3 abr. 2012

La plaza Lorea

 
(De Ricardo M. Llanes)

Algunas de las antiguas plazas que conocimos a fines del siglo XIX han desaparecido de la ciudad porteña, conservándose de ellas tan sólo el nombre en el viejo nomenclador, así como la vista panorámica que registra la fotografía: entre otras, las que llevaron los nombres de Montserrat y de la Concepción del Alto de San Pedro, si bien igualmente fueron conocidas, la primera, con los denominativos de Moreno, Belgrano y San Martín; y la segunda, con el de Independencia sin perjuicio de que también se las ubicara con el de Buen Orden, denominación, esta última, anterior a la de Bernardo de Irigoyen. Y estas plazas, cuyo perímetro abarcaba el espacio de media manzana, se encontraban sobre la calle Bernardo de Irigoyen  entre Moreno y Belgrano, la de Montserrat; y la de La Concepción, entre Independencia y Estados Unidos.
La plaza Lorea, de 7.458 m2 de superficie, y cuya figura perimetral guardaba parecido con la de La Concepción, no ha desaparecido como aquéllas por el trazado de la avenida 9 de Julio, si bien otra muy diferente es su fisonomía, comparada con la que presentaba en el año 1908. Por lo demás, ella, que componía el cuadro de una sola plaza, se vio partida en dos por el paso de la Avenida de Mayo, y como adosada, diremos, a la plaza del Congreso.
Como algunos de los otros “huecos” que se fueron transformando en mercados y plazas de carretas, el de Lorea tuvo también los colorines de tales alternativas. Y por lo que nos dejara escrito el doctor José Antonio Wilde, que conoció el lugar, en sus dos costados, este y oeste, se veían, bajo amplio corredor, una serie de cuartos que ocupaban barraqueros, acopiadores de frutos, tenduchas y fondines, Por los alrededores de 1890, y sobre el lado este, don Teófilo Lanús mandó edificar el Mercado Modelo, demolido años más tarde con motivo del avance de la Avenida de Mayo. En el frente opuesto al de este mercado (vereda completamente desaparecida), y casi en el centro de lo que es la avenida, se levantó el molino harinero del cual tomó su nombre la confitería vecina; y en medio de la plaza Lorea (que igualmente fue llamada plaza de la Piedad) podía  verse aún en los últimos años del siglo pasado (1), el tanque de aguas corrientes allí instalado, cuya capacidad era de 1.100 metros cúbico. Y por ahí, por la cuadra de Victoria (actual Hipólito Yrigoyen), y hacia la de Virrey Cevallos, se encontraba el primitivo Cuartel de Bomberos. (2)
Aquí donde se levantan las figuras estatuarias de Mariano Moreno y José Manuel Estrada, obras de los escultores Miguel Blay y Fábregas y Héctor Rocha, respectivamente, fue asesinado, juntamente con su esposa, don Isidoro Lorea. Eso ocurrió en 1807, por las tropas de la Segunda Invasión Inglesa. En días de Rivadavia, recordándose el sacrificio del matrimonio Lorea y, a la vez, la donación del lugar hecha por don Isidoro con la sola condición de que la plaza llevara su nombre –lo que el virrey Rafael de Sobremonte concede ad perpetuam–, de hecho queda así nombrada como la calle que nace en ella y que, desde 1910, lleva el nombre de Presidente Luis Sáenz Peña.
Una de las primeras ascensiones en aeróstato la realizó sobre esta plaza, en 1856, un francés llamado Lartes, pero por causa del globo mal inflado sufrió un accidente al chocar contra las aspas del molino Lorea, salvándose milagrosamente.
Todavía en febrero de 1871, la iluminación de gas no era de esta plaza. La instalaría en noviembre de dicho año la Compañía Argentina de Gas. Sin embargo, se recuerda, que para las fiestas de Carnaval del citado año, al señor Picard, como lo informa una noticia de la fecha, se le pagaban 20.000 pesos por el adorno de la plaza.
Tuvo la plaza vecinos eminentes: el doctor Joaquín V. González, con casa en Hipólito Yrigoyen Nº 1542; y don Marco Avellaneda, hijo del mártir de Metán y prestigioso hombre de gobierno, tenía su residencia en Rivadavia 1467. Los dos frentes de esta plaza, que continúa manteniendo, en una de las puntas de su costado norte, el más antiguo de los teatros de la ciudad porteña, en cuyo historial se lo ha conocido con los siguientes nombres: “Eldorado”, al fundarse en 1876; “Goldoni” (en homenaje del dramaturgo italiano de este patronímico); después se le conocieron estos otros: “Progreso”, “Moderno”, “Rivadavia” y, por último, “Liceo”, que le fue impuesto por iniciativa del empresario Héctor Quiroga. Y dígase que en este teatro se dio a conocer por primera vez en Buenos Aires la famosa pieza La Verbena de la Paloma, renombradísimo sainete lírico que aquí estrenaron los componentes de la compañía de Clotilde Perales y Eliseo San Juan (20 de abril de 1894). Y sépase también, ya que ello es todo un galardón en la historia de la plaza, que éste fue el teatro donde nació a la escena la inolvidable actriz Blanca Podestá (4 de abril de 1903). Este teatro, con su frente completamente reformado, es lo único que se mantiene de la antigua edificación que rodeaba a este espacio que fue también de banderas levantadas en pro de la libertad. 
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(1) Se refiere al siglo XIX (N. de la Red.)
(2) A comienzos de diciembre de 1893 la Municipalidad resolvió sacar a licitación el desarme del tanque de la plaza Lorea, que debía ser removido para la continuación de la Avenida de Mayo.

Imagen: La plaza Lorea (Fotografía Witcomb / A.G.N.)
Tomado de Ricardo M. Llanes: Antiguas plazas de la ciudad de Buenos Aires.