22 oct. 2012

"La Ideal"


(De Mario Bellocchio)

El 5 de octubre de 2000 la Legislatura porteña sancionó la Ley 35 que instituye al 26 de octubre -fecha fundacional del Tortoni (1)- como Día de los Cafés, por considerarlos un rasgo típico de la Ciudad y para apoyar una actividad que desde hace décadas forma parte de la cultura ciudadana. Este necesario marco legal hoy se debate con las amañadas prácticas de las catalogaciones del CAAP (Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales) manejadas arbitrariamente y los hechos consumados de los buitres edilicios.

"Háganse justicia a sí mismos, y no destruyan su historia y su cultura”  
(Yoko Ono, luego de visitar "La Ideal" en 1998).
Pocos bares y confiterías de aquel viejo esplendor resisten al acoso del mandato de los negocios. Ahí pena la "Richmond" entre conservacionistas y zapatilleros de marca. O la Confitería "Del Molino", debatiéndose en dispar contienda con las penurias de una sucesión y sus tironeos. O "Las Violetas", que emergió de los infiernos con la ayuda de alguien quele encontró la vuelta productiva sin abandonar la esencia. Y hablamos de los que se hicieron con bolsillo holgado y dispuesto, no de los cafés rantes rescatados del olvido y el deterioro a fuerza de transformaciones for export que caminan por la cornisa del buen gusto, cuando no se descuelgan por el lado kitsch.
Hace 100 años, en 1912, cuando a don Manuel Rosendo Fernández, un próspero comerciante gallego, se le ocurrió abrir "La Ideal", la calle Suipacha tenía en su contra no ser la Avenida de Mayo -reino del "Tortoni"- y la virtud de su discreto encanto céntrico. Así que se decidió por no escatimar gastos y construir algo elegante y lujoso. Granito gris y mármol veteado para la fachada coronada por importantes farolas de bronce y presidida por el óvalo que enmarca la simbólica flor de lis adoptada como símbolo de la empresa. Farolas de tres luces en el salón confitería, en la planta baja, recubierta por una boiserie original de roble de Eslavonia. Mobiliario Thonet, en sillas, sillones, mesitas y percheros. Arañas francesas, sillones checoslovacos, vitrales italianos... Y diez columnas, con estuco marmolado, que pueblan el ámbito coronado por un ignoto palco que balconea en un extremo del salón... 
“En algunas confiterías, como en la llamada Ideal, hay, en un palco flotante, una orquesta de señoritas vestidas con traje de baile. Y tiene un gran público admirador que las mira, como miran al cielo entreabierto las benditas almas del purgatorio...”. Ramón Gómez de la Serna, asentado en Balvanera desde que la Guerra Civil lo expulsara de su Madrid natal, gastó un párrafo para su “ideal” rincón entrañable de Buenos Aires, que lo tendría como huésped hasta su deceso, en 1963.
Por una suntuosa escalera de mármol o un ascensor -que se incorpora como un bello elemento decorativo-, se accede al gran salón del primer piso con la presencia de su magnífica pérgola, protagonista, desde sus orígenes, de las fiestas y reuniones sociales para las que fue concebido.
Es probable que, en un principio, aún sin ser el propósito original, el coqueto salón de té tuviera la marcada afluencia de la comunidad inglesa. La “cup of tea at five o’clock” pasó a ser una costumbre arraigada en la naciente confitería de la década del 10 del siglo pasado. No ajena a esta habitualidad es la “cocarda” que se le atribuye como primer establecimiento en producir sandwiches de miga, originados, según se cuenta, en la solicitud de un grupo de ingenieros ingleses ávidos de volver a saborear el “pan inglés”, materia prima esencial para ese tipo de emparedados.
Casi de inmediato a su nacimiento, "La Ideal" cobró fama pastelera y confitera. Se llegó a contratar a un afamado artesano de la elaboración de bombones, un tal Maggione, quien ratificó sus pergaminos con deliciosos bombones decorados, masas y “bombas” de chocolate y crema.
El incomprobable mito barrial certifica que Yrigoyen mandaba a buscar a diario, las clásicas “Palmeritas de la Ideal” y que el Gral. Juan Domingo Perón, durante su mandato, también se hacía llevar el servicio de lunch hasta la Casa de Gobierno.
Las exquisiteces de la confitería dejaron su prestigio pegado, seguramente, a una hoja amarillenta de almanaque. Hoy, sentarse a una mesa de "La Ideal" combina, en marcado contraste, un efluvio de Chanel N° 5 y las concesiones que hubo que hacer para la supervivencia. El tango y el atractivo turístico de su aprendizaje “in situ” brindan una oportunidad supérstite al viejo salón del primer piso, ausentes ya Juancito Díaz, Roy Granata, los Mariscales, los hermanos Dante, o el pianista Osvaldo Norton, casi un sello de la casa.
En las mesas de la confitería rondan los fantasmas de Witold Gombrowicz, Abelardo Arias, Maurice Chevalier, María Félix, Dolores del Río, Vittorio Gassman, Germaine Damar o aquel Sandrini de cuando “los chicos crecían”..., las mesas, decía, conservan ese hálito por el que Alan Parker eligió el lugar para filmar escenas de su “Evita” y Carlos Saura de “Tango”. Una “locación” de privilegio, de las que quedan pocas. Con clima. Basta panoramizar hacia sus ornamentaciones circulares en relieve o referenciar sus carameleras de dieciséis frascos para oprimir, amorosamente, el “play” de la máquina del tiempo.
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 (1) La fecha -propuesta por la Comisión de Protección y Promoción de los Cafés, Bares, Billares y Confiterías Notables- no es casual: el 26 de octubre de 1894 fue inaugurado el pórtico y frente  –diseñado por Christophersen- de Avenida de Mayo 825 que le dio su característica definitiva al histórico Café Tortoni. La referida Ley es de protección a 54 locales del rubro que son considerados como tales por sus hechos o actividades culturales de significación, su antigüedad, su diseño arquitectónico o la relevancia local. En este marco, han adquirido un importante valor patrimonial. El objetivo perseguido es la promoción de la participación de estos sitios en la actividad cultural y turística porteña, impulsando en ellos actividades artísticas acorde a sus características,  asesorarlos en proyectos de  conservación, rehabilitación o restauración edilicia y mobiliaria con profesionales especializados, como así también subsidiarlos en caso de efectuar arreglos edilicios por necesidad.
 Imagen: Frente de la confitería "La Ideal".
Nota y fotografía tomadas del periódico "Desde Boedo.