21 mar. 2012

Elogio de plaza Belgrano


(De Luis Alberto Ballester)

El arte de descubrir los aspectos más seductores de Buenos Aires requiere la detención del habitual frenesí, un apartarse de nuestra personalidad más superficial: quien sólo ve su yo pierde el mundo, afirmaba Tagore. En esta tarea, trascendente y celestial, el tiempo recobra su fuerza y el espacio se sacraliza, el pasado fulge en el momento presente y ahonda y afina al espectador.
Algunas plazas de nuestra ciudad contienen estas enseñanzas. El barrio de Belgrano goza de la amplitud de varias plazas, como también las ornamentadas barrancas, donde se elevan fuentes y pabellones de melalcólica belleza. Pero en su plaza principal los mensajes de tiempos pretéritos se manifiestan abiertamente, de un modo casi ritual. Planeada en 1855 por Saturnino Salas al asumir el trazamiento del entonces pueblo de Belgrano, hospedó posteriormente a la Iglesia de la Inmaculada Concepción, construida por los arquitectos José Canale y Juan A. Buschiazzo.
El templo, conocido como "la iglesia redonda" por la perfección circular de su planta, se empina protegido por árboles que en las tarde parecen elevar sus ramas en un piadoso rezo: en esos instantes susurran y el viento de las alturas agita sus sombras.
Antes la iglesia estaba flanqueada por el hotel "Watson's", misterioso, habitado por fantasmas translúcidos que hablaban con voces de pájaro, erguido frente a las anchas calles que se perdían en el horizonte.
Cerca del desaparecido hotel se recorta contra los matices del día el Museo Histórico Nacional, inagurado en 1873 (1). Concluye en una torre coronada por una veleta. En una de sus caras mide el tiempo un reloj antiguo y blanco, como incitándonos a estar despiertos ante el  momento que huye.
Sobre la plaza Belgrano reinan los espacios libres, un cielo monástico, el encanto de las recovas, la silueta colonial del Museo de Arte Español "Enrique Larreta". El solitario, al cruzar la plaza, puede recobrarse a sí mismo, encontrar sus voces secretas y tal vez despertar a la deslumbrante vigía interior.
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(1) Edificio donde funcionó la antigua municipalidad del pueblo de Belgrano, convertido en Museo Histórico Sarmiento en 1938 (No. de la R.).
Imagen: Las tres Gracias,  reprodución del grupo escultórico de Antonio Cánova (1757-1822) que se levanta en la plaza Belgrano, del barrio homónimo.  
Tomado del libro de L. A. B.: Revelación de Buenos Aires, Torres Agüero editor, Bs. As., 1985.