4 ene. 2015

La sinagoga de la calle Piedras


(De Sara Vaisman)

Hace unos años, comencé un estudio sobre las sinagogas de Buenos Aires. Cada una de ellas, da testimonio de la comunidad que la construyó y representa a un determinado grupo, según la ciudad o región de la que provienen sus miembros.
Hace poco tiempo, tuve la oportunidad de ingresar a la sinagoga de la calle Piedras, cuyo nombre es Bet El, donde concurrían sefardíes de origen marroquí.
A comienzos del siglo XX, la Congregación Israelita Latina, fundadora de esta sinagoga, logró la compra de un terreno en la calle Piedras 1164 donde se levantó el mencionado edificio. En esos años, cuando se realizó la obra, Buenos Aires no estaba tan poblada; la ciudad comenzaba a experimentar profundos cambios, derivados de la nueva composición social y del crecimiento económico que se vivía en ese momento.
Hacia finales del siglo XIX, la producción arquitectónica y la idea de progreso, alentaban a los constructores a abandonar la tradición nacional para incorporarse a los modelos de la cultura de Francia, Italia y Gran Bretaña.
Buenos Aires crecía y se transformaba adquiriendo las características de una metrópoli de población cosmopolita y se extendía creando nuevos centros, además de los consagrados. La imagen de la ciudad, en este período, como capital de una nación en formación, requería de nuevos símbolos que la identificaran con la modernidad, con la mirada puesta en Europa. En el viejo continente, el eclecticismo imperante recobraba imágenes de su historia, que nuestro país también adoptó. Por lo tanto, no nos resultará extraño hallar en los edificios construidos en dicho período, esas influencias, incluso en la tipología sinagogal.
Este edificio de la calle Piedras, interior y exteriormente, es un ejemplo más de la arquitectura porteña de la década del veinte. El proyecto estuvo a cargo de José Tartaglia, arquitecto de origen italiano, no judío, no existen otros datos, la obra habla en cada detalle.
Está emplazada en un terreno convencional entre medianeras, correspondiente a la división parcelaria de Buenos Aires, y la sinagoga ocupa la totalidad de los 8 metros de ancho del lote.
El edificio está conformado por un hall de acceso que antecede a la sinagoga propiamente dicha, donde se encuentra la escalera de acceso a la galería superior y otros anexos. El salón está conformado por una nave única, rectangular. Esta forma define una fuerte dirección longitudinal ya que acceso y Eijal (arca), punto focal principal, se encuentran en los lados menores del mismo.
Una tarima se eleva por encima del nivel del salón dando lugar a la ubicación de la bimá y detrás de ella al Eijal que se encuentra flanqueado por dos columnas doradas. Una galería superior, el espacio destinado para las mujeres, recorre el lado corto del acceso y los dos laterales largos hasta unos metros antes de llegar al espacio del Eijal. Se dispone a modo de balconeo sobre el salón principal y constituye una fluidez espacial que ha de permitir la participación de las mujeres en los servicios.
Desde el techo, compuesto por una bóveda de cañón, pende una enorme lámpara; ubicada en el centro del salón, ilumina la parte principal. Además, hermosas lucarnas permiten una iluminación cenital natural, a la vez que dejan ver las estrellas por la noche. En el muro posterior del edificio, detrás del arca sagrada, se recortan cinco vanos cuyo cerramiento lo componen bellos vitrales.
El arquitecto incorporó en esta obra su saber y el lenguaje de influencia italiana. El antepecho que recorre la galería superior está ornamentada por pequeñas columnas de orden corintio. Esta arquitectura académica de finales del siglo XIX y principios del XX se hace evidente en la fachada, básicamente una conformación simétrica en que un gran arco de medio punto sobre dos pilastras abarca la totalidad de la composición. Las particiones verticales responden a un esquema tripartito enfatizando el área central donde se ubica la entrada. Por debajo del arco se ubican tres ventanales con vitrales, uno central de dimensiones mayores a los dos laterales siguiendo la tripartición mencionada.
Una partición horizontal, materializada por una suerte de friso adornado con pequeñas columnitas de orden corintio con arquitos de medio punto idéntico al detalle del antepecho de la galería alta del interior. Este friso llega hasta las pilastras laterales sin superponerse a ellas donde se destaca la verticalidad que muestran las mismas. Sobre este friso se ubicaban, además, las dos tablas que simbolizan las tablas de la ley, hoy inexistentes.
Debajo de este friso tres puertas macizas de madera siguen la tripartición simétrica proveniente del interior. Para completar, el frente está adornada por arabescos siguiendo la curvatura del arco y las pilastras laterales contienen, cada una de ellas, un pequeño nicho donde se ubican un par de columnitas salomónicas coronadas por un pequeño arco en forma de herradura o morisco.
Todo el edificio se encuentra retirado de la línea municipal. Una escalinata eleva la edificación sobre el nivel de la calle. La línea municipal queda reconstruida a través de una reja.
El edificio constituye una discontinuidad en el espacio urbano. Según el arquitecto Aldo Rossi, en una ciudad se manifiesta ese especial contraste entre lo universal y lo particular, lo individual y lo colectivo. Esta división de la esfera privada y la pública está relacionada con la arquitectura de la ciudad.
Las áreas públicas están constituidas por edificios de carácter colectivo, destinados a actividades de la comunidad que la identifican como tal. Los sitios religiosos, constituyen gran parte de este universo: son sus espacios sagrados.
Dentro del universo de los edificios de carácter colectivo edificados por la comunidad judía son las sinagogas los signos más visibles y representativos. Sus elecciones de lenguajes o estilos arquitectónicos respondieron, más bien, al momento histórico de la construcción de estos edificios y a las preferencias de cosmética de cada grupo según su origen o el de los diseñadores. Su presencia se ha de evidenciar a partir de su morfología, más monumental, algo retirados de la línea municipal, cargados con adornos y símbolos visibles propios del judaísmo. La sinagoga Bet El de la calle Piedras, se erige a manera de quiebre en el espacio profano de una ciudad.
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Imagen: Frente de la sinagoga Bet El. (Foto tomada de la página elsoldesantelmo.com.ar).
Material tomado de la revista sefaraires.com