19 oct. 2012

De Brooklyn a Buenos Aires




(De Christopher F. Viceconte)
   
Yo había estado en San Telmo durante el día. Antes del viaje, había oído numerosas opiniones sobre la zona. Algunos me dijeron que era el barrio más antiguo de la ciudad, otros me habían comentado que era donde vivían los inmigrantes. Después de un mes de caminar y explorar el barrio de Once, necesitaba un nuevo horizonte. Buenos Aires es una ciudad de la noche y tenía que ver San Telmo de noche.
El autobús estaba iluminado con una tenue luz azul mientras atravesábamos la ciudad. “¿Estás seguro de que esto es seguro?”, me preguntó inquieto mi compañero de cuarto que me acompañaba en la travesía. “Por supuesto que lo es. Es seguro”, le respondí. No sabía a ciencia cierta. Parece que la ciudad había sido muchas cosas desde mi llegada. Hermosa, sí pero también peligrosa.
Cuando bajamos del autobús en la avenida Independencia, mi incertidumbre creció.”¿Sabes a dónde vamos?”, insistía mi amigo.”Por supuesto que sí” fue mi respuesta. Encontramos un pequeño café en la calle Perú y nos sentamos afuera. Sam -mi amigo- quería sentarse, aunque yo habría preferido seguir caminando. Es de Brooklyn y no tenía sentido discutir. Entonces pidió -agitando la mano- “café cortado”. Miré la calle detrás de mí. Aunque la noche era joven las aceras en San Telmo estaban llenas de gente. En la vereda de una librería llamada Galerna, un grupo de jóvenes se reunían para un evento, hablando entre ellos y fumando cigarrillos.
Los edificios bajos, el envejecimiento y las aceras empedradas hecho de este nuevo barrio poco familiar en comparación con la ciudad en la que había empezado a conocer. Dos jóvenes andaban sobre patines. Esperé a Sam que terminara su café. Nos fuimos caminando por Carlos Calvo en dirección a Bolívar. Sam volvió a preguntar “¿Dónde vamos?”… ”Por ahí” le dije, señalando un espacio arqueado grande. El edificio me era familiar. Me recordó a la Boquería, el más famoso mercado al aire libre en Barcelona. Si no fuera por el suelo de baldosas, hubiera podido pensar que estaba del otro lado del Atlántico. En el interior del espacio abierto vi unas cuantas tiendas que seguían atendiendo. Granja Marley donde observé que se sigue vendiendo huevos por docenas y Frutería y Verdulería Ricardo y Anita que todavía vendían su mercancía. El cartel decía: Frutas y Verduras de Primera Calidad. “¿Qué es eso?” gritó Sam, apuntando hacia una pila de manzanas inusualmente grandes. Eran las manzanas más grandes y más perfectas que jamás había visto. “Tengo que tener una”, le dije a Sam y le pedí “Dame unos pesos”. Él me contestó “Vas a enfermarte” y yo insistí: “Dame un poco de dinero”, entonces me entregó la plata y tomé la manzana que estaba en la parte superior del cajón. El dueño de la verdulería, mientras yo le pagaba, me detuvo preguntándome “¿De dónde sos?”, a lo que respondí: “Nueva York y ¿usted, es porteño?”…“No, no. Soy de Salta.”. Entonces, hablamos brevemente sobre mi estancia en Buenos Aires y el barrio de Once y también le pregunté “¿Por qué es tan importante San Telmo?” y contestó: “Es el barrio más histórico, más viejo”. “¿Cuántos años?”, pregunté curiosamente y, señalando un cartel que decía Mercado San Telmo: Inaugurado en 1897, me dijo “Mirá”. Me sorprendí y exclamé “Wow… ¿Entonces es el barrio más turístico?”. “Si y no. Históricamente, este es el lugar donde todos los inmigrantes vinieron cuando llegaron a Buenos Aires. Es un… hogar lejos del hogar para todos los viajeros”, contestó.
Al salir del mercado y dirigiéndome hacia el autobús, seguí observando el vecindario. Un Hogar lejos del hogar … Exactamente lo que necesitaba. En esta nueva ciudad, oscura, estaba empezando a encontrar mi hogar lejos de casa … en San Telmo.
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Imagen: "El Federal", café bar en la esquina de Carlos  Calvo y Perú, San Telmo, Buenos Aires.
Crónica tomada del sitio El sol de San Telmo.