24 dic. 2011

Cementerios en Belgrano


(De Silvia Vardé)

El 6 de diciembre de 1855, el gobierno de la provincia de Buenos Aires aprueba el proyecto del trazado del nuevo pueblo de Belgrano, que fuera presentado por el Departamento Topográfico y  realizado por el ingeniero Saturnino Salas.
En dicho proyecto figuraban la superficie de la población, las calles con sus respectivos nombres y otras importantes disposiciones para el futuro pueblo. Con respecto al cementerio, en un párrafo del documento establecía: “En cuanto al sitio en que deberá establecerse el Cementerio, que más adelante pueda llegar a ser muy necesario, proveerá ulteriormente la Municipalidad”.
La instalación del primer cementerio que tuvo el pueblo de Belgrano estuvo muy ligada a la construcción de la parroquia de la Inmaculada Concepción, ya que cuando la Comisión Municipal solicitó al Obispado de Buenos Aires la creación de la misma, debió cumplir uno de los requisitos necesarios que era la creación de un camposanto.
El 21 de enero de 1860 la Municipalidad comunicó al Obispado de Buenos Aires que ya había finalizado la construcción del cementerio y que éste estaba ubicado donde actualmente se halla la manzana de forma irregular delimitada por las actuales calles Blanco Encalada, Zapiola, Monroe y avenida Ricardo Balbín; cabe señalar que el mismo estuvo habilitado hasta 1875.
El 11 de marzo de 1871 con el objeto de instituir un nuevo cementerio, el gobierno de la provincia de Buenos Aires dispuso por decreto que el Juez de Paz de  Belgrano procediera a conceder los terrenos de la Chacarita de los Colegiales, que se hallaban bajo la jurisdicción de dicho partido.
El motivo de dicho pedido residía en la urgencia de habilitar un nuevo enterratorio ya que los existentes en la Ciudad de Buenos Aires habían sido clausurados por encontrarse colmados a raíz de la epidemia de fiebre amarilla que devastó a la ciudad en los primeros meses de ese año.
El 5 de agosto de 1874 la Municipalidad del pueblo de Belgrano creó una comisión compuesta por el cura párroco Diego Miller, el doctor Tarnassi, el señor. Policarpo Mom, el arquitecto Buschiazzo y el señor Vicente Pardo con el fin de que se procediera a la construcción de un nuevo cementerio. Poco tiempo después, ésta cumplió su cometido y el cementerio fue establecido en el lugar donde se encuentra actualmente la plaza Marcos Sastre, delimitada por las calles Monroe, Miller, Valdenegro y las vías del  FF.CC.  Mitre.
Al mismo se ingresaba por un gran portón de hierro ubicado sobre la avenida Monroe; desde allí partía la calle central amplia y pavimentada  en cuyos fondos, junto a las vías del ferrocarril había un banco debajo de un ombú donde los concurrentes solían reposar bajo su sombra. A  ambos lados de la calle principal se levantaban las bóvedas que sumarían quince en total.
El 26 de marzo de 1898 por ordenanza municipal fue clausurado el cementerio de Belgrano; el mismo permaneció varios años semiabandonado hasta que, el 28 de noviembre de 1919, fue dispuesta su total desocupación, la cual finalizó en 1922.
Los propietarios de las bóvedas firmaron un convenio con la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires –ad referéndum– por el cual permutaban las sepulturas y sepulcros del cementerio de Belgrano por otras en el Cementerio del Oeste.
Años más tarde por decreto municipal Nº 5003/1946 la manzana que ocupaba el cementerio de Belgrano o cementerio De Miller, como familiarmente lo llamaban los vecinos, fue destinada a plaza pública denominada Marcos Sastre debido a que sus restos originariamente descansaron en la bóveda de la familia Sagasta Isla ubicada  en ese lugar.
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Imagen: Entrada al cementerio de Belgrano también llamado cementerio de Miller, ubicado en lo que hoy es la plaza Marcos Sastre.
Tomado del sitio diariodebelgrano.com