1 abr. 2014

La Casa Redonda de Palermo Chico



(De Enrique Espina Rawson)

Los términos Palermo Chico o Barrio Parque se condicen con la incertidumbre que permanentemente aparece cuando se intenta definir algo que supuestamente conocemos.
¿Cuál de los dos nombres es el verdadero? No se sabe. Su diseño, fechado en 1912, obedeció a la inspiración de Carlos Thays, Director por ese entonces de Parques y Paseos Públicos. Entusiasmado ante la perspectiva de imaginar calles curvas y diagonales bordeadas por la frondosa vegetación autóctona que por aquel entonces abundaba en esos parajes baldíos, lo bautizó Grand Bourg. No conocemos las razones, pero, evidentemente, esta denominación no prosperó.
Sus límites son también imprecisos. No se lo podría definir como un barrio, pero caracterizarlo genéricamente  como “zona” desdibuja sus características propias, haciéndonos percibir algo así como grandes territorios rurales casi deshabitados.
Sin embargo, su denominación técnica ni siquiera llega a eso. Pareciera que debiéramos clasificarla como sub-zona, según ciertas fuentes, para no perder el estilo, semi-oficiales.
De todas maneras, todos sabemos a que nos referimos cuando aludimos al territorio que comienza al Sur en Figueroa Alcorta y Austria y se extiende hasta que cesa la edificación al Norte; y entre las vías del tren al Este y una incierta frontera que podríamos situar en la calle Castex al Oeste. Dentro de este perímetro, hay sectores más valiosos que otros, pero, en general, se la considera una de las zonas más residenciales de Buenos Aires, en la que prevalecen las edificaciones clásicas, desde las grandes mansiones hasta los petit-hotel de menores dimensiones. Desde mediados de los 30, también comenzaron a levantarse edificios de departamentos, que no se apartaban de los lineamientos estéticos que prevalecían hasta ese momento. Los grandes edificios sobre Libertador y sobre Figueroa Alcorta son ajenos, y hasta podríamos decir contrarios a lo que pretendió el proyecto urbanístico original.
El único edificio comercial que existía era el edificio Chrysler (hoy Palacio Alcorta y en la planta baja, Museo Renault), del arquitecto Mario Palanti, autor del Barolo, famoso por la pista de pruebas en la terraza, y cuyo frente daba a la entonces Avenida Centenario.
A un costado de este, haciendo ochava en las calles Eduardo Costa y Ortiz de Ocampo, hay también una obra de Mario Palanti, esta vez en colaboración con el arquitecto Algier, según puede verse en una inscripción junto a la entrada del garage. Palanti era un arquitecto de gran renombre por esos años, ya había hecho el Barolo en Buenos Aires y el Palacio Salvo en Montevideo, y, como contrapartida, del arquitecto Algier sólo podemos decir que nos es desconocido. ¡Extraña unión, sin duda!
La casa es conocida como “La Casa Redonda”, seguramente por el hecho que, como cualquiera puede observar, no lo es en modo alguno, a pesar que esta caprichosa afirmación es sostenida desde otra inscripción en sus muros.
Es sí, indudablemente, “palantinesca”, desde las bases bulbosas y sobredimensionadas de los balcones, hasta la evocación del medioevo italiano de las galerías y los mil detalles artesanales que abundan en toda la ornamentación seguramente única, diseñada y realizada sólo para esta casa, tales como los faroles del jardín, la talla de las puertas, y, ni que decir de las placas escultóricas de madera que cubren los portones. Estos paneles, repetidos también en los muros reproducen la efigie de Dante Alighieri, y también, aventuramos, la de César Borgia.
Sobresale en ella una torre-mirador que se resuelve en una plataforma de observación con baranda de mampostería de la que se eleva una bella y arcaica veleta de hierro.
Esta residencia, circundada por un apretado jardín, tiene un misterioso pasado, y un presente no menos claro, al menos para los paseantes que se detienen a mirarla.
Siempre está cerrada, no recordamos en estas últimas décadas haber visto sus celosías abiertas, ni siquiera entornadas. Si bien en alguna época mostraba signos evidentes de abandono, actualmente da la impresión que, si no está habitada, al menos está cuidada.
Nos hubiera encantado, ese es el término, poder dar una descripción de su interior, al que suponemos suntuoso y algo extravagante. Que alguien que sepa nos cuente, por favor.
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Imagen: La Casa Redonda de Palermo Chico. (Foto Iuri Izrastzoff)

La ilustración y la nota fueron tomadas de la página Web Fervor x Buenos Aires