14 may. 2014

Tiresias y los orígenes del tango



(De Rodolfo Jorge Rossi)

Tiresias fue el más famoso adivino de la Grecia clásica, circa 800 años antes de Cristo.
Nació hombre.
Una tarde en que caminaba por el monte Cilene, fue sorprendido por el intenso coito de dos serpientes entrelazadas. Estas, molestas por su presencia, lo atacaron.
Tiresias las golpeó con su bastón, dando muerte a la hembra.
La reacción de Tiresias enojó sobremanera a los dioses del Olimpo, que lo transformaron en mujer.
Años más tarde vio la misma escena, otra vez fue sorprendido por el coito intenso de dos serpientes. Esta vez mató, de un certero bastonazo, a la serpiente macho. Entonces, los dioses le devolvieron la virilidad.
En una ocasión Zeus discutía con Hera, su esposa. Ésta le reprochaba sus frecuentes infidelidades. Zeus argumentaba que el hombre podía ser adúltero porque la mujer disfrutaba más el sexo. Hera, fuera de sí, convocó a Tiresias, que como había tenido los dos sexos podía dirimir la cuestión.
Tiresias sentenció: Si el placer del amor en diez partes dividía,/ Tres por tres a las mujeres, una a los hombres daría.
Enfurecida, Hera cegó a Tiresias para siempre. El hecho conmovió a Zeus; lo compensó con la predicción del futuro, además le concedió vida eterna.
Y echó a rodar por el mundo hasta que fue convocado por Edipo, necesitaba consultarlo con urgencia. Acompañado por su hija Dafne se estableció en Tebas. Se le preguntó acerca de las causas de la feroz epidemia que asolaba a esa ciudad desde hacía muchos años.
Luego de estudiar la situación dijo Tiresias: Jefe, la peste la genera una persona que ha matado a su padre y ha hecho vida con su madre. No sé si me explico.
Señala Sófocles que cuando trascendió el episodio Yocasta se ahorcó y Edipo se arrancó los ojos.
Tiresias, asustado por las trágicas consecuencias de sus predicciones, se refugió en el Hades, el mundo de los muertos, lugar donde nadie lo iría a buscar.
Pasaron algunos siglos hasta que Ulises, en su frustrada y sangrienta vuelta a casa luego de la guerra de Troya, descendió al inframundo. Necesitaba consultarlo, saber cómo regresar a Ítaca.
Recorriendo el Hades, tuvo una ingrata sorpresa; se encontró con su madre Anticlea que había muerto, y él sin saberlo.
Los hombres sabios del café sostienen que éste momento es de gran importancia en la historia del tango, porque Ulises susurra en el oído de su madre palabras que podrían traducirse de la siguiente manera: Vieja,/ una duda cruel me aqueja.
Ulises no puede controlar el llanto. Anticlea lo tranquiliza, le comunica que debe despedirse, que confíe en Tiresias, que éste le señalará el camino correcto para volver al hogar. Y desaparece lentamente en la oscuridad.
En un pasaje conmovedor de La Odisea, Ulises, con el rostro bañado en lágrimas, canta: Quiero madre que me diga si la infame,/ abusando de mi viaje me ha engañado.
La cátedra del café cree que estos versos fueron dichos bajo la influencia de Tiresias, o directamente dictados por él, motivo por el cual el vidente se convierte en el primer tanguero de la historia universal.
Deberán transcurrir muchos años hasta su reaparición.
Dante Alighieri lo sitúa en el Infierno, en el Canto XX, en el Octavo Círculo donde están fraudulentos y adivinos: Vedi Tiresias, che mutó sembiante/ Quando di maschio fémmina divenne,/ Cangiandosi le membra tutte quante.
El Infierno de la “Divina Comedia” fue escrito entre 1306 y 1308. A partir de esa fecha el ciego vuelve a desaparecer, hasta que asoma en estas tierras en los finales del siglo XIX.
En el café aseguran que se conoce la presencia de Tiresias en el Río de la Plata desde 1870.
Señalan que en la revolución mitrista de 1874, las tropas de José Miguel Arredondo entraron en la ciudad de San Luis comandadas por un ciego. Cantaban “El Queco”, denominación popular del quilombo. El capitanejo no sería otro que el finado Tiresias.
Cabe destacar que “El Queco” es uno de los primeros tangos conocidos.
Además dan como prueba irrefutable la cantidad de tangos cuyo tema es la ceguera: “Viejo ciego”, “Charlemos”, “La cieguita”, “Gallo Ciego”, para citar solo a los más conocidos.
Los profesores del café afirman hasta la insolencia que el famoso ciego inconsolable del verso de Carriego, el que fuma como un poseso sentado en el umbral, no es otro que el desdichado Tiresias.
Como tenía antepasados ilustres que se destacaron en la guerra de Troya, de los cuales dan cuenta Chaucer y Shakespeare, se consultó al bandoneonista Aníbal Carmelo Troilo.
Le preguntaron si la cantidad de ciegos que había en el tango podría tener alguna relación con la presencia de Tiresias en mi Buenos Aires querido.
Troilo dijo que no existía esa relación, que solamente era casualidad.
Agregó suspirando: Ésta es una ciudad de abombados, nunca falta un otario que me pregunta por Crésida. Hablan de la madre de Ulises y se quejan porque hay muchas madres en el tango. Díganme ustedes que son sabios, ¿dónde quieren que estén las madres?
Pero sabihondos y suicidas todavía dudaban.
Entonces se interrogó a Jorge Luis Borges.
Muy sorprendido contestó que no sabía, para entregarse de inmediato a la suspicacia.
Después, visiblemente irritado balbuceó: ¡Yo no soy Tiresias!
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Ilustración: Tiresias matando la serpiente.