1 ene. 2015

Tramperas, ratones y pajaritos


(De José Muchnik)

 Supongo que antes, mucho antes del fuego ya habíamos inventado las trampas ¡coméos los unos a los otros! no te enojes Jesús, así fue siempre, claro que mejor sería amarse, pero qué podemos hacer si tiraron dados cargados, ¡yo qué sé quién los tiró!, mejor no averiguar. Por supuesto que el fuego fue un gran progreso, permitió churrasquear bestias que antes comíamos crudas. La gente es así, desagradecida, nadie se acuerda cuando saborea chinchulines o chorizos, que está en deuda con genios anónimos que inventaron el fuego. Tampoco Josecito imaginaba que las tramperas para ratones o pajaritos que vendía en la ferretería don Miguel tenían sus orígenes en los confines de la historia, ahí donde comenzamos a “domesticar” la naturaleza. El principio para cazar mamuts no era muy diferente, un hoyo enorme disimulado con palos y ramas, un señuelo y…, esperar que el mamut cayera ¿Se imaginan? Una horda de pequeñitos humanos matar y despedazar un enorme mamut, no cabe duda de que somos animales muy inteligentes ¿o alguien piensa lo contrario?  Trap, trap, trap…, parece que la palabra trampa también viene de muy lejos y tiene sus orígenes en el ruido (1) de los pasos, después de todo hacerle “pisar el palito” a otros animales o a sus semejantes nos preocupó a largo de nuestra evolución, y nos sigue preocupando. ¡No! ¡por favor! no entremos en debates inútiles, en eso andamos desde que estrenamos esta obra, en erigirnos en el centro de la creación, no sé si es un éxito, pero que hay público lo hay, cada vez más, aunque se caigan del mapa; tampoco conocemos libretos alternativos, no, no hablo de política, me refiero a la estructura de la tragedia.
Josecito vendía las tramperas para ratones sin la menor idea de que esos pequeños objetos eran fruto de milenios de sabiduría, tampoco sentía piedad alguna por las bestiecillas guillotinadas. Mire señora, si no tiene queso ponga un poco de pan duro en esta lengüeta, luego la arma así, con cuidado y la deja en algún rincón, ojo apóyela despacito si no…, entonces me daba el gusto, tiraba un clavo o un tornillo en el lugar preciso y… ¡Trap! …¡Ayyy!... no se asuste señora ¿vio? es muy sensible, cuidado con los dedos, aconsejaba con simpatía a los clientes. Después de todo por qué horrorizarse, Boedo no era la jungla pero había que sobrevivir, la feria de Colombres, el mercado de Inclán, el de San Juan…, desparramaban roedores por el barrio, tratar de liquidarlos me parecía normal. Algunos preferían agarrarlos vivos, cuestión de economía decían, estas tramperas se pueden reutilizar, no quedan impregnadas con olor a sangre, son bichos muy piolas, si huelen algo raro se rajan. Los ahogo pibe, qué querés que haga, que los saque a bailar, aclararon mi duda un día de manera “amable”, no entiendo por qué eso me daba más asco que imaginarme las cabecitas aplastadas de un saque, hay cosas difícil de explicar. Las tramperas para ratas, más grandes, de madera o de hierro, funcionaban con el mismo principio, pero a ésas no me dejaban despacharlas…, prohibidas para la manipulación de menores.
Con los pájaros era diferente, les veía cara de asesinos a los que las compraban, tal vez la memoria me traicione pero eran más bien hombres, les mostraba las tramperas, yo qué sé cómo funcionan, eso lo debe saber usted jefe, trataba de terminar la venta lo más rápido posible, no soportaba la idea del pajarito prisionero. Cuando le pregunté para qué querían cazarlos mi viejo respondió, los venden Iósele, con una sonrisa tenue, como disculpando mi inocencia. Van aquí nomás, a Luján, Cañuelas…, o un poco más lejos, a Punta de Indio, Chascomús… Ahí agarran “cabecitas negras”, chorlitos, cardenales, jilgueros…, hay un buen mercado… Así es Alejandra (2) la jaula no se volvía pájaro, la poesía es vida pero la vida no siempre es poesía, así terminaban pobrecitos, música emplumada en jaulas, mínimas Venus hotentotes (3) para distracción de… Y así seguí perdiendo mi inocencia, lo que no me había dicho mi viejo es que las aves no vendibles, entre ellas los gorriones, terminaban en “polenta con pajaritos”; no señores no es ningún invento, es más, en el norte de Italia fue una tradición culinaria hasta los años setenta, luego comenzaron a protegerlos, a los pájaros me refiero, porque la gente… La gente se la rebusca como puede y aunque a los lectores  les parezca mentira, hoy, año 2014, comienzos del tercer milenio, en las costas del Mediterráneo, millones de aves migratorias son masacradas en permanencia (4). Triste destino el de gorriones y golondrinas Edith (5), sus gorjeos silenciados en polenta.
Ratones, pajaritos, gente…, con los años me da la sensación de que estamos dando vueltas en la misma jaula…, pero no vemos los barrotes… ¡Cómo se sofisticaron las trampas!
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Notas:                                                   
(1) Trampa: “el origen es onomatopéyico,  de la voz ¡Trap! o ¡Tramp! que imita el ruido de un cuerpo pesado en marcha”. J. Corominas, J. A. Pascual. Diccionario crítico etimológico, ed. Gredos, 2001.
(2) Del poema de Alejandra Pizarnik “El despertar”: […] Señor  / La jaula se ha vuelto pájaro  / y ha devorado mis esperanzas  / Señor / La jaula se ha vuelto pájaro  / Qué haré con el miedo.
(3)  Venus hottentote: En referencia a la historia de Saartjie Baartman nacida a fines del siglo XVIII en África del Sur, vendida en 1810, al británico William Dunlop, quien la llevó a Europa para exponerla en su circo como una rareza. Prohibido el espectáculo en Londres, fue trasladada a París donde se constituyó en una curiosidad científica y sus restos embalsamados expuestos en el “Musée de l’Homme” hasta el año 1974 fueron recién devueltos a África del Sur en el año 2002 donde fueron inhumados. (http://www.wanafrika.org/2013/02/historia-de-sarah-bartman-la-venus.html ).
(4) Cada año, de una punta a otra del Mediterráneo, cientos de millones de aves, desde las paseriformes hasta las grandes planeadoras, se matan para comerlas, para enriquecerse, por deporte o por distracción. La matanza es totalmente indiscriminada, con un gran impacto en poblaciones de aves que ya están suficientemente machacadas por la destrucción o la fragmentación de sus hábitats (fuente: Last song for migrating birds de Jonathan Franzen, http://www.seo.org/2013/06/18)
(5) En referencia a la cantante Edith Piaff apodada “el gorrión de París”.

Ilustración: Trampera para cazar ratones.
Nota tomada del periódico “Desde Boedo”, mayo de 2014.