15 jun. 2015

El adiós a "Salemi"



(De  Mario Bellocchio)

 Desde los lejanos tiempos –a comienzos del siglo pasado– en que Alfredo Salemi dejaba su Italia natal para radicarse en la Argentina, hasta el último caramelo salido del mostrador de “Salemi”, pasó más de un siglo. Cien años en que la célebre bombonería acompañó a boedenses y porteños para endulzarles la vida. En todos esos años del bullente Boedo social que tenía ocho cines en cinco cuadras, también podía lucir una bombonería proveedora de delicados bocados de chocolate elaborados con artesanal dedicación, a partir de aquel Alfredo fundador que necesitó proyectar lo que había visto en su desembarco laboral en la “Confitería del Molino”.
A mediados de la década de 1920 Alfredo convence a su hermano Salvador y juntos emprenden la dulce aventura chocolatera en Independencia 3650, al lado del viejo mercado.
Las habilidades artesanales pronto pasan, casi obligadas por los requerimientos,  al plano profesional. De pronto los Salemi se encuentran proveyendo a “Gath y Chaves” y a la “Confitería del Gas” –por nombrar a sus más célebres clientes– sin desatender al vecindario que ya siente como propias esas vidrieras de cristales curvos y la impecable boiserie de madera art nouveau del interior, impregnada con la fragancia de las confituras.
Allá a fines de los 40’s, Alfredo siente la necesidad de colocar su producción en forma directa, por lo menos en su barrio de origen, y así nace el negocio de Carlos Calvo 3611 que perduró hasta la actualidad. En aquellos tiempos, con el consabido cartel de letras doradas “a la hoja” que “debían” llevar aquellos locales que pretendieran determinada categoría. Y lo de Salemi no era sólo una pretensión, la calidad mantenida los había convertido en el paso obligado ante cada celebración, homenaje o simplemente glotonería, que los vecinos de Boedo –y unas adyacencias cada vez más extendidas– debían dar para quedar bien con el entorno o consigo mismos, aguardando ser atendidos junto a Julio De Caro, Josephine Baker, Iris Marga, Cátulo Castillo, Antonio Sureda, Alfredo Lamacchia, el “Negro” Maciel o Feliciano Brunelli, habituales clientes del lugar, y de Alfredo Salemi en particular, quizás el más dotado de los hermanos para establecer lazos amistosos con el entorno. Un vecindario poblado y activo con personalidades del barrio como Pedro Guercio, el sombrerero; los médicos Juan y Ángel Bracco, el doctor Morana; Bautista Rubillo, que en la misma cuadra elaboraba artesanalmente sus famosos higos secos y aceitunas; Matías García, que estaba al frente de la GDA (“Grandes Despensas Argentinas”); Alfredo Lamachia, el célebre “canillita” barrial luego empresario teatral y el peluquero de hombres César Leyende, que tenía su local cerquita de la confitería “Río de Oro”, que estaba enfrente nomás, haciendo esquina con Boedo.*
“Don Alfredo: aquí le traigo las cadenitas para Pascua”. O “los anillos”. O “este regalito...” –Poco más o menos, ésos eran los mensajes que recibían los Salemi cuando se ponían a confeccionar los tradicionales huevos de chocolate. Porque, para ese entonces, los abrumaban los pedidos “especiales” donde una pequeña alhaja pasaba a mezclarse con el confitaje del interior de la ritual golosina transformándose en la sorpresa que desorbitaba los ojos de novias, esposas, hijos...
Fueron años en que, como parte de una tradición, varias generaciones de vecinos de Boedo solían concurrir ante una celebración familiar, aniversario o cumpleaños para comprar los “bombones tipo suizo”, las “frutas de mazapán”, las “cocoas”, las “chauchitas de naranja” “el bombón savaren”, las “yemitas de huevo” y otras especialidades. En los días de Navidad y Año Nuevo las vidrieras se vestían para la ocasión y los turrones, las “almendras rosadas” y las “almendras París” pasaban a ser los protagonistas de aquellos días que se extendían hasta tarde, cerrando poco antes de la hora del brindis.
Mientras tanto Alfredo, en su desfile personal de descendencia, había dejado cuatro hitos a partir de 1931. Silvio, Delia, Leonor y Juan Carlos –en ese orden–, que hasta fines de los cuarenta sólo dedicaron a la bombonería algún inobservado manotón a la bandeja de “los de fruta”, y se fueron incorporando a los turnos de atención reemplazando escalonadamente a Alfredo hasta que el papá decidió partir hacia dulzuras mayores en 1957.
Fue necesaria entonces una nueva conducción y María, su esposa, con la ayuda de sus cuatro hijos tomó la tarea de continuar el emprendimiento. Las “chicas Salemi” fueron las encargadas de recrear muchas de las recetas que dejó su padre, y de mantener un cálido contacto con los clientes que aún hoy es recordado. Delia, que trabajó con especial dedicación desde sus 15 años y hasta el nacimiento de su primera hija, y Leonor quien a partir de entonces sería la continuadora de las tradiciones en la familia y en el negocio, contando con la colaboración inicial de su hermano mayor, Silvio, y el menor, Juan Carlos, junto a su cuñada Andreina, durante varios años.
Leonor, la “Tía Bombón”, como la bautizaron cariñosamente sus sobrinos nietos, día tras día durante más de medio siglo abrió las puertas del negocio, con un profundo amor y orgullo por su trabajo, con un esfuerzo que no decayó a medida que cumplía años, con una entrega incondicional.

El 14 de marzo de este año Leonor se despidió del dulce mundo que durante tantos años cultivó. La bombonería “Salemi”, ya con sus persianas bajas, quedó huérfana de su alma mater final, carente de la continuidad que le daba su última mentora.
Sin embargo, en la historia barrial, la vida de “Salemi” recién comienza y tiene la invulnerabilidad que, al contrario de nuestra efímera existencia, se acrecienta con el paso del tiempo.
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 (*) Datos tomados de “De sombrerero a periodista” (De Osvaldo Guercio) en http://serdebuenosayres.blogspot.com.ar/2012_08_01_archive.html
La evocación especialmente solicitada al periódico “Desde Boedo” por la familia de Leonor Salemi,  firmada por su hermana Delia, sus cuñadas Andreina y Beba, sus sobrinos María Silvia, María Andrea, Carlitos, Alejandro, Pablito, Fabián, Carolina e Inés y sus sobrinos nietos Mauricio, Javier, Juan Pablo, Juanita, Tomás, Bautista y Gregorio, de la cual el autor ha extraído datos para esta nota, se publica íntegramente en: http://www.periodicodesdeboedo. com.ar/evocando-a-salemi/

Imagen: Caramelera y vitrinas de la bombonería “Salemi”. Década de los 90 (Foto rubderoliv).