4 ene. 2013

El lado tanguístico de José Portogalo



(De Hilda Guerra)

Tratar de desentrañar el alma de un poeta o analizar la poesía es una tarea difícil y apasionante al mismo tiempo. Entramos a un mundo lúdico y misterioso. Los laberintos imaginarios también se adueñan de nuestro sentir y creemos aprehender la verdad, lo que no deja de ser irrelevante. En el juego de imaginar siempre quedan dudas. Por otra parte así debe ser. Lo importante al leer un libro es lo que modificamos de nosotros mismos después de transitar sus páginas. A veces nos identificamos con un solo verso o comprendemos que esa cortina era la que queríamos descorrer pero no lo sabíamos.
Si a todo esto se le suma ahondar en nuestra expresión ciudadana, se complica
mucho más, pero se le agrega un atractivo de yapa.
En principio para intentar ver el costado tanguístico de José Portogalo vamos a aproximarnos a poetas y letristas. Aunque lo uno no invalida lo otro.
La primera pregunta que surge es cuál es el límite que separa el verso que puede ser cantado del poema. Con qué sutil centímetro medirlo. En los vericuetos del tango entra además la identidad surgida de los barcos. Teniendo en cuenta que esa mixtura dejó como saldo un sonido salvaje atado a recuerdos hondos.
Es una música esquiva que para acceder a ella nos arroja a un abismo. Con el fin de que nos miremos desde nuestras propias cavernas.
El letrista sabe relacionarse con músicos y es más verboso en la tertulia. El poeta es más tímido, posee una sicología más escondedora. En tren de elucubraciones podemos pensar que el primero está dispuesto a hacer amansadoras en lugares por aquellos frecuentados, para entregarles sus versos. Pero no siempre es así. Además se puede escribir la música y después la letra y otras exactamente al revés. Aquí surgen más preguntas: ¿por qué algunos escriben tangos y otros le conversan al tango?
Es como si sólo orillasen ese misterio. Muestran el esqueleto de una idea y se guardan el corazón de la misma.
Tampoco podemos obviar el papel definitorio que ejerce la aceptación popular Ese beneplácito influye incluso en obras sucesivas.
 La cancionística tiene sus reglas. Es más fácil acceder cuando un letrista puede ofrecer variedad y cantidad en cualquier momento. Los puntos de vista varían de acuerdo a las modas; aún en épocas de marcaciones libres. Pero existe un ritmo musical, pautas sutiles y sobre todo una sencillez y síntesis que la hace más vulnerable al tratamiento.
Sin embargo no podemos deducir que José Ananía, el italiano nacido a principios de siglo, que adoptó el seudónimo de José Portogalo se quedó en lo simbólico del género, o que le hayan faltado modelos métricos para la definición del 2 x 4. El poseía dominio de las estructuras, las formas, los metros y los ritmos.
Portogalo echó nuevas raíces en Buenos Aires y sus barrios y gentes fueron su constante inspiración. Se desprende que tuvo mucho por decir y no quiso manejar extractos. Tal vez un exceso de respeto a pesar del apronte. Un desmedido celo en el territorio y un abrirse luego al coloquio configuran el resultado de Letra para Juan Tango (1958).
Si nos atenemos a su primera obra, Tregua (1933),editada a través de la editorial del grupo de Boedo "Claridad" ; no se aparta de los modelos tradicionales y sólo en Tumulto (1935) con el que obtuvo (no sin escándalo) el premio Municipal, rompe el cuño y la tonalidad. Esta segunda colección de poemas tuvo ilustraciones de Demetrio Urruchúa. El mundo cotidiano, los personajes laburantes, el quehacer diario son retratados, pero es el recuerdo de la infancia la que lo conmueve. En uno de los poemas de esta selección se pregunta: "¿Qué voz es la que pule mi garganta de niño?" Su poética dará siempre respuestas a esta pregunta. Tendrá luego una concepción menos esquemática, la del "realismo romántico" así definida por Raúl González Tuñón. En la que pueden inscribirse César Tiempo, Nicolás Olivari y después Mario Jorge de Lellis. Ya en su libro inicial define su ambición: "Junto a mi corazón que era una brasa,/ creció este anhelo mío de alcanzar la suprema/ maravilla del arte en un poema". En esta entrega también une los dos pueblos,costumbres y cultura.
Otros de los puntos a considerar en la poética de José Portogalo, es la asimilación lingüística, ya que la lengua materna era otra. Asumió un idioma que si bien es consanguíneo del latino natal, no ha sido el de sus primeros balbuceos. Con qué facilidad captó la lengua. No es ajeno a esto el amor que le inspiró esta ciudad, sus recovecos y sus habitantes con todas sus obsesiones. El supo poner en claro el bosquejo que cada uno lleva dentro y darle acción a la palabra de los que la tienen vedada. No hay que olvidar que en cada hombre hay un poeta escondido. Supo de entrada que lo que hacía era un acto de solidaridad histórica y puso en práctica esta retentiva que vuelve de nuestros ancestros para insertarse en el futuro.
Cómo iban a alcanzarle los dos minutos de un tango para denunciar: "Disculpadme, compañeros poetas, este cartel sin Poesía/ Pero hay hambre en el mundo, hambre en las bocas del mundo./ Y yo tengo un par de gritos violentos y unas ganas tremendas de vivir".
Las expresiones folclóricas muestran el sentir de un pueblo y el tango expresa la modalidad ciudadana; no podía limitarse si además de su procedencia le inquietaba el mundo, artistas nacidos en otras latitudes y su problemática. Baste recordar su homenaje a García Lorca en el libro publicado en 1937, Centinela de sangre: "Ay Capitán de palomas, / ay, niño, qué niño, y ángel./ Pienso que un bosque de estrellas/ madura, fiel, en tu sangre./ Oh, Capitán de palomas:/ ¡qué frío, qué duro el aire!/ Y tú mezclado a la tierra/ con la raíz de los árboles,/.
La técnica literaria no tiene secretos para Portogalo, así como la fineza de su oído musical. La diversidad se manifiesta alternando romances y sonetos, ¿podía escribir letras o no?
Toda poesía encierra un enorme compromiso, el que la aborda está en crisis permanente y ésta se somete a los riesgos inequívocos del pacto latente. Ese que lo acompañó siempre. Es una épica que no soslaya personajes marginales sin perder lirismo. No busca efectos, están enraizados a su sentir, con hondura que estremece por lo simple.  En Ronda de pordiosera  que pertenece a Canción para el día sin miedo (1939), a un reclamo de ésta le canta el coro de los pájaros "Ronda la ronda que ronda ronda./ Levanta el río sus verdes aguas./ La vida tiene color de espacio,/ polen y rosa como la infancia".
Los críticos, con certeza, lo han ubicado dentro de una línea social, comprometida y militante. Heredera en buena medida del "Grupo Boedo".
La poesía como un buen vino hay que beberla lentamente, y con Portogalo sólo en una relectura podemos cumplir con este precepto. La primera vez lo hacemos con el énfasis que él transmite.
Al poeta que le gana el letrista sabe ubicarse sin vueltas y va directo al objetivo. Aunque a veces falte profundidad. Es bueno sincerarse en esto. En oportunidades no poseen giros poéticos que definan un cuadro de situación,otras se cae en el grotesco. Portogalo prefirió pasear detenidamente por su verbo a Juan de Dios Filiberto, la milonguita, la parda Flora, la turquita, el coro barullero de Triunvirato y Canning, Villa Crespo con su vereda de potreros. Sin olvidarse de la cuna de gorriones que albergaba el Maldonado, ni el lustrador de pisos para el baile: “/El Mocho virutea los ladrillos/ para hacerte más plástico, más que fresco/ en la danza que suelta tu glicina de patio./
Apelaba al discurso con un grito sostenido. Construyó una poesía huracanada por la belleza de las cosas puras. Ensalzó un tango que se empeñaba en ser taita y era "gajito de cedrón" y fue siempre fiel a su origen y al poeta de barrio del que se nutrió.
En Mundo del acordeón, editado en el año 1949, proclama: "¡Lindo el tango que tenía entonces asomos fieros!" y retrata con soltura: "era luz en entreveros de abultada picardía", para monologar interiormente: "su corte que, a lo porteño, con la fama se tuteaba". A este libro pertenece también la sentida oda elegíaca del padre que llevó una aurora en los hombros.
Letra para Juan Tango lleva el sello del año 1958 y en su canto no falta ninguna imagen de la ciudad. Ningún personaje que no esté emparentado con la expresión ciudadana. Es una postal de recuerdos con sus cafés fileteados, sus plazas, sus peringundines, su pan negro y el blanco. El ganado con el sudor de la frente y el birlado. El Morocho del Abasto, aquél que tiene carne y hueso de pueblo en su garganta y calandria matutina sobre su hombro.
El solía expresar que la poesía tiene muchas caras, y una de ellas es sin duda la que necesita ser musicalizada.
Una moneda efectivamente tiene dos caras. Una puede tener inscripto un verso que un día por obra de algún músico se convierte en canción o viceversa.
Intuyo que de todos los epitafios de José Portogalo el que más le cabe es: "Mi epitafio es la letra de un tango sin posdata"; y prefiero guardar sus palabras:"Pero amigo, a mí se me hace/ que el tango nació en el mismo/ corazón de Buenos Aires/ ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿De qué sitio?/ No le hace..."
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Imagen: José Portogalo, dibujo de Juan Carlos Castagnino.