17 ago. 2012

Calle de Garantías



 (De Ricardo de Lafuente Machain)

Como la de Callao, ésta fue proyectada por el ingeniero don Felipe de Senillosa durante el ministerio de don Bernardino Rivadavia, pero tardó muchos años antes de estar totalmente habilitada.
Respecto a su nombre, el doctor don Vicente F. López cuenta la siguiente anécdota: “Conversaba un día familiarmente en el despacho de Rivadavia, García y otras personas distinguidas. Estaba allí el gobernador y dirigiéndose a éste, Rivadavia le dijo:
–Ya me ha traído Senillosa el trazado de la calle de circunvalación (Callao) y la apertura de la calle de Garantías.
–¿Dónde queda esa calle? –preguntó García con malicia.
Rivadavia se la señaló:
 –Mi amigo, la ha puesto entre las tunas y demasiado distante para que nos pueda servir.
–Las tunas se cortan, y se edifica.
–Cuando tengamos medio millón de habitantes, y capitales para cortar tunas y hacer paredes. Lo que es por ahora, no les arriendo las ganancias a los que vayan a vivir por allá, fiados en el nombre de la calle.
–El señor ministro de Hacienda no tiene fe ni confianza en el porvenir de su país.
– Sí, tengo; y fuera de lo que he dicho por broma, al oír el nombre de la calle me vino la idea de que por esos andurriales hará mejor papel la partida de Alcaraz que nuestro sistema de garantías. Necesitamos mucho dinero, mi amigo don Bernardino, y medio millón de habitantes para llegar hasta allá.
– Pues eso es lo que incumbe al señor ministro de Hacienda. Hagamos un gobierno ejemplar, de orden y honrado, y yo le respondo a usted que en tres o cuatro años podremos deber sesenta millones; detrás de ellos vendrá el medio millón de habitantes que usted pide.
–Pero necesitarán primero enriquecerse para ir comprándonos las tunas y ayudarnos a pagar la deuda.
–Sí, señor; vendrán y se enriquecerán para hacer todo esto.”
Los augurios del ministro Rivadavia tardaron algunos años en ser realidad, pero lo fueron. Los tunales desaparecieron ante la demanda creciente de terrenos a medida que se extendía la población. Se alcanzó y sobrepasó el medio millón de habitantes añorado, y con rapidez se llegó y excedió a los “sesenta millones que podíamos deber”.
La calle Garantías se abrió y su nombre perduró hasta que un nuevo criterio substituyó los pocos tradicionales de la nomenclatura callejera por otros que implican  un homenaje a los próceres.
El intendente don Torcuato de Alvear quiso honrar la memoria de don Nicolás Rodríguez Peña, precursor y estadista de la Independencia, recordando sus servicios en el nombre de una calle.
Según manifestó a doña Catalina Rodríguez Peña de Cazón, hija del prócer, su deseo era consagrarle la de Callao, donde éste tuvo su quinta, pero circunstancias del momento se lo impidieron. Entonces al formar  una plaza frente a dicha quinta, la llamó “Rodríguez Peña”, e hizo extensiva la denominación a la calle Garantías, que la cruzaba.
Poco a poco se fue abriendo a través de las vastas propiedades que la cerraban y unos años más tarde llegó hasta el camino del Bajo, en plena zona de las lavanderas y chiquilines retozones.
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Imagen: Plaza  Rodríguez  Peña (Foto: panoramio.com)
Tomado del libro de R.D.L.M.: El barrio de la Recoleta, “Cuadernos de Buenos Aires”,  edición de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, 2da. edic., Bs. As., 1962.