29 ago. 2011

Corrientes sin brillo


(De Laura Martin)

Corrientes opaca, pálida, ojerosa, como si asistiéramos lentamente a una enfermedad terminal: librerías gastadas, viejos cafés que se aferran a las veredas para no ser devorados por un falso progreso. La gente camina para encontrar un refugio, en un sábado sin gloria, con una lluvia que resbala su tristeza en las vidrieras.
Calles laterales oscuras, donde se traman estrategias para robar lo que queda.
Busco recuperar la alegría a cada paso, con la esperanza de que algo me rescate de este espectáculo sin espectadores, donde la soledad se acentúa en luces que no brillan, en cafés modernos y aguados con nombres difíciles y ajenos.
Corrientes se detiene en algunos lugares que resisten con luz propia a los excavadores del tiempo: como aquel donde un gato negro con su moño rojo aún está de fiesta, o la esquina donde nos espera el mozo de siempre que al igual que nosotros permanece fiel a otra avenida.
El Obelisco observa apuntando al cielo desde su elevada blancura, en una noche sin luna; se siente absurdo, como de postal para otros, para aquellos que creen llevarse a Buenos Aires en el bolsillo junto al tango armado para el turista.
Quisiera sentarme a llorar por las sombras que se mueven entre bolsas negras y cartones, llorar porque no me alcanza la fuerza para resucitarles la vida, y guardarles un sol hasta mañana.
De pronto el estruendo de un vidrio apedreado me sorprende mientras espero el 29 para regresar a casa; una mano tan oscura como la calle en sombras arrebata de una joyería algunas cosas que no puedo ver, al instante una moto recoge al ladrón que al alejarse me devuelve al silencio del desamparo, donde la policía también está ausente y siento que nada nos protege de este mundo-todo-posible que nos venden a la luz del día, para desvanecerse en la noche.
Quisiera alejarme, correr, gritar, como en esos sueños donde alguien nos persigue y se nos corta la voz, pero la indiferencia no corre, camina lento,
arrastra los pies, se adhiere, nos borra los recuerdos, sólo para seguir dormidos, haciéndonos creer que no hay peligro y que Corrientes todavía existe.
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Imagen: Corrientes nocturna (Foto tomada de la página Ponte nistido.com)