9 ene. 2012

El barrio de Balvanera al terminar el siglo XIX


(De Carlos Rezzónico)

Balvanera tiene como límite sur la avenida Independencia, al este la avenida Entre Ríos y su continuación, la avenida Callao; al norte la avenida Córdoba y al oeste la calle Gallo, la avenida Díaz Vélez y las calles Sánchez de Bustamante y Sánchez de Loria. Está situada al oeste del habitualmente reconocido centro de Buenos Aires, formado por San Nicolás y Montserrat, y al sur, cruzando la avenida Córdoba, con el denominado "Barrio Norte".


Cuando a la medianoche del 31 de diciembre del año 1900, la mayor parte de la población festejaba el ingreso a un nuevo año y al flamante siglo XX, Balvanera era un barrio en curso de consolidación: lo hecho y lo proyectado jerarquizaban el lugar y se iba desdibujando el antiguo suburbio. Ya se había logrado la cuadrícula de sus calles con el loteo de las viejas quintas aunque todavía circularan por ellas carros, coches y tranvías a tracción animal. La corriente eléctrica pugnaba por desalojar al gas como elemento de tracción y de iluminación.
Aunque en general era  un barrio de casas bajas, salpicado de baldíos, se habían levantado importantes edificios y otros estaban en construcción. El de la estación Once de Septiembre, en la esquina de Centro América ( avenida Pueyrredón) y Piedad (Bartolomé Mitre), cabecera del Ferrocarril del Oeste, se había inaugurado en 1896 y satisfacía las comodidades de los viajeros y las exigencias del servicio.
En la manzana comprendida por la calle Córdoba, Viamonte, Riobamba y Ayacucho, ya se levantaba desde 1895, el imponente y hermoso edificio que hoy conocemos como Palacio de las Aguas Corrientes. Cerca de allí, un poco más al oeste, también desde cinco años atrás, se hallaba el edificio de la Facultad de Medicina, en Córdoba y Andes (Presidente José Evaristo Uriburu).
En orden a las construcciones particulares destinadas a viviendas, se había edificado el ex pasaje Victoria con salida por Alsina (Adolfo Alsina) y Victoria (Hipólito Yrigoyen) a la altura del 2300. En la esquina noroeste de Rivadavia y Azcuénaga, el pasaje que hoy llamamos Carlos Ambrosio Colombo, exhibía sus monumentales cuerpos de edificación y en Rivadavia al 2600, con salida por Piedad (Bartolomé Mitre) y con una imagen que perduraría hasta 1940, se encontraba el que hoy conocemos como pasaje Sarmiento.
Los fieles contaban con tres iglesias: la de Balvanera, desde cuyas altas torres todavía podían divisarse lugares distantes más allá de los límites barriales; la del Salvador que, aunque habilitada desde 1876, recién fue consagrada en 1898, y Regina Martyrum, en la "calle de la Victoria" (Hipólito Yrigoyen), que reconociera como antecesora un humilde oratorio del siglo XVII.
El 17 de octubre de 1883 se había aprobado la Ley 1349 que  encomendaba al Poder Ejecutivo la confección de planos y presupuestos para levantar una nueva sede del Congreso Nacional.
Tanto tiempo insumió su aceptación, la elección del lugar, la designación del director de obra y de la empresa constructora, que la edificación recién comenzó a principios de 1898 y la inauguración tuvo lugar el 12 de mayo de 1906. Por eso, cuando nació el nuevo siglo, el lugar exhibía la desordenada y no bien definida imagen de todo edificio en construcción.
En noviembre de 1892 se había llevado a cabo el último entierro en el Cementerio de Disidentes ubicado en el predio que actualmente ocupa la plaza Primero de Mayo. Todavía y por mucho tiempo, subsistirían el paredón que lo encerraba, el pórtico y la capilla, ya que el traslado de los últimos restos se llevó a cabo en el año 1925.
Las óperas, las operetas, los dramas criollos y otros espectáculos tenían un lugar en el barrio: el teatro "Doria", en Rivadavia 2330, con capacidad para 1.100 espectadores y precios que iban desde los 50 centavos hasta los 6 pesos.
La educación brillaba. En el boulevard Callao 456 funcionaba la Escuela Sarmiento en un hermoso edificio construido para tal fin por el arquitecto Carlosd Morra. En Azcuénaga 164 se alzaba la imponente mole del Colegio San José y también en Callao, pero en el número 542, junto a la iglesia del Salvador, estaba el colegio que lleva el mismo nombre. Cerca, muy cerca, Riobamba 650, ocupaba un edificio recién construido el Colegio La Salle. En el ángulo opuesto del barrio, en la calle Caridad (General Urquiza) al 200, esquina Moreno, funcionaba desde hacía casi doce años, la Escuela Normal de Profesores y junto a ella una escuela de niñas. En Belgrano y Pasco, donde hoy se encuentra el Centro Gallego, se había instalado el Colegio Nacional Oeste. Otras escuelas, como las situadas en Centro América (avenida Pueyrredón) al 600, Rivadavia al 2600, Sarmiento 2573, donde después se instalaría el Museo del Cine y la de Alsina y Alberti, completaban el panorama educativo del barrio. También entre éstas estaba la que recientemente acababa de fundar Max Hopff en la calle Cangallo (Tte. Gral.  Juan D. Perón) 2169 y que todos hemos conocido como "Cangallo Schule".
La caridad se materializaba en el Asilo de Huérfanos instalado en una casona con jardín y arboleda al frente, ubicada en la calle  México 2658. Por su parte, el Ejército de Salvación se había afincado en Rivadavia 3290.
Ya había en el barrio dos importantes centros de salud: el Hospital San Roque, actual Ramos Mejía, y el Hospital Español. También contaba con un instituto único en su género en toda la ciudad, el Instituto Pasteur, que ocupaba, desde el 4 de septiembre de 1894, una casa construida al efecto en Moreno 1959.
El doctor Llovet había instalado su clínica en Belgrano 3141 y en México 2714 funcionaba un consultorio oftalmológico.
La lista de médicos barriales incluía los nombres de los doctores Durañona, Piccardo, Allende, Arana Zeliz, Badía, De la Cárcova, Carnevali, Castilla, Giménez, Gorostiaga, Kolbe, Llames Massini, Mathís, Ray, Rufino, Sicardi, Traversaro y Villarruel. Las parturientas disponían de la maternidad de la Escuela de Parteras de Viamonte 2189 esquina Andes (Pte. José E. Uriburu).
Si bien aún no tenía el magnífico edificio que posteriormente conocimos, pues funcionaba en unos pabellones de una sola planta, el Mercado de Abasto Proveedor era considerado uno de los más higiénicos y mejor construidos de la ciudad. Casualmente, refiriéndose a los alrededores de ese mercado, el diario La Nación comentaba dos años antes de terminar el siglo el crecimiento notable que se había producido: allí todo era nuevo, flamante. Señalaba que, además de hermosos edificio de hasta tres pisos, había un comercio floreciente que nadie hubiera podido imaginar.
Del lado sur del barrio, el 28 de julio de 1894, se había inaugurado el Mercado Ciudad de Buenos Aires, conocido popularmente como "Mercado Spinetto", a pocas cuadras del ya existente Mercado Rivadavia, de Rivadavia, Azcuénaga y Bartolomé Mitre.
Gran cantidad de industrias y comercios habían asentado sus reales en Balvanera. En Cangallo al 2800 se advertía la mole del Molino del Oeste, que a comienzos del siglo XX sería destruido por un incendio. Otros molinos existentes eran el de Bancalari, en Castelli 66, el de Canessa y Pegasano, en Pueyrredón 406/62 esquina Valentín Gómez 2801/45, el Molino Caridad, en Caridad (General Urquiza) 343, el Molino Modelo, en Cuyo (Sarmiento) 3301/15, el Molino Italiano, en Pueyrredón 518.
Más de medio centenar de fábricas elaboradoras de los más diversos productos: licores, cocinas, galletitas, aceite, bolsas, cajones, cerveza, carruajes, fósforos, chocolates, fideos, vidrios, tejidos, sombreros, mosaicos, colchones, etcétera, se esparcían por todo el barrio. Entre las más conocidas podemos citar la Fábrica de chocolates y dulces "Al Sol de Oro", en Bartolomé Mitre 2550, establecimiento fundado por Alfonso Godet en 1865 y que desde 1898 pertenecía a Daniel Bassi y Compañía; la Fábrica de galletitas "La Unión", de Pedro Bercetche, en Sarmiento 2247; la Fábrica Nacional de Cerveza M. Pegasano y Cia, en Caridad (hoy General Urquiza) 350, que en su propaganda expresaba: "La que tiene que criar,/ debe esta cerveza usar,/ pues nutre de tal manera,/ que hasta se la puede dar/ al niño en la mamadera".
El "Establecimiento Granja Blanca" en Cangallo, Laprida y Sadi Carnot (actuales Tte. Gral. Juan D. Perón, Agüero, y Mario Bravo) que fuera fundado en 1891 por Enrique Fynn para la preparación de la leche y la elaboración de manteca, quesos, hielo, etc; el establecimiento mecánico y fundición de Antonio Rezzónico, en Rivadavia 3281, con 4.000 metros cuadrados de superficie, uno de los más modernos en su género; la muy conocida fábrica de artefactos eléctricos de Azaretto Hnos., ubicada en Sarmiento y Riobamba.
Para esa fecha ya estaba en vertiginosa evolución la fábrica de cigarrillos que los señores Juan Oneto y Juan L. Piccardo habían fundado bajo la denominación de "43", en abril de 1898, en una modestísima casa de la calle Piedad (Batolomé Mitre) 1849.
El comercio no le iba en zaga. El barrio contaba con ferreterías y pinturerías como la de Morea, Mendizábal y Cía., frente a la plaza Once de Septiembre; tiendas, peluquerías y entre éstas la muy conocida "Le Morvan", en Callao 22/26, farmacias, cigarrerías, almacenes, relojerías, droguerías, mueblerías; las lecherías incluían dos sucursales de "La Martona": una en Callao 416 y otra en Entre Ríos 489, litografías e imprentas, fondas, carnicerías, panaderías, tintorerías -como las sucursales de Prat en Callao 118 y Rivadavia 2233- corseterías y muchos otros comercios.
En las proximidades de la estación Once se agrupaban depósitos de cereales, vinos y cales y por el resto del barrio se encontraban diseminados otros destinados a almacenar distintos productos, como también numerosos corralones de maderas y aserraderos.
Como lógica consecuencia de los medios de locomoción en uso, abundaban las cocherías y las caballerizas y en este rubro estaban las empresas que se dedicaban a prestar servicios fúnebres, como la de Antonio Costa e Hijo (posteriormente Lázaro Costa) en Rioja 280 y la de J. Spallarossa y Hermano en Andes (Pte. José E. Uriburu) 347.
Aún no estaba en la esquina de Rivadavia y Callao la hoy añorada confitería "Del Molino", pero podríamos citar otras, como la de la estación Once de Septiembre, la de Urreta, en Belgrano 3000, "La Legal" en Cuyo (hoy Sarmiento) 1801, el café "O'Rondeman" de Humahuaca y Agüero, el café "Rivadavia" en Rivadavia y Rincón, que más tarde fue rebautizado con el nombre de café "De los Angelitos".
Tampoco podemos dejar de recordar la "Fonda del Cepo", situada en Bartolomé Mitre a media cuadra de la estación  Once, donde, al decir de Jorge A. Bossio, se comían sabrosos pucheros, anticipo de los que se degustarían  en "El Tropezón" de la avenida Callao. Otras fondas y otros cafés estaban repartidos por muchos otros lugares.
Abundaban los almacenes con  despacho de bebidas y Benarós recuerda un boliche de Cangallo y Ombú (hoy Pasteur) que en su interior, previendo el pechazo, tenía un cartel que rezaba: "Si las Casas Introductoras/ me fiaran las cuentitas/ yo también a mis amigos/ les fiaría las copitas..."
El barrio contaba con sucursales de Correos en Cangallo (Tte. Gral. Juan D. Perón) 1832, Centro América (avenida Pueyrredón) 13 y Corrientes 2922 y un crecido número de vecinos disponía de teléfono.
Pocos eran los entretenimientos. Excepción hecha del citado teatro "Doria", los vecinos sólo contaban con los espectáculos que brindaban los circos que ocasionalmente se instalaban en el barrio, como había acontecido con  el circo "Raffetto", que en el mes de julio de ese postrer año del siglo, había levantado su carpa en Belgrano entre Jujuy y Saavedra.
Los hombres podían concurrir a las tertulias de amigos que se  celebraban en los cafés o en los despachos de bebidas de los almacenes, donde los juegos de naipes y de dados o las conversaciones sobre temas de actualidad distraían sus ocios. No eran temas habituales de esas charlas el fútbol y el boxeo, que todavía se consideraban cosas de ingleses: en 1900 el equipo del English High's School, que más tarde se llamaría Alumni. había conquistado el campeonato argentino de fútbol de primera división. En las noches estivales, en tanto que las chicas ensayaban en las veredas suburbanas sus fideos-finos, las esquinitas, la gallina ciega,  los chicos jugaban al vigilante-ladrón, al rescate y al gorrión.

Salvo pocos lugares, tales como plaza Once (hoy plaza Miserere), las calles que circundaban el Abasto y el Spinetto y ciertas arterias principales, en el resto del barrio, sobre todo en el sur, la vida transcurría con un ritmo casi pueblerino. Las noches se poblaban de ladridos y el "clarín" del gallo madrugador anunciaba el amanecer.
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Imagen: Postal del Hospital San Roque (actual Ramos Mejía) en 1905.
Tomado de la revista Historias de la ciudad, Nº 49, diciembre de 2008.