5 abr. 2014

Allá por la calle 25 de Mayo



(De Luis León)

Cuando los sefaradíes llegaban a Buenos Aires desde distintas partes del Imperio Otomano, el primer sitio conocido eran las inmediaciones de la calle 25 de Mayo. Enclavada en “el bajo”, parte vieja de la ciudad, era frecuentada por marineros en busca de alojamiento o diversión. Debido a su proximidad con el puerto, allí habitaban en pocas manzanas, numerosas familias sefaradíes que hicieron de ese sector de la ciudad, su propia “djudría”.

LAS VIVIENDAS
 “Se vivía en grandes casas de múltiples habitaciones, los tradicionales conventillos, y en cada una había una familia. Nosotros alquilábamos dos piezas que daban a patios, la de adelante, mi padre la convirtió en local, y en la otra vivíamos todos juntos, ellos y nosotros, los cinco hermanos. Recién cuando progresó, nos mudamos a una casa más amplia, separada de su local, donde le iba muy bien.” (*)
 En esa parte del barrio vivían no sólo sefaradíes, también otros inmigrantes, de los cuales algunos se destacaron. Por ejemplo la familia Aleman, dos de cuyos hijos fueron ministros de economía, “compartieron el conventillo con nosotros. Su madre los esperaba al venir del colegio para que no cruzaran solos la calle Reconquista. También Onassis, que se había hecho amigo de mi padre y vivía por allí. Papá acostumbraba tomar café en un bar muy humilde de la bajada de Viamonte donde lo atendía un mozo que apodaban “el griego”, que no era otro que el luego famosísimo multimillonario. Un día le regaló un barquito de marfil. “El griego” contaba que iba y venía a Montevideo en bote todas las semanas haciendo negocios que nadie conocía.”(*)

EL PROGRESO ECONÓMICO
 Al progresar económicamente, los djidiós permanecían en el barrio, buscando viviendas grandes y de construcción más confortable para la familia. En los conventillos, algunos edificios hacían a la vez de negocio, para abastecer a la gente del barrio o para proveer a los vendedores ambulantes. Había una casa donde todas las habitaciones, como conformando una primitiva galería, servían de depósito de mercaderías de un djidió(**). “A mi padre le fue muy bien económicamente. Viajaba frecuentemente a Francia en barcos de lujo para importar mercadería para su negocio. Durante ese tiempo mi madre se hacía cargo del local. 
El era muy generoso y acostumbraba a ayudar a los necesitados, tenía la costumbre de llenar con monedas durante la semana un recipiente de estaño que llamábamos “chanaca” (1). Cuando llegaba el sábado, comenzaban a desfilar los menesterosos para llevarse una moneda de “un cobre” (2), nunca se abusaban tomando de más”. (*)
 Pero la mayoría era humilde, como una mujer que era admirada por los dulces típicos que hacía y solía convidar a los vecinos del conventillo. Cierto día, decidió comprar una “chanaca” enlosada que estaba de oferta en el bazar, para reemplazar una olla que se le había roto, y usarla con fines reposteros. Cuando los dulces estuvieron hechos, fue a convidar a sus vecinas, pero todas le dijeron “no gracias”.

LA INSTRUCCIÓN
 Muchos de aquellos inmigrantes eran analfabetos, lo cual no los limitaba para desempeñarse inteligentemente en sus negocios y buscar instruir a sus hijos.
 “ Mi padre un día en Izmir, se encontró con un conocido que le dijo que lo buscaban para que fuera a hacer l´askierlik, el servicio militar obligatorio en Turquía, muy temido por lo prolongado y riesgoso. Sin dudarlo, pidió que avisara a su madre, y sin regresar a tomar siquiera un poco de ropa se subió al primer barco que estaba en el puerto, ignorando a dónde lo llevaría. Así llegó a Buenos Aires, allá por 1902 o 1903...” “...Trabajó muy fuerte y le fue muy bien. Cerca de casa estaba el Colegio José Manuel Estrada, cuyo director el Dr. Armando, iba todos los días al negocio de mi padre para aconsejarle que aprendiera a escribir, aunque él y mi madre rehusaban a hacer el esfuerzo diciéndole ¿para qué sirve?,¡no kero!...pero con esfuerzo, logró que aprendieran a escribir sus nombres y firmar.”(*)
 “En cambio, todos nosotros estudiamos. Mis hermanos fueron al colegio Carlos Pellegrini y al Buenos Aires, mi padre los obligaba, y uno de ellos por pedido de mi madre se recibió de médico y puso el consultorio en la habitación de adelante de nuestra casa de la calle Entre Ríos 177. Las hermanas fuimos al Colegio Gral. San Martín allá cerca, en la calle del mismo nombre.
Era exclusivo para mujeres, aunque hasta tercer grado era mixto. Allá cursaron los primeros grados Perón y Frondizi. (3) (*).
Un día fundaron el Club Social Israelita, en una vieja casona de Reconquista y Viamonte donde hoy está la sede del rectorado de la Universidad de Buenos Aires. En un principio le propusieron a mi padre que fuera presidente, pero luego lo nombraron a Alberto Danón, quien era considerado un hombre de cierta cultura, a él lo pusieron como tesorero, ya que había donado plata. Todas las vísperas del 25 de Mayo y 9 de Julio, las fiestas patrias, hacían una reunión especial donde el presidente hacía un discurso alusivo. Pero era sabido que más allá de su “saber” desconocía la historia y los próceres del país, por lo cual comenzaba a mezclar a Belgrano con Sarmiento y San Martín. Los concurrentes que sabían menos que él, se impacientaban y le gritaban “curto hazeló.., curto hazeló” (4) y el disertante les respondía “he dicho” y se sentaba”.(*)

LA VIDA SOCIAL Y COMUNITARIA
 El barrio carecía de sinagoga, aunque fueron contribuyentes fuertes en la compra del terreno donde se erigió la de Camargo, de los sefaradíes de Esmirna, del barrio de Villa Crespo.
“Funcionaba en una gran habitación donde un jajám que hacía los oficios de sacerdote coordinaba las ceremonias, y para las fiestas no faltaba la gran mesa donde se decía ”todo el ke tiene ambre ke venga i coma” y se recibía a quienes no tenían para celebrar en las fiestas”.
 Se solían visitar entre familias con mucha frecuencia, la comunidad en general vivía con buen ánimo. Algunos hombres en verano se juntaban para ir, a veces todos los días, a la costanera Sur y ver los espectáculos de cantantes españolas que ofrecían algunas confiterías de esa época para la temporada de verano.
 Había dos cafés visitados con habitualidad por los sefaradíes, el más conocido fue el de Buchuk. Antes de esa época,” no recuerdo el nombre del dueño, una buenísima persona, que regenteaba un bar donde iban los sefaradíes. Tenía un gran horno de panadería y aceptaba cocinar comidas que mi madre preparaba, porque la mayoría no tenía horno en su casa. Cierto día decidió animar las veladas contratando una bailarina turca llamada Madame Blanche. Les tomó el meoio (5) a los hombres, y cuando se hablaba de ella en casa, nos sacaban de la pieza. Un día decidí conocerla, fui a la panadería a buscar unas pitas que mi mamá había dejado para cocinar y cuando el dueño me preguntó qué quería, le dije que en principio conocer a Madame Blanche. Me miró de reojo y me sacó del local diciendo que el llevaría personalmente las pitas cuando estuvieran cocinadas.”(*)
Los alrededores del “bajo” en la calle 25 de Mayo de Buenos Aires, como dije al principio, fue el puente para los recién llegados. Allí paraban las primeras noches hasta poderse ubicar, trasladándose a menudo a los conventillos del otro barrio judío: Villa Crespo, o bien tentar suerte en ciudades del interior. La gente de acá se consideraba un tanto “superior” según testimonios, ya que fueron de los primeros en llegar con el siglo XX. A medida que se fue formando la comunidad de Villa Crespo también con mayoría de inmigrantes de Izmir, y más tarde la del barrio de Flores, los de 25 de Mayo los asistían en todo lo necesario, pero eso mismo y su antigüedad, los hizo considerarse en cierta medida una aristocracia en la comunidad.  
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Notas:
 (*) Testimonio brindado por la señora Arouj de Bembasat.
 (**) Testimonio de Isaac “Chuny” Emanuel.
(1) bacinilla (en djudesmo).
(2)Monedas de 1 y 2 centavos de la época, acuñadas en cobre.
(3)Ambos, fueron presidentes de la Nación.
(4)“Hacelo corto, hacelo corto” (expresión en djudesmo).
(5) Les tomó la cabeza. Los mareó (del djudesmo).

Ilustración: Logotipo del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí de Buenos Aires.
Nota tomada de la revista “SEFARAires,” Nº 24, abril, 2004