14 sept. 2011

El monumento “Heracles arquero”


(De Miguel Ruffo)

Uno de los mejores monumentos de Buenos Aires es “Heracles Arquero”, también conocido como “El Arquero”, obra del escultor francés Émile Antoine Bourdelle (1861-1929). En  esta obra adquieren una notable expresión la grandiosidad, el orden y la composición geométrica. Se ha afirmado que insertada la obra en el conjunto de la producción escultórica de Bourdelle, la misma representa un espíritu apolíneo en contraposición a lo dionisíaco que expresaban sus producciones anteriores. Mientras lo dionisíaco se asociaba en Grecia con lo orgiástico y la desmesura, lo apolíneo era la luz diurna, el orden, la mesura y la proporción. Es por eso que en “Heracles Arquero” se ve la medida, la armonía y la síntesis. “El cuerpo en tensión conserva, empero, el equilibrio que le confiere la perfecta composición. Nada hay de superfluo en el movimiento; la poderosa mano derecha es un prodigio de potencia merced a la simple volumetría de la forma. La cabeza, de rasgos fuertes y casi afilados a causa de los planos que la conforman parece contener apenas la tensión interior. La roca, elemento indispensable para concretar la acción ha sido resuelta con la fuerza necesaria  sin que por ello quite agilidad y transparencia al conjunto.” (1)
Heracles fue uno de los principales héroes mitológicos griegos. Era hijo de Zeus y de Alcmena. Como las aventuras amorosas de Zeus despertaban los celos y animosidades de su esposa Hera, el poderoso y fuerte joven, más conocido por su nombre romano de Hércules, se vio sometido a realizar doce trabajos a favor de su primo Euristeo. Se han interpretado los doce trabajos de Heracles como otras tantas pruebas por las que debía atravesar el candidato a Rey Sagrado para ganar el amor de la Gran Sacerdotisa y el amparo de la Diosa Blanca. Aquellos trabajos se corresponden con los doce signos del zodíaco, que es un sistema de símbolos, representando cada uno de ellos las fuerzas y potencias de un animal, fuerzas que al ser realizado el trabajo, pasaban a ser otras tantas cualidades y fortalezas del héroe.
La escultura representa un momento del sexto trabajo conocido como el de las “Aves Estinfálidas”. Estas tenían picos, alas y garras de bronce y poseían la particularidad de ser devoradoras de hombres; estaban consagradas a Ares, el dios de la guerra. Heracles se vio ante la imposibilidad de ahuyentarlas con las flechas de su arco, pues eran muy numerosas. Tuvo la ayuda de Atenea que le dio unos címbalos de bronce. Al tocarlos fue tal el estrépito que produjo que las aves levantaron vuelo y enloquecieron por el terror. Algunos sostienen que este trabajo Heracles lo realizó cuando acompañando a Jasón, formaba parte de los héroes que integraban la expedición de los Argonautas.
“Heracles arquero” es una de las formas en que la mitología griega se torna presente en Buenos Aires. Todos hemos escuchado alguna vez hablar de Hércules o visto una película donde se lo representase. Todos lo asociamos a la fuerza física; es un doble mérito el de Buenos Aires, el tener una escultura que nos remita a éste héroe. Por un lado nos relacionamos con la Grecia Heroica y por el otro con la escultura francesa de fines del siglo XIX y principios del XX. Bueno es recordar que Émile Antoine Bourdelle fue alumno de Augusto Rodin, que revolucionó la escultura contemporánea.
Esta espléndida obra de arte, por suerte para la contemplación estética de los porteños, se salvó de ser robada. “Todo comenzó el 30 de mayo de 2001, relata Carlos María Toto, escultor y director del MOA. La obra estaba, desde el 17 de julio de 1944 –su primer destino había sido, en 1938, la Plaza Lavalle– en la Plaza Dante, frente a la Facultad de Derecho. Toto pasó ese día con su automóvil y notó que la pieza estaba corrida de su sitio. De inmediato, dice, decidió que una cuadrilla de MOA la retirase. “Era la época en que se robaban todo lo que tuviera que ver con bronce y evaluamos que lo mejor era ponerla en un lugar seguro, hasta poder hacerle un anclaje más fuerte”. La ubicación del “Heracles…” en la Plaza Dante (Libertador, Figueroa Alcorta, Pueyrredón y Emilio Petorutti) no es un capricho, otra obra de Bourdelle colocada a pocos metros, componen una dupla escultórica que remite a la mitología griega `[…] Báez le explicó a “Clarín” que “se decidió que la ciudad volviera a tener una de las obras de arte más preciadas, de la cual sólo hay diez copias en el mundo. Se tardó en restablecerla porque se estuvo evaluando el tipo de anclaje que se le iba a poner y se restauró (tenía partes dañadas), limpiando y patinando para resaltar su brillo original. Además, se incorporó en la base un anclaje de bronce y se colocó una reja perimetral en la Plaza Dante, que estará abierta de 8 a 20 y será patrullada de noche.” (2).
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Notas:
(1) Santaella, Eduardo y  Peña, José María: “Esculturas de Buenos Aires”, Bs. As., 1972, pág. 75.
(2) Sánchez, Ezequiel: “Buenos Aires recupera una de sus esculturas fundamentales” en “Clarín”, 8 de agosto de 2005.

Imagen: Heracles arquero, de Émile Antoine Bourdelle.