27 mar. 2015

Ganadores y perdedores de un trágico desenlace



(De Miguel Ruffo)

El 18 de marzo de 1865 el Paraguay de Francisco Solano López declaró la guerra a la República Argentina. El gobierno de Bartolomé Mitre, y como parte de su estrategia para hacer aparecer a esa nación como agresora, ocultó la declaración, mientras continuaba hilvanando los hilos de su alianza con el Brasil para llevar adelante la guerra contra el Paraguay.
La guerra del Paraguay tuvo su origen en el Uruguay, en el conflicto que enfrentaba a blancos y colorados. Los blancos uruguayos fueron tradicionales aliados de los federales argentinos, mientras que los colorados lo fueron de los unitarios.
El Uruguay estaba gobernado hacia 1863 por un gobierno blanco moderado cuyo presidente era Bernardo Prudencio Berro. La revolución colorada contó con el apoyo del Brasil y la Argentina. El líder colorado Venancio Flores salió de Buenos Aires para invadir Uruguay y levantarse en armas contra el gobierno blanco. Brasil, que desde años atrás venía incrementando su presencia económica en la Banda Oriental, apropiándose de numerosas extensiones de tierras, aumentó su intervención con su presencia militar. Paraguay consideró que estas intervenciones alteraban el equilibrio entre las repúblicas del Plata a favor del Imperio del Brasil, con el que, por otra parte, tenía conflictos limítrofes en la región del Matto Grosso. El apoyo paraguayo a los blancos uruguayos y la necesidad de poner un freno al expansionismo del Imperio llevaron a la guerra entre el Paraguay y Brasil, mientras la Argentina de Mitre sellaba una alianza secreta con este último.
Paraguay necesitaba pasar por territorio argentino, concretamente la provincia de Corrientes, para auxiliar a los blancos uruguayos, que habían visto en enero de 1865 caer a la heroica Paysandú en manos de las tropas coloradas y brasileñas. Pero Mitre, alegando una falsa neutralidad, le negó a López ese pasaje. Ante esta situación, tras la declaración formal de guerra en marzo de 1865, las fuerzas paraguayas invadieron la provincia de Corrientes. Tras este acontecimiento, el liberalismo mitrista, para llevar la guerra contra el Mariscal Francisco Solano López, selló en mayo de 1865 una alianza con el Brasil y el Uruguay conocida como Tratado de la Triple Alianza. En realidad se convertía en pública una alianza que ya había sido pactada en secreto en las Puntas del Rosario el 18 de junio de 1864.
Mitre prometió: “En 24 horas en los cuarteles, en 15 días en Corrientes, en tres meses en Asunción”, pero la guerra duró cinco años. Al respecto, señala Fernando Barba: “La guerra se desarrolló casi totalmente en territorio paraguayo. Las batallas fueron sangrientas y crueles. Solo en la acción de Curupaytí murieron unos 9.000 argentinos. En enero de 1869, Asunción fue saqueada durante varios días por las tropas brasileñas. Al finalizar la guerra, prácticamente toda la población masculina adulta del Paraguay había perecido, incluyendo a su presidente Francisco Solano López, muerto en Cerro Corá en 1870. Muchas mujeres y niños fueron vendidos como esclavos en el Imperio, donde la esclavitud aún era un próspero comercio. Como resultado de los tratados de paz, Paraguay perdió grandes extensiones de territorio”.
La guerra del Paraguay fue sumamente impopular en la Argentina. Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos y jefe del partido federal, al que había traicionado desde la batalla de Pavón en 1861, respaldó a Mitre en su agresión al Paraguay, pero los propios campesinos y soldados entrerrianos se amotinaron cuando se los quiso conducir al frente. En el interior mediterráneo y bajo la conducción del caudillo Felipe Varela, las montoneras se sublevaron contra la guerra. En su proclama, Felipe Varela señalaba que el glorioso pabellón de Los Andes, de las campañas a Chile y Perú, había sido mancillado por Mitre en las batallas de Estero Bellaco, Tuyutí y Curupaytí. Llamaba a solidarizarse con Francisco Solano López y luchar contra los porteños y liberales. Era un manifiesto por la unidad de los pueblos americanos. Esto decía Felipe Varela: “[…] Cuando los pueblos argentinos penetraban la política del general Mitre a través del humo y las llamas en que se abrazaba la heroica Paysandú, derramaban lágrimas de indignación. […] Cuando la sangre de Leandro Gómez caía derramada por las armas del crimen, y el general Mitre pregonaba desde los balcones su gran política en tres meses a la Asunción, la indignación de las provincias llegaba ya a su colmo y el espíritu reaccionario germinaba en todos los corazones argentinos. Se llevó la guerra al Paraguay. Miles de ciudadanos fueron llevados atados de cada provincia al teatro de aquella escena de sangre. Ese número de hombres honrados perecieron víctimas de las funestas ambiciones del general Mitre y un nuevo contingente de víctimas pedido por segunda vez a esos pueblos infelices fue toda la cuenta que aquel mandatario les dio de los llevados primeramente. ¡Viva la Unión Americana!”.
Pero la oposición no se limitó a las últimas montoneras federales. Juan Bautista Alberdi, uno de los más importantes teóricos del liberalismo argentino de los últimos decenios del siglo XIX, fue un acérrimo crítico y opositor a la guerra contra el Paraguay. Señaló en sus escritos las causas reales del conflicto. Lo central del problema residía en que el Brasil, dada su condición de país tropical, necesitaba tierras templadas para la producción de alimentos y ello lo condujo a intervenir en el Uruguay, que podía proporcionarle esa franja de tierras, lo que en la perspectiva del Paraguay alteraba el equilibrio del Plata. Asimismo, después de la reforma de la Constitución en 1860 y de la batalla de Pavón en 1861, había sido revocado el sistema institucional y económico creado por la Constitución de 1853. El mitrismo libraba una guerra contra las montoneras federales del interior: Ángel Vicente Peñaloza y Felipe Varela.
Consecuentemente, podemos interpretar la guerra del Paraguay (1865-1870) como una guerra civil internacional. Fue, en el plano de una guerra interestatal, la continuación en las relaciones internacionales de la guerra entre las montoneras y los liberales. En su lucha contra el Paraguay de Francisco Solano López, el partido liberal de Bartolomé Mitre, sirviendo a los intereses del Brasil, se alió con el enemigo histórico, primero de España y luego de las Provincias Unidas del Río de la Plata. En efecto, ¿cuál era la fuerza social que lesionaba los intereses de España en el Plata? La respuesta inmediata es la colonia portuguesa del Brasil. Y luego su heredero, el Imperio. Pero ¿quién estaba detrás de Portugal primero y del Brasil después? La respuesta inmediata: los intereses del capitalismo británico. Y son estos mismos intereses los que se movían detrás del mitrismo, ya que este partido representaba a la burguesía comercial importadora.
En su análisis de la historiografía anglosajona relativa a la guerra del Paraguay, Andrés Cisneros y Carlos Escudé afirman: “F. J. Mclynn sostiene que la causa primaria de la guerra del Paraguay fue la política del gobierno argentino bajo la presidencia de Bartolomé Mitre […]. Sin eliminar otras posibles explicaciones, Mclynn se centra en las acciones y políticas del gobierno de Mitre en la Argentina para explicar la guerra de la Triple Alianza. Lynn sostiene que Box acierta cuando coloca en su análisis causal de dicha guerra el conflicto entre la ideología del laissez-faire del liberalismo en la Argentina y el estatismo del Paraguay”. Pero lo que esta historiografía oculta es que por detrás de los agresores inmediatos estaban los intereses de Gran Bretaña, que necesitaba abrir el mercado paraguayo a sus mercancías y empréstitos.
La penetración del capital mercantil y bancario en el Plata no podía tolerar un régimen como el de Paraguay. El aislamiento en que esta nación se había refugiado desde 1811 le permitió mantenerse al margen de la circulación del capital internacional, preservar el carácter público de gran parte de sus tierras explotadas en forma enfitéutica, y alcanzar un incipiente desarrollo industrial: fundiciones y ferrocarril. Paraguay constituía un modelo económico que debía ser suprimido para afianzar los intereses del capital británico.
En el momento de su muerte, que como señalamos en párrafos anteriores ocurrió en plena batalla, luchando, Francisco Solano López manifestó: “Muero por mi patria”. El Paraguay nunca pudo recuperarse del golpe que le infligió el capitalismo británico a través de sus testaferros sudamericanos: el Imperio del Brasil, el partido liberal de Bartolomé Mitre y los colorados del Uruguay.
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Fuentes consultadas:
Barba, F. E. “La guerra del Paraguay” en Historia visual argentina, Buenos Aires, Biblioteca Clarín.
Cisneros, A. y Escudé, C. “Historia general de las relaciones exteriores de la República Argentina”, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1998.
Ortega Peña, R. y Duhalde, E. L. “Felipe Varela contra el Imperio británico”, Buenos Aires, Sudestada, 1965.

Imagen: Escena de la guerra con el Paraguay (Óleo de Cándido López)
Nota tomada del periódico barrial “Tras Cartón”