27 mar. 2015

Una trayectoria enjundiosa, una conducta ejemplar

 


(De Haydée Breslav)

Juan José Castro, director de orquesta y compositor de renombre internacional, está considerado como uno de los mejores y más completos músicos argentinos. Se destacó asimismo por la ejemplar fidelidad a sus convicciones democráticas, que le costó cesantías, penurias y exilios.
Nació en Avellaneda; sus hermanos José María y Washington también fueron músicos notables. En Buenos Aires estudió armonía con Constantino Gaito y contrapunto, fuga y composición con Eduardo Fornarini; en París asistió a los cursos de la prestigiosa Schola Cantorum, bajo la dirección del célebre Vincent d´ Indy, y fue alumno de piano de Édouard Risler.

EL DIRECTOR DE ORQUESTA
Espigando en su abundosa trayectoria, podemos decir que en 1928 fue designado director de la orquesta del Teatro Colón, donde desarrolló una encomiable labor que se truncó en octubre de 1943, cuando junto con varios intelectuales firmó un documento que, entre otras cosas, reclamaba por la vigencia de una “democracia efectiva por medio de la fiel aplicación de todas las prescripciones de la Constitución”. En consecuencia, el gobierno del general Pedro Pablo Ramírez lo despojó de su cargo en el Colón y de su cátedra en el Conservatorio Nacional de Música, que ejercía desde 1931.
En un excelente estudio, el musicólogo Omar Corrado refiere: “En 1945 se le ofrece reintegrarlo a sus cátedras, a lo cual responde: ‘He seguido sustentando, y cada vez con más bríos, esos mismos principios [del manifiesto de 1943] que me valieron por parte del Gobierno de la Nación el calificativo de 'falto de lealtad para con el país'... ¿Cómo podría admitirse la monstruosa facultad del Poder de agraviar arbitrariamente a los ciudadanos cuya protección y defensa le está precisamente encomendada? Por ello, y porque entiendo que nuestro alejamiento de la cátedra –ahora voluntario- significa una constante protesta por el agravio inferido a la ciudadanía en aquella ocasión, así como expresa un constante anhelo por el restablecimiento de la normalidad institucional, he resuelto no reintegrarme a mi cargo’”
Prosigue Corrado: “En ese año, en ese contexto, compone una “Marcha de la Constitución”, con letra de Cupertino del Campo, otro firmante del manifiesto del 43. Sus dificultades se acrecientan progresivamente, hasta llegar durante el primer gobierno de Perón a una situación insostenible”. 
Y ese mismo año, la Academia Nacional de Bellas Artes lo incorporó como miembro de número.
Corrado consigna también que en 1928 Castro había dirigido en el Colón un concierto en homenaje al fundador del Partido Socialista, Juan B. Justo, recientemente fallecido, y “La Internacional” fue parte del programa; en la oportunidad habló, entre otros, Alfredo Palacios. Y que en abril de 1943, en el teatro Gran Rex, dirigió el estreno sudamericano de la “Sinfonía de Leningrado” de Shostakovich, compuesta en pleno sitio de esa ciudad por las tropas alemanas, y dedicada por el autor a “nuestra lucha contra el fascismo”.
En 1941, el gran Arturo Toscanini invitó a Castro a dirigir la Orquesta Sinfónica de la NBC, de Nueva York, en una serie de conciertos. En 1947, ya despojado, como dijimos, de sus cargos en nuestro país, fue propuesto por otro afamado conductor, Erich Kleiber, para ocupar la dirección de la Orquesta Filarmónica de La Habana.
Un año después, ya exilado en Montevideo, se lo designó director titular de la orquesta del Servicio Oriental de Radiodifusión Eléctrica (SODRE), a la que en 1949 condujo en el estreno mundial de su ópera “La zapatera prodigiosa”, sobre textos de García Lorca.
En 1950 inició una gira artística por Europa, y entre 1952 y 1954 estuvo al frente de la Victorian Symphony Orchestra, de Melbourne. Como director cumplió asimismo actuaciones en las ciudades de Washington, México, Santiago de Chile y Lima, entre otras.
De regreso en nuestro país, en 1956 se lo designó director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional. En esta nueva etapa, dio comienzo a su primer concierto con la ejecución del Himno Nacional, que dirigió de espaldas a la orquesta y de frente al público, que coreó emocionado las estrofas patrias.
Por iniciativa de Pablo Casals, quien en 1958 organizó la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico y al año siguiente su Conservatorio Nacional de Música, Castro inauguró en 1960 los cargos de director titular y de rector, respectivamente, de ambas instituciones.                                   
EL COMPOSITOR
La producción autoral de Castro es monumental. En apretada síntesis, podemos recordar que en 1931 la Sociedad Internacional de Música premió su obra sinfónica “Allegro, Lento e Vivace”, que fue ejecutada en Londres, y que en el concurso mundial para elegir una nueva ópera lírica organizado por el Teatro de la Scala, obtuvo el primer premio con “Proserpina y el extranjero”, estrenada en 1951 en esa sala.
Han dirigido sus obras maestros de prestigio internacional como Ernest Ansermet, Clemens Krauss, Grzegorz Fitelberg, Leopold Stokowsky, el nombrado Erich Kleiber, Alberto Casella y Heitor Villalobos, entre otros.
En 1929 fundó, junto con su hermano José María y Gilardo Gilardi, Juan Carlos Paz y Jacobo Ficher, el grupo Renovación, que introdujo nuevas estéticas en la música argentina.
En una reseña elaborada por el propio autor encontramos, entre otras obras, los poemas sinfónicos “Dans le jardín des morts”, “A una madre”, “La Chella” y “Sinfonía”; la “Sinfonía Bíblica”, para coros y orquesta; “Suite infantil” y “Suite breve, para orquesta de cámara”; la “Sinfonía Argentina” y la “Sinfonía de los campos”; los ballets “Meckano” y “Offenbachiana”; el poema sobre textos de Hernández Martín Fierro, para barítono, coro y orquesta, y el “Cuarteto de cuerdas”.
Merece destacarse también la ópera “Bodas de sangre”, sobre la tragedia homónima de Lorca, que estrenó en el Colón en 1956. El periodista español Juan Luis Tapia recuerda que Castro había compuesto la música de la [excelente] película de igual título filmada en Córdoba por Edmundo Guibourg en 1938, con un elenco encabezado por los actores españoles exilados Margarita Xirgu y Pedro López Lagar, y realizada como homenaje al poeta asesinado dos años antes. Asimismo, Castro musicalizó varios poemas del granadino.
Párrafo aparte merecen sus “Tangos para piano”, de 1941, que incluyen tributos a Gerardo Matos Rodríguez y a José Luis Padula y que, lamentablemente, ninguno de los grandes pianistas del género incorporó a su repertorio, a pesar de disponer de los recursos técnicos necesarios.
Según Omar García Brunelli, en esos tangos “confluyen dos tradiciones musicales, una del campo académico, en el que el compositor se desenvolvía, y la otra del campo popular: el tango”.
Y señala que “a diferencia de muchos otros compositores argentinos académicos que escribieron tangos, Castro era ciertamente un conocedor del género: había escrito varios tangos populares en sus primeros escarceos como autor y lo transitó como intérprete”.
Al respecto, Julio De Caro cuenta que Juan José Castro, “en su época joven, sintió verdadera vocación por el tango, llegando a integrar la gran orquesta de Salvador Merico”. Y vale la pena mencionar que su hermano José María supo acompañar a Gardel.
Según observa García Brunelli, “Castro mantuvo, además, una relación recurrente con el tango dentro de su obra. En su ópera `Proserpina y el extranjero` (1951), por ejemplo, cuyo argumento se desarrolla en los suburbios, evoca lo vernáculo urbano recurriendo a géneros populares. Así, emplea una milonga para caracterizar a Marta, la madame del conventillo, un vals para el personaje de Cora y recurre al tango para momentos de la acción en la que se manifiestan los compadritos”.
Indica que “otras obras de Castro en las que aparece el tango son su ‘Sinfonía Argentina’ (1934), cuyo primer movimiento Arrabal está basado en elementos tanguísticos; los ‘Corales Criollos n° 1’ (1947) para piano, en los que la variación VII está indicada Quasi tempo di tango; y sus ‘Corales Criollos n° 3’ (1953), para orquesta, cuya variación V se denomina Tango”.
Juan José Castro murió en Buenos Aires el 3 de septiembre de 1968. En su homenaje, los conservatorios de música de Martínez (Buenos Aires), y de Río Tercero (Córdoba) ostentan su nombre. 
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Imagen: Juan José Castro.