4 may. 2014

El Museo de la Ciudad de Buenos Aires



(De María Clara Rosselli)

El Museo de La Ciudad tiene, desde hace varios años, su ubicación neurálgica: Defensa 219, donde se expone la historia de la ciudad contada en objetos cotidianos que la gente dona. Pero también se extiende por toda la zona histórica. Una de las premisas del museo siempre ha sido la de asumir una actitud activa frente al patrimonio ya sea impulsando ferias y encuentros al aire libre como incentivando la refuncionalización de los edificios antiguos. La farmacia “La Estrella”, instalada en la esquina de Defensa y Alsina desde el año 1885, es parte del museo pero sigue funcionando como farmacia. La misma intención está puesta en la próxima inauguración de las salas y locales comerciales ubicados en dos de las casas más antiguas del casco histórico: La casa de Josefa Ezcurra y Los Altos de Elorriaga, frente a la farmacia.
 “El Museo de la Ciudad se creó con el objeto de preservar para la historia de la ciudad la forma de vida de los porteños, desde cómo funciona la ciudad, o sea desde cómo se armó la ciudad y se sigue armando a través de su arquitectura, su patrimonio arquitectónico y los usos y costumbres de la gente que vive en la ciudad. La forma de hacerlo es a través de la investigación y de la recopilación de objetos que forman parte de su patrimonio”. Así resume el actual director del Museo de La Ciudad, Eduardo Vázquez (1), el espíritu de uno de los museos de Buenos Aires que atesora, desde 1968, los modos de vida porteños.
Hace años ya que se ha instalado la costumbre entre los porteños, de donar aquellos objetos cotidianos que consideran importantes de su casa o de algún familiar y que relatan los hábitos de la vida en Buenos Aires. De esta manera son los mismos habitantes los que cuentan lo que es y ha sido la ciudad a través de los años. “El museo tiene en este momento catalogadas como unas setenta y cinco mil piezas, la mayoría de las cuales vinieron de esa forma”, comenta Vázquez.
A fines de los 60, cuando el arquitecto José María Peña, el primer director del museo, propuso su creación, el barrio se perdía en los trágicos artículos de una ordenanza que disponía su demolición total. Sumado a eso, existía cierto desconocimiento y desinterés por el patrimonio como se lo entiende actualmente. “El patrimonio es todo aquello que muestre fehacientemente el proceso, en este caso, de la ciudad y de la vida de los habitantes. Por eso para nosotros no tiene tanto valor material el objeto sino lo que representa en sí mismo. El patrimonio es lo que nos dejaron nuestros padres y nuestros padres son nuestro pasado. Todo lo que ellos crearon, toda esa historia que armaron consciente o inconscientemente hoy está en el Museo de La Ciudad”, precisa  Vázquez.
El objetivo que proponía el museo desde sus inicios era el de movilizar a la gente para que entendiese el valor que tenía el casco histórico tanto para sus vecinos como para la gente de otros barrios. Esto se logró por un lado mediante las ferias que aún hoy siguen en actividad. “La de los domingos, que se creó por tres razones: la primera, porque curiosamente nunca ha habido en Buenos Aires una feria así, que era común en Europa, en Montevideo, en Chile, por ejemplo. El segundo motivo fue que todo lo que se iba a vender en la feria había estado dentro de las casas de Buenos Aires con lo cual era como si fuera una sala al aire libre del museo. Cosa que no era nada habitual, los objetos estaban dentro de casas. La tercera razón, no menos importante, era la aspiración de que por ir a la feria, la gente empezara a reconocer uno de los barrios más viejos”, nos aclara el arquitecto Peña. Además de esa, se crearon otras ferias más: la Feria de las Artes frente a la Iglesia de San Francisco, la Feria de los Libros, la Feria de los Metales, la Feria de la Ropa y hay una feria los cuatro sábados de abril a la cual puede anotarse cualquier persona. Además, las ferias, con la venta de objetos viejos, impulsaron también el surgimiento de los anticuarios en el barrio, ya que hasta ese momento había pocos locales de venta de antigüedades.
Por otro lado, se organizaron los “Encuentros porteños en Plaza Dorrego” un sábado de por medio. De tres a seis había juegos que la gente proponía, había un coro para cantar tangos, se hacían tapices colectivos en un gran bastidor y donde todo el mundo hacía algo,  había concursos de pintura, visitas guiadas por las calles del barrio, se jugaba a “Embocar a la tetera” en reemplazo de “El sapo”, donde las fichas eran las monedas devaluadas de principios de los 80. A las seis tocaba una orquesta de San Telmo que estaba suspendida en el tiempo. “Tanto que un día terminan de tocar una melodía, que bailaba el público, y Teófilo Ibáñez, quien dirigía la orquesta y cantaba, se dirige al público y dice: “Estimado público, damas y caballeros, para que muevan esos cuerpos arrogantes interpretaremos ahora un bonito Foxtrox”,¡que era música que se bailaba en los años 40!” nos cuenta aún asombrado el arquitecto Peña. También se armó el encuentro entre “Los porteños y sus máquinas sonoras” donde asistieron vecinos que tenían organitos, valijas fonógrafos, cajas de música. Estaba también el “Encuentro entre los porteños y sus mascotas vivas” donde se elegían  entre el público el jurado para votar a la mascota más linda, a la mascota más rara, a la mascota más simpática y a la mascota más parecida a su dueño y se les daban diplomas.
Cerca de 1970 el museo adquirió las casas de Josefa Ezcurra y  Los altos de Elorriaga para que fueran parte de sus salas. “El museo no tiene una sala donde se pueda recorrer toda una muestra de la historia de la ciudad con todo un desarrollo de Buenos Aires desde fines del siglo XVIII hasta 1880 que fue el gran cambio de la ciudad” comenta Vázquez. El dinero para la restauración de ambas casas llegó recién veintiséis años más tarde, momento en el cual se comenzó el rescate de lo más grueso. En 2010 finalizó la primera etapa de trabajos que involucró la restauración de las fachadas y ya se comenzará toda una etapa de recuperación de la casa de Elorriaga, la de la esquina, cuya estructura e instalaciones ya están totalmente consolidadas. Restan dos etapas más de trabajo: una es la planta baja, y la segunda es la planta alta. La recuperación de la planta baja, donde habrá locales más una sala muy grande para museo, comenzará cuanto antes aunque el proceso es lamentablemente largo.
De la trayectoria del Museo de La Ciudad debemos aprender dos cuestiones: por un lado el valor de lo que significa la historia común de una sociedad y su difusión, y por otro el ejemplo de conservar sin frenar, manteniendo una actitud de preservación pero al mismo tiempo permitiendo el crecimiento de la ciudad y más que nada, dándole vida al patrimonio apropiándonos de él, usándolo, recordándolo y viviéndolo.
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Nota:
(1) Según nos informa la lectora María Eugenia Lisio, el actual director del Museo de la Ciudad es el licenciado Ricardo Pinal Villanueva. La presente nota, fechada en el año 2011 y publicada en "El Sol de San Telmo",  fue "levantada" del blog al que se hace referencia, cuando aún era su director Eduardo Vázquez, y  "subida" a este blog recientemente por considerar que el trabajo tiene una mirada bastante abarcativa con respecto a la evolución del Museo de La Ciudad.  
  
Imagen: Una de las salas del Museo de La Ciudad (Foto tomada de miraargentina.com)
Nota tomada del blog “Crónicas porteñas”.