19 jun. 2015

Con olor a papá




(De Roberto Peregrino Salcedo)

Al drepa le batimos mi viejo o mi papá,
según las circunstancias o la edá.

Yo estaba en el apronte de rajar para el cole.
Él me pasó revista; supervisó mis uñas,
el guardapolvo blanco, me fichó la lustrada,
me peinó con gomina, me anudó la corbata.

Su paternal embroque fue siempre de caricia;
me miraba hacia ajoba, yo a él para arriba.
Hoy lo sigo junando y a pesar de su piro,
de arribeño me sigue revoleando sonrisas.

Por sus cosas de macho; mate amargo, tabaco,
su crema de afeitar, y además el ruidito,
de la yilé filosa raspando a contra pelo,
yo siempre quise ser igualito a mi viejo.

Mientras él se afeitaba, yo iba haciéndole muecas;
el cuello para un lado, la jeta para allá...
Pungándole en secreto su colección de gestos,
yo me estaba afeitando, igual que mi papá.

Manyó que lo imitaba y ahí sí, me dio la cana
mi buen Papá Noel de la barba espumada
que bromeó: "¡qué hacé, mono! ", riéndose con ganas.
Yo también me reía (¡uy qué linda mancada!)

Le di un beso a lo bruto, me rajé para el cole.
- ¡Chau papá! -dije y él, que seguía riendo,
- Volvé, que estás llevando mi jabón en tu ñata.
Yo me hice el sordeli y me olivé contento.

Me sentía feliz al entrar al colegio.
Tenía olor a mate y a su tabaco negro
perfumado de espuma del jabón de afeitar.

Traía en la nariz olor a mi papá.
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Ilustración: Padre e hijo. (Tomado de calendariochile.com)

Inmigración y proletarización



(De Miguel Ruffo)

La inmigración fue un instrumento del que se valió el estado burgués terrateniente para proletarizar amplios contingentes de inmigrantes. Esto es particularmente cierto cuando aquella dejó de estar vinculada a la colonización y quedó librada al juego del movimiento internacional de la fuerza de trabajo. En los Estados Unidos, que se integraron a ese flujo internacional, mucho antes que la Argentina y que disponían de una frontera abierta (la conquista del oeste), la formación de una economía de farmers (pequeños y medianos granjeros) operaba como un factor de atracción del inmigrante hacia las zonas rurales, por eso en las urbes esto impulsaba, en líneas generales, al alza de salarios, para retener en las industrias fuerza de trabajo. La Argentina también disponía de una frontera abierta (la conquista del desierto) pero el dominio del latifundio como régimen de tenencia de la tierra no favoreció el asentamiento de los inmigrantes en las áreas rurales, y debiendo quedarse en las ciudades (Buenos Aires y Rosario fundamentalmente) fueron conformando el proletariado moderno.
Cuando “La Nación” dice que al acto del 1º de mayo de 1890 acudieron “poquísimos argentinos”, esa interpretación no se puede entender como si el acto hubiese sido extranjero, aunque ésta fuera la intención ideológica del periódico. La crítica materialista, dando cuenta del movimiento objetivo de la realidad, debió decir: fue un acto del proletariado argentino (porque aquí es donde se constituyeron como obreros) integrado en su mayor parte por inmigrantes porque la fuente de proletarización del capitalismo en la Argentina son algunos países europeos.
No es el extranjero el protagonista de las huelgas sino el inmigrante proletarizado, las protestas sociales, las huelgas, a las que el estado burgués terrateniente tiene que hacer frente no son protestas de “nacionalidades” sino de clase.
La burguesía terrateniente no ha encontrado mejor medio de deshacerse de los obreros díscolos que el desarrollo capitalista lidera y engendra, que la de agitar –ley de Residencia mediante– contra el conjunto de la clase obrera, el fantasma de expulsarlos del país, arrojarlos al mercado internacional de fuerza de trabajo o de enviarlos nuevamente a su país de origen, que actúa como fuente de suministro de proletarios al capitalismo argentino.
De esta manera la clase que modernizaba al país disimulaba y ocultaba sus contradicciones adjudicando a los extranjeros actividades conspirativas que, ciertamente, en su mayoría eran focalizadas e intrascendentes.  Esta concepción ideológica se veía facilitada porque las comunidades o asociaciones agrupadas por nacionalidades constituían el elemento organizativo y referencial de los primeros inmigrantes.
Al desarrollarse el capitalismo latifundista exportador, al pasar de su fase formativa (ciclos del cuero y del tasajo y de la lana) a su fase inicial y madura  (ciclo de la carne y de los cereales), sin que por ello finalizara la primera, las “comunidades extrajeras” estallan; su movilidad social, (que es un proceso de diferenciación socio-clasista) conduce a la formación de proletarios y burgueses.
“La Prensa” decía que la Argentina redimía al proletariado de los viejos pueblos de Europa, al “permitir al obrero transitar de la condición de asalariado a la de propietario”, y si bien esto es cierto, no debemos obnubilar nuestra comprensión de la relación entre la inmigración y la proletarización, creyendo que esa “redención” era válida para el conjunto de los inmigrantes.
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Fuente:
Frydemberg, Julio y Ruffo, Miguel; “La Semana Roja de 1909”, CEAL, Bs. As., 1992.
Ilustración: Afiche de época. 

16 jun. 2015

Héroes y canallas: bombardeo del 16 de junio de 1955


(De Viviana Demaría y José Figueroa)

LOS ELLOS
Ellos hace algunas horas que han aterrizado sus naves en Uruguay. El Presidente Batlle les ha concedido asilo político. También dispuso que se les proporcionara documentos, hospedaje, una suma semanal de dinero, un traje confeccionado en una selecta sastrería de la avenida 18 de Julio, dos camisas, una corbata, un perramus y hasta un cepillo de dientes. A ellos se los ve relajados, risueños y orgullosos. Atrás ha quedado la castigada Buenos Aires sumergiéndose lentamente en una desolada penumbra. Esa noche, al otro lado del río, ellos serán agasajados con una cena por su distinguido anfitrión. Habrá invitados especiales que -al igual que ellos- Batlle les ha brindado un refugio contra la tiranía del otro lado. Acá, la lluvia persistente es lo único que ahora cae del cielo. Cielo que llora toda esa noche el dolor por los cientos de muertos, por los miles de heridos. Ellos, allá, están relajados, risueños y orgullosos…

EL RECUERDO Y EL OLVIDO
El acto de conmemorar invita a transitar espacios que navegan entre el recuerdo y el olvido. Ambos elementos son constituyentes de la memoria. Lo olvidado, tanto lo reprimido como lo negado (es decir lo desplazado como lo no inscripto) se convierte en un componente de las narrativas que nos conforman como sujetos y también como sociedad.
Estos términos son necesarios al momento de leer los hechos del 16 de junio de 1955, señalando en primer plano que el bombardeo de Plaza de Mayo sobre la población civil significó la inscripción y legitimación de la criminalidad de lesa humanidad que luego se manifestaría en magnitud suprema durante la última dictadura cívico-militar que padeció la Argentina.
Lo que resulta significativo en lo que se refiere a los sucesos de 1955 y sus derivados es la escasa investigación y difusión de sus causas y sus alcances sumado a la dificultad de nominarlo de un modo que resulte abarcativo y pertinente. ¿Bombas sobre Buenos Aires? ¿Matar a Perón? ¿Bombardeo a Plaza de Mayo? Son denominaciones que dicen algo acerca de lo sucedido pero que no dan cuenta ni develan el propósito que promovió la masacre mediante el bombardeo aéreo con bombas de fragmentación y la metralla con proyectiles explosivos. Este primer obstáculo, cierne un manto de oscuridad sobre aquel día que se extiende luego a través de la historia dificultando su resignificación y por ende, desplazando su verdadera dimensión terrorífica.
El intenso y persistente trabajo realizado para sostener un discurso que lograra minimizar la dimensión del horror ocasionado por el bombardeo, los comandos civiles y los insurrectos frente a la exaltación del relato de la quema de los templos, encapsuló ese segmento de la historia recortando su profundidad, su extensión y su sentido genuinos.
A modo de primer acercamiento advertimos que más allá de la evidente reescritura que ha sido impuesta y que, como tal, tuerce el horizonte de sentido de los acontecimientos, encontramos en la propia geografía de la ciudad y en los testigos signos y señales que colaboran en hacer visible lo invisibilizado en la producción de discursos acerca de la masacre del 16 de junio. Por ello una dimensión de lo expuesto puede hallarse en la perturbación que se desprende al interrogar el paisaje póstumo horas después del ataque masivo a la ciudad. ¿Cuánto tiempo fue necesario para retirar de las calles las bombas que no estallaron, los bloques de cemento derrumbados, los vehículos destruidos o quemados, los cuerpos sin vida, los fragmentos de cuerpos irreconocibles, apagar los incendios? ¿Cómo fue posible caminar entre las ruinas durante los días siguientes? ¿Acaso la lluvia impiadosa que se desató aquella noche del 16 de junio fue suficiente para lavar el dolor y el desconcierto de las subjetividades argentinas?

POLÍTICAS DEL SILENCIO
Para quienes –sin haber sido protagonistas del hecho histórico– nos interrogamos acerca de la transmisión intergeneracional de los sucesos y su influencia en el presente, hallamos en los laberintos de la memoria y en sus lógicas de construcción elementos para dilucidar cuánto ha habido de represión psíquica y cuánto de represión política en el silenciamiento del bombardeo. La tensión presente en las palabras utilizadas para la construcción del relato, la insistente disputa por el sentido de la historia y la fricción permanente que señala lo que puede ser dicho y lo que deberá permanecer oculto son tres premisas están ínsitas en el núcleo silente de la narrativa del bombardeo y en la construcción de la identidad tanto subjetiva como social que devino de los resultados de su eficacia simbólica. Por eso la posibilidad de bordear a los hechos con palabras que convoquen a los recuerdos expone las contradicciones del discurso oficial y habilita la salida de la clausura que ese relato impuso a lo largo de más de medio siglo.
Entendemos que a partir del análisis de estos vectores es posible hacer presente discursivamente a los que fueron destituidos de su lugar en su historia personal -por la proscripción sufrida- y en la memoria colectiva – por la negación del acontecimiento.
Es por esto que el punto de inflexión de los relatos que presentaremos a continuación, está sostenido en el desafío de enlazar registros -siempre fragmentarios en tanto y en cuanto son producciones humanas y por lo tanto sometidas a las cualidades de nuestra condición de seres parlantes- constitutivos de la memoria social. Memoria “abierta al trabajo de rememoración colectiva que cualquier sociedad necesita realizar a la hora de pensar el presente y construir líneas de análisis pero también cursos de acción hacia el futuro”.

PEARL HARBOUR
Su nombre aparece vinculado a la primera expedición aérea argentina sobre la Antártida. Un 13 de Diciembre de 1947 aquel cielo fue surcado por primera vez por una aeronave de pabellón nacional. Cumplieron dicha proeza, un grupo de marinos argentinos bajo el comando del Contralmirante Gregorio A. Portillo a bordo del avión cuatrimotor Douglas C-54 Skymaster. La tripulación del 2-Gt-1 estaba compuesta -entre otros- por el Copiloto/Navegante Teniente de Navío (Aviador Naval) Jorge Alfredo Bassi.
Seis años después -en 1953- se embarcaba para realizar un rutinario viaje de instrucción en la Flota de Mar el -ahora- Capitán de Fragata Jorge Alfredo Bassi. Entre sus pertenencias llevaba una exótica bibliografía en la que resaltaba un documento del célebre Capitán de Navío de la Armada Imperial Japonesa: Mitsuo Fuchida. En esos registros de guerra -quien fuera Jefe de Ataque- diseminaba sus pedagogías bélicas como piloto imperial. Aquel golpe agresivo, preciso, devastador, estremecedor y fulminante que la Marina Imperial del Japón le asestó a la Flota del Pacífico de los Estados Unidos lo fascinaba. Él era aviador como Fuchida y también marino. Lo que lo diferenciaba de aquél, era su odio visceral a Perón, lo que lo acercaba, era su confianza ciega en la visión táctica del poder aéreo.
Un día no pudo más y se animó en una sobremesa. “¡Qué lindo imaginar la Casa Rosada como Pearl Harbor!” comentó. Imitar aquel bombardeo japonés para destruir la Casa Rosada y sepultar a Perón y a toda su comitiva bajo los escombros y poner punto final a su tiranía… explicó, sin ruborizarse. Un ataque de tres minutos desde el aire, bajo la iniciativa de la Base Aeronaval de Punta Indio y la historia la comenzamos a escribir nosotros, afirmó. Sirvió una ronda de fino cognac y testeó la mirada de sus camaradas.
Los capitanes de fragata Antonio Rivolta y Néstor Noriega se guiñaron los ojos, Francisco Manrique y Recaredo Vázquez sonrieron satisfechos. Jorge Bassi ensayó un brindis. La conspiración había germinado a bordo y él era el dueño de una idea entusiasta, con estilo, moderna, sin ningún liderazgo militar. Duplicaría aquellos lejanos -y fríos- oropeles antárticos donde fuera un humilde copiloto… ¿quizás mañana primer mandatario?

LA GLORIOSA CLASE 34
Cuando los sortearon para la colimba, les tocó servir en el Regimiento de Granaderos a Caballo. De otro modo aquellos jóvenes provenientes de lugares tan diversos no se hubiesen conocido. Las madres de los muchachos estaban un poco más tranquilas que las demás y hasta orgullosas. Que fuesen destinados en Granaderos era mucho mejor que marina, aviación o simplemente el ejército. Ya sabían ellas el riesgo que corrían sus hijos. Lo sabían por sus padres, sus maridos y por todos los varones que habían pasado por esa experiencia. Algunos no hablaban nunca de eso, otros repetían la proclama de que se habían hecho hombres, otros barnizaban su paso por el servicio militar con una cuota de humor. Para estos últimos, era el único modo que encontraban de tramitar la humillación que la Fuerza les había hecho vivir. Sabiendo que en casi dos años regresarían a sus vidas, la colimba garantizaba que el tiempo que pasaran allí fuese lo suficientemente penoso como para que no se olvidara jamás.
Así y todo, el Regimiento de Granaderos a Caballo, tenía otra impronta. Los trajes impecables, estar en Buenos Aires cerca del Presidente, atenuaba la crueldad inherente al servicio militar obligatorio.
Pero mucho más que el hecho de compartir aquel momento insalvable de sus vidas, fueron los hechos que escribieron la Historia los que llevaron a esos hombres a sellar un pacto que los mantendría unidos para siempre.
Aquella mañana del 16 de junio cerca del medio día correspondía el recambio de los cuarenta granaderos que estaban destinados a los diferentes espacios de la Rosada. Pero las cosas sucedieron de modo diferente.
La orden en las cuadras de armar a toda velocidad los escuadrones sonó fuerte y clara. Luego embarcarse en los camiones, comunicaciones interrumpidas, silencio, frío, miradas insoportables y humo. Al llegar a la Casa de Gobierno… el infierno. El paisaje de los colectivos incendiados, los autos calcinados, la sangre y el profundo olor a muerte provoca el estupor de los granaderos. De pronto un disparo se escucha demasiado cerca y el camión pierde estabilidad. Desde atrás poco puede verse, pero mucho es lo que se puede imaginar. Los gritos de la gente en las calles, desorientada y atónita, se mezclan con las órdenes.
Mientras los leales apostados en sus lugares asignados defienden a sangre y fuego la Casa de Gobierno con sus armas de principios del siglo XX -los fusiles Máuser de modelo a cerrojo que sólo cargaban cinco proyectiles- comienzan a llegar los refuerzos. A ese escenario llegó el 3º Escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo. Los conductores de los vehículos se encuentran entre las primeras bajas. Ramón Cárdenas es quien conducía uno de los vehículos de la columna que transportaba el refuerzo a la Casa de Gobierno. Maniobrando bajo el fuego enemigo, logra aproximarlo a la puerta de entrada para que sus compañeros puedan descender más a cubierto. Él fue alcanzado por las balas de los fusiles semiautomáticos FN de procedencia belga que había ingresado de contrabando el Almirante Rojas especialmente para la ocasión.
En esa circunstancia los granaderos del 3º Escuadrón tratan de ingresar por la puerta de la Custodia pero se encuentra cerrada. Al abrirse el portón algunos logran entrar durante los intervalos que dan las balas. Muchos resultan heridos. Finalmente otros, como José Alodio Baigorria, Laudino Córdoba, Mario Benito Díaz, Orlando Heber Mocca y Pedro Leonidas Paz tienen menos suerte. Mueren alcanzados por las balas sediciosas.
Entre tanto los francotiradores que están situados en el Ministerio de Asuntos Técnicos no dan tregua. Por las calles los insurrectos arrasan con lo que tienen a su paso y el cielo está virtualmente repleto de aviones. De todos lados surcan las balas y caen las bombas que arrojan los veinte North American AT6, los cinco Beechcraft AT11, los tres Catalinas y finalmente de los diez Gloster Meteor.
Dentro de la Casa de Gobierno están atrapadas alrededor de cuatrocientas personas -entre funcionarios, empleados y público- inmovilizados y aterrados frente a la masacre de la que son testigos. Protegerlos y luchar contra el enemigo son las órdenes que los granaderos tienen que cumplir.
Al mismo tiempo en la terraza del edificio otra batalla desigual se está librando. Víctor Enrique Navarro es uno de los granaderos integrante de la fracción que tenía a su cargo la defensa antiaérea de la Casa de Gobierno. La metralla leal defiende ese espacio sin descanso. En el momento de reabastecimiento de municiones, el granadero se desliza con rapidez… pero no la suficiente. Una ráfaga impiadosa de los aviones golpistas pinta de rojo su cuerpo dejándolo inerme para siempre.
Abajo, la orden de salir hasta Paseo Colón y detener a la infantería de marina no se hizo esperar. La consigna era hacerlos retroceder. En inferioridad de condiciones, número y armas los granaderos repelen a la infantería hacia el Ministerio. Entre los escombros, los cuerpos sin vida y los heridos comienzan a aparecer los tanques reforzando la posición aliada. Ese es el momento en que los marinos acorralados sacaron una bandera blanca y la agitaron en señal de rendición.
La hazaña de los granaderos parece llegar al final.
De pronto, un zumbido imposible, cruza el aire.
Ante la mirada atónita de todos, cinco aviones Gloster avanzan desde La Boca y apuntan sus veinte cañones con proyectiles explosivos de 20mm directamente sobre la población inerme.
Los conspiradores ya se han rendido pero los infames que continúan en el aire ametrallan en son de escarmiento. No satisfechos con ello, sueltan sus tanques suplementarios de combustible de 800 litros sobre esa ciudad abrazándola en fuego.
No pudieron matar a Perón, pero no renunciaron al sueño de matar al peronismo en cada víctima que dejaron sin vida en las calles de Buenos Aires.
Recién después de eso, voltearon rumbo al Uruguay.
Los días posteriores abonaron al reinado del encubrimiento.
Francisco Robledo, Miguel Cernada, Diego Bermúdez, Héctor Sosa y Rubén Sosa ya son ancianos. Hablan de aquellos días y lloran y sufren como si los gemidos de dolor siguieran intactos en sus oídos. Como si la sangre, el humo y el polvo estuviesen pegados aún en sus narices.
Después de aquella entrega incondicional en favor de la defensa de la vida institucional y democrática de la nación, llegó el silencio. Un silencio doble: el silencio impuesto sobre el relato de los acontecimientos de la historia y el silencio producto de la impunidad.
Cincuenta años después la democracia comenzó a escuchar su sufrimiento. Es así que una escuela en la Matanza, lleva en sus aulas el nombre de los “Granaderos del Silencio” en honor a los nueve Granaderos que en forma heroica murieron cuando, cumpliendo la misión de escolta del Regimiento de Granaderos a Caballo defendieron al Presidente constitucional durante la matanza del 16 de junio de 1955.
En la escuela EPB Nº 82 de La Matanza, nueve de sus aulas fueron bautizadas con los nombres de aquellos conscriptos de 21 años que resistieron el embate de cientos de militares insurrectos y francotiradores rebeldes que pugnaban por entrar al Palacio Presidencial. Sin nombre y rodeada de una villa, la escuela se levanta entre los escombros a fuerza de pura voluntad y convicción, tal como lo hicieran aquellos granaderos leales que defendieron la democracia en 1955 durante su paso por el servicio militar en el histórico batallón creado por San Martín.
En 2010, cincuenta y cinco años después se logra escribir la Investigación Histórica “Bombardeo del 16 de Junio de 1955”, publicación realizada por la Unidad Especial de Investigación sobre Terrorismo de Estado del Archivo Nacional de la Memoria, dependiente de la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación.
También se erige un memorial y se conquistan reconocimientos previsionales para las víctimas del Terrorismo de Estado de 1955.
Sin embargo, cincuenta y siete años después, seguimos desenterrando los cadáveres de nuestros hermanos de entre los escombros, abrazados en la esperanza de que su presencia convoque a la Verdad, a la Memoria y a la Justicia para que los responsables civiles y militares (vivos o muertos) de este crimen de lesa humanidad no queden impunes.
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Imagen: Página 3 del diario "La Razón" del viernes 19 de agosto de 1955 con las fotos de los que bombardearon la Plaza de Mayo, la Casa de Gobierno y las calles adyacentes el 16 de junio de 1955  (Tomado de globedia.com)
Nota de la revista El Abasto, N° 144, junio 2012.

15 jun. 2015

El adiós a "Salemi"



(De  Mario Bellocchio)

 Desde los lejanos tiempos –a comienzos del siglo pasado– en que Alfredo Salemi dejaba su Italia natal para radicarse en la Argentina, hasta el último caramelo salido del mostrador de “Salemi”, pasó más de un siglo. Cien años en que la célebre bombonería acompañó a boedenses y porteños para endulzarles la vida. En todos esos años del bullente Boedo social que tenía ocho cines en cinco cuadras, también podía lucir una bombonería proveedora de delicados bocados de chocolate elaborados con artesanal dedicación, a partir de aquel Alfredo fundador que necesitó proyectar lo que había visto en su desembarco laboral en la “Confitería del Molino”.
A mediados de la década de 1920 Alfredo convence a su hermano Salvador y juntos emprenden la dulce aventura chocolatera en Independencia 3650, al lado del viejo mercado.
Las habilidades artesanales pronto pasan, casi obligadas por los requerimientos,  al plano profesional. De pronto los Salemi se encuentran proveyendo a “Gath y Chaves” y a la “Confitería del Gas” –por nombrar a sus más célebres clientes– sin desatender al vecindario que ya siente como propias esas vidrieras de cristales curvos y la impecable boiserie de madera art nouveau del interior, impregnada con la fragancia de las confituras.
Allá a fines de los 40’s, Alfredo siente la necesidad de colocar su producción en forma directa, por lo menos en su barrio de origen, y así nace el negocio de Carlos Calvo 3611 que perduró hasta la actualidad. En aquellos tiempos, con el consabido cartel de letras doradas “a la hoja” que “debían” llevar aquellos locales que pretendieran determinada categoría. Y lo de Salemi no era sólo una pretensión, la calidad mantenida los había convertido en el paso obligado ante cada celebración, homenaje o simplemente glotonería, que los vecinos de Boedo –y unas adyacencias cada vez más extendidas– debían dar para quedar bien con el entorno o consigo mismos, aguardando ser atendidos junto a Julio De Caro, Josephine Baker, Iris Marga, Cátulo Castillo, Antonio Sureda, Alfredo Lamacchia, el “Negro” Maciel o Feliciano Brunelli, habituales clientes del lugar, y de Alfredo Salemi en particular, quizás el más dotado de los hermanos para establecer lazos amistosos con el entorno. Un vecindario poblado y activo con personalidades del barrio como Pedro Guercio, el sombrerero; los médicos Juan y Ángel Bracco, el doctor Morana; Bautista Rubillo, que en la misma cuadra elaboraba artesanalmente sus famosos higos secos y aceitunas; Matías García, que estaba al frente de la GDA (“Grandes Despensas Argentinas”); Alfredo Lamachia, el célebre “canillita” barrial luego empresario teatral y el peluquero de hombres César Leyende, que tenía su local cerquita de la confitería “Río de Oro”, que estaba enfrente nomás, haciendo esquina con Boedo.*
“Don Alfredo: aquí le traigo las cadenitas para Pascua”. O “los anillos”. O “este regalito...” –Poco más o menos, ésos eran los mensajes que recibían los Salemi cuando se ponían a confeccionar los tradicionales huevos de chocolate. Porque, para ese entonces, los abrumaban los pedidos “especiales” donde una pequeña alhaja pasaba a mezclarse con el confitaje del interior de la ritual golosina transformándose en la sorpresa que desorbitaba los ojos de novias, esposas, hijos...
Fueron años en que, como parte de una tradición, varias generaciones de vecinos de Boedo solían concurrir ante una celebración familiar, aniversario o cumpleaños para comprar los “bombones tipo suizo”, las “frutas de mazapán”, las “cocoas”, las “chauchitas de naranja” “el bombón savaren”, las “yemitas de huevo” y otras especialidades. En los días de Navidad y Año Nuevo las vidrieras se vestían para la ocasión y los turrones, las “almendras rosadas” y las “almendras París” pasaban a ser los protagonistas de aquellos días que se extendían hasta tarde, cerrando poco antes de la hora del brindis.
Mientras tanto Alfredo, en su desfile personal de descendencia, había dejado cuatro hitos a partir de 1931. Silvio, Delia, Leonor y Juan Carlos –en ese orden–, que hasta fines de los cuarenta sólo dedicaron a la bombonería algún inobservado manotón a la bandeja de “los de fruta”, y se fueron incorporando a los turnos de atención reemplazando escalonadamente a Alfredo hasta que el papá decidió partir hacia dulzuras mayores en 1957.
Fue necesaria entonces una nueva conducción y María, su esposa, con la ayuda de sus cuatro hijos tomó la tarea de continuar el emprendimiento. Las “chicas Salemi” fueron las encargadas de recrear muchas de las recetas que dejó su padre, y de mantener un cálido contacto con los clientes que aún hoy es recordado. Delia, que trabajó con especial dedicación desde sus 15 años y hasta el nacimiento de su primera hija, y Leonor quien a partir de entonces sería la continuadora de las tradiciones en la familia y en el negocio, contando con la colaboración inicial de su hermano mayor, Silvio, y el menor, Juan Carlos, junto a su cuñada Andreina, durante varios años.
Leonor, la “Tía Bombón”, como la bautizaron cariñosamente sus sobrinos nietos, día tras día durante más de medio siglo abrió las puertas del negocio, con un profundo amor y orgullo por su trabajo, con un esfuerzo que no decayó a medida que cumplía años, con una entrega incondicional.

El 14 de marzo de este año Leonor se despidió del dulce mundo que durante tantos años cultivó. La bombonería “Salemi”, ya con sus persianas bajas, quedó huérfana de su alma mater final, carente de la continuidad que le daba su última mentora.
Sin embargo, en la historia barrial, la vida de “Salemi” recién comienza y tiene la invulnerabilidad que, al contrario de nuestra efímera existencia, se acrecienta con el paso del tiempo.
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 (*) Datos tomados de “De sombrerero a periodista” (De Osvaldo Guercio) en http://serdebuenosayres.blogspot.com.ar/2012_08_01_archive.html
La evocación especialmente solicitada al periódico “Desde Boedo” por la familia de Leonor Salemi,  firmada por su hermana Delia, sus cuñadas Andreina y Beba, sus sobrinos María Silvia, María Andrea, Carlitos, Alejandro, Pablito, Fabián, Carolina e Inés y sus sobrinos nietos Mauricio, Javier, Juan Pablo, Juanita, Tomás, Bautista y Gregorio, de la cual el autor ha extraído datos para esta nota, se publica íntegramente en: http://www.periodicodesdeboedo. com.ar/evocando-a-salemi/

Imagen: Caramelera y vitrinas de la bombonería “Salemi”. Década de los 90 (Foto rubderoliv). 

11 jun. 2015

Boedo: los mitos heredados y los construidos



(De Haydée Chiocchio y Liliana Zuntini)

Este abordaje forma parte de un proyecto más amplio titulado Boedo en la mira, destinado a desentrañar las características del barrio (parte junto con el barrio de Almagro, de la Comuna 5 de la ciudad de Buenos Aires, en Argentina) que pone el acento en la oferta cultural así como en el consumo cultural que han realizado y realizan los habitantes del barrio y extrabarriales, en tanto Boedo funciona como polo de atracción en la ciudad.

               
A LA BÚSQUEDA DEL MITO Y LOS IMAGINARIOS
En la búsqueda de material para lograr nuestro objetivo, nos propusimos por un lado detectar las expresiones culturales y su patrimonio simbólico en el barrio.
Para esto, además de la profusa información histórica que ya teníamos, acudimos a distintas fuentes. Una de ellas fue consultar información en los periódicos barriales, en folletos y volantes de la oferta cultural en lugares públicos; en la Radio Abierta que se
emite casi todos los sábados a las 11hs, en la emblemática esquina de Boedo y la cortada San Ignacio y, además, en la Mesa de Publicaciones que funciona en el mismo horario, en la vereda del café “Margot”.
Otro reservorio fueron los Fundamentos de creación de algunas de las numerosas entidades que conforman la Red de Cultura de Boedo, que está formada por más de cincuenta asociaciones y lleva más de cinco años de existencia. Asimismo consultamos
la ponencia que, sobre la misma, se presentara con éxito en el II Congreso Argentino de Cultura realizado en la ciudad de Tucumán (provincia homónima, Argentina) en 2008.
Por último en la mención, pero central en la búsqueda, se acudió a la historia oral para rescatar vivencias de algunos protagonistas de la movida del barrio, que son participantes en la Red de Cultura.
Así mismo para ampliar opiniones, se consultaron los resultados de una encuesta sobre preferencias y consumo cultural.
Intentamos una triangulación entre abordajes cualitativos y cuantitativos y usamos observación participante en tanto asistimos y participamos personalmente del ajetreo barrial.
En esta ocasión pretendemos observar: qué mitos heredó el barrio y cuáles se construyeron o se están construyendo respecto de este espacio, que constituyen su patrimonio cultural.
Hablamos de mitos en el sentido de “representación deformada o idealizada de algo o alguien que se forma en la conciencia colectiva”. (Diccionario del uso del español, de María Moliner). Con un enfoque sociológico deberíamos decir “imaginario”.
Nos dice Colombo (1993:23) que en lo social, el imaginario es “creación incesante y esencialmente indeterminada (social-histórica y psíquica) de figuras/formas/imágenes, y sólo a partir de éstas puede tratarse de 'algo'. Lo que llamamos 'realidad' y
'racionalidad' son obras de esta creación".
Bronislaw Baczko sostiene que: “A lo largo de la historia, las sociedades se entregan a una invención permanente de sus propias representaciones globales…”
“Estas representaciones de la realidad social (y no simples reflejos de éstas),inventadas y elaboradas con materiales tomados del caudal simbólico, tienen una realidad específica que reside en su misma existencia, en su impacto variable sobre las mentalidades y los comportamientos colectivos, en las múltiples funciones que ejercen en la vida social” (1999: 8).
Más adelante afirma que respecto de los imaginarios existen dos polos: “por un lado las utopías, por el otro las memorias colectivas; en la realidad histórica casi siempre una completa y alimenta a la otra”.
Adentrándonos en nuestra ciudad, podemos afirmar que no caben dudas que los porteños aman a Buenos Aires, sometiéndola, además, a cuanta operación de memoria y utopías se les ocurren. Se ha dicho que pocas ciudades en el mundo han sido objeto de
tantos poemas y canciones, entre ellos por supuesto: el tango.
Y otro tanto pasa con la mayoría de sus barrios.
Los bares y los cafés fueron y son una institución ciudadana y cada barrio se ufana de tener los suyos.
Todo movimiento artístico o grupo de intelectuales tuvo su preferido o su sede en alguno de ellos. Por ejemplo Quinquela Martín, el pintor del puerto de La Boca, fue el inspirador de una peña de artistas y escritores que tenía su sede en los sótanos del café “Tortoni” de la Avenida de Mayo. Borges solía reunirse en la confitería “Richmond” con su grupo literario de Florida. En los 70, jóvenes intelectuales o activistas se reunían en “La Paz” de la calle Corrientes. Y en el Boedo de los años 30, la confitería “Biarritz” fue el espacio de la peña Pacha-Camac, creada por González Castillo.
Vamos a reseñar brevemente los mitos fundadores del barrio de Boedo.
Boedo como barrio es relativamente moderno ya que surgió jurídicamente en 1972, sin embargo en el imaginario, la calle que le dio el nombre (alude a un jurisconsulto salteño que adhirió a la causa de la independencia argentina), y que es de larga data (1882) creó pertenencia. Así en cronistas y escritores aparecen referencias como ‘nací’ o ‘me crié en Boedo’ y en realidad, se referían a zonas aledañas. Tal vez porque la calle reunía locales comerciales y fondas en un barrio de los suburbios habitado por obreros e inmigrantes que buscaban tierras baratas o inquilinatos más accesibles.
Hay estudios que adjudican un papel identitario barrial a manifestaciones literarias, a grupos artísticos, así como al club de fútbol vecino, además de las marcas que en las experiencias individuales y afectivas imprimen el hogar, los parientes, la cuadra, los amigos y los momentos compartidos.
Para indagar sobre las representaciones de quienes, siendo participantes de esta movida están acostumbrados a reflexionar sobre estas cuestiones, que además forman parte de sus inquietudes y de su quehacer, decidimos entrevistarlos y, junto con algunos datos filiatorios o de profesión, les formulamos tres preguntas:  1) ¿Qué imaginario histórico del barrio de Boedo, cree que se ha mantenido o ha inspirado algunas acciones que se han realizado en el presente? 2) ¿Qué efecto, supone Ud. producen en el imaginario actual sobre el barrio, las acciones que se vienen realizando en este siglo? 3) ¿Qué aportes destacaría de los objetivos y realizaciones, de sus respectivas entidades de pertenencia?

RESCATE DE IDEAS FUERZA SOBRE LA TRADICIÓN DEL BARRIO.
Diego Ruiz (museólogo, 56 años. Miembro de Baires Popular) nos dice que el imaginario local tiene dos vertientes: una popular y otra intelectual. La primera está teñida por la pertenencia al club San Lorenzo cuya fundación data de más de cien años atravesando varias generaciones, y “en su origen contiene un elemento arquetípico muy propio de los mitos, la figura del ‘benefactor’ en la persona de Lorenzo Massa, un curita que encauza a la niñez de un barrio entonces proletario a través de la enseñanza y el deporte, alejándola de las tentaciones de la ‘mala vida’”.
Mito que será reforzado “a través de un medio a la vez intelectual y popular como es el cine, con la película ‘El cura Lorenzo’ (Augusto César Vatteone, 1954)”.
Por otro lado en la década de 20 surge el Grupo de Boedo, al que pertenecieron numerosos intelectuales de distintas ramas del quehacer artístico, nucleados en la editorial Claridad, radicada en el barrio. Fue un movimiento cultural de vanguardia abiertamente enrolado en la izquierda que, según opina Ruiz no eran habitués de peñas ni de despachos de bebidas, acordes con las posturas de sus filiación política.
¿Cómo se trasforma en mito fundacional boedense un grupo que sólo duró cuatro años, que sólo uno y medio estuvo radicado en Boedo y cuyos integrantes no eran del barrio ni paraban en él?
Ruiz sostiene que la reivindicación del Grupo de Boedo tiene su origen en la década de 1950, “en la nueva crítica nucleada en la revista ‘Contorno’ de los hermanos Viñas y en otros referentes académicos. A partir de ese momento tomó vuelo y generó muchísimas páginas la ‘polémica Florida-Boedo’, delimitando posiciones políticas en ese momento histórico a través de una clara apropiación simbólica”.
El tercer elemento, es la Peña Pacha-Camac fundada por José González Castillo en 1932 y que extendió su vida, con altibajos, hasta la década de 1950. A diferencia del Grupo Boedo, la Peña (como la otra creación de González Castillo, la Universidad Popular de Boedo) no pretendía ser un grupo de vanguardia. “Era una institución barrial integrada por gente del barrio y su misión estaba centrada en lo que hoy llamaríamos ‘educación permanente’ y que era, con otros términos, uno de los pilares del pensamiento anarco comunista (como lo era González Castillo y muchos de sus seguidores)”.
Por otro lado nuestro entrevistado considera que una de las causas identificables de que estos dos movimientos de sesgo “intelectual” se hayan incorporado al imaginario barrial ha sido la actividad durante más de veinte años de la Junta de Estudios Históricos local,
especialmente en el caso de la Peña, ya que el Grupo de Boedo ha merecido la atención que le brindó el campo intelectual en general. Por último considera que la generación poética vinculada al tango, de los años 40, habría creado una mitología de los barrios del sur.

Virginia Ameztoy (socióloga, 62 años. Pertenece a Comisión Todos por la Plaza y otras) también está de acuerdo con el peso de las instituciones mencionadas: los Artistas del Pueblo, la Peña PachaCamac, la literatura social agregando que “los habitantes del
barrio – en su mayoría–- adhieren a un pasado de luchas”.

Mario Bellocchio (editor barrial del periódico “Desde Boedo”, y otras asociaciones. 70 años) afirma que “las raíces culturales de este barrio están firmemente consustanciadas con toda acción colectiva de carácter barrial….Se incorporan a aquel sentimiento solidario del proletariado de nuestro ayer”.

Leonardo Busquet (autor, periodista y locutor. 54 años) se refiere el recuerdo de los memoriosos que aún quedan, aunque advierte que el imaginario popular es “aquello que sucedió y lo que nosotros creemos que sucedió”, valorando los importantes cambios que
las ricas experiencias actuales han producido en Boedo.

Ildefonso Pereyra (pertenece a varias asociaciones. Es el creador de la Unión de Orquestas Típicas- UOT) dice que Boedo se fue construyendo en el imaginario barrial a partir de los primeros años del siglo XX, y considera que pudo resistir los embates del
autoritarismo. “Es la imagen de un emprendedor cultural, de un socialista tradicional, de una persona luchadora y difícil de convencer con argumentos banales. Sin dudas pareciera que el terreno simbólico convertido en tradición obliga o empuja a los que trabajamos en este presente”.

Josefina C. (docente, 61 años, pertenece a varias instituciones) sugiere que lo más importante de la transmisión del pasado de Boedo, no son los acontecimientos sino la pasión y la convicción de que es posible realizar acciones culturales transformadoras en
el barrio. Esto hace pensar sobre las responsabilidades de los adultos respecto de las generaciones jóvenes, tal como decía Hannah Arendt.

RESPECTO DE LOS APORTES DE LA MOVIDA CULTURAL ACTUAL EN EL IMAGINARIO
Ameztoy considera que en los últimos años la constitución de la Red de Cultura de Boedo ha dado un notable impulso a las actividades barriales. “De aquí surge la Comisión Todos por la Plaza de Boedo que ha luchado hasta conseguir el por tantos
años esperado espacio verde para el barrio”, y que impulsa además “el proyecto Ecomuseo participativo barrial, un espacio para la interrelación vecinal, la comunicación social y la memoria, entendida esta última como conjunción de pasado,
presente y futuro.
Bellocchio dice que las acciones institucionales contemporáneas realimentan el impulso solidario, acrecientan la participación vecinal y son un ariete en la lucha contra el individualismo, cabeza de playa del desembarco neoliberal”.
En la ponencia presentada (Ferrentino, 2008) se definía el proceso que llevó a la creación y desarrollo de la Red de Cultura del Barrio de Boedo, como el paso de la “Colección al colectivo”, en tanto de los deseos caóticos de muchas agrupaciones con distintos objetivos y tendencias, se ha logrado un funcionamiento armonioso y
muchísimas manifestaciones culturales y de intervención barrial como la obtención de una plaza y la instalación de la Semana barrial.
Josefina nos habla de los riesgos que hoy corren los jóvenes tanto por la influencia negativa de antivalores que los rodean, como por los vaticinios que les auguran que por primera vez van a tener enfermedades que no heredaron, que son nuevas, producidas
por el mal trato del medio ambiente. “En ese contexto de maltrato que los grupos culturales vayan a dejar algo que pueda repercutir en ellos de manera favorable, no es poca cosa”. Consideramos que retomando la herencia de los antepasados culturales, fomentar acciones conjuntas, solidarias, de cooperación que se muestren eficientes para logros en pos del bien común”, es la mejor tradición que podemos dejar.
“Acá las organizaciones no esperaron del gobierno e incluso lo superaron, autogestionan acciones a rescatar la identidad y bienes de la cultural barrial”. Y se constituyen en organizaciones barriales con identidad propia: deportivas, musicales, de y para distintas franjas etarias.
Por ejemplo, comenta, Baires Popular intenta cubrir distintos aspectos de la cultura: literatura, plástica, música. Otros, dice, “toman específicamente la música ciudadana con orquestas juveniles y además de nuclear conjuntos noveles de gran calidad promueven espacios de participación comunitaria en el territorio barrial, como bailes callejeros, mateadas”.
Asimismo consultamos los Manifiestos fundacionales de muchas de las instituciones que conforman la Red. Sólo para mencionar unas pocas: Baires Populares un grupo cultural que reúne varias asociaciones […] y a un conjunto de mujeres y hombres de diversos campos de la cultura […] Intentamos revivir con nuevas propuestas la mística de otros tiempos […] en un esfuerzo común para revitalizar lo mejor de nuestra cultura popular y rescatar la memoria social. ‘Juntos por la identidad’ es nuestro lema porque nada de lo que aquí y ahora ocurre, por pequeño que parezca, nos es ajeno”.
Todos por la Plaza […] serán sus propósitos, sin fines de lucro: Propiciar, defender y motivar la concreción de la obra de la Plaza de Boedo […]. difundir y preservar el patrimonio cultural tangible e intangible de la futura Plaza de Boedo y su zona circundante […] Desarrollar acciones de difusión de derechos. Promover la
solidaridad, el respeto, los valores y los Derechos Humanos.
Carlos Caffarena es curador de las muestras pictóricas que se rotan en cuatro ‘cafés notables’ de Buenos Aires y pertenece a Baires Popular. En ocasión de la inauguración de una de las muestras, en el Café “Margot”, fundamentó el propósito de las mismas en la difusión del arte diciendo: “Normalmente en casi todos los países, pero especialmente en Buenos Aires, el que quiere ver algo interesante en artes plásticas, tiene que dirigirse a un museo, a una galería de arte o a una casa particular. [Sin embargo] son pocos los que tienen la posibilidad de frecuentarlos, a menos que rompan la barrera arquitectónica que significa la puerta del museo. Y también para ofrecer lugares para exponer.
Por otro lado nos interesó tener un panorama más amplio de las opiniones de los vecinos y acudimos a encuestas para lograr un mayor alcance en la comunidad.
Para esto acudimos a las encuestas (constituyen una primera muestra piloto exploratoria que tendrán una frecuencia anual) que realizó la socióloga Virginia Ameztoyinspiradora del Ecomuseo, que es uno de los proyectos que se desarrollan dentro de la
Comisión cultural ambiental Todos por la Plaza de Boedo.
Se decidió realizar un sondeo entre público asistente a diversas actividades del barrio y se puso énfasis en conocer el tipo de público y en averiguar su opinión acerca de la oferta cultural y del proyecto Ecomuseo participativo barrial.
La recolección de datos se realizó mediante cuestionarios (más de 300) autoadministrados en diez diferentes instituciones sociales y culturales del barrio.
En la Muestra Piloto Ecomuseo participativo barrial, los resultados de la variable pertenencia barrial fueron los siguientes: los primeros puestos fueron: 24% para los que viven hace más de diez años y 22% para los que nacieron y siguen viviendo en el barrio,
pero sorprendió que la categoría no vive en Boedo pero asiste a actividades culturales obtuvo el 20%, lo que parecería indicar el interés cultural que despierta Boedo. El estudio arrojó un resultado muy satisfactorio en cuanto al interés demostrado hacia el
proyecto Ecomuseo. Las opiniones y sugerencias ofrecen un interesante material para tener en cuenta respecto a las actividades a realizarse en ese espacio. Si bien las opciones (se podía elegir más de una) más señaladas fueron teatro (61%), espectáculos musicales (59.6%) y cine (55%) todas las categorías fueron muy votadas con
variaciones según los grupos etarios. Pero sobre todo por la participación y seriedad con que fue respondido el cuestionario y
por las excelentes sugerencias y opiniones del público. Como cierre mencionamos dos de ellas: Que los vecinos se conozcan y autodescubran sus posibilidades creativas. (Mujer, 77 años). La democracia debe nacer en comunidades vecinales para poder crecer y ser auténtica. (Varón, 80 años).
Para cerrar esta exposición vamos a referir una experiencia que es casi un experimento de laboratorio. Las construcciones simbólicas y el espacio-temporal suelen entrecruzarse; y en este caso resultaron inspiradores.
El dueño del Café “Margot” del barrio de Boedo, que es uno de los ‘cafés notables’ de Buenos Aires, le había colocado ese nombre que tenía ciertas resonancias de cocotte tangueras y porteñas, pero no habiendo una Margot histórica, una de las asociaciones de la Red –Baires Popular– cuyo reducto habitual es ese bar, y unos de sus objetivos promover y democratizar actividades artísticas, se propuso, dar una vuelta de tuerca, y a través de diversas acciones forzar una construcción simbólica, “la creación mítica de Margot”.
Para esto se realizó un concurso literario con esa propuesta, donde se recibieron más de 150 trabajos. La asociación, que además tiene una Mesa de Publicaciones instalada en la vereda del café mencionado los sábados al mediodía, se encargó de editar los tres primeros premios. Para reforzar la ‘presencia de Margot’, en el interior se expone un transparente con un dibujo de su supuesta imagen y tres objetos: una boina a la francesa, un guante de cabritilla blanca y un cuellito de guipiur. Hobsbawn y Giddens, estarían contentos de esta invención plenamente intencional de
“una tradición”.

CONCLUSIONES
Así pues, como decíamos al principio, el imaginario popular ha efectuado una apropiación simbólica de elementos de su pasado barrial en un proceso de resignificación que no ha concluido, sino que se reelabora permanentemente. Y creemos que este importante patrimonio simbólico es una de las causales de que exista en la
actualidad, en Boedo, un movimiento cultural polifacético como no existe en otros barrios.
Aclaremos que es una de las causas, que siempre son múltiples y complejas. Barrios con situaciones parecidas no tuvieron la misma evolución; La Boca tiene un pasado y una tradición política y cultural quizás más vastos que los de Boedo, pero su actual
movimiento cultural está atomizado en una serie de beneméritas instituciones (algunas más que centenarias) que intentan actualmente aunar esfuerzos para llegar masivamente a los vecinos. Pero, dice Diego Ruiz, la Boca sufrió un proceso de cambio en su
composición demográfica a partir de la década de 1960, así como de retroceso económico a partir de la desactivación del Riachuelo como puerto auxiliar que la ha llevado a constituir una zona de gravísimo riesgo social, lo que no ocurrió con Boedo, que sigue siendo un barrio de clase media y con un índice bastante alto de población longeva que conserva memorias y tradiciones de ese pasado mítico.
Si coincidimos con Certeau en que “en el decir se construye”, la creación artística, el cine y las producciones literarias posteriores a los fenómenos históricos, reforzaron sensiblemente el imaginario social, como ya se ha dicho.
Asimismo como dicen Peter Berger y Thomas Luckmann (1989:84) la realidad del mundo social adquiere mayor masividad en el curso de su transmisión. Sin embargo,esta realidad es histórica y las nuevas generaciones la reciben como tradición, más que como recuerdo biográfico.
“Dios los cría y el viento los amontona”, reza un viejo refrán. Y lo que parece común a todas las asociaciones actuales es la convicción de que si fue posible en otra época, es posible hoy. 
Un barrio moviéndose no deja indiferente a nadie. Esa situación se puede comunicar al resto de la ciudad, incluso a gobiernos, que no propiciarían este tipo de acciones, pero que terminan queriendo ser parte de esa movida, en tanto perciben y descubren las ventajas para la promoción del barrio y del turismo, aún sabiendo que no cuentan con muchos votos entre los vecinos.
Lo que uno cree en su fuero interno, es el imaginario de muchos que hoy son actores o sujetos de acciones que aún perciben el espacio como manteniendo viva la impronta de los tiempos de oro. En los tiempos de oro: ¿todo era oro? ¿La mayoría de sus habitantes participaban de esas glorias o fueron grupos reducidos y en tiempos acotados, los que nos trasmitieron su pasión?
Sea una u otra la respuesta, el imaginario social fue tan fuerte que hizo que los actores actuales se propongan abordar y redoblar la apuesta. Hoy los derechos se han ampliado, estás más claros o asumidos en la conciencia de mucha gente, por lo cual sería impensable que no se intentara incluirlos en los proyectos de las organizaciones y los gobiernos. Es el caso, por ejemplo, de franjas etarias como la niñez y la vejez que estaban diluidas en el paisaje de la familia y lo social sin considerar que son sujetos de derechos particulares o propios o de la consideración de minorías o sectores
subalternos.
Para valorar plenamente el efecto ‘sanador’ de la movida cultural, producto de las diversas asociaciones que hoy forman parte de la Red hay que recordar que comenzó en un momento sumamente crítico: la crisis económica del año 2001 que atravesó el
continente pero que produjo un incendio social en Buenos Aires. Fue la época de los ‘cacerolazos’ y el ‘que se vayan todos’ en referencia a los representantes políticos, los golpes en las vidriera de los bancos que tuvieron que rodearse de paredes de metal para
protegerse de la furia de quienes quedaron atrapados en el ‘corralito’ que les impedía usar sus propios ahorros. También en otros barrios aparecieron asociaciones autoconvocadas, pero casi ninguna logró sortear los sectarismos o pudo alcanzar consensos como ocurrió en Boedo, en donde la participación se amplió con decenas de instituciones barriales públicas y privadas ligadas a la actividad social, cultural, deportiva, artística: clubes barriales, centros culturales, escuelas de enseñanza de artes, asambleas vecinales, bibliotecas, centros de jubilados, asociaciones de historiadores, asociaciones de músicos, grupos de teatro comunitarios, formaciones musicales, grupos de ballet, artesanos, artistas plásticos, teatros, periódicos barriales, cafés culturales, comedores comunitarios, grupos de asistencia social, etc. Dice Claudia Ferrentino: “Como puede suponerse, se constituyó un espacio muy amplio, marcadamente variado, bastante heterogéneo, notablemente diverso, absolutamente inédito a nivel local y, fundamentalmente, incomparable con cualquier otra experiencia similar”.
Dos logros de intervención barrial: la Plaza para Boedo, único barrio en Buenos Aires que no tiene ninguna, y la instalación y celebración de la Semana de Boedo, plena de festejos y ofertas culturales, son algunos de los resultados palpables de la fecundidad de la cooperación.
Pareciera rondar alguna profecía autocumplida, un intento de crear un Pigmalión colectivo con la convicción de que es posible revivir el viejo imaginario que poetas, artistas y escritores crearon, en el sentido de que este espacio era y es, privilegiado, para trasmitir esos valores de solidaridad, cooperación y desarrollo cultural.
Siendo nuestras reflexiones más intuiciones que certezas, nos hemos propuesto plantear a la comunidad una serie de interrogantes, más que respuestas.
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Imagen: Esquina de las avenidas Boedo e Independencia -entrada al barrio de Boedo- a comienzos de la década del 60 del siglo XX.