17 may. 2014

La represión de Plaza Lorea del 1º de Mayo de 1909



(De Miguel Eugenio Germino)

Esta es la historia de un policía bravo, Ramón, orgulloso de reprimir a sangre y fuego toda manifestación popular, especialmente las de los anarquistas, a quienes odiaba con personal saña.
También la de un joven anarquista, Simón, que ajustició a Ramón para desagraviar la sangre de sus compañeros asesinados por éste.
Ramón y Simón vivieron la virulenta época de fines del siglo XIX y principios de XX, cuando la Revolución Industrial recién llegaba a nuestras costas. Con más de cien años de atraso, nacían las primeras fábricas y la explotación obrera, mientras brotaba la resistencia y la represión patronal y policial del régimen.
Esto ocurría en un contexto de la historia que no puede ni debe ignorarse, para analizar y sacar conclusiones.

ANTECEDENTES
El proceso de cambios técnicos y económicos destinados a aumentar y mejorar la producción minera y la manufactura y multiplicar la productividad, aminoró los costos e incrementó las ganancias y la competitividad. La Revolución Industrial, como se llamó a este proceso, comenzó en Europa en los años de 1770. De su mano llegó también la explotación obrera.
Las nuevas relaciones de trabajo fueron tomando diversas formas, que conllevaban siempre novedosas modalidades de expoliación, y en consecuencia de conflictos.
Los antiguos talleres fueron reemplazados por una nueva unidad de producción: la fábrica, que no eran más que grandes galpones en los que se concentraban la materia prima, los medios de producción y la energía humana, a donde confluían miles de trabajadores, en extensas e intensas jornadas de 14 horas diarias, con magros salarios, sin seguridad ni higiene adecuadas y un sinfín de calamidades.
Este proceso se fue dando paulatinamente en las distintas regiones del mundo occidental hasta llegar a la Argentina con más de cien años de atraso, junto con la gran inmigración y las ideas imperantes en Europa. Paralelamente surgía en nuestro territorio la expansión económica de la llamada Generación del 80, de base agroexportadora, por lo que en principio pocas fueron las industrias que se establecieron, por lo general eran fábricas destinadas a abastecer el mercado interno, en la mayoría de los casos de alimentos. 
La industrialización generó una nueva y dinámica estructura social. Surgieron así nuevas categorías sociales: los empresarios (dueños de las fábricas), una burguesía rica, culta y emprendedora (que acumulaba grandes fortunas) y los obreros asalariados, que constituyeron el proletariado industrial y conformaban la escala más baja de la sociedad. Con ello se generará un gran enfrentamiento entre el capital y el trabajo, por un lado con reacciones obreras que luchaban por mejores condiciones de trabajo, y por el otro lado, la resistencia del capital a sacrificar ganancias.
En este contexto internacional y nacional se desarrollaron grandes concentraciones y huelgas, que eran reprimidas violentamente por los regímenes. En el ámbito local, Ramón Falcón fue llamado a ser la punta de lanza de ese tipo de represión, cuando gobernaba José Figueroa Alcorta y el conservadorismo más pertinaz.

LA REPRESIÓN DE PLAZA LOREA
El 1º de mayo de 1909, socialistas y anarquistas conmemoraban desde sus gremios en reuniones separadas el día de lucha de los trabajadores. Los socialistas hicieron lo suyo en Constitución, y los anarquistas en la Plaza Lorea, frente al actual teatro “Liceo”, a pocos metros del Congreso.
Desde temprano comenzaron a llegar las familias anarquistas obreras con sus banderas rojinegras, todos ellos sin otra intención que homenajear a “Los mártires de Chicago”. En el transcurso del acto se sucedieron en el uso de la palabra encendidos oradores, que invitaban a luchar y organizarse para cambiar la sociedad. Mientras tanto, el coronel Ramón Falcón, jefe de la Policía, observaba a la multitud desde su auto. Pronto algunos manifestantes descubrieron su provocadora presencia, entonces lo insultaron y volaron algunas piedras, nada grave si se lo compara con lo que siguió después.
Ramón Falcón dirigió personalmente la represión del acto. Dio la orden a la policía montada, al mando del comisario Jolly Medrano, de dispersar la manifestación a sablazos y balazos. Y así cargó el escuadrón de caballería a machetazos y descargas contra la multitud desarmada.
Un cronista del diario “La Prensa” contó 36 charcos de sangre; una vez concluida la refriega, el saldo era de 12 trabajadores muertos y 105 heridos, incluido niños. El mismo reportero contó que Falcón dijo: “Hay que concluir, de una vez por todas, con los anarquistas en Buenos Aires”, y recurriendo a la obediencia debida, agregó que respondía a instrucciones del Ministerio del Interior.
Tres días más tarde de tan feroz represión, más de 60.000 personas se agolparon frente a la morgue reclamando los cadáveres de sus familiares para poder conducirlos al cementerio. Pero una vez más, en un acto de barbarie sin precedentes hasta el momento, pero que se tornará una práctica de ahí en adelante, la policía le arrebató los féretros a las familias a fin de impedir que se concretara el multitudinario cortejo fúnebre. Los “cosacos” dispersaron a la mayoría, sin embargo, unos 4.000 aguerridos militantes lograron llegar hasta el cementerio. A la salida, integrantes de la comisaría 21 volvieron a balear a los obreros.
Mientras tanto, en la Casa Rosada, el “heroico” coronel Falcón era felicitado por el presidente José Figueroa Alcorta.
Inmediatamente las dos centrales sindicales, la UGT socialista y la FORA anarquista, convocaron a huelga general y exigieron justicia, así como la expulsión de Falcón de la jefatura de Policía. La respuesta del gobierno fue la confirmación de Falcón con todos los honores. Durante toda esta Semana Roja, como se la conoció, la huelga fue total.
Entre los presentes en el acto de Plaza Lorea se encontraba un muchachito llamado Simón Radowitzky, protagonista a partir de ese momento de uno de los capítulos más representativos de la lucha obrera y por los derechos de los trabajadores en nuestro país.

SIMÓN MATA A RAMÓN
Tras varios meses de preparativos, todo estaba listo. En la mañana del 14 de noviembre de 1909, el joven Simón Radowitzky salió poco antes de las once de su casa de la calle Andes 394, tomó el tranvía 17 y bajó en la esquina de Callao y Quintana. Caminó por Quintana hacia el cementerio de la Recoleta y esperó unos minutos, hasta que vio salir el Milord, el coche en el que viajaba Ramón Falcón. El feroz represor departía con su secretario, Juan Lartigau. La conversación lo tenía tan ensimismado que no advirtió la extrema cercanía de aquel joven vestido de negro, que sin mediar palabras le arrojó el paquete que llevaba consigo. Este fue a dar al piso del coche entre las piernas de Ramón.
Falcón no tuvo tiempo de reaccionar; un terrible estruendo partió el auto y lo despidió junto a su acompañante sobre el empedrado. Las piernas le quedaron destrozadas, lo mismo le ocurrió a Lartigau. Para cuando llegó el auxilio ambos ya estaban prácticamente desangrados. Se los trasladó al Hospital Fernández, pero ya era tarde, murieron unas horas después.
Luego de arrojar la bomba, Simón corrió por Callao hacia el Bajo, pero fue perseguido por policías y civiles que lo arrinconaron contra una obra en construcción. Al verse acorralado, extrajo un revólver y tras gritar con un inconfundible acento ruso “viva la anarquía”, se disparó un tiro sobre la tetilla izquierda. Los nervios le jugaron una buena pasada y solo se produjo heridas leves. Tras el disparo, se arrojaron sobre él y lo condujeron a la rastra hasta la comisaría 15, donde fue salvajemente torturado en sucesivos interrogatorios, que no consiguieron sacarle el nombre de sus cómplices. Radowitzky únicamente decía: “Tengo una bomba para cada uno de ustedes” y “Viva la anarquía”; con el tiempo se supo que habían sido al menos cuatro los que ayudaron a preparar la ejecución de Falcón.
Cuando todo indicaba que iba a ser condenado a muerte, un rabino, tío de Simón, Moisés Radowitzky, dio a publicidad su partida de nacimiento que determinaba que era menor de edad, lo que evitó el fusilamiento. Se sustanció un proceso de una rapidez inusitada para los tiempos de la justicia argentina y se dictó una sentencia que no registraba antecedentes: se lo condenó a prisión por tiempo indeterminado y a sobrevivir a pan y agua durante veinte días cada año al cumplirse los aniversarios del atentado.
Tras una breve estadía en la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras, y tras un intento de fuga, fue trasladado al penal de Ushuaia, donde permaneció hasta 1930, durante 21 años. Simón Radowitzky se transformaba así en un símbolo del movimiento obrero anarquista que no dejó jamás de luchar por su libertad.
En el año 2013 el documental cinematográfico  “Simón, el hijo del pueblo” lo recuerda. Fue dirigido por Rolando Goldman y Julián Troksberg y en el elenco figuran Osvaldo Bayer y Julián Goldman.


BREVES BIOGRAFÍAS
Ramón Lorenzo Falcón
Había nacido en Buenos Aires el 30 de agosto de 1855. Fue un político, militar y policía que se destacó por la dureza que ejerció al mando de la Policía de la Capital (actual Policía Federal Argentina), al reprimir con mano de hierro las manifestaciones obreras de la época. Falcón fue el primer cadete del Colegio Militar, al que ingresó en 1870, cuando era presidente Domingo Faustino Sarmiento. Egresado con honores en 1873, combatió en la Campaña del Desierto; a su regreso, en 1898, se retiró con el grado de coronel. También resultó electo diputado nacional.
En 1906 recibió el nombramiento de Jefe de Policía de la Capital Federal. En ese cargo creó en 1905 la escuela de policía, ubicada en Rosario y José María Moreno, que llevó su nombre hasta el año 2011. El mismo año de la creación de la Escuela, José Figueroa Alcorta había decretado el estado de sitio como consecuencia de la revolución radical.
En 1907, durante la Huelga de Inquilinos, fue el encargado de desalojar a las familias obreras que se negaban a acatar el aumento unilateral de precios aplicado por su arrendadores. Descontentos con la falta de intervención del gobierno en la regulación de la vivienda y de las condiciones de vida en los inquilinatos, en estado lamentable en su mayoría, mujeres y niños obreros tomaron las calles con escobas, bajo el lema de “barrer la injusticia”. En julio de ese año, en pleno invierno, con la ayuda del cuerpo de bomberos de la ciudad de Buenos Aires, redujo los conatos de protesta arrojando a las familias agua helada con mangueras de alta presión. Falcón llevó adelante los desalojos masivos y los ex inquilinos debieron quedarse en los campamentos organizados por los sindicatos anarquistas.
La represión del 1º de mayo de 1909 en la conmemoración obrera de los caídos en Chicago fue tal vez el punto culminante de su carrera, el que lo llevaría a la muerte. Murió asesinado el 14 de noviembre, bajo la mano de un joven anarquista.

Simón Radowitzky
Había nacido en Ucrania, el 10 de septiembre o 10 de noviembre de 1891. Creció en la ciudad de Ekaterinoslav, donde la familia, de origen judío, se había trasladado para que los niños pudieran ir a la escuela, pero abandonó los estudios a los 10 años para iniciar su aprendizaje como herrero. Fue la hija de su maestro quien lo inició en el anarquismo. Cuatro años más tarde, ingresó como jornalero en una metalúrgica. Justamente en una manifestación reclamando la reducción en la jornada laboral, fue herido por un sable cosaco que lo confinó en cama durante seis meses. Tras la convalecencia, se lo sentenció a cuatro meses de prisión por repartir prensa obrerista. Fue segundo secretario del sóviet de la fábrica en la que trabajaba cuando los eventos de la revolución rusa de 1905. Tras la represión zarista, debió exiliarse para no ser condenado a prisión en Siberia. Irónicamente, en su destino elegido, Argentina, acabaría condenado al penal “Del Fin del Mundo”, en Tierra del Fuego.
Llegó a la Argentina en marzo de 1908; se afincó en Campana, donde trabajó como obrero mecánico en los talleres del Ferrocarril Central Argentino. Mantuvo estrechos contactos con la creciente comunidad anarquista local, inclusive se relacionó con un grupo de intelectuales anarcosindicalistas de origen ruso. Se trasladó a Buenos Aires, donde trabajó como herrero y mecánico. Comentaba que la policía montada argentina le recordaba a los cosacos zaristas que con sus sables dejaban un tendal de obreros muertos en las concentraciones anarquistas de Rusia.
Este militante obrero anarquista se convirtió en uno de los más célebres presos del penal de Ushuaia, donde permaneció 21 años de su vida. Después de recibir el indulto, partió de la Argentina para luchar en el bando republicano durante la Guerra Civil Española. Murió en México, donde trabajaba en una fábrica de juguetes, a los 65 años de edad.
Así lo recordaba el escritor Osvaldo Bayer: “Estoy en Ushuaia, en el edificio del antiguo penal, y hablo sobre Simón Radowitzky ante una concurrencia formada principalmente por gente joven. Nunca hubiera soñado antes que iba a tener esa posibilidad. En los años setenta publiqué un libro que se titulaba ‘Simón Radowitzky, ¿mártir o asesino?’, que fue a parar a la hoguera de la dictadura de los Videla y Massera. ¿Quién era ese Simón Radowitzky que había sido una figura legendaria del movimiento obrero en las tres primeras décadas de este siglo y que había pasado veintiún años de su vida en la cárcel, la mayoría de ellos en el penal de Ushuaia, una de las páginas más negras de la historia penal del género humano de la cual tendríamos que avergonzarnos los argentinos? Y que se mantuvo no sólo durante el gobierno de los conservadores liberales sino también durante los tres gobiernos primeros del radicalismo. Los que más cantaron a Simón Radowitzky, llamado el ‘mártir de Ushuaia’, fueron los payadores criollos en versos como estos:

Traigo aquí para Simón
este manojo de flores,
del jardín de los dolores
del alma y del corazón:
traigo para aquel varón
valiente y decidido,
este manojo que ha sido
hecho con fibras del alma,
en un momento sin calma
de rebelde convencido.

A más de un siglo de aquel magnicidio de Plaza Lorea, aún queda en la ciudad una calle que reivindica el nombre de Ramón Falcón, y la escuela oficial Nº15 DE 6º de Rioja 660, en Balvanera. La “historia oficial” continúa reivindicándolo como héroe y mostrando a Radowistky como villano.
Tristes son los conceptos cuando no son respaldados por el esclarecimiento de las verdades y las mentiras históricas.
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Fuentes
-http://www.elortiba.org/simon.html
-http://www.lamalatesta.net/product_info.php/products_id/4000
-http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/2450784/Anarquistas-simon- radowitsky.html
-http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/mundo/revolucion_industrial.php
-http://www.todo-argentina.net/biografias/Personajes1/ramon_l_falcon.php
-Pigna Felipe: Los mitos, tomo 2, Editorial Planeta 2005

Imagen: Un aspecto de la llegada de familias anarquistas a la Plaza Lorea  para el acto del 1º de Mayo del año 1909, antes de la represión.
Nota y fotografía tomados del periódico barrial Primera Página, mayo de 2014.