos Aires.
El material y la ilustración fueron tomados del periódico “Desde Boedo”, junio de 2014.